La República Líquida

El siglo XX se ha caracterizado por una lucha centrada en el estado. Tanto el liberalismo (para anularlo) como el socialismo (para extenderlo), Disputaron el tamaño y el tipo de Estado en una pelea encarnizada.

Sin embargo en Latinoamérica y especialmente en Argentina esta puja no tuvo como centro al estado como en Europa, mas bien las luchas fueron por la República, un agonismo mas amplia que involucró a la totalidad de las instituciones públicas. A partir de la segunda mitad de ese siglo, esta discusión en el país tuvo  como protagonista principal al peronismo que estableció un modus operandis de cómo hacer la política y que se terminó por imponer masivamente en la primera década de este nuevo siglo. El mismo consistió en sacar al Estado, o mejor dicho la propiedad y amplitud del estado de la disputa entre derechas e izquierdas y avanzó sobre una estructuración de la sociedad en un complejo entretejido de nodos autoorganizados que prescindieron de las instituciones del estado para funcionar. Las fuerzas tradicionales de principio de siglo tanto el socialismo, como el conservadurismo liberal fueron perdiendo espacio en esta disputa hasta llegar a desintegrarse por completo luego del fracaso en la imposición del modelo neoliberal cuyo pico de conflicto ocurrió exactamente hace diez años atrás con la caída del gobierno de De la Rua.

Esto pudo ocurrir gracias a que estas fuerzas basadas en el estado, fueran de derecha como el Liberalismo y sus diferentes corrientes, como el socialismo- comunismo tradicionalmente de izquierda, como las izquierdas mas ortodoxas; siempre coincidieron en la necesidad de un Estado verdaderamente existente, ergo objeto de sus disputas. Al ser el peronismo una fuerza pragmática, prescindente de las instituciones republicanas y motor de las dos reformas constitucionales que tuvieron lugar el siglo pasado, pero sobretodo populista a la hora de tomar decisiones, era lógico que las otras fuerzas coincidieran en oponérsele a fin de restaurar la República perdida.

En esa lucha se les fue la vida, al unirse “en contra de” y no a favor de nada, (porque de esta manera tampoco se defiende la cosa pública sino los intereses que se pretenden a partir del reparto de lo público), perdieron su identidad pero sobre todo perdieron toda su injerencia sobre el Estado, objeto y razón de su existir. A partir de la mitad del siglo XX la política se dividió entre peronistas y antiperonistas, estos últimos envestidos de una túnica republicana.

Esto es lo que en Europa se llaman estado de descomposición. Sin embargo este fenómeno no ocurre solamente en nuestro país, Bolivia sin ir mas lejos es el paradigma de estado post republicano, o de republicanismo líquido. Bolivia es una confederación de naciones articulada bajo un mismo gobierno donde se ha formado una microglobalización armada entre culturas indígenas y europeas que pretende sostenerse en el tiempo (no se sabe hasta cuando) . Ya ha habido intentos de secesionismo por parte de la Medialuna que conforman los departamento de Beni, Santa Cruz de la Sierra y Pando que sumada a Tarija producen el 44% del PBI Boliviano, pero hasta ahora el gobierno de Evo Morales mantiene unida lo que otrora supo ser el Estado Nación Bolivia.

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Tradicionalmente los estado se han dividido territorialmente en Naciones que ocupan la totalidad del globo terráqueo.  Estos estado nacionales se dividen  entre sí mediante límites fronterizos a veces bipartitos, otras multipartitos. Por trabajos recientes sabemos que estas líneas imaginadas, a veces trazadas por la naturaleza, otras por el capricho de alguna línea recta trazada sobre el mapa, no son tales sino fajas o tal vez zonas fronterizas a partir de la cuales una nación- estado deja de ser tal pera transformarse en otra. También sabemos que en los límites de los estados, entre sus pliegues, pueden instalarse  Zonas Temporalmente Autónomas, que serán tan temporales, tan angostas o tan autónomas como los Estados que se la disputan lo permitan,  mientras tanto las posibilidades de la TAZ serán infinitas.

Llevando este razonamiento in extremis, podríamos decir que tradicionalmente las fronteras del Objeto Político Estado han podido estar mas o menos definidas: cuanto mas angostas o diminutas hayan sido las TAZ que pudieron instalarse en sus bordes. Si los estados nacionales les pudieron ganar a las TAZ tendremos instituciones republicanas tan fuertes y duraderas  como sus estados, si las TAZ le ganaron a los estados, tendremos en consecuencia menos instituciones estables y mas conglomerados de regiones no controladas por los Estados. Nuevamente Bolivia se nos muestra hoy con su nueva constitución como que esto fuera posible.

Por lo que en una situación de República Líquida los estados no serán nacionales sino que otras identidades menos abstractas definirán esas fronteras por cuestiones de etnia, género, raza, religión, economía o cultura. El peronismo es una herramienta lo suficientemente precisa para poder permitir estos enclaves en los márgenes. De allí ha avanzado sobre en centro, en general ocupado por el Estado.

También aprendimos que la gestión tradicional de los territorios se hacía en sentido inverso desde los centros hacia las periferias. Recordemos a Marisa Moyano[2]en su trabajo “Escritura, frontera y territorialización en la construcción de la nación”:

“Configurar el cuerpo de la patria, su historia y sus trazos definitorios para hacer del espacio un territorio, y de éste una Nación, implicará incursionar en la frontera con la “barbarie”: la zona que une y separa a la vez el mundo conocido del desconocido, lo perfilado de lo amorfo, el “yo” del “otro”, la identidad de la diferencia; la zona donde se tocan y trafican las dimensiones del presente y del pasado, de un espacio sin marca, de una naturaleza sin saber, de un territorio sin propiedad, de monstruosas otredades sin asimilar que los habitan y transitan.” […]

Afirma que el proceso discursivo era una “operación ideológica de invención social del espacio y las fronteras, como mecanismo previo al plan político de apropiación material del espacio en el proceso de conformación del territorio de un Estado Nacional”. Dice que la avanzada discursiva” prepara el proceso de apropiación efectiva del espacio y de configuración del mapa político real del Estado.]…[Ese procedimiento territorializador, en el proceso de inventar un espacio nacional, define sus límites y explora sus fronteras para exorcizar la barbarie y apropiarse discursivamente de ese cuerpo. Una estrategia eficaz que configuró y legitimó ese procedimiento fue la utilización de lo que Navarro Floria denomina metáfora del desierto, como un doble movimiento discursivo que consistía primero en operar conceptualmente un “vaciamiento del desierto” – a partir de las textualizaciones que lo configuraron como imagen de la negatividad y de la nada absoluta, de espacio sin límite ni propiedad, pura “naturaleza bárbara”- para procesarlo después, en un segundo movimiento, como espacio potencialmente productivo para la mano de hombres civilizados. Con ello se produce la apropiación discursiva del espacio que precede a la apropiación política posterior”.

La reversión del proceso descripto por Moyano con tanta precisión es justamente el avance de la TAZ sobre el centro, es el repliegue de las fronteras hacia sus núcleos definitorios, es en definitiva una desterritorialización de la política.

Finalmente como republicanistas nos preguntamos sobre las posibilidades de una República inmersa en esta liquidez de los territorios y la primera conclusión que surge a simple vista es que una reinstitucionalización republicana nada tendrá que ver con los procesos tradicionales que generaron los Estados Nacionales, ergo, de nada sirven todos aquellos mecanismos históricos que se usaron para defenderlos.

La otra pregunta necesaria es sobre el rol del Estado en una República Líquida. Si las luchas por la igualdad basadas en la puja por el Estado habían sido las banderas del siglo XX, como dijimos en reiteradas oportunidades, las posibilidades de la República en el siglo XXI estarán necesariamente unidas a la Fraternidad en donde la institución no estará sometida al paradigma de lo imaginado, como el de la igualdad con base de sustentación en el Estado, tampoco tendrá mas chances de replegarse hacia el individualismo liberal dado que el fin del siglo pasado (para nosotros) y el principio de este (para Europa) han demostrado que una globalización basada en el mercado a la larga no es sostenible en el tiempo.

Finalmente la tercer divisa, la que falta, la que se postergó por doscientos años desde la primavera de los pueblos tendrá que venir a restituir la convivencia real entre pares, no para acrecentar la diferencia de las diferencias y atomizar al conjunto, todo lo contrario, para posibilitar la convivencia en la diversidad.

Los flujos harán el resto, cautivos o liberados, autónomos o dirigidos, materiales o inmateriales, serán en definitiva los que posibilitarán la reinstitucionalizacion. ¿Por qué? Porque sin un aparato político capaz de mantener vivo los flujos, estos se estancarán, se cercenarán, finalmente se cortarán generando demandas insatisfechas que devendrán en nuevas formas de organización, dado que la organización es hija de la necesidad. El viejo “te corto el chorro” no tendrá más sentido sin un estado militar que lo ejecute, a partir de allí siempre habrá posibilidades para que las fronteras se hagan más porosas y que los flujos se encaucen ecológicamente.

Nosotros, los republicanistas estaremos allí, dinamitando muros, agujerando fronteras, uniendo puntos afines, estableciendo paridades mas allá de donde éstas se ubiquen. Desde ese lugar será posible la reconstrucción de una nueva institucionalidad, también líquida, que no tenga que ver con las rigideces ni con las centralidades tampoco con los derechos adquiridos. Tendrá que ver con los flujos, con el cómo hacerlos más fluidos, cómo hacerlos más distribuidos, cómo hacerlos mas tecnológicos, cómo hacerlos mas sustentables en el tiempo, en definitiva cómo hacerlos mas ergódicos.

No serán las instituciones la que deban durar eternamente, sino los flujos que la atraviesen.

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