Un mundo de cazadores en la República de la Soja

Manolo no es de los que le mezquinan al copy and paste. Justamente en este post nos introduce al mundo de Denis Merklen en un asombroso reportaje que le hace Mario Wainfeld en Página 12.


Discípulo de Robert Castel, el sociólogo francés amigo de este blog, “Merklen lleva hechos estudios de campo desde hace casi 20 años” en el conourbano bonaerense, especialmente en el partido de La Matanza, terruño que brindó un hogar en la Ciudad Evita luego del exilio de sus padres.

¿Que tiene de particular este uruguayo, devenido argentino, devenido francés? Tal vez esa mirada tan particular de alguien que construye su identidad en el devenir multilocal que lo va convirtiendo en ciudadano del mundo, en franco-rioplatense, en alguien que supera los nacionalismos, alguien que rompe con el preconcepto de que el imaginario cultural colectivo converja a uno dado” y que a partir de que baldea su azotea puede producir pensamientos independientes.

Autor de libros como Pobres ciudadanos clases populares arg.83/03, Asentamiento en la matanza (1984- Tesis doctoral de su carrera) y otro en colaboración Desde abajo (2004). Vivir en los márgenes: la lógica del cazador (2000). LA CUESTIÓN SOCIAL EN EL SUR DESDE LA PERSPECTIVA DE LA INTEGRACIÓN Políticas sociales y acción colectiva en los barrios marginales del Río de la Plata (1999). De donde sacamos este fragmento

“¿Qué quiere decir problemas de integración social a fines de los noventa?”

Que se corre el riesgo de la fractura social y de la exclusión. El ghetto es la expresión por excelencia de la exclusión en las ciudades. La sociedad se fragmenta, los ciudadanos se encierran: los excluidos en el ghetto, los ricos en el country. Dentro del ghetto se produce un encierro identitario, sus habitantes pasan a pertenecer a una misma comunidad y se construye una mirada de desprecio hacia todo lo que viene desde fuera (la barbarie). Desde el exterior del ghetto, por su parte, se observa al lugar a través del estigma: sus vecinos son calificados de sucios, feos y malos además de haraganes, promiscuos y portadores de costumbres antisociales. Llegados a este punto se eleva un muro que separa los dos mundos, una frontera que sirve a ambos para sentirse protegido entre los suyos pero que impide el diálogo y el reconocimiento. Si hay algo que todos desean es mostrar que no son como quien habita del otro lado. Algunas veces la distinción racial, religiosa o lingüística provoca una naturalización de la diferencia y se tiene la ilusión de que allí está la causa de los problemas; pero cuando tales excusas no se presentan, se observa que las murallas y la diferencia provienen de las fallas en la integración social. Se percibe en ese momento que no somos todos ciudadanos iguales, integrantes de una comunidad nacional.”

“Que la inestabilidad y la precariedad invaden la cotidianeidad en los barrios marginales a niveles que otros sectores sociales no están acostumbrados, que son extraños a la experiencia de otras zonas de la ciudad (y mucho más extrañas aun a las de otras sociedades donde las instituciones rigen la vida social de un modo más sistemático). La falta de rutinas integradoras es moneda corriente en la vida cotidiana de quienes viven allí: los trámites en el municipio, en la caja de jubilaciones o en el hospital demoran horas y demandan días de esfuerzo. Las cosas no llegan a tiempo a donde deberían estar y los maestros suelen faltar a su función porque también están afectados por la inestabilidad, aun cuando la escuela sea uno de los vínculos institucionales más estables. Como podemos constatar repetidas veces en el trabajo de campo, la inestabilidad alcanza el carácter de una regla. Así, frente a la pregunta ¿tienes trabajo? tal vez se responderá que ahora sí. Lo cual quiere decir que hace poco no y que mañana quién sabe. De modo que viviendo en los márgenes se hace necesario manejar la inestabilidad como un componente del día a día. Esta fragilidad se expresa en la vida cotidiana pero tiene su origen en la forma de las instituciones que organizan la cohesión social.”

“Que la vulnerabilidad favorece la cultura del cazador. Quienes caen en una situación de vulnerabilidad como consecuencia de la persistencia de los problemas de integración se mueven en el mundo mucho más como cazadores que como agricultores. No proyectan sus vidas en función de cosechas anuales que deberían programarse en armonía con los ciclos de la naturaleza. Refugiados en sus barrios, perciben a la ciudad como un mundo extraño y que puede ser hostil. Por otra parte, salen cotidianamente a la ciudad como si ésta fuera un bosque que ofrece un repertorio variado de posibilidades. Hoy quizás obtengan una buena pieza, mañana tal vez no. Juegan su suerte en la oportunidad que le ofrecen los intersticios de unas instituciones cuyos márgenes no están definidos por una línea nítida, son difusos. La informalidad de la economía y la laxitud de los reglamentos ofrecen espacios en los que se puede encontrar de qué vivir. Unos con un espíritu de resignación y rechazo hacia los valores dominantes, otros pensando que un lugar estable puede estar aguardándolos o que tienen derecho a él.”


Este es el tema que mas nos cautiva de la obra de Merklen, esa especie de enfermedad de tiempo cronológico, industrialista, el tiempo del orden y la planificación. El tiempo de la conquista, del que se las sabe, que se las arregla, la cancherea porque lo domina, el tiempo cotidiano que el habitante “integrado” de la ciudad maneja con tanta idoneidad. Es como si el excluido o la excluida, como en la lógica del cazador, debe hacerse de la presa para no perecer de hambre, del refugio para no perecer de frío, de las cosas básicas, a diario, todos los días, siempre empezando de cero, sin la mínima posibilidad de acumulación.

Una salvedad que nos gustaría hacer acá. Este proceso no solo ocurres en el conourbano bonaerense. Si algo nos dejó el proceso de desafiliación del neoliberalismo es justamente las diversas centralidades y conorubanizaciones que se comenzaron a dar a lo largo de todo el territorio nacional. No es posible la vida en un pueblo sin médico, sin los servicios esenciales, sin pavimento, sin acceso pavimentado, sin trasporte, sin el ferrocarril (que fue la razón de su fundación). Toda centralidad en una red social conduce a una verticalización que impone jerarquías.
Tal vez la diferencia entre la conourbanizaciones del gran Buenos Aires, Cordoba, Rosario, Mendoza, Neuquén, Tucumán y muchas otras grandes ciudades, con otras, como la nuestra sensiblemente mas pequeñas, es que no existe un continuo entre los conglomerados que tributan a la conourbanización y la cabecera. Existe un discontinuo entre esos viejos pueblos despoblados, la nada (campos en el mejor de los casos), y los centros conourbanizados. Las realidades de esas periferias son muy similares a las descriptas por Merklen. Por eso las traemos acá.
“–¿Cómo se defiende el que no tiene trabajo o el que trabajando no puede parar dignamente la olla en el Gran Buenos Aires? – Pregunta Wainfeld
“–De varias maneras. Primero, asociándose con los que viven con él y como él. El barrio es el gran organizador de las clases populares actualmente. Hay racimos formidables de organizaciones sociales de toda índole (más o menos estables, más o menos prósperas) que se vertebran alrededor del barrio. Los piqueteros son los más conocidos, pero hay organizaciones religiosas, musicales, murgas, comedores y sociedades de fomento. La miseria empuja a la participación, porque para ganarse la vida hay que moverse, hay que estar en organizaciones, ir a los lugares que tienen recursos.En nuestros pueblos (los barrios del interiror) las comunas son las grandes organizadoras.
“–¿Las agencias estatales son los únicos sectores interpelados?”
“–Se busca en otras organizaciones. Se busca dinero, formación. Todo recurso es bienvenido. No es que le dé lo mismo el rock que la bailanta o ser católico que pentecostal, pero eso no quiere decir que esté en condiciones de descartar lo que no se aviene con sus valores. Debe negociar con todos.”

"–¿Por qué no enrolarse o militar todo el tiempo en alguna organización?”
“–Porque ninguna de esas organizaciones, ni siquiera el peronismo, está en condiciones de resolverle todos los problemas en tiempos duraderos. El tipo tiene muchos años de carreteo, también sabe que quien hoy es todopoderoso, mañana va a dejar de serlo y no tiene problema en cambiarlo. Coexisten dos registros, el de los criterios propios y de la conveniencia.”

“–En una situación de empleo estable, los trabajadores son cual agricultores...”
"–Las luchas sociales de la modernidad son luchas por estabilizar modelos de vida. Jornada de trabajo, jubilación, protección contra la enfermedad o el accidente. Usted vive de su trabajo, pero si se enferma, no se muere de hambre. El cazador no puede acumular, tiene que salir a diario a cobrar una presa nueva. No puede reproducir el recurso del que vive. El cazador sale con el arco y la flecha y debe volver con algo. Va al municipio, a la sociedad de fomento, a la iglesia y debe volver con algo, un plan o un sachet de leche o remedios para la abuela. Algo que no se sabe cuánto durará. Los pobres desocupados no tienen instituciones ni protecciones que les permitan descansarse en una previsibilidad, lo que hace muy difícil algunas estrategias que les gustan mucho a los liberales. Formarse, por ejemplo. Formarse ¿para qué? Un profesional que se forma para un trabajo afín a su especialidad puede hacer un curso de un mes, pero quien arranca de cero puede tomarse cinco años en formarse. Todos esos procesos que significan inversiones de largo plazo son muy difíciles. La vivienda y la tierra son la excepción, porque perduran. Es mejor ser pobre en su terreno, aunque esté muy perdido, a ser inquilino en un hotel ubicado en la ciudad.”

Suscribimos a las palabras de Merklen y al lector le parecerá extraño este discurso desde el corazón de la Patria Sojera, pero el contexto de los pueblos es tan parecido al de las barriadas del gran Buenos Aires que las recetas que pretenden la integración para aquellas realidades tal vez puedan servir para éstas.
En el próximo post retomaremos la teoría de redes sociales en lo referente al tiempo, ese tiempo faltante en los sectores mas humildes y ese tiempo dilapidado en los mas acomodados. Sobre el tiempo de la acción del cazador, porque no tiene tiempo, y sobre el tiempo del conversador porque tiene tiempo. Pero eso será otro tema.
Hasta aquí llegamos hoy

3 nos acompañaron:

Lucas Carrasco dijo...

Este post es excelente, sin dudas. y además, el agregado de que en ciudades más pequeñas, esto también se da. Y en ciudades más pequeñas, así como se reducen las opciones de caza, ganando de ese modo en previsibilidad, estos guettos son menos violentos, aunque no necesariamente más solidarios (porque nos e trata de solidaridad espontánea, sino solidaridad instrumental la del cazador). Pero, a la vez, se nota más la necesidad del conjunto de incluídos de matizar la asistencia con la conservación de las diferencias, no?

Florencio F. Boglione dijo...

Me sumo, muy pero muy bueno, no lo tenia al sociólogo, (gracias por acercarlo), esclarece. Hace ratazo que al diagnostico que se da en su post de la realidad, (uno que siempre intenta encontrar no solo porqués sino mas bien como seguimos), que no le encuentro la vuelta de tuerca necesaria, a como que aramos en el mar,¿vio?. como que esta bien lo de cierta organización desde lo barrial pero como que siempre es insignificante ante la enormidad y obscena cruda realidad de la globalizacion concentradora de la riqueza y distribuidora de la peor de las pobrezas. La eterna lucha de David y Goliat, y como sabe no soy creyente de los mitos bíblicos, soy mas bien escéptico de que el débil tenga chance, salvo de padecer y tener esperanza.
La historia de la humanidad no ayuda, seguimos hablando del problema de cazadores y agricultores, como en la prehistoria.
Saludos Cordiales

Eugenia Botti dijo...

Hola my interesante y leí el texto tambbién, no se si el blog sigue vigente. Cómo podríamos pensar algo de esto en familias actuales
gracias!!!

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