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Democracia y República I

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Hay un proceso sistémico social que se podría enunciar de esta manera:

Cada vez que se genera un espacio público surge la necesidad de organizarlo, lo que desencadena un movimiento hacia la democracia; por el contrario cada vez que se restringen estos espacios en función de la apropiación privada, lo que se produce es el efecto contrario, nos apartamos de ella, viramos hacia la autocracia.

La secuencia sería:

Apertura del espacio => ocupación del espacio => coordinación => organización en el espacio.

Desorganización en el espacio => descoordinación de los agentes => individuación => desafiliación => achicamientio del espacio.

  • La apertura de los espacios se hace en función de alguna necesidad de la escalera de Maslow.
  • La ocupación se hace en base a la accesibilidad del mismo. Accesibilidad física, jurídica, moral, riqueza, etc.
  • La coordinación entre los agentes se da en dos planos en el de las emociones y en el del lenguaje, a mayor coordinación mayor identidad.
  • La organización entonces dependerá de la variable tiempo, que posibilita la coordinación, y de de la variable volatilidad del entorno que la pone en crisis y la descoordina. A mayor coordinación mayor estabilidad del espacio-tiempo, por el contrario, a mayor descoordinación mayor necesidad de desertar, de explorar nuevos rumbos.

Este proceso es naturalmente expansivo y recursivo en la medida que significan y se resignifican los espacios. Esto da como resultado que los seres humanos estemos en una permanente búsqueda de con quiénes coordinarnos (relación de vínculo) para solventar las pérdidas de vínculo por desafiliación. Del equilibrio de esa dinámica es que emerge lo social.

La conversación

Como citábamos en este post a Humberto Maturana cuando definía la conversación así:

“Yo llamo entrelazamiento del lenguajear y del emocionar al conversar (palabra que viene del latín “con” que quiere decir “junto con” y “versare”, que quiere decir”dar vueltas alrededor de una cosa”, es decir ir juntos, rondar en compañía). […] ¿Qué es la ingeniería sino una red de conversaciones? En la ingeniería uno construye puentes y ¿Que es un puente? Una red de conversaciones, estudien ustedes la construcción de un puente y verán que el puente surge solo y exclusivamente en un ámbito de coordinación de coordinaciones conductuales y de emociones. […] Todo vivir humano se da en redes de conversaciones.”


En una red de humana, en consecuencia, es natural tender vínculos y establecer nexos y conversaciones con otros seres humanos, coordinaciones en el tiempo y en el espacio, donde se reconoce al otro que surge como otro en las condiciones de seguridad que da la confianza en ese otro. Toda red humana surge en definitiva de la fraternidad entre pares, es la fraternidad que surge como frontera de lo humano

El amor como garante de lo humano

“¿Qué es el amor en el dominio conductual? Es la emoción más simple de todas, es el dominio de las conductas en las cuales el otro surge como legítimo otro en condiciones seguras (fraternidad). No es una virtud, no necesita mayor entendimiento, son las condiciones en las cuales el otro surge como legítimo otro, en combinación con uno.”

El amor es la más simple de las coordinaciones. Cuando un niño o una niña nacen empiezan a configurar su espacio relacional con lo que está a su alrededor cercano, y lo que lo rodea es el calor y el alimento que su madre le dispensa generosamente y él acepta con naturalidad. Ese primer vínculo le ensañará lo que es el placer amoroso, el erotismo y es que lo pautará en las futuras relaciones que teja en su vida. A medida que el niño o la niña crecen, amplían su espacio relacional y en la medida que lo hacen se van sociabilizando, van estableciendo otros vínculos. La red que van tejiendo abre el espacio y a la vez que lo hace se vincula, o puesto de otra manera, al vincularse tejen la red que len abrirá el espacio. Los configura. Configura el espacio y el entorno los configura a ellos, en un continuo ida y vuelta.
¿Y con qué nos encontramos a medida que vamos llevando a cabo ese proceso de sociabilización? Que a la vez que abrimos el espacio éste se deberá compartir con otros, cada vez con más y más otros.

Distinguimos dos dimensiones espacio-temporal en este proceso una arcaico, en donde las interrelaciones no son mediadas, son fraternales entre pares y otro social donde empiezan a funcionar los postulados de Noelle Neumann, el espacio público.
Ya nos ocupábamos de estos temas en el capítulo 10 de nuestro libro De Revolutionibus Orbium Argetum “Las posibilidades de la república” cuando definíamos el movimiento de los lazos sociales en base a los postulados de la autora.

  1. - Existe en la red una amenaza permanente de cese del flujo de la información que enlaza a los agentes unos con otros, la posibilidad latente del cese de la comunicación.
  2. - Cada agente recibe un nivel de flujo de información (straming) que percibe como normal, la disminución o perdida de ese flujo es interpretado como un miedo a quedar incomunicado, aislado, fuera del juego. El aislamiento es el lugar por donde no circula información.
  3. - El temor a la incomunicación hace que cada agente vigile permanentemente la integridad de sus vínculos corroborando sus enlaces. Constata que por ellos circule información enviando mensajes y esperando respuestas.
  4. - El resultado de esa evaluación le da una autorreferencia sobre donde está ubicado dentro de la topología de su red y de acuerdo a ella se va reposicionando.
  5. - Los distintos reposicionamientos en el tiempo configuran un Equilibrio de Nash que le confieren estabilidad como conjunto mientras que en su interior se operan continuos cambios. Es la homeostasis.

El surgimiento del espacio público

“¿Qué es la cosa pública? Aquello que está allí y es accesible a cualquier ciudadano, para mirarlo, para condenarlo, para reflexionar sobre él y para actuar”.

Todo lo que existe en un espacio público constituye “la cosa pública” la Res pública, es todo aquello que tenemos que compartir con los otros. Otros que se comienzan a configurar a medida que se va ampliando el nuevo y complejo espacio público.

“La monarquía niega la cosa pública. El monarca se apropia de aquello que en la actualidad denominamos la cosa pública. Cuando Luis XIV dice: ¡El Estado soy Yo! Está condensando magistralmente precisamente eso: ¡No hay cosa pública todo me pertenece a mí!”

Esta es la razón del nacimiento de la república moderna con la Revolución Francesa, reapropiarse de lo que los ciudadanos consideraban de todos, de lo que habían sido privados pero que siempre había estado allí, inclusive del propio del cobijo, del sustento, del espacio y hasta de la propia vida.

“Cuando aparece la cosa pública los temas de la comunidad aparecen como temas accesibles a la conversación, a la mirada, al escrutinio, a la opinión, a la acción de todo ciudadano.”

La conversación requiere de una coordinación de los temas que hacen a lo público, constituye una opinión pública y un consecuente ordenamiento espaciotemporal de lo público como sostiene Noelle Neumann.

“Acabada la monarquía e instaurado lo público se vive la democracia, surge como un espacio de conversaciones, decisiones y acciones sobre los negocios de todos los ciudadanos. De modo que lo que constituyó a la democracia, de hecho, fue el espacio público, fue la cosa pública, accesible a todos los ciudadanos, para mirar, reflexionar, opinar y para actuar.


Si hay un ágora, habrá una concurrencia a un lugar común donde se inicia la conversación sobre precios de mercado y otras cuestiones que hacen a la libre disponibilidad y a la administración de los recursos y cuestiones públicos (notar que no decimos recursos escasos, sino públicos).
Si hay un café, habrá un lugar de encuentro de las personas y de las ideas, surgirá también la conversación y el consecuente orden emergente de las coordinaciones que surjan de las diferentes conversaciones. Esa conversación es solo posible porque ha sido aprehendida en la infancia en ese primer espacio arcaico donde verdaderamente era posible la relación entre pares La Fraternidad
A la organización mantenida en el tiempo, así constituida, la llamamos Democracia, al nuevo espacio público que da origen a esa forma de organización lo llamamos República. Es una configuración compleja, caras de una misma moneda, con un componente temporal que posibilitará la coordinación y otro espacial donde se podrá identificar y diferenciar lo público de lo no público.

“La democracia está en una convivencia en la cual todos los ciudadanos tienen acceso a la cosa pública y la cosa pública son los temas que interesan a todos los ciudadanos como coparticipantes de una convivencia en una comunidad.”

Maturana con este concepto hace un ida y vuelta entre República y Democracia, una permite la otra, son dos cosas distintas que muchas veces se confunden.

Apertura, ocupación, coordinación, organización. Esa es la lógica de funcionamiento

De esta forma lo público emerge como una diferencia con lo otro, con lo de otros, con lo apropiado, en definitiva con el entorno. Es un concepto de lo público como complejo espacio-temporal. Hay República en la medida que haya cosa pública y una organización que mantenga ese tipo de interacción entre lo pública y con lo público. Hay república cuando identificamos una organización de lo público, cuando de la interacción entre los actores surge una identidad de lo público y lo seguirá siendo en la medida que esa identidad sea respetadas por todos. Si así no sucede, se iniciará un proceso de individuación que terminará con la desafiliación y la deserción en favor de lo individual, de lo otro y en contra de lo común. Queda claro entonces que la Democracia no tiene nada que ver con el sistema e votación ni con las mayorías- minorías. Tampoco la República tiene que ver con las instituciones de la democracia o la división de poderes.

¿Por qué es posible la democracia y por qué es necesaria la república? Como dice Maturana: para recrear esa conducta emocional amorosa de convivencia tan placentera que aprendimos en aquellos primeros tiempos-espacios arcaicos del hogar de nuestra niñez.
¿Por qué son necesarias ambas? Porque es la única forma de reconciliarnos con lo erótico, tan desplazado por las guerras, la competencia, el canibalismo, el instinto de supervivencia que heredamos de lo tanático.

Porque debemos cambiar la guerra por el amor.

Paz y amor

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Nunca me quedó clara la diferencia entres red y sistema, tal vez esta distinción se hace mas difusa si hablamos de redes y sistemas humanos. Parecería que esa distinción se hace más apreciable a medida que andamos los caminos.

En el Debate democracia-plurarquía propuesto por Augusto de Franco se sostiene que la plurarquía comparte la misma genética que la democrácia en un ámbito local, ya que es un proceso descontructor de autocracia, y en consecuencia es un proceso democratizador de la democracia y por ende una forma de democracia en el sentido fuerte de la palabra. Para todos estos términos sugerimos ver su libro Alfabetización Democrática o consultar la Presentación para aclarar de lo que se habla.

En el post Comunidad, igualdad y demos De Ugarte hace una contribución a nuestra serie Bajo el asfalto está la pampa donde analizábamos el conflicto del campo en la Argentina, en donde dice:

La elección de alternativas o representantes sólo es conflictiva -y por tanto hace falta votar- cuando:

  • se trata de una red no distribuida donde lo que se elige son nodos centralizadores que podrán cambiar la naturaleza de la red (es decir, no existe comunidad) o
  • cuando la asamblea está escindida en identidades estables que tienen visiones coherentes y opuestas sobre los temas en discusión

En el primer caso el uso de la palabra comunidad es cuando menos aventurado, la imagen que nos viene a la cabeza sería la de los congresos a la búlgara: unanimidades forzadas por la potencia cohercitiva de la dependencia a una red clientelar.

En el segundo caso uno se pregunta qué sentido tiene mantener una definición de demos en el que unos ven como peligro a los otros en vez de segregarse. En ambos, la respuesta general es que se está creando escasez artificialmente.

Así que, lo que define a las comunidades dignas de ese nombre no es la participación como ejercicio del voto, las comunidades no surgen para jugar a las votaciones. Las comunidades surgen porque hay una identidad común tan potente como marcar un demos, una frontera, una manera de vivir. Vivir juntos.

Se pregunta De Ugarte “¿qué sentido tiene mantener una definición de demos en el que unos ven como peligro a los otros en vez de segregarse?” y esa es la gran diferencia, no el segregarse o no sino el “sentido”.

Mi trayectoria por las redes sociales deviene de la Autopoiesis de Maturana y de los Sistemas sociales humanos de Niklas Luhmann que se desprenden de la Teoría general de sistemas y tienen la particularidad de que en ellos opera el sentido.

Entonces si hablamos “sistemas sociales humanos” estamos hablando también de “sentido”. Es contradictorio considerar un sistema social humano sin considerar el sentido que en él opera.

Esto trae un poco de luz a nuestro primer interrogante sobre la diferencia entres red y sistema. Creo que se puede hablar de red sin hablar de sentido pero nunca podríamos hablar de sistema social humano sin entender que lo que está operando en su interior es el sentido.

Lo que nos lleva a considerar a la red social como la mera estructura desprovista del sentido que bien podríamos concebirla como estructura matríztica. El sentido sería entonces lo que direcciona su funcionalidad dentro de la red y lo que la converte en sistema.

Esto nos vuelve forzosamente a los postulados maturanianas cuando define sus sistemas sociales como lo reflejábamos acá:

“Cada vez que los miembros de un conjunto de seres vivos constituyen con su conducta una red de interacciones que opera en ellos como un medio en el que ellos se realizan como seres vivos y en el que ellos, por lo tanto, conservan su organización y adaptación y existen en una coderiva contingente a su participación en dicha red de interacciones, tenemos un sistema social”.

Humberto Maturana habla de que: todo sistema existe sólo en la conservación de su adaptación y organización, en circunstancias en que la conservación de una involucra la conservación de la otra” y “todo sistema se desintegra cuando en sus cambios estructurales no se conserva su organización.”

El sentido de lo humano, en consecuencia, es la vida y su adaptación al medio. El principio de la Reyna Roja.

Pues bien creo que cuando hablamos de democracia estamos hablando de demos esto es de todos o de pueblo y en ese “todos” o “pueblo” se encierra el sentido de lo humano y no llegamos a distinguir esto en la plurarquía ya que “todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores” y esto nos introduce de esta o de esta manera en un proceso de individuación.

No importas mucho la forma en que se arribe a la individuación sino lo que dice Juan Urrutia Elejalde al respecto ya que: no cree “que el imaginario cultural colectivo converja a uno dado, el proceso de individuación no tiene fin y, además, no creo que fuera bueno que lo tuviera, pues, además de perder oportunidades de acceder a la autencitcidad, perderíamos diversidad”. De una o de otra manera la individuación emergerá y con ella las diferencias internas.

Entonces “cuando la asamblea está escindida en identidades estables que tienen visiones coherentes y opuestas sobre los temas en discusión” y las posturas individuales de los grupos deben optar por dos formas de resolución de conflicto, como marca de Ugarte la votación o la segregación.

Esto suena a los matrimonios que se llevan mal, “para qué van a seguir juntos si siempre están peleando”, tampoco es aplicable aquello de la votación en este caso. O veamos otro caso más absurdo en donde la comunidad tenga por costumbre festejar en una fiesta jugando a la ruleta rusa, que a todos les guste el juego, que todos estén de acuerdo en jugarlo y que todos acepten sus consecuencias.

En estos dos ejemplos podemos ver que la red social se opone al sistema social ya que viola su sentido, esto es la vida o su evolución.

Creemos que la democracia es un sistema social humano cuyo único sentido es preservar la Matriz, el sistema social, la conservación de la vida y su adaptación al medio. La plurarquía no garantiza el demos, ni el sentido del demos, la que lo garantiza es La Fraternidad, es por eso que El vivir democrático es una obra de arte.

Para terminar queremos señalar un punto más. Si “el imaginario cultural colectivo NO converje a uno dado”, cómo es que mantenemos “el sentido”. Y aquí tal vez se diga lo mas importante de este post que es que el sentido no está dado, tampoco la vida ni la adaptación. En cada instante el sistema social crea su sentido, crea su demos, que no es el demos de hace un instante ni es el que vendrá. Es por eso que la democracia se erige como custodia del demos por eso es una obra de arte.

Lo nacional, el estado, la religión, es algo que viene dado. La comunidad se va autogenerando a medida que evoluciona en el tiempo en su intento por conservar la vida. Ese es su sentido y lo que la constituye en sistema social.

Como la ecología se preocupa de mantener la sustentabilidad de la naturaleza para que todos podamos vivir en ella, la democracia deberá se la herramienta que nos permitahacer sostenibles a los sistemas humanos

Debate democracia-plurarquía

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Augusto de Franco en este y en este texto abre un debate sobre Plurarquía y Democracia que reproducimos y traducimos literalmente para el público hispanohablante porque creemos que es de radical importancia filosófica en la implementación de la teoría de redes sociales a la práctica de la política cotidiana.
Para aclarar los términos utilizados sugerimos ver su libro Alfabetización Democrática especialmente su Presentación y entender de lo que se habla.
Pues bien, en el primero de los textos mencionados O debate democracia-pluriarquía Augusto señala:

La hipótesis según la cual existe una dinámica (democrática) que corresponde la cierta morfología (reticular) no tiene una justificación trivial. Además de eso, depende de lo que entendamos por democracia. Si tomáramos democracia en el sentido “débil” del concepto, como régimen político basado en la verificación de la voluntad mayoritaria, tal hipótesis no se sostiene. Es lo que argumenta, por ejemplo, David de Ugarte (2007), basado en las consideraciones de Alexander Bard, Jan Söderqvist (2002). Según esos investigadores de las redes, un modo de regulación propio de redes sociales distribuidas sería la pluriarquía (un régimen de abundancia) y no la democracia (un régimen de escasez).
El argumento es considerable. Si lo que define una red distribuida es, como dicen Alexander Bard y Jan Söderqvist (2002), que “todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores”. ¿Cómo podrían funcionar – en una “nueva era de redes distribuidas” – las reglas de la democracia, basadas en la prevalencia de la voluntad de la mayoría?
En ese debate, es más razonable encarar la pluriarquización como un movimiento contrario a la autocratización, es decir, como parte del proceso de democratización de la democracia y no como otro modo de regulación, que se instalaría definitivamente, sustituyendo la democracia, cuando ya no hubiera escasez. No cuesta recordar la semejanza entre ese tipo de ideología y aquella que asociaba el reino de la libertad al reino de la abundancia (y que, en el límite, justificaba la falta de libertad con argumentos economicistas, alegando que ella jamás podría instalarse de hecho o de verdad mientras hubiera escasez económica o de recursos).
Ahora, en el sentido “fuerte” del concepto de democracia, pluriarquía no se contrapone a la democracia. Ella no es otro modo de regulación y sino la misma democracia materializada en redes altamente distribuidas. Es necesario tener mucho cuidado aquí, por cuanto, en lo fundamental, ambas – la democracia realmente existente (posible en redes sociales poco distribuidas) y la democracia pluriárquica (posible en redes sociales altamente distribuidas) – continúan oponiéndose a la autocracia. Sí, eso es fundamental (y decir lo contrario sería irresponsable, tanto desde el punto de vista democrático, cuanto del punto de vista pluriárquico) porque la pluriarquía (como democracia radicalizada o democratizada) sólo puede ser ensayada en democracias (aún en las limitadas democracias que tenemos), pero nunca en autocracias.
Algunos defensores de la pluriarquía supervalorizan el mecanismo de la votación (que – es innegable – introduce artificialmente escasez política), identificándolo como el núcleo de la democracia representativa (la democracia en el sentido "débil" del concepto), cuando ese es sólo uno de sus elementos (el de la elección, al que se le debe añadir la libertad, la publicidad, la rotación o alternancia, la legalidad y la institucionalidad y, como consecuencia de todos esos, la legitimidad). En el afán de defender la superación de la democracia por la pluriarquía, combaten, en verdad, una caricatura de la democracia y se olvidan de ver que la democracia, aún en el sentido “débil” del concepto, aún como forma política representativa y formal de administración del Estado (o de cualquiera otra comunidad imaginada) ya es parte del proceso de desconstitución de la autocracia. O sea, ya es parte del proceso de pluriarquización. He ahí el motivo por el cuál no se puede democratizar la democracia en la ausencia de régimen democrático. Un repudio a la democracia representativa nos lleva hacia un mundo más autocrático, donde no es posible siquiera ensayar una experiencia pluriárquica. Eso no significa que la democracia representativa por sí sola nos vaya a llevar hacia la pluriarquía. No va. Pero permite. En contrapartida, la ausencia de democracia representativa no permite, impide.
Por otro lado, en primer lugar, es falsa la idea de que la democracia sólo puede ejercerse en base a elecciones. Sería desconocer buena parte de la experiencia de los griegos (que usaban, en muchos casos, el sorteo, que no produce escasez alguna).
En segundo lugar, es falsa la idea de que la democracia tiene un estatus epistemológico u ontológico diferente de la mentada pluriarquía. El núcleo de aquel conjunto de ideas que constituyen los principios de la democracia (transformar enemistad en amistad política o, para usar las propias palabras de David de Ugarte, refiriéndose a las redes distribuidas, convertir competición en cooperación) es el mismo del de la pluriarquía.
En tercer lugar, es falsa la idea de que solamente en base a la (o a partir de la) autonomía económica de una comunidad se puede practicar la pluriarquía. Si fuera así, la pluriarquía sería un modo de regulación aplicable solamente la comunidades económicas auto-sustentables, la asociaciones de productores, de mercaderes, de prestadores mercantiles de servicios y de otros grupos empresariales o semejantes. O sea, si fuera así, ella – la pluriarquía – no sería una alternativa para las comunidades reales de personas que existen en el mundo.
Hay una dosis excesiva de mercadocentrismo en este punto de vista. No se puede reducir la diversidad del mundo a un mundo de agentes económicos empresariales. Está bien que existan personas que se quieran ganar la vida por medio de empresas individuales y colectivas. Pero será, siempre, una porción de esas personas que vivirá así. Otras serán emprendedoras sociales y culturales y serán remuneradas por sus proyectos (no importa aquí quienes los financien).
Otras, aún, serán sostenidos por sus organizaciones de la sociedad civil o por sus comunidades. Una pequeña parte (tal vez florecientes en algunas localidades) vivirá de la autoprodución, de la producción de subsistencias o del autoconsumo.
Y muchas personas aún vivirán como empleados de alguien o de alguna organización (empresarial, estatal o social) por mucho tiempo. Imaginar que la pluriarquía sólo pueda ser actuada por no-empleados en empresas ajenas, en el Estado o en organizaciones de la sociedad civil, sería por lo menos suponer que ella será una alternativa concreta solamente en un mundo en que todos sean capitalistas o, como mínimo, agentes mercantiles capaces de proveer su sustentación económica sin depender de nadie – lo que es, desde un punto de vista de la estructura mítica del pensamiento, la misma utopía finalística que contaminó a las izquierdas que imaginaron que la verdadera “democracia” sólo podría ejercerse cuando ya no existieran patrones en el mundo, en una sociedad sin clases y ni
Estado.


Ante nuestra pregunta:

¿Que posibilidad hay, en una democracia en el sentido fuerte, que un agente pertenezca a muchas redes al mismo tiempo? Si Ai es par de Aj, pero también es par de Bj, Cj, Dj que pertenecen a tantas otras redes. ¿Que medidas, castigos, tomara An-i contra Ai por juntarse con otras redes a las que no considera pares.
En la plurarquía parecería posible. ¿En la democracia un proceso de individuación tan notorio está permitido? No se. Creo que la democracia toma en cuenta la pertenencia y la plurarquía no. No hago un juicio de valor sólo establezco una diferencia.

Augusto nos responde:

No sabemos lo que la democracia permite, querido Boyle, porque, en verdad, no existe "la" democracia - a no ser como movimiento de desconstitución de autocracia. Algunas formas contingentes por las que la democracia se materializó heredaron la idea de comunidad exclusiva (por ejemplo, las personas deben mantener lealtad con un país, no pueden pertenecer a dos partidos etc.). Pero eso no era esencial para los principios democráticos y fue tomado de culturas que, en su origen, no eran democráticas. Mi punto de vista aquí es bien simple: el movimiento de democratización es el mismo movimiento de pluriarquización - y el ritmo y la intensidad de esa dinámica depende de la estructura reticular de la sociedad (de su grado de conectividad-distribución).
Si la pluriarquía como idea permite más grados de libertad (pues es de eso que se trata) que la democracia como experiencia, óptimo. Es señal de que la democracia tiene posibilidades de democratizarse cada vez más.


Hasta aquí el primer texto, veamos ahora el otro mucho mas corto: O debate democracia-pluriarquía (3)

Lo local es una “zona” conformada de tal manera en el espacio-tiempo de los flujos que en él – y solamente en él – la democracia puede ser vivida como pluriarquía.
Una reproducción ligera de la idea de pluriarquía podría llevarnos a la peligrosa conclusión de que deberíamos abrazar a la democracia formal con la misma contundencia con que rechazamos a la autocracia. Ocurre que la aventada pluriarquía es, “genéticamente” hablando, democracia.
En otras palabras, la democracia es un proyecto local y no nacional: cuando se materializa en el local, tiende a mutar en pluriarquía. Eso es muy importante.
La pluriarquía no puede ser presentada como una alternativa o como una superación de la democracia: ella es, simplemente, una realización de la democracia (en el sentido "fuerte" del concepto, es decir, como modo-de-vida, ejercido en la base de la sociedad y en la cotidianidad del ciudadano – en la comunidad, pues!).
Si insistiéramos en presentar la pluriarquía como una superación de la democracia, o como un modo de regulación que sustituye tanto la autocracia cuanto la democracia (tomando, por democracia, la democracia en el sentido "débil" del concepto: formal, representativa, basada en la regulación mayoritaria de la enemistad política vía el mecanismo de la votación), caeríamos en una trampa. Pues el hecho es que la democracia en el sentido "fuerte" no puede ser ensayada (como "TAZ", reinterpretando ahora la sigla de Bey. Zona Temporalmente Autónoma) en la ausencia de democracia en el sentido "débil".
Dijimos que son dinámicas con los mismos genes por cuanto la democracia nació como un proyecto local. Jamás pasó por la cabeza del grupo de Pericles (para citar el principal think tank que se formó en Atenas, del que participaban Protágoras y Aspásia, entre otros) intentar convertir los espartanos o cualquiera otro pueblo del grupo ateniense a la democracia.
Fueron los modernos los que intentaron transformar la democracia en un proyecto internacional (o sea, válido para un conjunto de naciones-Estado). Pero sólo puede materializarse (como percibió con toda la claridad John Dewey), en lo local (es un proyecto comunitario que tiene a ver con un modo-de-vida compartido).

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