EL RAYO DE LA FRATERNIDAD

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EL RAYO DE LA FRATERNIDAD

Mientras la lucha antirracista sigue ganando terreno, se profundiza la caída de Trump en las encuestas 

«Los grandes peligros tienen una clase de belleza. Traen a la luz la fraternidad de los desconocidos». (Víctor Hugo.)
Estados Unidos vive tiempos históricos por partida doble. En medio de una pandemia de alto contagio y cargando con la pesada mochila del desempleo, cientos de miles de ciudadanos tomaron las calles manifestándose contra la brutalidad y la discriminación racial de la policía. Pasado el temblor inicial detonado por la muerte de George Floyd, las noticias de la semana ya no se centran en las protestas y en los disparates presidenciales a los que el público está tan habituado. Las variadas iniciativas públicas y privadas que surgen como respuesta a la marea de voluntades que forman el movimiento Black Lives Matter (“Las Vidas Negras Importan”) ocupan la mayoría de los titulares. Las manifestaciones y la represión de los primeros días, signadas por el caos y la violencia, se transformaron en ríos de caminantes unidos por un sentimiento de fuerza, celebración y triunfo. Luego del sabor amargo que dejó “Occupy Wall Street” (Ocupa Wall Street, el fallido intento en 2011 de torcer la creciente desigualdad económica), no son tantos los que se atreven a imaginar súbitos cambios revolucionarios, pero el atronador movimiento sísmico que se sintió en todo el planeta deja la sensación de que si va a haber un antes y después del coronavirus, mucho más lo habrá luego de la muerte de George Floyd.
La reacción a los abusos policiales que sufre la población negra no es nueva, pero sí lo es la proporción de manifestantes blancos que salieron a la calle y que son parte fundamental de la protesta. Con la presencia de los boomers —la generación que luchó contra la guerra de Vietnam y pregonó la paz y el amor libre— y de los millones de jóvenes que apostaron a la figura de Bernie Sanders (quizás la única figura realmente progresista que ha calado hondo aquí), estas protestas multirraciales han atravesado también todas las clases sociales, surgiendo mayormente en centros urbanos y extendiéndose hacia las zonas rurales, donde las minorías de color comienzan a expresarse. Se trata de un gran acontecimiento, un nuevo paisaje social que cambia no sólo las cartas en juego, sino los valores de esas cartas. Mientras la conciencia del país se fortalece con la unión de sus ciudadanos, Trump sigue jugando sus ases ganadores sin darse cuenta de que lo sucedido en estos días puede rápidamente convertirlos en meros 4 de copas.
El siempre tácito y muchas veces vocal apoyo del Presidente a los nostálgicos de los valores tradicionales, religiosos y “blancos” (una cultura que en sus bordes acoge a un violento supremacismo racial, armado hasta los dientes) ha sido desde el principio un caldo a punto de hervor. Esa legitimación constituía un problema que la mayoría de los republicanos preferían no ver, y que hoy les explota en la cara. En estos días, más del 75% de la población declara que el racismo y la discriminación en el país son un gran problema que requiere una solución. Mientras los republicanos hacen gala de su oportunismo y su rapidez de reflejos apurando legislaciones que prometen controlar el poder policial, los instintos reaccionarios de Trump parecen haberse vuelto obsoletos. Ante la caída en las encuestas, continúa aferrándose a un berrinche autoritario que ya no le funciona. Trump siempre ha utilizado sus palabras como balas que dispara desde Twitter, y hoy son ellas las que, como un boomerang, se le vuelven en contra. El Presidente comenzó la semana replicando una delirante falsedad sobre un hombre de 75 años que fue empujado y herido por la policía mientras caminaba, alegando que posiblemente era “un agitador extremista”, y avergonzando a propios y ajenos. Continuó asegurando que “el coronavirus es ya cenizas” el mismo día que el índice bursátil Dow Jones bajaba 6.9% por las noticias sobre el ascenso del virus en casi la mitad de los Estados. Terminó la semana describiendo el video de la violenta represión de Minneápolis con gases lacrimógenos como “una escena hermosa de ver”. A pesar de su creciente irrelevancia, un Trump “perdedor” (palabra que encarna su miedo más atávico) promete una larga y turbulenta noche durante estos meses pre-electorales. Si ya se esperaban torrentes de teorías conspirativas y la incansable actividad de los bots norteamericanos y rusos que tanto influyó en la elección anterior, esta nueva situación requerirá de artilugios más arteros. Hoy el aire político se corta con tijera. En cambio, y por suerte, en el aire social flota un aroma francamente esperanzador. Las caminatas del barrio en esta semana, guiadas por gente en bicicleta que se adelanta con cuidado para desviar el tránsito, las botellas de agua apiladas a los costados para quien las necesite y los voluntarios repartiendo barbijos, son imágenes que hablan un lenguaje opuesto al de Trump. La palabra que surge es “fraternidad”, que de la tríada Liberté, Egalité, Fraternité —consigna que fundó la democracia moderna— es quizás la que está hoy más al alcance de nuestra mano.
De las tres ilustres palabras, Fraternidad es también la que ha quedado rezagada ante la urgencia y prominencia de las otras dos, que atravesaron rutas complejas y muchas veces contradictorias. El argentino Carlos Boyle escribió hace una década un libro llamado El siglo de la fraternidad, donde propone la posibilidad de que esta idea olvidada adquiera relevancia en el siglo XXI, facilitada por el advenimiento de Internet y una comunicación horizontal, sin jerarquías, como la que facilitó la viralización de la trágica frase I can’t breathe (No puedo respirar). Boyle nos cuenta por WhatsApp: «Durante el siglo XIX el gran tema fue la Libertad: abolida la monarquía, los ciudadanos eran de ahí en más libres de elegir su representación. El proceso llevó tiempo y las consignas originales fueron perdiendo fuerza. La idea de Igualdad recién toma protagonismo mundial en el siglo XX, cuando las luchas en su nombre se dieron en un marco de rivalidades políticas que dejaron relegado el concepto de Fraternidad». Así es, el siglo XX, plagado de purgas extremas y atravesado por la “limpieza racial” del Holocausto, no parece haberle dejado mucho margen. Hoy, marchando en un barrio afroamericano de Nueva York, rodeada tanto de negros como de blancos, pienso que este puede ser un buen momento para reclamar la bendita palabra. Aunque no pueda ver las sonrisas cómplices bajo las máscaras, hay un algo en las miradas al encontrarse que, simplemente, no estaba ahí tres semanas atrás y podría llamarse el rayo luminoso de la fraternidad.
La palabra en cuestión ha quedado opacada en el imaginario popular, en parte, porque se la relaciona con grupos de hombres blancos como los Templarios o los Masones. Quizás es en Estados Unidos donde la distorsión de la palabra hacia un sentido masculino y de élite es más profunda: la palabra fraternity se refiere, básicamente, a esos grupos herméticos  formados por estudiantes varones de universidades caras que se autodenominan con letras griegas como Omega o Epsilon y sirven para establecer buenos «contactos» para futuros negocios. Se trata de fraternidades de unos pocos, claramente alejadas del concepto que soñó Robespierre, especialmente cuando estos pocos son también los que siempre ganan. Continúa Boyle: «La teoría del juego de Nash propone la necesidad de un equilibrio, una alternancia entre los que ganan y pierden. Si siempre ganan los mismos, el juego en algún momento se agota y nadie aprende a jugar mejor. En un esquema fraternal, esta es la manera de evolucionar como grupo. No hablo de la hermandad utópica y universal del Himno a la alegría, se trata una voluntad de unión que es local, territorial, entre pares, y que trabaja por el bien común”. Podría decirse que la fraternidad, bien entendida, no sólo puede hacer la vida más grata, sino también más sostenible.
Lo que ya no parece sostenible aquí es la institución policial, que ha ido militarizándose progresivamente, creciendo en miembros y en presupuesto y escudándose bajo la opacidad de un sistema disciplinario altamente secreto. A esta altura podría hablarse de una famiglia policial que en 1977 le costaba a los ciudadanos 60.000 millones de dólares (en cifras ajustadas a la inflación) y en 2017 pasó a costar 194.000 millones. No son menos impresionantes las cifras del negocio de las prisiones en el país: con 2.200.000 de presos, esta población es sólo superada por cuatro ciudades del país en número de habitantes. La proporción de afroamericanos encarcelados es más del doble que los hispanos y cinco veces mayor que los blancos. Según la data de la organización Mapping Police Violence de 2019, las posibilidades de que la policía mate a un ciudadano negro son tres veces más altas de que mate a un blanco, aunque los blancos muertos tienen más del doble de posibilidades de haber estado armados en ese momento. ¿Cómo se llegó a este estado de cosas? En su libro Estados de la negación, Stanley Cohen describe el acto de “negar” no como una relación con a la mentira o la verdad, sino como “un estado mental que a veces involucra a culturas enteras, en los que sabemos y no sabemos simultáneamente”. Vendría a ser como una zona de confort en la que uno se queda tranquilo mientras esconde los trapitos sucios en un rincón del closet. Se ha llegado aquí por un estado de negación colectiva, y de aquí se saldrá con un estado de conciencia también colectivo, como el que parece estar despertándose.
Como muestra, hoy las cúpulas militares consideran cambiar los nombres de las bases que aún honran a los generales de la confederación esclavista, las estatuas de estos mismos generales comienzan a ser desmanteladas en varias ciudades, organizaciones como Nascar han prohibido la bandera confederada en sus eventos, las maniobras de estrangulamiento están siendo específicamente prohibidas en varios Estados y una batería de leyes locales y federales están siendo creadas para asegurar buena conducta y transparencia en las fuerzas de seguridad. En el ámbito privado, empresas como Sony Music y Warner Music (al igual que Michael Jordan), han donado 100 millones de dólares cada una a la lucha contra el racismo, y ejecutivos de miles de empresas anuncian cambios en sus políticas. Como nota de color, la empresa Band-Aid anunció ayer que comenzará a fabricar apósitos adhesivos —curitas— con nuevos y variados tonos de piel. Increíble que no se les haya ocurrido antes. La ocasión invita también a algún exceso de la corrección política: la compañía HBO Max decidió retirar  de su plataforma la película Lo que el viento se llevó, acción más cercana a la censura que a la voluntad de cambio.
La polémica sobre los deportistas arrodillándose al principio de los eventos deportivos es quizás el hecho que mejor dibuja el arco cambiante del humor social frente al racismo de estos años. El día en que la estrella del fútbol americano Colin Kaepernick se arrodilló durante el himno nacional, en señal de protesta contra el maltrato de las minorías raciales (despertando la ira de Trump, al punto de llamar a sus seguidores a un boicot al deporte), comenzó una tendencia que se expandió hacia otros deportes y hasta a algunos (si bien pocos) policías que demostraron su solidaridad con los manifestantes arrodillándose ante ellos. Hoy la poderosa liga nacional de fútbol americano (NFL) acusada de haber complotado para que Kaepernick no consiguiese firmar un contrato en estos últimos años, lanzó un comunicado: “Nosotros, la NFL, condenamos el racismo y la opresión sistemática contra las personas de color. Nosotros admitimos que nos equivocamos al no escuchar a los jugadores de la NFL anteriormente y alentamos a todos a protestar de manera pacífica”. Al arrodillarse, Kaepernick se plantó para que muchos no tengan que ser puestos violentamente de rodillas y marcó un camino, ese que hoy nos encuentra transitando una primavera en la que finalmente, y en plena pandemia, florece la fraternidad, esa flor que puede romper la piedra.

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Bitcoin Data Science (Pt. 2): la geología de las monedas perdidas

Dhruv BansalPor  29 de de mayo de, 2018 Bitcoin , Blockchain , Ciencia de datos , visualización de datos , Finanzas

Hay  muchas historias  de personas que pierden BTC en grandes cantidades, especialmente en los primeros días, cuando BTC no valía mucho y se olvidaba fácilmente en un disco duro viejo, una memoria USB, incluso un trozo de papel.
¿Es posible cuantificar cuánto BTC se pierde realmente? Las cadenas de bloques rastrean sus datos internos para siempre, y como mostramos en la  Parte 1 de esta serie , uno puede visualizar la distribución de edad UTXO de Bitcoin para iluminar las tendencias históricas de la propiedad de las monedas:

utxo_age_distribution
Las bandas de colores muestran la fracción relativa de Bitcoin en existencia que se realizó la última transacción dentro de la ventana de tiempo indicada en la leyenda. Los colores inferiores y más cálidos (rojos, naranjas) representan Bitcoin transaccionado muy recientemente, mientras que los colores superiores y más fríos (verdes, azules) representan Bitcoin que no ha realizado transacciones en mucho tiempo. La oferta de dinero de Bitcoin aumentó de 50 BTC a ~ 17M BTC durante este período de tiempo, por lo que el gráfico ha sido normalizado por el BTC en existencia en cada fecha (eje y izquierdo). La línea negra muestra el precio USD / BTC (logarítmicamente, eje y derecho). Gráfico hecho con cariño por  Nelson Morrow  basado en el  trabajo previo  de  @jratcliff  [ Enlace directo ]

Después de ver la distribución de edades de UTXO arriba, muchos lectores de la  Parte 1 comentaron: "una gran fracción de las monedas más antiguas probablemente se pierdan". Esta es una intuición razonable. Hubo muchas razones para que los titulares de BTC realicen transacciones en 2017 y 2018: un aumento de precios y un retroceso, el aumento de las ICO, la bifurcación BTC / BCH, nuevas direcciones segregadas de testigos, etc. Las monedas que permanecen sin gastar durante> 5 años tienen un alto probabilidad de perderse para siempre. ¿Podemos hacer esta intuición más precisa?

A pesar de la riqueza de los datos de blockchain, es extremadamente difícil medir cuánta criptomoneda se pierde realmente, ya que las monedas perdidas no dejan rastro en la cadena de bloques. Los BTC perdidos se encuentra inactivo en los UTXO de su última transacción, envejeciendo silenciosamente a medida que pasa el tiempo. El problema es que  tanto el BTC que  se pierde como el que no, se ven exactamente igual en la cadena de bloques.
Aún así, la distribución por edades de UTXO proporciona una idea de cómo pensar en los BTC perdido. Las bandas de colores más fríos y de mayor edad pueden considerarse  filtros de paso bajo  que solo permiten que las monedas más antiguas entren en ellas. Como resultado, experimentan cambios más lentos y menos volátiles que las bandas más jóvenes y de colores más cálidos.
Las franjas de edad UTXO son como estratos geológicos: evidencia de monedas mantenidas hace algún tiempo, enterradas debajo de capas de transacciones más recientes. Distinguir las monedas perdidas de las que se tienen muy en cuenta requiere desenterrar datos sutiles de las capas más antiguas, de los registros más profundos de la cadena de bloques.
El estudio de bitcoin perdido es geología disfrazada como ciencia de datos.
Creemos que la pérdida de bitcoin se produjo en dos eras "criptogeológicas" distintas:
  1. Pérdida sistémica : una gran cohorte de BTC que se extrajo y perdió juntos en los primeros días de Bitcoin de Satoshi y los otros primeros mineros. Período carbonífero de Bitcoin  .
  2. Pérdida incremental : BTC perdido gradualmente por usuarios individuales  durante diferentes períodos de tiempo.
Mostraremos que la era de la pérdida sistémica ha terminado y demostraremos que ahora estamos en la era de la pérdida incremental. Finalmente, calcularemos los límites de cuánto bitcoin se pierde. Pasemos a los datos.

Pérdida Sistémica Temprana

¿Qué estaba sucediendo en Bitcoin en sus primeros días en 2009? Respuesta: casi nada.
Satoshi publicó el  documento original  en octubre de 2008 después de trabajar en el concepto y el código durante los dos años anteriores. Satoshi extrajo el bloque de génesis el 3 de enero de 2009 y rápidamente lanzó la primera versión del  bitcoind software (v. 0.1) el 9 de enero.
Muy pocas personas tomaron en serio a Satoshi o a Bitcoin en esos primeros días. El excelente artículo de Gwern Branwen ,  Bitcoin-is-Worse-is-Better,  describe algunas de las reacciones negativas iniciales de los criptógrafos "profesionales".
En los primeros días de Bitcoin, el pobre Satoshi se dedicaba principalmente a la minería solo, ocasionalmente acompañado por otros locos como  Hal Finney . El resultado fue una potencia de hash extremadamente baja, como se muestra en el siguiente cuadro. Satoshi y los primeros mineros no pudieron superar el hashrate mínimo requerido para desencadenar un ajuste de dificultad ascendente hasta los primeros días de 2010. El tiempo promedio entre bloques no alcanzó el objetivo de 10 minutos hasta un mes después, en febrero de 2010.

Gráfico que representa el hashrate y el tiempo promedio entre bloques durante 2009 y el primer trimestre de 2010. Es probable que solo Satoshi y algunos otros grupos pequeños estuvieran extrayendo Bitcoin durante todo el 2009. El gráfico apareció originalmente en un artículo de Evan Klitzke .
A pesar del aparente estancamiento anterior, hay muchos, muchos bloques extraídos en 2009, y más de 5 millones de BTC fueron producidos en este período por Satoshi y los primeros mineros hasta 2011. Eso es más del 23% de todos los BTC que existirán. ¿A donde se fueron?
latest_block_utxo_density
Este cuadro agrupa el UTXO actual establecido por edad y luego representa el saldo promedio de BTC por UTXO en cada grupo de edad. La cohorte de UTXO mayores de 7 años (aproximadamente 1.9M BTC), todos extraídos antes de 2011, es claramente visible como un "estante" en el lado derecho de la parcela, con un saldo promedio de 50 BTC, la recompensa de la base de monedas en esa era .. [ Enlace directo ]
El gráfico anterior muestra que los 1.9M BTC más antiguos de UTXO que existen son una población distinta. Son la cohorte de monedas extraídas por Satoshi y los primeros mineros durante esos primeros años de Bitcoin. Forman un "estante" a 50 BTC en la tabla porque la recompensa en bloque en ese momento era de 50 BTC (y las tarifas eran insignificantes): salieron de la base de monedas que nunca se gastaron. (Tenga en cuenta que la rápida caída de esta plataforma entre 6,5 y 7 años ocurrió en 2011. Volveremos a esta fecha más adelante).

Período Carbonífero de Bitcoin

El  período carbonífero ocurrió hace unos 300 millones de años y corresponde a la edad en que la Tierra estaba cubierta de árboles, pero no existía nada que pudiera comer árboles. Como resultado, se acumularon capas de árboles muertos, incapaces de descomponerse.

Un grabado de finales del siglo XIX de cómo se vería un bosque durante el período carbonífero (300–360 millones de años). [De  Wikipedia ]
2009–2011 fue el  período carbonífero de Bitcoin : se extrajeron grandes cantidades de monedas pero no se usaron, se acumularon en la cadena de bloques y finalmente se perdieron, no se pudieron usar y se enterraron.
Es irónico que, eones después, los árboles que se acumularon en el período carbonífero se convirtieron en carbón, la principal fuente de energía utilizada para la mayoría de la minería de Bitcoin en la actualidad 🙂

Transición a pérdida incremental

Algo dramático le sucedió a Bitcoin en 2011. La cohorte de los UTXO más antiguos mencionados anteriormente disminuyó rápidamente. 5 años después, en 2016, la tasa a la que BTC ingresaba a la banda de edad> 5 años disminuyó en correspondencia. Esto se manifiesta como un punto de inflexión o "curvatura" en la banda de edad > 5 años de la distribución de edad UTXO en 2016. Se puede ver el eco de cambios dramáticos en Bitcoin, 5 años antes, en 2011.
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Este gráfico muestra la tasa de cambio neta de la cantidad de BTC> 5 años a lo largo del tiempo (promedio de 90 días). Entre 2014–2016 (resaltado en azul) vemos el efecto del “período carbonífero” de Bitcoin, que ocurrió 5 años antes de 2009–2011, cuando se perdieron muchas monedas. Este período finaliza abruptamente en 2016, lo que corresponde a un cambio dramático en Bitcoin 5 años antes en 2011. El eje temporal del gráfico comienza en 2014 porque este es el primer año en el que BTC podría ingresar en la banda de edad> 5 años (el Génesis block había sido minado en 2009). Enlace directo ]
La trama anterior resume esta transición. Entre 2014–2016 (resaltado en azul), la tasa a la que BTC ingresó a la banda de edad> 5 años fue extremadamente alta. Esto corresponde a las monedas que se negociaron por última vez durante el período carbonífero de Bitcoin de 2009-2011, cuando Satoshi y los primeros mineros extrajeron, y luego perdieron muchas monedas.
Una disminución dramática en la tasa de BTC que ingresa a la banda de edad > 5 años ocurre en 2016, correspondiente al final del período carbonífero de Bitcoin en 2011. El período carbonífero geológico real terminó cuando las bacterias evolucionaron y podrían digerir la madera, evitando que los árboles muertos se amontonen. por la eternidad. ¿Qué causó el fin de la era carbonífera de Bitcoin?

Curiosidad del commodity

En junio de 2011, Bitcoin experimentó su primer gran rally. En un par de meses, el precio de Bitcoin pasó de menos de $ 1 a un máximo de $ 33. Esto creó una riqueza significativa para muchos de los primeros mineros, al menos para aquellos que no habían perdido sus llaves.
Antes del repentino aumento de precios a $ 33, los mineros de Bitcoin pudieron haber sido laxos con la seguridad o la protección del BTC que estaban ganando. Las historias trágicas de discos duros perdidos que contienen una riqueza digital incalculable ocurrieron en esta época. Posteriormente, cualquiera que extrajera BTC habría tomado nota: 1) BTC era valioso y 2) podría crecer rápidamente en valor por órdenes de magnitud nuevamente.
Estas lecciones fomentaron una actitud radicalmente diferente hacia la minería y la protección de bitcoin. A <$ 1 / BTC, los ingresos mineros diarios serían de solo unos pocos miles de dólares por día, que sumarían unos ~ $ 1M por año, un mercado apenas lo suficientemente grande como para soportar una sola pequeña empresa. Sin embargo, a $ 33 / BTC, los ingresos mineros diarios alcanzaron casi $ 250k, creando un flujo de ingresos anuales de > $ 80M. Bitcoin pasó de ser una curiosidad a un commodity, y la minería de Bitcoin pasó de ser un hobby a una industria.

Ecos del gran HODL?

Una característica notable de la tabla anterior es el aumento en la tasa de BTC que ingresa a la banda de edad > 5 años en los últimos meses. Este repunte representa BTC que se realizó por última vez a mediados de 2013, hace 5 años.
En la  Parte 1  de esta serie identificamos el patrón de onda HODL de los cambios en la distribución de edad UTXO. Este reciente aumento en la tasa de BTC que ingresa a la banda de edad >5 años es la llegada de la vanguardia de la gran ola HODL que comenzó en 2013/2014, cuando Bitcoin se recuperó a $ 1k / BTC.
Sabemos que la gran ola HODL fue interrumpida por el rally de 2017 a $ 19k / BTC, por lo que es poco probable que todos los 1.5M BTC en UTXO que ingresaron a la banda de 3 a 5 años en 2016 hubieran sobrevivido para ingresar a la banda de >5 años en 2018; muchos habrían sido tramitados durante el rally, la bifurcación, SegWit.
Entonces, a diferencia del período carbonífero de Bitcoin, predecimos que este reciente repunte será mucho más pequeño y disminuirá más rápidamente. Estimamos que <500k a="" an="" banda="" btc="" de="" deber="" edad="" ingresar="" la=""> 5 años durante los próximos 18 meses.

Entonces, ¿cuánto se pierdió Bitcoin?

Es imposible saberlo. Pero, según el análisis anterior, podemos hacer una suposición informada en algunos límites. Esto será más fácil con una versión absoluta de la distribución de edad UTXO:
utxo_age_distribution_absolute
Una versión absoluta de la tabla de distribución de edad UTXO que no ha sido normalizada por el suministro de BTC disponible. Las dos mitades anteriores son claramente visibles como torceduras en la tasa general de producción (como se discutió en el texto, el poder de hash fue inestable en 2009, lo que provocó una desviación de la linealidad). Debido a la gran diferencia en el suministro de BTC entre 2009 y 2018, las ondas HODL anteriores son más difíciles de ver, aunque el Gran HODL de 2013/2014 todavía es bastante claro. Enlace directo ]
Un límite inferior conservador para la cantidad de BTC perdido es la cohorte de monedas extraídas en 2009-2011 por Satoshi y los primeros mineros que permanecen sin gastar hasta el día de hoy: 1.9M BTC. Esto es aproximadamente 2/3 del BTC en la banda de edad actual> 5 años. Ciertamente, hay muchos más Bitcoins que se perdieron en los años intermedios desde 2011, pero ¿se puede cuantificar esta cantidad?
Durante el rally de 2017, la franja de edad de 3 a 5 años se reduce significativamente,  pero la franja de edad> 5 años apenas cambia . Esto sugiere fuertemente que muchas monedas en el rango de edad de 3 a 5 años todavía están controladas por alguien, pero que la mayoría de las monedas en el rango de edad> 5 años se pierden. A una edad entre 3 y 5 años, deberíamos esperar que el primer patrón se cruce con el último patrón. Esto también sugiere un límite inferior menos conservador de BTC perdido de 3M, el tamaño de la banda de edad> 5 años.
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Una versión de la distribución por edades de UTXO "amplió" la banda de edades de 3 a 5 años, dividida en intervalos de 3 meses, cubriendo el rally de 2017. [ Enlace directo ]



Esta versión "ampliada" de la distribución de edad UTXO muestra detalles más finos en la franja de edad de 3 a 5 años, dividiéndola en varias franjas de edad de 3 meses. Una ola de HODL es evidente cuando una cohorte de monedas se abre paso a través de las franjas de edad de tamaño más fino en períodos de 3 meses.
Las franjas de edad más tempranas (36-39 meses) son significativamente más escasas hoy que hace un año, lo que indica que la mayoría de esas monedas están controladas por alguien que pudo realizar transacciones con ellas durante el rally de 2017. Las franjas de mayor edad ( 57-60 meses) casi no muestran cambios durante el rally de 2017, al igual que la banda de edad> 5 años.
Estimamos que el límite entre estos comportamientos ocurre entre 45 y 51 meses. Si suponemos que la mayoría de las monedas más antiguas que ésta se pierden, sugiere que un límite superior de 3.8M BTC es inaccesible. Nuestra estimación final al observar la distribución de edad UTXO es que se pierden entre 3 y 3.8M BTC.

Una estimación más precisa

Es difícil ser preciso al usar solo edades UTXO para estimar cuánto BTC se pierde. Un mejor enfoque etiquetaría y rastrearía UTXO individuales con metadatos externos, lo que distinguiría el contexto de diferentes transacciones: mineros, intercambios, etc. Este enfoque requiere más de la arqueología que de la geología.
Afortunadamente, nuestros amigos de  Chainalysis  ya han hecho ese análisis. En un excelente  artículo de Forbes  publicado el año pasado, utilizan ese enfoque y hacen su propia estimación: 2.78–3.79M BTC perdidos. Es alentador que nuestro enfoque simple, basado en mirar solo las edades de UTXO, concuerde con el enfoque más sofisticado de Chainalysis.
Muchas gracias a  Philip Gradwell  y  Kim Grauer  del  Equipo Chainalysis  por sus útiles discusiones. Visite el  blog Chainalysis  para obtener un trabajo más fascinante de su equipo.

Esta publicación es la segunda de una serie que usa la ciencia de datos para contar historias sobre Bitcoin; desenterrando la profunda historia geológica de la cadena de bloques, mientras busca el tesoro perdido.
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