¿Las últimas trincheras de los medios tradicionales?

A diario vemos críticas a los medios tradicionales concentrados, las de estos días llaman la atención porque la crítica la hace un medio que perdió su cuarto de hora a otro que no entiende el new deal y no termina de resignarse a verse a si mismo devaluado luego de haber formado opinión por mas de cien años.

Alejandro Piscitelli aporta dos posts en donde muestra las posibilidades de las transmedia dice:

“Hay algo de muy particular en este fin del año 2010. Y no me remito a eventos macro que hacen temblar el pulso como fue en nuestro caso la conmoción de la estación Constitución hace apenas dos días, o la catástrofe de Villa Soldatti, o el desbande que provocó Wikileaks, o la salvación de los mineros en Chile, cualquier acontecimiento anoticiable.”

Porque de esos hubo innumerables, como los hay todos los años. Y de catástrofes, sorpresas, magnicidios o asuntos de los otros ha habido infinitos, y ya que esta semana es de balances, basta con ir a cualquier medio y tener el listado. Aquí tenemos una selección mejor que el promedio.

Pero la noticia de la noticia de mas arriba es que la produce y la da un medio sobre otro, o sea los medios son la noticia como viene sucediendo desde hace un tiempo, el cuestionamiento a la media tradicional ya es moneda corriente y se ejerce desde diversos sectores, especialmente desde la prensa no escrita en papel.

Basta recordar el éxito del Bailando por un sueño y su infinitas repeticiones y reproducciones hechas por una batería mediática que incluía la prensa gráfica, la radial, la televisiva, incluso la de canales de la competencia. Por eso Bailando se edificó como algo mucho mayor que un simple  programa de la tele se armó como una aparato transmediático capaz de instalar y producir importantes significados.

Dice Piscitelli:

Pero lo que cambió para mucho y para bien este año fue la forma de contar esas mismas historias y mucho mas lo que devino de nuevos soportes donde ubicarlas, provenientes de múltiples factores, pero fundamentalmente de algunos como los siguientes, aunque hay muchos otros conexos: El reconocimiento de que la narrativa transmedia no es un capricho o una alternativa opcional sino la forma misma de representar la realidad en estos tiempos de dominación de la pantalla (buen ejemplo la charla que dio Carlos Scolari en nuestro curso Edupunk en Baeza.

Alejandro carga las tintas sobre los medios audiovisuales pero se sobre entiende que ante una mayor oferta, y aceptación por parte del público, de este tipos de nuevos medios de comunicación, los tradicionales y/o concentrados no tiene mas que retroceder o morir en el intento de permanecer. En el segundo post nos advierte sobre estas posibilidades:

Desde hace al menos 20 años vemos emerger discusiones complejas y confusas acerca del futuro de los medios digitales. (y de los otros en nuestro caso) Complejas porque lo que está en juego es el futuro de la lectura y de la escritura, y nosotros como animales simbólicos, que somos estamos atravesados por la macrodieta cognitiva que nos constituye. Cada vez que la misma muta todos los valores y prácticas sociales asociadas se ven consiguientemente afectadas. […]

Cada profesión convertida en una corporación confunde deliberadamente su supervivencia (particular) con la del todo (social). Si sostenemos que los modelos de negocios del papel están amenazados de muerte se nos acusa de sacrificar a los mediadores del interés general que son los medios, en aras de no se sabe que confabulaciones tecnocorporativas.

Si insistimos en que las intermediaciones que hicieron el agosto de las empresas de broadcast (desde Hollywood a las discográficas, desde las editoriales a los medios masivos) son insostenibles, porque han generado rentas extraordinarias en favor de monopolios -aliados a leyes de copyright francamente absurdas, y han marginado de la distribución a infinidad de productores que nunca han logrado sortear los filtros cognitivos oligopólicos de las distribuidoras, se nos endosa no entender la lógica particular del capital cultural, y se nos enrostra sacrificar la calidad en aras de la cantidad.
Lo cierto es que ya se han cumplido 25 años desde que una conjunción de determinantes socioculturales que exigen en pleno 2011 repensar y rediseñar muchas de las prácticas culturales asociadas a la producción y consumo de información.

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