La democracia es una obra de arte II

El acto de matar al lobo para excluirlo de su comida no es trivial en la historia. Los niños aprenden a hacer esto como una cosa normal y esto se transforma en un modo de vivir y por lo tanto en una cultura. No se aprende solo la técnica de matar al lobo, se aprende también la emoción que va con esto, la emoción que va con la apropiación, la emoción que va con el control. Se pierde la confianza, aparece el control, las relaciones pasan a ser relaciones de control y con ello tenemos la multiplicación del patriarcado.

Humberto Maturana

En este post ya nos ocupábamos del tema,

Hoy posteamos la segunda parte tal cual nos la acerca Augusto de Franco

LA INFANCIA EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA
CONVIVENCIA Y EVOLUCIÓN
Yo pienso que la paz pudiera ser el modo normal de convivir, con situaciones ocasionales de desacuerdo pero que la referencia fundamental de la convivencia debiera ser la paz y por ello mismo que no fuese necesario hablar de la necesidad de ella; cuando uno extraña algo es porque no está.
Quisiera hacer algunas reflexiones sobre el origen de lo humano, para que desde allí veamos que relevancia puede tener esto con respecto a la infancia y la construcción de la paz, de modo que la paz no sea la antinomia de la guerra.
Para hacer referencia al origen de lo humano quiero remontarme a cinco millones de años atrás, cinco por diez elevado a seis años atrás.
Los estudios de genética muestran que nosotros los seres humanos y los chimpancés teníamos un antecesor común, es decir, pertenecemos a los linajes que se separaron hace cinco millones de años.
Si uno quiere entender la historia de los seres vivos tiene que mirar lo que se conserva, las distintas clases de seres vivos quedan definidas por distintos modos de vida que se conservan generación tras generación.
Cuando uno identifica un organismo de una especie particular lo que está identificando es su modo de vida. Si ustedes van por el campo reconocen una planta o un animal y dicen:
— Este es de tal y tal especie.
Con ello no están distinguiendo una estructura, una morfología, aunque es a través de ver una estructura, una morfología que ustedes hacen la distinción de un modo de vida. Lo que nos hace a nosotros seres humanos es un modo de vida; lo que hace al chimpancé un chimpancé, es su modo de vida, no solo su corporalidad (el cuerpo, por supuesto, es central).
Sin corporalidad no hay vivir pero lo que hace al ser vivo de una clase particular no es solamente su corporalidad. Por ejemplo, nosotros tenemos la corporalidad del Homo Sapiens Sapiens, si yo dibujase un círculo como una flecha cerrada sobre sí misma para representar al ser Humano en su corporalidad, esa corporalidad sería la de Homo Sapiens Sapiens; si nos encerraran en un zoológico, el letrero que estaría frente a nuestra jaula sería: “Homo Sapiens Sapiens. Habitación... toda la tierra”.
Pero lo peculiar es el modo de vida, nosotros tenemos un vivir humano y en mi esquema pondría: “humano”, un vivir humano. Lo que nos aporta nuestra corporalidad depende de lo que estamos hechos y lo que pasa en el modo de vivir se da por la relación, no por lo que nosotros hacemos ni cómo nos movemos, sino por la relación entre la dinámica corporal y las circunstancias. Todo esto es válido para cualquier animal o planta.
Lo que quiero destacar con esta mirada a nosotros mismos es que nosotros somos seres humanos por el modo de vivir y nuestro modo de vivir es en el lenguaje.
No se puede separar la corporalidad del modo de vivir. El ser humano es una relación dinámica entre la corporalidad y el modo de vivir, es una relación dinámica porque la corporalidad cambia según el modo de vivir y el modo de vivir cambia según la corporalidad.
El niño que crece se transforma según el vivir que tiene, pero se transforma en su corporalidad de hecho, no solo que crezca y se desarrolle, sino que su corporalidad se transforma de una manera contingente, circunstancial a la vida que tiene. Ahora bien, el ser humano conjuga una cierta clase de corporalidad y un cierto modo de vivir, lo cual se evidencia en la vida cotidiana.
Cuando uno tiene en su casa un animal doméstico, un perro por ejemplo, con el cual se vive en una cierta intimidad, uno lo encuentra tierno, cariñoso, encantador, amigo y no sería extraño que uno dijese:
— Este perro es tan tierno, tan amigo que solo le falta hablar para ser humano.
Sería extraño eso?.
Cabe como posibilidad el que uno diga eso?. ¿Verdad que si?. Pero qué pasaría si uno llega a su casa y el perro le dice:
— ¡Ahh.. que bueno que llegaste, te estaba esperando! ¿Qué pasaría?. En ese mismo instante, la cola aparece como una impertinencia, o no?. Precisamente porque la cola muestra que la corporalidad no es de Homo Sapiens Sapiens sino que es de perro y uno no se encuentra con un ser humano sino con un perro que había, con un perro que tiene un rasgo humano pero que no es un ser humano.
El ser humano se da en esa dinámica que entrelaza la corporalidad y el modo de vivir; más aun, la corporalidad Homo Sapiens es el resultado de una historia evolutiva. Esto quiere decir que es el resultado de transformaciones en torno a la conservación de un modo de vivir, que comienza en algún instante en la historia evolutiva y es el modo de vivir en el lenguaje.
Esto que acabo de decir tiene implicaciones bastante más grandes que el caso particular al cual hago referencia. Dije: la corporalidad Homo Sapiens Sapiens es el resultado, generación tras generación, de transformaciones en torno a la conservación de un modo de vivir, que no es otro que el modo de vivir humano en el lenguaje. Esa es una afirmación sistémica, es una afirmación valida para cualquier sistema.
Cada vez que en un sistema o relación entre sistemas establecen una relación que se conserva, se abre un espacio para que todo lo demás cambie en torno a lo que se conserva. Véanlo en su vida cotidiana. Imaginen que en su familia un día, la mamá, o el papá dicen:
— Por Dios que desordenados somos!. Seamos ordenados de ahora en adelante. Vamos a tener un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
¿Qué pasa con las relaciones dentro de la familia?. ¿Qué ocurre?
Ocurre una cosa muy simple: que la familia empieza a vivir entorno a la conservación del orden, que uno empieza a vivir atento a que las cosas estén en su lugar.
— ¿! Quién dejo esto aquí botado!?.
— ¿Por qué no está en su sitio? Y
— ¿Por qué aquí?.
— ¿Debería estar tal cosa y no está?
Las relaciones internas de la familia se echan a perder o no?. Si, por supuesto que pasa eso... Pero se conserva el orden...
En algún instante el papá, la mamá, alguno de los hijos dice:
— Por favor no vivamos más así, conservemos el placer de la compañía, disfrutemos del placer del estar juntos. Y se empieza a conservar el placer de la compañía.
¿Qué pasa con el orden?. Se pierde!. Se acaba el orden!. Pero se conserva el placer de la compãnía. Esto es una condición sistémica, siempre pasa así, y esto no es trivial porque nuestro vivir humano lleva consigo el querer conservar relaciones y cuando decidimos conservar relaciones, abrimos espacios para que todo lo demás cambie.
Si uno abre una empresa cuyo cometido sea la producción y la ganancias, todo lo démas gira entorno a la producción y a la conservación de la ganancia.
Si se define la paz social como la represión policial, se conserva la represión policial y todo lo demás cambia en torno a la conservación de la represión policial. De modo que lo que estoy diciendo es válido para todas las circunstancias en que hay sistemas y hay relaciones que se conservan.
El ser humano se configura cuando en la historia comienza a conservarse el vivir en el lenguaje, entonces la corporalidad cambia entorno a la conservación del vivir en el lenguaje, generación tras generación. Nosotros tenemos una corporalidad tal que tenemos un sistema nervioso, tenemos una laringe, una dinámica respiratoria, todo un conjunto de características que tienen que ver con nuestro vivir en el lenguaje.
Ya hice referencia a que el vivir en el lenguaje comenzó hará unos tres millones de años. Hay restos fósiles que indican que hará unos tres millones de años vivían en Africa, al norte de Kenya, seres bípedos de altura similar a la de un niño de ocho años, que tenían la mano como la tenemos nosotros, que tenían un tercio del celebro humano medio actual, que tenían un rostro diferente, que vivían en grupos pequeños de no mas de cinco a ocho individuos, en familias de adultos, jóvenes, niños y, presumiblemente, como recolectores. Eran muy pequeños para ser cazadores, a lo más cazarían animales pequeños: lagartos, culebras, ardillas lo que se diera en las sabanas donde ellos habitaban, probablemente compartiendo el alimento.
El acto de compartir no consiste en dejar que el otro coma al lado de uno. Consiste en transferir lo que uno tiene al otro. Yo le paso al otro algo que tengo, ese es un acto de compartir.
De alguna manera nosotros seguimos siendo animales recolectores que comparten alimento. Somos animales recolectores de varias formas: una de ellas es lo bien que uno lo pasa en un supermercado ¿O no lo pasan bien?. Por favor... uno está en el paraíso en un supermercado mientras no tiene que pagar lo que lleva. Pero nuestros antecesores vivían en el auténtico paraíso, pues vivían en un mundo no contaminado, no dañado o no sobreexplotado, que ordinariamente entregaba más de lo que se necesitaba, porque se consumía a una velocidad menor que la requerida por la naturaleza para recuperarse espontáneamente (en un medio con una dinámica normal, ¡Claro está!).
Somos animales recolectores, pero también somos animales compartidores. Piense cada uno de ustedes lo que les pasa cuando alguien en la calle pide dinero. ¿Qué le pasa a uno?. Si uno no quiere dar evita el encuentro de la mirada con la del que pide, porque en el momento en que ustedes se encuentran con la mirada del otro ocurre algo que resulta ineludible: sienten tentación por compartir. Pero eso no se origina en la cultura, ustedes pueden incluso tener argumentos para no dar. Pueden decir:
— ¡No! Si doy lo único que hago con esto es estabilizar la mendicidad, las personas están maleadas, no merecen nada...
Cualquier argumento se puede esgrimir. Nos vemos obligados a justificar el no compartir porque en lo biológico hay una tendencia a compartir: somos animales compartidores.
Los niños cuando están pequeños se sacan la comida de la boca para pasársela a la mamá, al papá, al hermano. En muchas culturas los viejos se alimentan directamente desde la boca del adulto, que mastica la comida y se la pasa al anciano. Somos animales compartidores.
Gregory Bateson, gran antropólogo, tiene una película donde aparece accidentalmente una mamá que tiene un niño pequeño en los brazos, está masticando algo, se agacha y le pasa directamente de su boca la comida al bebé. Somos animales compartidores.
Y somos animales compartidores porque pertenecemos a la historia de compartir. Yo no se en qué momento de estos tres millones de años hacia atrás, comenzó el compartir en nuestro linaje, pero somos animales compartidores.
Pero hay algo más que somos y que lo podemos reconocer en el presente: los seres humanos somos animales sensuales, nos acariciamos, salvo que exista una recomendación cultural en contra de la caricia. Miren su mano!. Comparen su mano con la mano de un chimpancé.
La mano de un chimpancé es también un pie, se mueve fundamentalmente apoyándose como cualquier cuadrúpedo en los nudillos, no estira los dedos. Los chimpancés se pueden reconfortar tocándose mutuamente, pero no pueden estirar la mano tal como nosotros la usamos para acariciar. Nuestra mano se acomoda a la forma del cuerpo, a la curvatura del hombro, de los pechos, de lo que uno quiera.
Veamos un ejemplo. Cuando un niño pequeño se cae y se magulla una rodilla, viene donde la mamá o donde el papá y ellos lo acarician alrededor de la herida; después de un momento el niño vuelve a jugar: se le ha pasado el dolor, y eso no es maña, no es que no le doliese antes, sino que la caricia genera anestesia y bienestar, ese es un fenómeno fisiológico. No es una opinión mia, se puede demostrar fisiológicamente cómo se modifica la actividad de las neuronas en la médula espinal que tienen que ver con el dolor.
Nosotros somos animales que nos acariciamos y la caricia es fundamental en la dinámica relacional humana. Pero la caricia implica una cosa muy especial, implica cercanía e implica confianza. Hará unos tres millones de años nuestros antecesores vivían en una cierta intimidad, en una cierta cercanía, en el compartir de pequeños grupos, en la sensualidad. En esa intimidad surgió el lenguaje como un modo de convivir en las coordinaciones de la conducta y en las coordinaciones de las coordinaciones de la conducta.
Miremos lo que nosotros hacemos en el habla simple y corrientemente (no en situaciones muy complejas), como cuando saludamos:
¡Juan!
¿Qué?
— ¡Hola!
O cuando le decimos al otro:
— ¿Nos encontramos esta tarde?
¿Qué estamos haciendo?.
Estamos entrando en una interacción que configura una coordinación de coordinación conductual.
— ¡Juan!: (nos coordinamos)
— Nos encontramos esta tarde? (coordinamos nuestra coordinación). Esta es una operación mínima en el lenguaje: nosotros vivimos inmersos en el lenguajear.
Esto ocurrió en algún momento, hace tres millones de años, cuando se entró en coordinaciones de coordinaciones conductuales ocasionales. Semejantes a las coordinaciones con las que se puede entrar con un perro. Uno le pone nombre a su perro. Si ustedes tiene varios perros, cada uno con su nombre, los pueden llamar por separado. Yo tengo varios perros: Lobo, Pepa y Benjamín. Cuando están los tres juntos yo digo:
— ¡Lobo!. (él mira).
— ¡Ven!: (él viene).
Después viene los otros porque se dan cuenta que voy a acariciar a Lobo. Pero ahí tienen ustedes una coordinación de coordinación conductual.
— ¡Lobo!: (nos coordinamos).
— ¡Ven!. Coordinamos nuestra coordinación.
Eso ocurre con Lobo como un fenómeno ocasional que requiere una cierta intimidad de la convivencia. Lobo tiene un cerebro que es más pequeño que el de nuestros antecesores de hace tres millones de años. No es el tamaño del cerebro lo que hace posible el lenguaje, sino el modo de convivir.
Lo que pasó hace tres millones de años fue el inicio de cordinación de coordinaciones conductuales. El vivir en el lenguaje empezó a conservarse generación tras generación, en la sucesión de generaciones, en el aprendizaje de los niños. En sentido estricto somos lo que somos gracias al aprendizaje de los niños.
La historia de la humanidad ha seguido el camino aprendido por los niños. Han sido los niños los que han conservado el modo de vivir de los adultos con los cuales convivían. Al aprender a vivir en el lenguaje, generación tras generación, lo que se conserva es el vivir en el lenguaje y todo orbita en torno a ello, por lo que nuestra corporalidad es hoy en día la de Homo Sapiens Sapiens.
Para que esto haya ocurrido ha sido necesaria la emocionalidad, que es un modo fundamental de desenvolverse en las relaciones, en tanto que las emociones son modos conductuales, son clase de conducta. La emoción que hace posible la intimidad en la convivencia, con cierta permanencia, es el amor y el amor es un dominio de la conducta, una clase de conducta.
Si ustedes se fijan en su vida cotidiana, se van a dar cuenta que usan la palabra amor, amar; querer en circunstancias en las cuales el otro surge como un legítimo otro en convivencia con ustedes.
En cierta ocasión iba por los campos de Chile, había cardos y yo iba con un palo apaleando los cardos, conmigo iba mi hijo de siete años; en algún momento me dice:
— Papá ¿Por qué no quieres a los cardos?
Fíjense lo interesante del comentario. El usó la expresión querer exactamente en los términos atrás referidos. Con mi palo yo negaba la legitimidad de los cardos en convivencia conmigo en el campo.
— ¿Por qué no quieres a los cardos?.
Cuando uno deja a los otros seres vivir ¿Qué dice la gente?. ¡Que ama a la naturaleza!. ¿Quién es el amante de la naturaleza si no quien deja a la naturaleza ser y no la destruye?.
El amor como dominio conductual, como emoción, es el dominio de las conductas en las cuales el otro surge como legítimo otro en convivencia con uno.
El lenguaje no pudo haber surgido en un ámbito de mutua negación, de relaciones “a palos”, solamente puede haber surgido en un ámbito en el cual la cercanía y la intimidad se dan en el amor, en el dominio de las conductas en las cuales el otro surge como legítimo otro en convivencia con uno.
De acuerdo con esta historia, nosotros somos animales dependientes del amor. No importa la edad, nos enfermamos cuando se interfiere con el amor: el bebé, el niño, la niña, el joven, la muchacha, el adulto, el viejo y nos curamos cuando se restituye el amor.
La primera y más importante medicina es la restitución del amor, el surgir ante el otro como legítimo otro en la convivencia. Si lo que afirmo es válido, surgen dos preguntas:
La primera pregunta tiene que ver con nuestro presente. Vivimos la humanidad presente, la humanidad en general y de la humanidad colombiana en particular, donde aparece la guerra en un lugar destacado.
Siendo esto así, todo lo dicho parece una mentira, un engaño. ¿Cómo es que vivimos así?
El amor es fundamental en las relaciones. Pero el amor no es otra cosa que el dominio de las conductas en las cuales el otro surge como legítimo otro en la convivencia con uno y eso es lo que constituye lo social.
Si ustedes atienden al uso dela palabra social verán que tiene que ver precisamente con eso. Yo pienso que las relaciones sociales son aquellas que se dan bajo la emoción del amor en las cuales surgimos como legítimos otros en la convivencia con otros.
Siendo así ¿Cómo es que vivimos en la guerra, en la agresión, en la negación? ¿Por qué pasan lo que pasa en Yugoslavia, por ejemplo?. Allí se vive una guerra étnica, latente cientos de años, donde los niños croatas han crecido odiando a los servios y a los musulmanes y viceversa. ¿Cómo es que vivimos. así?. Esa era la primera pregunta.
La otra pregunta es ¿Cómo fue que llegamos a la intimidad en la cual era posible que surgiera el lenguaje?. Para contestar esta última pregunta quiero hacer referencia a nuestra relación histórica con el linaje de los chimpancés de hace cinco millones de años atrás.
Un análisis genético que compare los ácidos nucleicos humanos y los del chimpancé mostrará que la diferencia es pequeñísima, que no es superior a uns 3%, pero las diferencias en el vivir son superlativas, somos muy distintos. ¿Qué podemos decir con respecto a estas dos trayectorias. ¿Cuál es la diferencia?. ¿Qué se conservó en el linaje que nos dió origen, de modo que somos como somos?. ¿Qué se conservó en el linaje que dió origen a los chimpancés de modo que son como son?.
No estoy diciendo que seamos mejores que los chimpancés, ni que los ratones, ni que los elefantes, ni que las cucarachas, bástenos decir que somos distintos, que tenemos un vivir distintos.
La Biblia dice que Jehová creo al hombre para que se enseñorease sobre los otros seres que El había creado. Esto sugiere una diferencia sustancial y abismal de Señor y siervo. No era un buen biólogo el que escribió el Génesis. Todos los seres vivos somos distintos pero no somos unos mejores que otros.
Una distinguida bióloga, amiga mía, la doctora Lyn Margulis en alguna ocasión dijo:
— “La verdad es que a mí no me importa que haya una guerra nuclear y que desaparezca la humanidad, por que muchos animales, muchas plantas y las bacterias van a sobrevivir”
Yo dije:
— Yo no soy bacteria, a mí me preocupa la vida humana y la vida animal, porque no soy bacteria, aunque también me preocupa la vida de las bacterias porque sin las bacterias no podríamos vivir.
Retomando el tema: ¿Cuál es la diferencia entre el linaje de los chimpancés y el de los humanos?. Las relaciones entre animales pueden darse, con variaciones, entre dos extremos. Un extremo es la relación materno infantil en los animales mamíferos, en algunas aves, reptiles, anfibios y peces.
Esa relación materno infantil es una relación amorosa. Si ustedes han tenido en su casa una perra o una gata que hayan tenido crias y los han observado, lo que habrán visto es precisamente eso: que las conductas de la perra y sus cachorros son conductas recíprocas en que surgen como legítimos otros en su convivencia. Es una conducta amorosa en la que unos y otros tienen presencia. La gata con gatitos ve mucho más que la gata sin galitos. Podrán haber visto una gata al ver al galito en una situación que ustedes también reconocen como peligrosa, corre, salta, lo atrapa, lo saca de allí y lo pone en otro lugar más seguro.
El otro extremo en el grupo de animales que mencioné, corresponde a las relaciones de dominación y de sometimiento, relaciones que los antropólogos describen como relaciones de poder, relaciones de dominación y sometimiento.
Esos son extremos en los modos de relacionarse los mamíferos y otros animales. Considero con suficientes argumentos a favor de esto, que la historia que nos da origen es una historia de infantilización. En biología esto se llama neotenia, una expansión de la infancia, de modo que la reproducción aparece desde la infancia y la vida adulta se posterga y se posterga y tal vez nunca llega. Nosotros tenemos muchos rasgos neoténicos. Algunos tienen que ver con la configuración del rostro, de la cabeza, otros tienen que ver con el momento del nacimiento, otros son conductuales.
Tomemos el caso de los babuinos, que son primates que viven en la sabana, cuadrúpedos. Si pueden observarlos en los zoológicos, verán que los babuinos machos adultos se ubican en la periferia acompañados por una o dos hembras que les sacan las piedrecitas, las pajitas que se les pegan en el pelaje. Si encuentran a una hembra con un bebé recién nacido, lo que van a ver es una cosa notable: esta hembra se mueve con una corte de admiradores y los admiradores son otras hembras y machos jóvenes. Estos machos jóvenes se interesan por los bebés, en cambio los machos adultos no. Los seres humanos varones nos interesamos por los bebés y ese es un rasgo infantil en este linaje.
Ciertamente pertenecemos a una cultura que nos dice que el cuidado de los bebés corresponde a las mujeres, pero al mismo tiempo la vida diaria nos muestra que los hombres tenemos las suficientes habilidades manuales y emocionales para interesarnos y cuidar de los niños. El linaje humano es un linaje neoténico. Hay una historia de infantilización que trae consigo la prolongación de la dinámica relacional de la infancia hasta la vida adulta.
Si ustedes tienen un perro en casa podrán observar una cosa curiosa: mientras más íntima la relación con el perro más infantil se pone: juguetón, le gusta la caricia, la cercanía, el “sobajeo”, ladra, pero con uno es infantil, se expande en la dinámica de la relación amorosa. Por otra parte, en el linaje de los chimpancés no hay infrautilización, no hay neotenia.
Hace unos diez años un zoólogo y antropólogo holandés Franz de Vall, escribió un libro llamado “Chipancie Polities” (Política chimpancé). Franz de Vall ha estudiado a los chimpancés en un zoológico holandés en el cual hay una colonia de unos 20 a 24 chimpancés, adultos, machos, hembras, jóvenes, bebés. Allí hay puestos de observación que permiten a los zoólogos observar a los chimpancés sin interferir con ellos.
De Vall también a recolectado estudios sobre estos animales en su habitat natural, lo que le permite señalar que la vida de los chimpancés está centrada en relaciones de dominación y sometimiento, de poder, de alianzas transitorias e instrumentales, envueltos en un juego de dominación y el sometimiento; dos chimpancés se pueden transformar en una pareja solo para destronar a otro que tiene una posición jerárquica superior. Luego de derrocarlo se acabó la alianza y pasa cualquier otra cosa.
¿Por qué llama De Vall el libro Política Chimpancé? Si ustedes le preguntan a la gente sobre política o sobre relaciones políticas se van a encontrar con dos posibles respuestas:
Una respuesta puede hacer referencia a la política como el espacio de preocupaciones por los temas de la comunidad (viene del griego polis), pero también se encontraran, muy seguramente, con una queja por las relaciones de dominación y sometimiento en la vida política, por la instrumentalización de la relaciones en función del poder.
En Chile se han hecho encuestas sobre las transiciones gubernamentales de un régimen dictatorial a un régimen intencionalmente democrático y, en este contexto, sobre lo que la gente piensa sobre la política. Se escucha repetidamente la queja sobre la política como un juego del poder, de la dominación, del sometimiento, de la instrumentalización de las relaciones, de las alianzas temporales.
Algunos sectores de los partidos políticos en el gobierno y en la oposición tenían que decidir sobre los candidatos a la presidencia. Al escuchar las noticias o leer los diarios, ambos grupos se acusaban recíprocamente de hacer alianzas instrumentales en función del acceso al poder; es decir, describían unos a otros como “monkey bussines”.
Franz de Vall llama a su libro Chimpancé Polities, creo que quien use esa denominación advierte que la instrumentalización de las relaciones se ha extendido a la humanidad. Ese es el problema, ese es uno de los conflictos hoy en día.
Franz De Vall cita también a Aristóteles. En su libro La Política define al hombre como un animal político. ¿Seremos animales políticos en los términos que usa Franz De Vall cuando habla de la política chimpancé?. Pienso que no. No somos animales políticos. Somos animales cooperadores. La cooperación se da solo y exclusivamente en las relaciones de mutuo respeto. La cooperación no se da en las relaciones de dominación y sometimiento. La obediencia no es un acto de cooperación.
Nosotros somos animales en tanto pertenecemos a la historia que nos dá origen, pero somos cooperadores que debido a que no tenemos impedimentos para cooperar; cuando en las relaciones amistosas aceptamos la invitación a cooperar la pasamos bien. Solamente nos molestamos cuando pensamos que nuestro amigo nos está utilizando, cuando está instrumentando la relación. Las amistades se acaban cuando las relaciones se vuelven instrumentales.
No obstante, vivimos en los términos en que Franz De Vall usa la expresión politica chimpacé, al tiempo que tenemos preocupaciones por la polis, por la comunidad; en cierta manera vivimos en una esquizofrenia, escindidos entre dos polos de intenciones fundamentales: Crecemos en la simulación, en la apariencia, en la manipulación, en la competencia, pero al mismo tiempo deseamos que los temas de la comunidad nos importen sin quedar atrapados en las relaciones de dominación, sometimiento e instrumentalización y guiarnos por la cooperación.
La Infancia en la construcción de la paz...
Yo casi habría preferido poner La infancia y la construcción de la democracia.
Pero ¿Qué es la democracia?.
Si uno mira los orígenes de la democracia lo que uno descubre es que ella surge como un modo de convivencia entre iguales, entre seres que se respetan, que tienen derecho a opinar y a participar en las decisiones que los afectan. ¿Qué tiene que pasar para que de hecho podamos hacer una vida democrática?.
Tenemos que ser capaces de vivir en la colaboración, tenemos que ser padres capaces de hacer de ese espacio de convivencia, que es la familia, un ámbito social.
¿Qué tiene que pasar para ello?. Tenemos que respetarnos, tenemos que ser capaces de encontramos con el otro como legítimo otro en la convivencia con uno.
¿Qué tiene que pasar para ello?. Tenemos que respetarnos a nosotros mismos. El respeto por el otro pasa por el respeto por si mismo; el respeto por si mismo pasa por el respeto por el otro. Pero para que eso pase, el niño pequeño debe crecer de tal manera que adquiera conciencia de sí y conciencia del otro en la legitimidad de la relación social.
Muchos educadores, muchas personas saben esto y hay investigaciones que lo profundizan. La doctora alemana Gerda Verden-Zöller ha hecho un estudio sobre la relación materno infantil normal, en el que se muestra que los bebés y los niños en crecimiento, adquieren conciencia corporal y conciencia de sí junto con la conciencia de la corporalidad del otro y la conciencia de la legitimidad del otro, en la relación que permite establecer el juego materno infantil.
¿Y qué es la relación de juego? Es una relación de cercanía corporal, de aceptación corporal sin exigencias de trueque, en total aceptación de la legitimidad del otro. Eso se da normalmente en una relación materno infantil, no distorsionada por relaciones circunstanciales como podría ser la pobreza, la distracción en otras cosas fuera de la relación. No como una simbiosis entre lo femenino y lo infantíl, sino como una relación unívoca entre un adulto y un niño.
Se dice que los niños nacen indefensos. ¡El bebé no es indefenso!. No, no es una guerra; el bebé nace en la confianza, nace “abierto” de brazos y de piernas, presto a ser acogido espontáneamente, en postura biológica de ser acogido, de ser aceptado en su legitimidad; si no es aceptado en su legitimidad se muere.
A finales de la II Guerra Mundial se hizo un estudio en Inglaterra con los niños desplazados de un lado para otro por los bombardeos en Londres y en otras ciudades inglesas. Este estudio mostró las consecuencias nefastas en el desarrollo del niño cuando hay deprivación materna. Y la deprivación materna ocurre cuando se interrumpe la relación unívoca de cuidado de un adulto con el bebé, con el niño o con la niña. Hay momentos cruciales en el desarrollo del niño tales que, cuando hay deprivación materna, ese bebé se transforma en un niño que es incapaz de establecer relaciones de confianza. Es incapaz de relacionarse con el otro.
Los escritos, historias y cuentos sobre niños en orfanatos, en más de una ocasión describen a niños inaccesibles, autistas, con los cuales parece imposible una relación amorosa. Son niños que parecen traicioneros: muestran afecto y súbitamente rechazo, propinan golpes y actitudes que niegan al otro. Se trata de niños que han sufrido deprivación materna durante los tres primeros meses de vida.
Cuando esa deprivación materna ocurre, hay alteraciones en el desarrollo que son irreversibles. Después de esos tres primeros meses los niños manifiestan alteraciones en su desarrollo. Si el niño pequeño ha aprendido a controlar su esfínteres, deja de hacerlo; si ya está asistiendo al jardín infantil y tiene buenas relaciones, con una semana de deprivación materna sucede mi retroceso en las relaciones interpersonales en dicho lugar, empero es recuperable.
La relación materno infantil en el juego, en la total aceptación corporal, con la atención puesta allí, es el fundamento para el desarrollo de la conciencia de sí y de la conciencia social. Pero no solamente eso. Lo que la doctora Venden-Zöler muestra es que el espacio que el niño vive surge como una expansión de su corporalidad. No es extraño.
Si ustedes miran sus propias vidas se darán cuenta que su espacio es el espacio de expansión de su corporalidad. Uno vive dentro del ámbito de sus acciones. El espacio propio se tiene en la medida en que se hace adulto y que vive la complejidad de vivir en el lenguaje. Va uno adquiriendo dimensiones insospechadas a través de las descripciones, de las reflexiones; pero uno no sobrepasa el espacio que ha colonizado en el mundo. Esto parece un truísmo y lo es. Pero no es vanal, ya que tiene otras implicaciones: las teorías sobre el mundo surgen como expansiones de la corporalidad en las relaciones del niño.
La temporalidad surge de la expansión en las relaciones de movimiento, de ritmo en el vivir del niño. La posibilidad de una convivencia social responsable surge del crecimiento del niño en conciencia de sí y conciencia social. Y eso se da cuando la relación materno infantil es una relación de juego en la cercanía corporal; en la aceptación total del uno y del otro. Esto tiene que ver con nuestra biología y nuestra historia.
¡VIENE EL LOBO!
Nuestra cultura patriarcal occidental se formó en algún momento en la historia. Sin entrar a una descripción pormenorizada de ella, sí es imprescindible señalar que surgió asociada a la apropiación. Esta cultura patriarcal apareció en Asia hace unos l5 o 20 mil años atrás, en familias humanas que trashumaban cazando animales que migran con las estaciones.
Detrás de estas familias iban también los lobos, como en el presente con las tribus Laponas. Ellas viven de los renos, a los cuales siguen en sus migraciones. Al lado de ambos van los lobos, que son animales depredadores, como los humanos, de los renos, aunque no se alimentan en el mismo lugar.
El lobo es un terrible animal mitológico descrito como sanguinario y enemigo del hombre. Si uno estudia al lobo descubre que no es así, no es nuestro enemigo. No existen documentos (solo leyendas y literatura) que prueben que efectivamente los lobos atacan a los seres humanos. Claro, atacan a los renos, a los siervos, a los animales de los cuales se alimentan.
Mi proposición es que en algún momento estas familias de cazadores comienzan a impedirle a los lobos el acceso a sus presas. ¿Por qué? Bien puede haber sido por un invierno frío que ha reducido la manada de renos y por ello se persigue al lobo, para no compartir con el el disminuído alimento. En algún momento la exclusión del lobo deja de ser un fenómeno ocasional y pasa a ser una acción sistemática, que empieza a conservarse de generación en generación. En ese momento surge el pastoreo, en ese momento surge la apropiación, en ese momento surge la exclusión del otro. Como ven, la apropiación es una exelusión del otro.
Si ustedes van caminando y encuentran un letrero que dice: “propiedad privada”, ese letrero está avisando que están excluidos de esa área. Ustedes no pueden irse alegremente por donde quiera que haya avisos que digan: “!Usted está excluido, propiedad privada!”.
El Patriarcado surge en ese momento, con la apropiación surge la exclusión, surge la negación del lobo. Eventualmente se mata al lobo, el instrumento de caza con el cual se le mata pasa a ser un arma, con las armas surge la guerra, surge un modo de convivir completamente distinto.
Cuando eso sucede cambia completamente la dinámica relacional y aparecen las jerarquías, aparece la dominación y el sometimiento, como dimensiones centrales de la convivencia.
Nosotros somos el presente de esa historia pero somos un presente mixto. En la infancia conservamos una relación de mutuo respeto, de colaboración, de participación, de aceptación. En la vida adulta tenemos que entrar a una convivencia inmersa en la autoridad, en el sometimiento, en la competencia. Ese es, efectivamente, un problema. Si queremos construir una convivencia democrática, tenemos que asumir que la democracia se funda en el respeto por el otro y que el respeto se aprende en la relación materno infantil y se puede conservar si uno es cuidadoso en el desenvolvimiento de los niños, de modo que lleguen a ser adultos capaces de conciencia social.
Seguramente muchos de nosotros, o todos nosotros, hemos sido afortunados en ese sentido. Quizá por ello estamos interesados en la democracia, preocupados por la violencia, por el abuso, por la explotación, por todo lo que sea contrario a un modo relacional en una convivencia democrática.
La infancia puede contribuir a la construcción de la paz en la medida que conservemos la relación materno infantil, que es una relación en la cual surge la conciencia social. Es posible solamente en la medida en que nuestros niños crezcan como seres que conservan el respeto por sí mismo y el respeto por el otro. Si eso pasa y somos capaces de hacer una democracia, no tendremos que hablar de paz.
Un amigo me dijo:
— La historia de la humanidad es la historia de la guerra.
Lo que sé sobre la guerra lo aprendí en los textos del colegio, que describen la historia de la humanidad como una sucesión bélica. Cuando mi amigo me dijo eso quedé insatisfecho. Era una mirada histórica de un fenómeno, pero esto no era todo lo que caracteriza a la humanidad, ni lo que la ha hecho humana. Esa fue una de las razones para interesarme por el origen del patriarcado, por las culturas europeas.
Digo europeas porque nosotros tenemos más de ellos e ignoramos otras culturas como la precolombina. Los mitos griegos, por ejemplo, comienzan con la mención de un caos primigenio. Así mismo se dice al refererirse a un cambio cultural:
— La cultura anterior era un caos.
Cuando en Chile se produjo el golpe militar y se estableció el gobierno militar se hablaba con respecto a lo anterior como “un caos”. Señalar una cultura como el caos es una manera de negar esa cultura.
Si uno mira los restos arqueológicos, descubre que hay muchos estudios que demuestran que en la Europa del Danubio, Los Balcanes y el Egeo hasta 5 mil años antes de cristo, había poblados que no mostraban signos de guerra, no tenían fortificaciones, no aparecían armas en las tumbas, no aparecían armas como decorados, es decir, muestran un espacio relacional completamente diferente de aquel al cual nos hablan los textos escolares.
Solo en el lapso comprendido entre los cinco mil y cuatro mil de años antes de Cristo, aparecieron pueblos pastores procedentes de Asia y con ellos las armas, la guerra, las fortificaciones, los signos de destrucción por guerra, las tumbas de grandes guerreros, etc.
Para que haya cambio cultural tiene que haber cambio emocional. ¿Qué cambio emocional y que condiciones hicieron posible el cambio que dió origen al patriarcado? La explicación que me parece más convincente es la expuesta acerca del lobo y su exclusión.
Hace poco apareció una fotografía de una escena en Yugoslavia. Era un campo donde se estaba cosechando. En un promontorio había un joven con mi fusil que mira al horizonte para ver si vienen los enemigos. Esta fotografía evoca el cuento del niño que grita:
— ¡Viene el lobo!.
Si se excluye al lobo de su comida, si los Lapones comienzan a exeluir al lobo de su acceso a los renos, el lobo se las ingenia para comer renos por otro lado.
En el momento en que se empieza a excluir al lobo desaparece la emoción de la convivencia y surge la emoción de la apropiación, de la exclusión del otro. Se pierde la confianza, desaparece la confianza y la armonía natural de la existencia. Tenemos que empezar a preocupamos que venga el lobo o el enemigo como en la fotografía del nulo parado en el promontorio con el fusil mirando si venían los otros.
Pero si se pierde la confianza y se está con la atención puesta en el lobo, tarde o temprano se mata al lobo y el acto de matar al lobo es completamente distinto al acto de cazar. Si uno mira las culturas cazadoras, estas consideran el acto de cazar como un acto sagrado, hay agradecimiento por el animal que muere y porque hay alimento para la vida. Se va a obtener vida de la muerte del animal, pero el acto de matar al lobo tiene un carácter totalmente distinto, no se mata al lobo para comerlo, se mata para exterminado. ¡El acto de matar al lobo es un asesinato!.
Se mata para exterminarlo y eso trae consigo una emoción completamente distinta, no hay agradecimiento, es un acto de posesión, es completamente diferente. El artefacto que yo uso, por ejemplo para cazar un conejo, un siervo, un animal que voy a consumir, es un instrumento de caza. Mientras que el instrumento que uso para matar al lobo es un arma. La emoción es distinta, es la emoción con la cual se usa ese instrumento la que lo hace un instrumento de caza o un arma. En el momento en que se mata por matar aparece la guerra, aparece la enemistad, pero aparece otra cosa más, aparece la legitimidad de la solución de un conflicto con la total negación del otro, por que eso es lo que pasa.
La apropiación y la guerra van juntas. Se desencadena cuando de la negación del otro se pasa a su eliminación, cuando uno se apropia del modo de vivir del otro, cuando la apropiación se convierte en un modo de vida y cuando uno se puede apropiar de todo, de cosas, de ideas, del sexo del otro.
Una película reciente era ilustrativa de esta manera de pensar. Se llama Shaka Zulu. Es la historia verídica de Shaka, un rey Zulú que vivió en una época relativamente reciente. Tiene fundamentos históricos. Hay tres tipos de escenas a los cuales yo quiero hacer referencia. Una en la cual un grupo de hombres persigue a otro para matarlo, pero Shaka lo defiende y lo protege. Aquel a quien Shaka ayudó posteriormente pasa a ser rey de un grupo Zulú.
Esa persecución de este hombre, tiene un carácter muy peculiar es la persecución de este hombre, cuando Shaka llega a la corte de este hombre amigo que es rey, el amigo lo pone en su ejército.
Las guerras de los Zulúes en esos momentos tenían un carácter ceremonial: los ejércitos usaban largas lanzas, las cuales se arrojaban a prudente distancia. Cuando se habían tirado todas las lanzas, venían las mujeres danzando, los hombres recogían las lanzas. Las mujeres se ponían a cierta distancia y los dos ejércitos reanudaban su combate.
Pasado algún tiempo se decidía quien ganaba, pero raramente había heridos y menos muertos. Como vemos la guerra era una ceremonia para decidir algo. Shaka hizo innovaciones:
Primera, propuso que los guerreros no usaran sandalias y combatieran descalzos porque las sandalias se salían y eran incómodas.
Segunda, que acortaran la lanza, de modo que los encuentros tuvieran que ser cuerpo a cuerpo. Fue allí, en ese momento, que comenzó la matanza y el carácter de la guerra adoquinó un efecto completamente distinto, pasó a ser de hecho exterminio. Al cambiar la dinámica emocional, cambió todo.
Antes de Shaka la contienda era ceremonial para dirimir un desacuerdo a través del cansancio, del aburrimiento, o de las conversaciones que sostienen los jefes mientras que los ejércitos están en la ceremonia de la guerra. Cuando Shaka introduce esta innovación la emoción es completamente distinta, es la matanza y lo central es matar.
El acto de matar al lobo para excluirlo de su comida no es trivial en la historia. Los niños aprenden a hacer esto como una cosa normal y esto se transforma en un modo de vivir y por lo tanto en una cultura. No se aprende solo la técnica de matar al lobo, se aprende también la emoción que va con esto, la emoción que va con la apropiación, la emoción que va con el control. Se pierde la confianza, aparece el control, las relaciones pasan a ser relaciones de control y con ello tenemos la multiplicación del patriarcado.

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