Debate democracia-plurarquía

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Augusto de Franco en este y en este texto abre un debate sobre Plurarquía y Democracia que reproducimos y traducimos literalmente para el público hispanohablante porque creemos que es de radical importancia filosófica en la implementación de la teoría de redes sociales a la práctica de la política cotidiana.
Para aclarar los términos utilizados sugerimos ver su libro Alfabetización Democrática especialmente su Presentación y entender de lo que se habla.
Pues bien, en el primero de los textos mencionados O debate democracia-pluriarquía Augusto señala:

La hipótesis según la cual existe una dinámica (democrática) que corresponde la cierta morfología (reticular) no tiene una justificación trivial. Además de eso, depende de lo que entendamos por democracia. Si tomáramos democracia en el sentido “débil” del concepto, como régimen político basado en la verificación de la voluntad mayoritaria, tal hipótesis no se sostiene. Es lo que argumenta, por ejemplo, David de Ugarte (2007), basado en las consideraciones de Alexander Bard, Jan Söderqvist (2002). Según esos investigadores de las redes, un modo de regulación propio de redes sociales distribuidas sería la pluriarquía (un régimen de abundancia) y no la democracia (un régimen de escasez).
El argumento es considerable. Si lo que define una red distribuida es, como dicen Alexander Bard y Jan Söderqvist (2002), que “todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores”. ¿Cómo podrían funcionar – en una “nueva era de redes distribuidas” – las reglas de la democracia, basadas en la prevalencia de la voluntad de la mayoría?
En ese debate, es más razonable encarar la pluriarquización como un movimiento contrario a la autocratización, es decir, como parte del proceso de democratización de la democracia y no como otro modo de regulación, que se instalaría definitivamente, sustituyendo la democracia, cuando ya no hubiera escasez. No cuesta recordar la semejanza entre ese tipo de ideología y aquella que asociaba el reino de la libertad al reino de la abundancia (y que, en el límite, justificaba la falta de libertad con argumentos economicistas, alegando que ella jamás podría instalarse de hecho o de verdad mientras hubiera escasez económica o de recursos).
Ahora, en el sentido “fuerte” del concepto de democracia, pluriarquía no se contrapone a la democracia. Ella no es otro modo de regulación y sino la misma democracia materializada en redes altamente distribuidas. Es necesario tener mucho cuidado aquí, por cuanto, en lo fundamental, ambas – la democracia realmente existente (posible en redes sociales poco distribuidas) y la democracia pluriárquica (posible en redes sociales altamente distribuidas) – continúan oponiéndose a la autocracia. Sí, eso es fundamental (y decir lo contrario sería irresponsable, tanto desde el punto de vista democrático, cuanto del punto de vista pluriárquico) porque la pluriarquía (como democracia radicalizada o democratizada) sólo puede ser ensayada en democracias (aún en las limitadas democracias que tenemos), pero nunca en autocracias.
Algunos defensores de la pluriarquía supervalorizan el mecanismo de la votación (que – es innegable – introduce artificialmente escasez política), identificándolo como el núcleo de la democracia representativa (la democracia en el sentido "débil" del concepto), cuando ese es sólo uno de sus elementos (el de la elección, al que se le debe añadir la libertad, la publicidad, la rotación o alternancia, la legalidad y la institucionalidad y, como consecuencia de todos esos, la legitimidad). En el afán de defender la superación de la democracia por la pluriarquía, combaten, en verdad, una caricatura de la democracia y se olvidan de ver que la democracia, aún en el sentido “débil” del concepto, aún como forma política representativa y formal de administración del Estado (o de cualquiera otra comunidad imaginada) ya es parte del proceso de desconstitución de la autocracia. O sea, ya es parte del proceso de pluriarquización. He ahí el motivo por el cuál no se puede democratizar la democracia en la ausencia de régimen democrático. Un repudio a la democracia representativa nos lleva hacia un mundo más autocrático, donde no es posible siquiera ensayar una experiencia pluriárquica. Eso no significa que la democracia representativa por sí sola nos vaya a llevar hacia la pluriarquía. No va. Pero permite. En contrapartida, la ausencia de democracia representativa no permite, impide.
Por otro lado, en primer lugar, es falsa la idea de que la democracia sólo puede ejercerse en base a elecciones. Sería desconocer buena parte de la experiencia de los griegos (que usaban, en muchos casos, el sorteo, que no produce escasez alguna).
En segundo lugar, es falsa la idea de que la democracia tiene un estatus epistemológico u ontológico diferente de la mentada pluriarquía. El núcleo de aquel conjunto de ideas que constituyen los principios de la democracia (transformar enemistad en amistad política o, para usar las propias palabras de David de Ugarte, refiriéndose a las redes distribuidas, convertir competición en cooperación) es el mismo del de la pluriarquía.
En tercer lugar, es falsa la idea de que solamente en base a la (o a partir de la) autonomía económica de una comunidad se puede practicar la pluriarquía. Si fuera así, la pluriarquía sería un modo de regulación aplicable solamente la comunidades económicas auto-sustentables, la asociaciones de productores, de mercaderes, de prestadores mercantiles de servicios y de otros grupos empresariales o semejantes. O sea, si fuera así, ella – la pluriarquía – no sería una alternativa para las comunidades reales de personas que existen en el mundo.
Hay una dosis excesiva de mercadocentrismo en este punto de vista. No se puede reducir la diversidad del mundo a un mundo de agentes económicos empresariales. Está bien que existan personas que se quieran ganar la vida por medio de empresas individuales y colectivas. Pero será, siempre, una porción de esas personas que vivirá así. Otras serán emprendedoras sociales y culturales y serán remuneradas por sus proyectos (no importa aquí quienes los financien).
Otras, aún, serán sostenidos por sus organizaciones de la sociedad civil o por sus comunidades. Una pequeña parte (tal vez florecientes en algunas localidades) vivirá de la autoprodución, de la producción de subsistencias o del autoconsumo.
Y muchas personas aún vivirán como empleados de alguien o de alguna organización (empresarial, estatal o social) por mucho tiempo. Imaginar que la pluriarquía sólo pueda ser actuada por no-empleados en empresas ajenas, en el Estado o en organizaciones de la sociedad civil, sería por lo menos suponer que ella será una alternativa concreta solamente en un mundo en que todos sean capitalistas o, como mínimo, agentes mercantiles capaces de proveer su sustentación económica sin depender de nadie – lo que es, desde un punto de vista de la estructura mítica del pensamiento, la misma utopía finalística que contaminó a las izquierdas que imaginaron que la verdadera “democracia” sólo podría ejercerse cuando ya no existieran patrones en el mundo, en una sociedad sin clases y ni
Estado.


Ante nuestra pregunta:

¿Que posibilidad hay, en una democracia en el sentido fuerte, que un agente pertenezca a muchas redes al mismo tiempo? Si Ai es par de Aj, pero también es par de Bj, Cj, Dj que pertenecen a tantas otras redes. ¿Que medidas, castigos, tomara An-i contra Ai por juntarse con otras redes a las que no considera pares.
En la plurarquía parecería posible. ¿En la democracia un proceso de individuación tan notorio está permitido? No se. Creo que la democracia toma en cuenta la pertenencia y la plurarquía no. No hago un juicio de valor sólo establezco una diferencia.

Augusto nos responde:

No sabemos lo que la democracia permite, querido Boyle, porque, en verdad, no existe "la" democracia - a no ser como movimiento de desconstitución de autocracia. Algunas formas contingentes por las que la democracia se materializó heredaron la idea de comunidad exclusiva (por ejemplo, las personas deben mantener lealtad con un país, no pueden pertenecer a dos partidos etc.). Pero eso no era esencial para los principios democráticos y fue tomado de culturas que, en su origen, no eran democráticas. Mi punto de vista aquí es bien simple: el movimiento de democratización es el mismo movimiento de pluriarquización - y el ritmo y la intensidad de esa dinámica depende de la estructura reticular de la sociedad (de su grado de conectividad-distribución).
Si la pluriarquía como idea permite más grados de libertad (pues es de eso que se trata) que la democracia como experiencia, óptimo. Es señal de que la democracia tiene posibilidades de democratizarse cada vez más.


Hasta aquí el primer texto, veamos ahora el otro mucho mas corto: O debate democracia-pluriarquía (3)

Lo local es una “zona” conformada de tal manera en el espacio-tiempo de los flujos que en él – y solamente en él – la democracia puede ser vivida como pluriarquía.
Una reproducción ligera de la idea de pluriarquía podría llevarnos a la peligrosa conclusión de que deberíamos abrazar a la democracia formal con la misma contundencia con que rechazamos a la autocracia. Ocurre que la aventada pluriarquía es, “genéticamente” hablando, democracia.
En otras palabras, la democracia es un proyecto local y no nacional: cuando se materializa en el local, tiende a mutar en pluriarquía. Eso es muy importante.
La pluriarquía no puede ser presentada como una alternativa o como una superación de la democracia: ella es, simplemente, una realización de la democracia (en el sentido "fuerte" del concepto, es decir, como modo-de-vida, ejercido en la base de la sociedad y en la cotidianidad del ciudadano – en la comunidad, pues!).
Si insistiéramos en presentar la pluriarquía como una superación de la democracia, o como un modo de regulación que sustituye tanto la autocracia cuanto la democracia (tomando, por democracia, la democracia en el sentido "débil" del concepto: formal, representativa, basada en la regulación mayoritaria de la enemistad política vía el mecanismo de la votación), caeríamos en una trampa. Pues el hecho es que la democracia en el sentido "fuerte" no puede ser ensayada (como "TAZ", reinterpretando ahora la sigla de Bey. Zona Temporalmente Autónoma) en la ausencia de democracia en el sentido "débil".
Dijimos que son dinámicas con los mismos genes por cuanto la democracia nació como un proyecto local. Jamás pasó por la cabeza del grupo de Pericles (para citar el principal think tank que se formó en Atenas, del que participaban Protágoras y Aspásia, entre otros) intentar convertir los espartanos o cualquiera otro pueblo del grupo ateniense a la democracia.
Fueron los modernos los que intentaron transformar la democracia en un proyecto internacional (o sea, válido para un conjunto de naciones-Estado). Pero sólo puede materializarse (como percibió con toda la claridad John Dewey), en lo local (es un proyecto comunitario que tiene a ver con un modo-de-vida compartido).

El instinto del cazador o la Hipótesis de la Reina roja

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La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo
amablemente:
--Ahora puedes descansar un poco.
Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.
--Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!
--¡Pues claro que sí! --convino la Reina--. Y ¿cómo si no?
--Bueno, lo que es en mi país --aclaró Alicia, jadeando aún bastante-- cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte...
--¡Un país bastante lento! --replicó la Reina--. Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido



Hace ya un tiempo acá nos ocupábamos de analizar dos papres de Fernando Vega Redondo, un grosso en el estudio de las redes sociales en el marco de la complejidad.
Según Vega Redondo habría una coordinación natural en las redes peer to peer (entre pares) en donde es necesario un tiempo finito para que pueda llevarse a cabo la coordinación. Podría llamarse búsqueda de consenso, deliberación, acuerdo, etc. Nosotros preferimos llamarlo “la conversación”. Toda sociedad humana tiene algo de identidad fraternal, sin esa resiliencia fraternal la vida estaría imposibilitada de adaptarse a nuevos entornos y la subsistencia de la especie humana estaría condenada a la extinción. En definitiva “el conversar” sería extender la resiliencia de la coordinación fraternal a toda la red distribuida. Y eso requiere de un tiempo finito y existencial para la red social
Ese tiempo varía en función del entorno, como demuestra Vega Redondo en sus papers. Un entorno mas inestable provocará descoordinación en la red y por lo tanto fragmentación.
En el post anterior veíamos cómo desde la postura del sociólogo Denis Merklen se apoyaba esta tesis cuando percibe a la marginalidad como una lógica del cazador.


“Que la vulnerabilidad favorece la cultura del cazador. Quienes
caen en una situación de vulnerabilidad como consecuencia de la persistencia de los problemas de integración se mueven en el mundo mucho más como cazadores que como agricultores. No proyectan sus vidas en función de cosechas anuales que deberían programarse en armonía con los ciclos de la naturaleza […] salen cotidianamente a la ciudad como si ésta fuera un bosque que ofrece un repertorio variado de posibilidades. Hoy quizás obtengan una buena pieza, mañana tal vez no.”
El cazador domina la naturaleza pero no domina el tiempo, no puede conservar, no puede relajarse, detenerse a conversar, sus necesidades biológicas se lo impiden. Y la democracia se basa en la conversación, en el ágora que le dio origen.
¿Qué posibilidad tiene la democracia en un ambiente conmocionado, irritado, urgente, en donde la conversación se encuentra imposibilitada de provocar coordinación? La única que le queda es la de la centralidad. Y todos sabemos que a mayor centralidad mayor autocracia, y como dice el amigo Augusto de Franco, menor democracia, ya que democracia es la desconstrucción de la autocracia.
Así de simple: conmoción, crisis, falta de coordinación, fraccionamiento, desafilación, corolario autocracia. El viejo principio maquiavélico de “divide y reinarás”.
En su oportunidad nos ocupábamos de que El límite de la comunidad estaba marcado justamente por esto, el “efecto de incremento de la entropía que provoca la conversación”, como nos señalaba Aulo y que es, paradójicamente, necesario para la coordinación y por ende para la cohesión social.
Ulschmidt se puede sentir orgulloso de que sea su Sociedad de Carnotistas la que venga a salvar al mundo, o por lo menos a las comunidades humanas. Un poco de entropía es imprescindible para la humanidad, y esto nos lleva a Vega Redondo nuevamente.
En varios trabajo, noe referimos en particular a: “Construyendo capital social en un mundo cambiante”, el Dr. Vega Redondo habla de que la


acumulación de capital social” (entendido, por ejemplo, como la creación de nuevos vínculos sociales) “es conducida por la búsqueda de oportunidades gananciosas que han de encontrarse moviéndose dentro de la red. Esto resulta que la búsqueda es un proceso mediado por la red”. Agrega que “el valor de los enlaces existentes está condicionado por su volatilidad, entendida como un decaimiento aleatorio. Por lo tanto, la creación de redes puede ser vista como una situación de compromiso entre búsqueda y volatilidad”

Este es una manifestación de la Hipótesis de la Reina Roja. El término es tomado del cuento de Lewis Carroll Alicia a través del espejo, la consecuencia de Alicia en el País de las Maravillas. En el cuento, los habitantes del país de la Reina Roja, deben correr lo más rápido que puedan, sólo para permanecer donde están, pues el país se mueve con ellos. El principio puede ser expresado en los siguientes términos:


"Para un sistema evolutivo, la evolución continua es necesaria para sólo mantener su ajuste a los sistemas con los que está coevolucionando".


Citábamos acá al Dr. Humberto Maturana:

El vivir democrático es una obra de arte, no tiene que ver con eficiencia, no tiene que ver con la perfección, tiene que ver con el deseo de una convivencia en la fraternidad. Hay toda clase de argumentos que se usan para negar la convivencia democrática, pero si no comprendemos que tiene que ver con los deseos, y que vamos a vivir en democracia en tanto queramos vivir en democracia, sino es así, nunca vamos a vivir en democracia.”

También decíamos que para Maturana la conversación, según cita Augusto de Franco en su carta de rede social 167, es una coordinación en el lenguaje y en las emociones. La conversación es el proceso entrópico necesario par producir coordinaciones de largo alcance, coordinaciones resilientes, y esta resiliencia la provee la Fraternidad.
¿De qué manera?
Estableciendo parámetros de coordinación y de emociones compartidas, estos son el reconocimiento y la confianza en los otros agentes que provee la correspondencia y unión entre similares, entre pares. De esta forma, ante la invasión de pautas mutantes, no tengo que perder energía en resolver temas internos de la red, sino que puedo dirigir toda esa energía hacia la coordinación para poder actuar en conjunto. La entropía de la conversación será una energía acumulada, un capital social que podrá ser puesto en juego en tiempos de crisis.
Porque esa conversación solo será posible en tiempos de paz. Ante una conmoción externa la red debe responder en el menor tiempo posible y no hay tiempo ni energía para disipar en la conversación.
La acción inmediata, la movilidad de la Reina Roja, el despojo de todo vestigio de conversación es lo que convierte a la red jaqueada en “cazadora”.

En este post tratamos de cerrar varios post teóricos con elementos que nos marcan los sociólogos. Como conclusión podemos destacar:

  1. La fraternidad posibilita el establecimiento de vínculos dentro de una red ya que facilita la conversación entre pares.
  2. La conversación es un proceso entrópico que tiene lugar cada vez que iniciamos una búsqueda de pares a fin de establecer vínculos.
  3. El establecimiento de vínculos posibilita la construcción de la red y por ende del capital social que será el único dispositivo que, puesta en crisis la red, garantice su subsistencia y evolución.
  4. Como contrapartida a la búsqueda de vínculos, la pérdida de los mismos es un proceso natural que tiene lugar por diversas causas, en especial la falta de sentido o conveniencia de sostenerlos, esto da a la red una volatilidad que conducirá a un movimiento continuo de evolución asimilable a la hipótesis de la reina roja.
  5. La conversación es un proceso entrópico que crea capital social a la manera de acumulador. Como contrapartida el efecto reina roja, cuanto mas acelerado sea el movimiento, mas energía será necesitará para mantenerlo andando. La entropía en este caso será totalmente disipativa e imposibilitará la ceración de capital social, ya que todos los esfuerzos se utilizarán en mantener el movimiento.
  6. Cada vez que se introduzca un elemento jerarquizador, centralizador de la red, desaparecerá la conversación, por ende la red perderá democracia y será mas vulnerable a posibles fracturas o desafiliaciones.

    Hasta aquí hoy

Un mundo de cazadores en la República de la Soja

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Manolo no es de los que le mezquinan al copy and paste. Justamente en este post nos introduce al mundo de Denis Merklen en un asombroso reportaje que le hace Mario Wainfeld en Página 12.


Discípulo de Robert Castel, el sociólogo francés amigo de este blog, “Merklen lleva hechos estudios de campo desde hace casi 20 años” en el conourbano bonaerense, especialmente en el partido de La Matanza, terruño que brindó un hogar en la Ciudad Evita luego del exilio de sus padres.

¿Que tiene de particular este uruguayo, devenido argentino, devenido francés? Tal vez esa mirada tan particular de alguien que construye su identidad en el devenir multilocal que lo va convirtiendo en ciudadano del mundo, en franco-rioplatense, en alguien que supera los nacionalismos, alguien que rompe con el preconcepto de que el imaginario cultural colectivo converja a uno dado” y que a partir de que baldea su azotea puede producir pensamientos independientes.

Autor de libros como Pobres ciudadanos clases populares arg.83/03, Asentamiento en la matanza (1984- Tesis doctoral de su carrera) y otro en colaboración Desde abajo (2004). Vivir en los márgenes: la lógica del cazador (2000). LA CUESTIÓN SOCIAL EN EL SUR DESDE LA PERSPECTIVA DE LA INTEGRACIÓN Políticas sociales y acción colectiva en los barrios marginales del Río de la Plata (1999). De donde sacamos este fragmento

“¿Qué quiere decir problemas de integración social a fines de los noventa?”

Que se corre el riesgo de la fractura social y de la exclusión. El ghetto es la expresión por excelencia de la exclusión en las ciudades. La sociedad se fragmenta, los ciudadanos se encierran: los excluidos en el ghetto, los ricos en el country. Dentro del ghetto se produce un encierro identitario, sus habitantes pasan a pertenecer a una misma comunidad y se construye una mirada de desprecio hacia todo lo que viene desde fuera (la barbarie). Desde el exterior del ghetto, por su parte, se observa al lugar a través del estigma: sus vecinos son calificados de sucios, feos y malos además de haraganes, promiscuos y portadores de costumbres antisociales. Llegados a este punto se eleva un muro que separa los dos mundos, una frontera que sirve a ambos para sentirse protegido entre los suyos pero que impide el diálogo y el reconocimiento. Si hay algo que todos desean es mostrar que no son como quien habita del otro lado. Algunas veces la distinción racial, religiosa o lingüística provoca una naturalización de la diferencia y se tiene la ilusión de que allí está la causa de los problemas; pero cuando tales excusas no se presentan, se observa que las murallas y la diferencia provienen de las fallas en la integración social. Se percibe en ese momento que no somos todos ciudadanos iguales, integrantes de una comunidad nacional.”

“Que la inestabilidad y la precariedad invaden la cotidianeidad en los barrios marginales a niveles que otros sectores sociales no están acostumbrados, que son extraños a la experiencia de otras zonas de la ciudad (y mucho más extrañas aun a las de otras sociedades donde las instituciones rigen la vida social de un modo más sistemático). La falta de rutinas integradoras es moneda corriente en la vida cotidiana de quienes viven allí: los trámites en el municipio, en la caja de jubilaciones o en el hospital demoran horas y demandan días de esfuerzo. Las cosas no llegan a tiempo a donde deberían estar y los maestros suelen faltar a su función porque también están afectados por la inestabilidad, aun cuando la escuela sea uno de los vínculos institucionales más estables. Como podemos constatar repetidas veces en el trabajo de campo, la inestabilidad alcanza el carácter de una regla. Así, frente a la pregunta ¿tienes trabajo? tal vez se responderá que ahora sí. Lo cual quiere decir que hace poco no y que mañana quién sabe. De modo que viviendo en los márgenes se hace necesario manejar la inestabilidad como un componente del día a día. Esta fragilidad se expresa en la vida cotidiana pero tiene su origen en la forma de las instituciones que organizan la cohesión social.”

“Que la vulnerabilidad favorece la cultura del cazador. Quienes caen en una situación de vulnerabilidad como consecuencia de la persistencia de los problemas de integración se mueven en el mundo mucho más como cazadores que como agricultores. No proyectan sus vidas en función de cosechas anuales que deberían programarse en armonía con los ciclos de la naturaleza. Refugiados en sus barrios, perciben a la ciudad como un mundo extraño y que puede ser hostil. Por otra parte, salen cotidianamente a la ciudad como si ésta fuera un bosque que ofrece un repertorio variado de posibilidades. Hoy quizás obtengan una buena pieza, mañana tal vez no. Juegan su suerte en la oportunidad que le ofrecen los intersticios de unas instituciones cuyos márgenes no están definidos por una línea nítida, son difusos. La informalidad de la economía y la laxitud de los reglamentos ofrecen espacios en los que se puede encontrar de qué vivir. Unos con un espíritu de resignación y rechazo hacia los valores dominantes, otros pensando que un lugar estable puede estar aguardándolos o que tienen derecho a él.”


Este es el tema que mas nos cautiva de la obra de Merklen, esa especie de enfermedad de tiempo cronológico, industrialista, el tiempo del orden y la planificación. El tiempo de la conquista, del que se las sabe, que se las arregla, la cancherea porque lo domina, el tiempo cotidiano que el habitante “integrado” de la ciudad maneja con tanta idoneidad. Es como si el excluido o la excluida, como en la lógica del cazador, debe hacerse de la presa para no perecer de hambre, del refugio para no perecer de frío, de las cosas básicas, a diario, todos los días, siempre empezando de cero, sin la mínima posibilidad de acumulación.

Una salvedad que nos gustaría hacer acá. Este proceso no solo ocurres en el conourbano bonaerense. Si algo nos dejó el proceso de desafiliación del neoliberalismo es justamente las diversas centralidades y conorubanizaciones que se comenzaron a dar a lo largo de todo el territorio nacional. No es posible la vida en un pueblo sin médico, sin los servicios esenciales, sin pavimento, sin acceso pavimentado, sin trasporte, sin el ferrocarril (que fue la razón de su fundación). Toda centralidad en una red social conduce a una verticalización que impone jerarquías.
Tal vez la diferencia entre la conourbanizaciones del gran Buenos Aires, Cordoba, Rosario, Mendoza, Neuquén, Tucumán y muchas otras grandes ciudades, con otras, como la nuestra sensiblemente mas pequeñas, es que no existe un continuo entre los conglomerados que tributan a la conourbanización y la cabecera. Existe un discontinuo entre esos viejos pueblos despoblados, la nada (campos en el mejor de los casos), y los centros conourbanizados. Las realidades de esas periferias son muy similares a las descriptas por Merklen. Por eso las traemos acá.
“–¿Cómo se defiende el que no tiene trabajo o el que trabajando no puede parar dignamente la olla en el Gran Buenos Aires? – Pregunta Wainfeld
“–De varias maneras. Primero, asociándose con los que viven con él y como él. El barrio es el gran organizador de las clases populares actualmente. Hay racimos formidables de organizaciones sociales de toda índole (más o menos estables, más o menos prósperas) que se vertebran alrededor del barrio. Los piqueteros son los más conocidos, pero hay organizaciones religiosas, musicales, murgas, comedores y sociedades de fomento. La miseria empuja a la participación, porque para ganarse la vida hay que moverse, hay que estar en organizaciones, ir a los lugares que tienen recursos.En nuestros pueblos (los barrios del interiror) las comunas son las grandes organizadoras.
“–¿Las agencias estatales son los únicos sectores interpelados?”
“–Se busca en otras organizaciones. Se busca dinero, formación. Todo recurso es bienvenido. No es que le dé lo mismo el rock que la bailanta o ser católico que pentecostal, pero eso no quiere decir que esté en condiciones de descartar lo que no se aviene con sus valores. Debe negociar con todos.”

"–¿Por qué no enrolarse o militar todo el tiempo en alguna organización?”
“–Porque ninguna de esas organizaciones, ni siquiera el peronismo, está en condiciones de resolverle todos los problemas en tiempos duraderos. El tipo tiene muchos años de carreteo, también sabe que quien hoy es todopoderoso, mañana va a dejar de serlo y no tiene problema en cambiarlo. Coexisten dos registros, el de los criterios propios y de la conveniencia.”

“–En una situación de empleo estable, los trabajadores son cual agricultores...”
"–Las luchas sociales de la modernidad son luchas por estabilizar modelos de vida. Jornada de trabajo, jubilación, protección contra la enfermedad o el accidente. Usted vive de su trabajo, pero si se enferma, no se muere de hambre. El cazador no puede acumular, tiene que salir a diario a cobrar una presa nueva. No puede reproducir el recurso del que vive. El cazador sale con el arco y la flecha y debe volver con algo. Va al municipio, a la sociedad de fomento, a la iglesia y debe volver con algo, un plan o un sachet de leche o remedios para la abuela. Algo que no se sabe cuánto durará. Los pobres desocupados no tienen instituciones ni protecciones que les permitan descansarse en una previsibilidad, lo que hace muy difícil algunas estrategias que les gustan mucho a los liberales. Formarse, por ejemplo. Formarse ¿para qué? Un profesional que se forma para un trabajo afín a su especialidad puede hacer un curso de un mes, pero quien arranca de cero puede tomarse cinco años en formarse. Todos esos procesos que significan inversiones de largo plazo son muy difíciles. La vivienda y la tierra son la excepción, porque perduran. Es mejor ser pobre en su terreno, aunque esté muy perdido, a ser inquilino en un hotel ubicado en la ciudad.”

Suscribimos a las palabras de Merklen y al lector le parecerá extraño este discurso desde el corazón de la Patria Sojera, pero el contexto de los pueblos es tan parecido al de las barriadas del gran Buenos Aires que las recetas que pretenden la integración para aquellas realidades tal vez puedan servir para éstas.
En el próximo post retomaremos la teoría de redes sociales en lo referente al tiempo, ese tiempo faltante en los sectores mas humildes y ese tiempo dilapidado en los mas acomodados. Sobre el tiempo de la acción del cazador, porque no tiene tiempo, y sobre el tiempo del conversador porque tiene tiempo. Pero eso será otro tema.
Hasta aquí llegamos hoy

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