Filosofando sobre redes II

 

Lo óntico y lo ontológico

Hace ya un tiempo filosofábamos sobre este tema

Decíamos que entrado el siglo XXI veíamos con gratitud y cada vez con mas frecuencia se hace necesario distinguir entre lo óntico y lo ontológico en muchos conceptos en que esos términos aparecen como mezclados, a veces por estar muy distantes otras por estar confundidos uno con el otro. Entiendo esta diferencia de términos como que uno remite al significante, a sus posibilidades de ser, otro lo que el ente terminó siendo. Porque óntico es lo que se refiere a los entes, a las diferentes formas de entes; lo que se refiere al ser, es lo que Heidegger va a llamar ontológico. ¿Pero por qué sucede esto?

Chantal Mouffe hace años viene tratando la diferencia entre “la política” y lo “lo político”, en el mismo registro en que se trata de diferenciar “movilización” de la toma real del poder o del ejercicio real del poder. Mientras que “La política” es todo lo que nosotros conocemos como tal, la de los partidos políticos, los políticos, los discursos, las ideologías, las prácticas políticas; “Lo político” es todo aquello posible de politizar, pasible de politización. Entonces a “Lo político” muchas veces se lo refiere como un espacio, un territorio en donde es posible la política, el soporte de todo lo politizable.

Entonces en la potencia que ofrece el ente, o en los significantes que se presentan como demandantes de un espacio propio serán las posibilidades de lo en que en la realidad “será”. Lo inmediato es que cuanto mas basto sea ese territorio de soporte para el significante, mayor serán las posibilidades para el significado. Habría una relación entre forma, territorio y posibilidades de ese significante.

Creo que la historia del pensamiento obvió esta diferenciación y este hecho no es fortuito, restringiendo este territorio óntico, automáticamente se restringen las posibilidades del ser. En el pensamiento patriarcal y jerárquico, las únicas posibilidades del ser son las que transitan por los caminos “permitidos” y no por “los posibles”, en consecuencia no existía la necesidad de hacer esta distinción entre óntico y ontológico dado que muchas veces se confundían en una única cosa dado que no existían posibilidades laterales a las preestablecidas.

Y eso nos lleva una vez mas a la distinción que realiza Paul Baran entre a la red  distribuida y red centralizada, porque lo que ocurre entrado en crisis el mundo jerarquizado, se descubren nuevas posibilidades alternativas, otros caminos y a partir de las posibilidades que abre “lo distribuido” de la red en consecuencia otras serán las posibilidades de ser.

En un sistema centralizado la única posibilidad de circulación de la información es la de converger hacia un punto, el centro, por lo que los únicos caminos posibles son los que conducen al centro o los que el centro permite. Esto nos lleva hacia un sistema jerarquizado y excluyente. La red distribuida abre un repertorio de múltiples posibilidades de ser, incluso aquellos no diseñados y que el mismo flujo de información va diseñando al andar.

La agremiación de en una red humana estará en consecuencia pautada por el siguiente procedimiento.

  1. De la necesidad nace interacción común entre los distintos actores que posibilitará organización. (Se establece la identidad de la red que permitirá su diferenciación del entorno) A esta fase la llamamos “Lo político”.
  2. De la organización nacen las posibilidades de la formulación de la demanda (para satisfacer esa necesidad). Las posibilidades estarán restringidas por la topografía de la red, de acuerdo a ésta serán las posibilidades de circulación interna de la red.
  3. De la demanda surgirá la forma de interpelar al entorno para satisfacer la demanda, esto es la política.

Vemos en consecuencia cómo se cuela La estética entre la ética  y la política de la red restringiendo lo ontológico hasta el punto de imponerle restricciones y condicionantes a la política. Idealmente podríamos fantasear una estética perfecta que sea la óptima para la política pero eso nos lleva a otro problema que abordaremos en la próxima entrada de esta serie.

Ni en la física mecánica, ni en la filosofía se ha tenido en cuenta a la estética como mediadora de la transferencia material. Estoy diciendo que el materialismo dialéctico está mediado en su eficiencia por la estética. Claro que podemos obviar de ella pero al hacerlo estaremos librando a la discreción del Poder las posibilidades de la red, esto es la única topografía posible será la centralizada. La de única opción que se nos deja Garret Harding en su Tragedia de los comunes

Pero gracias a la Ley de Ostrom (por la premio Nobel Elinor Ostrom) hay una posibilidad de Gobierno de los bienes comunes por lo que dice que “Una organización en base a recursos que funciona en la práctica puede funcionar en teoría”. El intercambio con el medio no se rige únicamente por la búsqueda egoísta de la mejora individual de Adam Smith, Ostrom le abre la puerta a las infinitas alternativas ópticas que posibilita “Lo político”, incluso a aquellas estéticas no descubiertas aún las que a partir de su diseños se pueda optimizar el funcionamiento del conjunto sistema-entorno.

Hay una estética que media entre la política y lo político, su función es optimizar esta articulación. Hay una relación entre topografía de la red y sustentabilidad.

¿Cuál es la direccionalidad ético-política que se deriva del debilitamiento ontológico de los metarrelatos elaborados en la Modernidad? ¿Puede lo político instanciarse en la política? Si no puede, ¿lo político se restringe solo a una dimensión o puede darnos un mínimo indicio sobre que hacer en el presente?

Estas preguntas que se hace Lucas Gascón necesariamente tienen que ser referidas a la estética, ya que solo a partir de ella se sabrá qué posibilidades tendrá lo político ante la política.

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