El siglo dela fraternidad 4- La medida de lo humano 2

Las jerarquías no existen, son fantasías que nos dicen cuan cerca estamos unos de los otros en términos de similitud,  como una medida narcisista que nos da la sensación de cuan distinto de mi mismo puede ser el otro para que yo pueda aceptarlo como par. Esta categorización de las relaciones sociales se establece primeramente como una medida de las afinidades que tengo con los otros miembros de la red. Pero recordemos que también existe otra dimensión, la real, la que mide la separación geográfica que tienen los agentes tomada en saltos,  otra jerarquía totalmente distinta a la primera en su origen ya que esta vez es una distancia natural que se establece a partir de las necesidades materiales que tienen los cuerpos para sobrevivir, por lo que depende del gradiente de la distribución en el espacio de la disponibilidad de los recursos  necesarios para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas. Esta última jerarquía, de la que hablábamos al principio de este capítulo, tiene un origen distinto, nace del ordenamiento que nos impone la naturaleza a partir de la circulación de los flujos y la ley Constructal.

Si se observa el modelo de las distancias sociales de Watts que está representado en los gráficos de mas arriba, es inevitable que surja la pregunta de qué hay o qué significan las intersecciones que se dibujan entre rama y rama del árbol invertido. Si fuera este un grafo de red en esos vértices habitaría un nodo, pero... ¿Hay nodos allí?

Sería honesto confesar que estos puntos, las horquetas de las ramas del árbol jerárquico, nos despistaron por un buen tiempo. Si lo que Watts quería significar con ese diagrama era las multidimensionalidad de las redes sociales, por qué no había dibujado un punto en ese lugar ya que toda red en cada vértice tiene un nodo. ¿Pero estos esquemas  de búsqueda de lo común, tenían un nodo en cada vértice?

En una primera aproximación al tema nos parecía que no, ya que solo se trataba de una desconstrucción del mundo en función de una simplificación de su complejidad basada en puntos de contacto por similitud, por lo que éste no era un esquema de red. Después de todo si ampliábamos el esquema al cosmos o a Dios, debíamos situar al Nodo Dios o al Nodo Cosmos al tope y en ese caso que agente encarnaría a Dios o al Cosmos. Pensamos en la posibilidad de Nodos Virtuales que funcionarían como nodos reales pero que en realidad solo serían fantasías inmateriales. Pero esto tampoco nos convencía.

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Este razonamiento nos llevó considerar la posibilidad de un esquema materialista cercano al marxista. Si los lazos que se establecen realmente responden a las necesidades materiales de los cuerpos, del tocarse, del grooming (acicalamiento) de Dunbar, las emociones, el sexo reproductivo, la alimentación, el trabajo físico; los otros lazos qué significaban. ¿Existían realmente o eran culturales o virtuales?

Esta es la pregunta del millón por estos días en la teoría de redes sociales. Y dudamos (en realidad subestimando su gran capacidad) de que Watts con sus colegas tuvieran noción real lo que su modelo multidimensional nos quería decir.

Robin Dunbar en uno de sus últimos trabajos "The social brain hypothesis and the relevance to social psychology" vuelve sobre su enigmático número y reflexiona sobre una jerarquía relacional que se dan los agentes para interaccionar unos con otros en forma directa. Hace hincapié de una intencionalidad, o mejor dicho un gradiente de intecionalidad en la interpretación del otro, que cada uno de nosotros utiliza en una red de interacción directa. Y nuevamente, esa intencionalidad estaría en relación con el desarrollo del neocortex cerebral en los simios superiores.

Es curioso, este antropólogo que pasa a la fama por el enunciado del famoso Número de Dumbar se ve en la obligación de retomar el tema de la hipótesis del cerebro social. Sea cual fuere su razón lo cierto qes que Dunbar vuelve sobre el tema y redobla la apuesta. Él era el que había arriesgado su pellejo de antropólogo al enunciar aquel 147,8, sin embargo nunca aseguró que el número de miembros medio en un grupo de interacción directa de humanos fuere de 147,8. Esto surge de las especulaciones que provocó su hipótesis. Lo que dice Dunbar simplemente es que existe una correlación entre le neocortex del cerebro de un gran número de simios y el número de miembro en las redes sociales de interacción directa que estas especies conforman, y nosotros agregamos que por ser simios estas interacciones directas se reducen a las puntualizadas mas arriba: las necesidades materiales de los cuerpos, del tocarse, el grooming, las emociones, el sexo reproductivo, la alimentación, el trabajo físico, entre otras. Concluye Dunbar, a modo de hipótesis, que si establecemos la misma correlación para el cerebro del humano, nos dará el Numero de Dunbar, como bien se explicó en el capitulo anterior.

Especulaciones sobre especulaciones llevaron a medir ese número para redes sociales como Facebook, cosa totalmente fuera de lógica simplemente porque en Facebook es imposible acicalarse unos con otros. Fecebook posibilita relaciones virtuales y la de los monos son relaciones sociales reales, tangibles y sin ningún tipo de intermediación. Es desde ese punto que se toman la dimensión material, una dimensión totalmente terrenal, la dimensión geográfica de Watts, aquella que solo se da en un espacio local y aunque a algunos no les guste, incluso restringida a los territorios. Pero claro los humanos no somos monos y tampoco estamos constreñidos a las posibilidades de un solo  territorio, para eso que tenemos la multidimensionalidad de Watts y la multipertencia de Juan Urritia Elejalde como articuladoras de las relaciones sociales.

En The social brain hypothesis and the relevance to social psychology  (2007) Dunbar se basa en este otro trabajo que realiza con W -X Zhon et allDiscrete hierarchical organization of social group sizes (2005),  donde se involucra en la búsqueda de algún camino que lo lleve a una corroboración científica de su hipótesis. Al hacerlo descubre algo igual de interesante que su anterior trabajo. Dice:

“las comunidades humanas, como las de todos los primates, no son agrupaciones sociales homogéneas. Ellas están muy estructuradas: no todo el mundo interactúa con todos los demás. Una forma de pensar en esto sería como una serie de círculos de conocidos que rodean a un individuo, o más bien como las ondas de difusión en un estanque desde el punto de impacto de una piedra hacia el exterior. En un estudio reciente (Zhou et al 2005), hemos podido demostrar que el tamaño de estos distintos niveles de agrupación tienen una razón de escalamiento consistente y natural que es casi exactamente tres. El número de personas que se incluyen en cada una de las capas sucesivas es típicamente de 5, 15, 50, 150, 500 y 1500. Estos parecen corresponder a los siguientes grupos humanos bien categorizados:

· apoyo a la camarilla de los mejores amigos (5),

· simpatizantes del grupo (12-15),

· el número de personas en contacto de al menos una vez al mes (30-50)

· la red social (150),

· mega-hordas en sociedades de cazadores-recolectores (500)

· y los grupos tribales (1500).

Gráficode Dunbar

(Tenga en cuenta que cada nivel incluye a todos los individuos incluidos en las capas interiores, por lo que la 15 incluye los 5 que forman la capa más interna).”

Mi red Ego, en consecuencia, estará interaccionando en su núcleo duro con un máximo de otros cuatro agentes, que están relacionados muy íntimamente con el Ego, luego en un anillo mas lejano se sitúa un número de quince, que son las relaciones frecuentes pero de menor importancia o necesidad que las primeras cinco. Luego habla de un anillo que llega hasta los cincuenta miembros, que son los que frecuentamos en forma rol en un frecuencia no muy dilatada en el tiempo. Sitúa el límite de la “red social”en su número, al que le asigna una denominación bien específica. De acuerdo a este esquema la distancia máxima a recorrer dentro una red de este tipo de 150 miembros, en términos de afinidades, serían cuatro pasos.

Lejos de haber saldado la primera discusión, en estos trabajos vuelve a conmocionarnos con esta otra serie de números de afinidad. Lo que importa en esta descripción de Dumbar es que existen anillos concéntricos que establece un vector en los enlaces a medida que me alejo del Ego. Señala que parecería que la capacidad de esos anillos estaría limitada, tal vez por una imposibilidad propia del cerebro humano para procesar un número de relaciones mayor a las dadas para cada jerarquía. Dice, al igual que en su anterior trabajo, que cada relación requiere de un tiempo para ser cultivada, siendo más demandantes (en tiempo) cuanto menor sea el anillo del que se trate. Incluso dice que:

si alguien se aleja, el hecho de que podamos contactarnos con ellos con menos frecuencia, inevitablemente significa que nuestra relación poco a poco se deteriorará”

Dunbar nos hace notar aquí que no es solo tiempo lo que invertimos en cada relación directa, sino que la separación física también se constituye en un escollo para las interacciones directas.

Este verdadero materialismo dialéctico de las redes sociales de interacción directa nos hace poner recurrentemente los pies sobre la tierra, ya que si bien la afinidad es un ideal, en el pequeño mundo del número de Dunbar su dimensión ideal, inmaterial se desvanece en términos de lo que el antropólogo categoriza como “grados de familiaridad o de intimidad” para darle paso a la otra dimensión , la material. Si consideramos un límite para la red social de interacción directa, pongamos el número de Dunbar, ese límite establecerá una frontera entre la materialidad de las relaciones humanas desde una dimensión local  y otra global.

Si bien esta transición es discreta los cambios no son abruptos desde 1 a 150, ya que las otras dimensiones se van incorporando de a poco, pero a partir del límite, la red se aleja definitivamente de lo real y adquiere una dimensión puramente virtual.

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Watts usa el mismo mecanismo para explicar un fenómeno puramente humano, la multidimensión. Por eso en su modelo jerárquico representa en el plano terrenal a los pequeños grupos que podríamos asimilar al número de Dunbar, ya que son las necesidades materiales de los cuerpos las que se atienden dentro de estos clusters.

Sin embargo su dibujo se presta a confusión cuando quiere representar la multidimensionalidad del mundo, y es por eso que no se entiende si en las intersecciones de los árboles hay nodos o no. Nosotros nos permitimos reinterpretar el gráfico original de Watts de la siguiente manera

Layer de Watts

Esta es una representación en el espacio del modelo de Watts y aquí sí se puede apreciar mejor el plano xy donde se sitúan los clusters dunbarnianos. En el eje de las z se representan las jerarquías comunales (en nuestro caso hasta jerarquías de tercer orden) representadas por arcos concurrentes a puntos de intersección que No son nodos (los globos de colores). Son simples representaciones gráficas que significan todos los agentes unidos con lazos de un mismo color comparten algo en común y entre ellos conforman otro cluster, distinto al cluster dunbarniano, basado en una concepción Ideal de lo común. En este caso lo común no es algo material, agua, alimento, hijos,etc.; sino que es algo propio de la creación humana, es algo ideal.

Lo que además explica y grafica la multipertencencia de Urrutia Elejalde, ya que un agente cualquiera, pertenece a su cluster dunbarniano pero también podrá pertenecer a otros clusters, representados por lazos de colores, lo que encaminará en su proceso de individuación dentro del grupo dunbarniano.

Para concluir este capítulo diremos que el modelo multidimensional de Watts, a partir de de los últimos trabajos de Dunbar y de la teoría cosntructal, puede reducirse a un modelo bidimensional en donde los clusters dunbarnianos se sitúan en el plano xy material de la tierra y la otra dimensión la ocupará la búsqueda de lo común, representada por una idea narcisista que mide las similitudes o las discrepancias que tienen los otros con mi Ego. Esta última dimensión es propia del homo sapiens sapiens, y que a pesar de su carácter ideal, también necesita de flujos para poder interaccionar con los otros. Lo mas curioso es que estos flujos pese a ser también inmateriales, están restringidos por la misma ley cosntructal que condiciona a los materiales. Como bien señala Dunbar el agente debe hacerse de un tiempo para poder establecer la interacción con el otro, además el neocortex cerebral tiene una capacidad limitada para procesar la información, de esta manera sea grande o pequeño el grupo siempre el mismo cerebro es el que debe atender las comunicaciones, es por eso que selecciona, delimita y prioriza el tráfico de su información desconstruyendo un mundo complejo para simplificar su compresnión.

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