El socialismo supone que una autoridad central única puede utilizar todo el conocimiento disponible.

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Lo dice F. A. Hayek, uno de los padres del neoliberalismo.

Ningún planificador central puede recopilar y procesar toda la información necesaria para tomar decisiones sociales; solo los mercados permiten y proveen el procesamiento de la información desagregada. Sin embargo, cada vez más, la tecnología de la información está llevando a las personas a delegar la mayoría de sus decisiones "privadas" a los sistemas de tratamiento automatizado.
AyJ tiene razón, la madre del borrego sigue siendo centralizada

Lee mos acá

Bubble Empirics and Psychology: Eight of the World’s Top Young Economists Discuss Where Their Field Is Going

GLEN WEYL

University of Chicago; 27

In his famous 1945 article, “The Use of Knowledge in Society,” F. A. Hayek argued that despite their inequity and inefficiency, free markets were necessary in order to allow the incorporation of information held by dispersed individuals into social decisions. No central planner could hope to collect and process all the information necessary for social decisions; only markets allowed and provided the incentives for disaggregated information processing. Yet, increasingly, information technology is leading individuals to delegate their most “private” decisions to automated processing systems. Choices of movies, one of the last realms of taste one would have guessed could be delegated to centralized expertise, are increasingly shaped by services like Netflix’s recommender system. While these information systems are mostly nongovernmental, they are sufficiently centralized that it is increasingly hard to see how dispersed information poses the challenge it once did to centralized planning.

Information technology thus fundamentally challenges the standard foundations of the market economy. For many years to come, economists will increasingly have to struggle with this challenge. Some will harness the power of the data and computational power provided by information technology to provide increasingly precise and accurate prescriptions for economic planning. Others, who value the libertarian tradition that has often been associated with economics, will be forced to articulate other arguments, perhaps based on privacy, that are not susceptible to erosion by the increasing power of centralized computation.

Esquinas

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Djavan

Só eu sei
As esquinas por que passei
Só eu sei só eu sei
Sabe lá o que é não ter e ter que ter pra dar
Sabe lá
Sabe lá
E quem será
Nos arredores do amor
Que vai saber reparar
Que o dia nasceu
Só eu sei
Os desertos que atravessei
Só eu sei
Só eu sei
Sabe lá
O que e morrer de sede em frente ao mar
Sabe lá
Sabe lá
E quem será
Na correnteza do amor que vai saber se guiar
A nave em breve ao vento vaga de leve e trás
Toda a paz que um dia o desejo levou
Só eu sei
As esquinas por que passei
Só eu sei
Só eu sei
E quem será
Na correnteza do amor...

Sale Cola entra Colla

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Hace dos años publicábamos esto :

El Gobierno de Evo Morales ha acordado con los campesinos impulsar un proyecto para la comercialización de la Coca Colla, una bebida energética hecha con la hoja de coca. El objetivo gubernamental es extender el cultivo de la coca en el país y a su vez industrializarla.
Puez hoy nos despertamos con esto otro:



En una decision con rasgos evidentemente mediáticos, pero que no por ello es menos admirable, Coca Cola será expulsada de Bolivia a partir del próximo 21 de diciembre de 2012. De acuerdo con el ministro de Exteriores boliviano, David Choquehuanca, esta determinación estará en sintonía con el “fin” del calendario maya, y será parte de los festejos para celebrar el fin del capitalismo y el comienzo de “la cultura de la vida”. La fiesta se llevara a cabo el día del solsticio de verano (en el hemisferio sur) en la Isla del Sol, ubicada en el lago Titicaca.


“El 21 de diciembre de 2012 es el fin de egoísmo, de la división. El 21 diciembre tiene que ser el fin de la Coca Cola, y el comienzo del mocochinche (refresco de durazno)”, dijo Choquehuanca en un acto junto al mandatario Evo Morales. ”Los planetas se alinean después de 26.000 años [...] es el fin del capitalismo y el comienzo del comunitarismo” agregó.



El límite de los agonismos

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Dice Fede Vazquez
Y ese es, tal vez, el otro eje de la política que cambió y que no se sabe a dónde nos va a llevar: el fin de la crisis de representación de 2001 no condujo a un esquema de partidos fortalecidos, sino la emergencia de un liderazgo mayoritario. Tan abrumador, como algunos índices de cambio económico y social de estos años, porque magia no hubo. Demasiado temprano para especular sobre la salida política para el 2015, demasiado tarde para que la pregunta no haga cosquillas. Lo que aparece muy extraño es la supuesta sorpresa e indignación desde el peronismo supuestamente ortodoxo del mundo sindical.
Fin de la cita, aunque en el párrafo anterior también dice:
Clarín usando a Moyano. Lo importante no es que el líder de la CGT, en un contexto de aislamiento, haya ido a los estudios del canal a convocar al acto, sino la esquizofrenia del Grupo que debe dejar un poco perpleja a su propia audiencia y desahuciados a los políticos opositores.
El 25 de mayo del año que viene el kirchnerismo va a cumplir diez años en el gobierno. Dos mandatos y medio. Durante ese lapso varios fueron los enemigos de los que tuvo que echar mano el gobierno para construir una identidad propia, una identidad por la diferencia.
  • Primer escalón: Bajar el cuadro de Videla. Con esto rescataba las políticas de derechos humanos del cajón de los olvidos. Más tarde se derogaron las leyes de obediencia debida y de punto final. En este caso el villano elegido eran los milicos, sin plata y caídos en desgracia.
  • Segundo escalón: El tema de las retenciones. "El campo" es fácilmente identificable con la oligarquía retrógrada que siempre ha explotado al peón rural. En este caso es sujeto "el campo", o "agrogarcas" es sumamente difuso dado que encierra a latifundistas como a chacareros o contratistas rurales por igual.
  • Tercer escalón: Estatización de las AFJP. Medida polémica a las que algunos sectores se opusieron. Enemigo facilmente reconocible con las comisiones que cobraban para manejar el negocio oligopólico de la administración de jubilaciones y pensiones.
  • Cuarto escalón: "Que te pasa Clarín". Las operaciones de prensa que venían desarrollado los medios, especialmente desde la caía del gobierno de Alfonsín, dejaban claramente al descubierto, a partir del tratamiento del conflicto con el "campo", un posible foco de oposición y/o desestabilización del gobierno. Caído el partido militar, tradicional aliado al sector agropecuario, quedaba demasiado expuesto su órgano discursivo para no tomarlo como oponente.
Estos son algunos de los polos antipopulares que el kirchnerismo supo detectar para diferenciarse y desde allí construir lo que ellos querían armar como identidad. De allí con algunas alianzas más transversales unas veces, mas verticales otras, tejió la construcción de poder que supo conseguir.

¿Pero es suficiente esto para mantenerse doce años o más en el poder?

Aquí Santiago O Donnell habla sobre el Pepe Mujica, otra forma de hacer política:

Pero no era la letra chica del Mercosur lo que complicaba a Mujica y le hacía perder fuerza dentro del Frente Amplio. Su problema, decían sus críticos, era la relación con Argentina y Venezuela. Que negociara con los chavistas y los cortadores de puentes. Que eligiera mal a sus amigos. El jueves, el Pepe no aguantó más y salió a contestar.

Dijo que se sentía muy solo en la defensa de la relación con la Argentina. dijo que no es ninguna novedad que los argentinos son difíciles, pero son los vecinos que hay, que no se puede mover a Uruguay a otro continente, que hay que negociar, negociar y negociar y si no que alguien le mande la receta para hacer algo diferente. Dijo que los argentinos hicieron Punta del Este y gran parte del Uruguay, pero que lamentablemente cuando Argentina juega al fútbol con Alemania los uruguayos hinchan por Alemania. Les pidió a los uruguayos que cambien un poco esa mentalidad.

Respecto de Venezuela, Mujica aclaró que no está ingresando el chavismo al Mercosur, porque los gobiernos pasan, van y vienen. Dijo que lo que se aprobó es el ingreso de un país, un país con mucho petróleo que Uruguay necesita comprar, un país que demanda muchos alimentos que Uruguay necesita vender.

Intuyo qué pensará Manolo al respecto, pero creo que lo que es evidente es que el populismo tiene un límite, y el límite es cuando los antagonismos o agonismos NO SON TALES. Y como en el caso de Paraguay se los inventa mintiendo descaradamente.

El asunto está en la diferencia, en la capacidad de construir una identidad por esa diferencia. Cuando los antagonismos, o agonismos no son tales, hay que recurrir a fabricarlos mintiendo o inventándose un enemigo virtual. Pero la Vox Populi es Vox Dei y no come vidrio. Nuestra República, pese a sus consuetudinarios populismos resiste, y la circulación de la palabra, maltrecha, pisoteada, escupida, renegada, persiste triunfante. Se erige y denuncia, convoca al sentido común y es respaldada. ¿Y saben por qué? Porque la palabra circula cuando no hay Espiral del silencio, cuando el pueblo puede decir porque no tiene miedo y eso sucede solo y cuando no hay diferencia. ¿Contradictorio, no?

Si hay diferencia hay identidades fuertes, hay miedos, pero no hay palabras. Cuando las pirámides se achatan las palabras surgen victoriosas, salen solas, cuando antes había que forzarlas. Entonces la república vuelve a sus cauces y los partidos políticos vuelven a tener sentido, como en el Uruguay. Porque a la lucha hay que bancarla y no es tan fácil eso.

Esto es mucho más complejo, la imagen sería la de una ola o una masa, a veces está redondita, otras estirada y se vuelve a enrollar contra si misma. Cuál sería el adentro y el afuera de una ola, o de la masa que se amasa, cual sería esa "diferencia" que le da la identidad de ola o masa. Y sin embargo...

Por lo pronto, por un lado veo por primera vez en años la posibilidad, que en gran parte fue facilitada por este gobierno, de un achatamiento en varias de las grandes pirámides sociales que históricamente este país ha ha contabilizado como Deuda Social . Por el otro cabe recordar lo que dice Mariah Thompson, cuestionando a Tarrow cuando hace referencia a las revueltas sociales ocurridas en la Argentinas a principio de este siglo:

a) El uso de tácticas de confrontación no se limita a grupos autónomos; miembros que se han institucionalizado también puede utilizar tácticas de confrontación.
b) Los movimientos sociales con una base homogénea articulada en clase que operan en una democracia no son propensos a la violencia. Cuanto más homogéneos sean estos grupos, más fácil será de satisfacer a sus demandas y de institucionalizarlos sin un marcado incremento en la escalada de violencia por parte de otros sectores del movimiento.
Así el movimiento populista, que había nacido hijo de las diferencias hacia fines del siglo pasado, achicando las lomas ha perdido su razón de ser, mantener sus razones, o inventarlas significaría:
un marcado incremento en la escalada de violencia por parte de otros sectores del movimiento. Lo que nos lleva devuelta al "autodinamitado del peronismo" del que hablábamos en aquel oscuro post
http://carlosboyle.blogspot.com.ar/2012/03/hay-un-peronismo-esperando-por-suceder_12.html

Ricardo Piglia: Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades)

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El título de esta charla viene, por supuesto, de un libro del escritor italiano Ítalo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, una serie de conferencias que Calvino preparó en 1985 y que, como sabemos, no llegó a leer, porque lo sorprendió la muerte. Calvino se planteaba un interrogante: ¿Qué va a pasar con la literatura en el futuro? Y partía de una certeza: mi fe en el porvenir de la literatura, señalaba Calvino, consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura con sus medios específicos puede brindar.

Entonces, enumeraba algunos valores o algunas cualidades propias de la literatura que sería deseable que persistieran para hacer posible una mejor percepción de la realidad, una mejor experiencia con el lenguaje. Y para Calvino esos puntos de partida eran: la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad, la multiplicidad. (En realidad, las seis previstas quedaron reducidas a cinco propuestas, que son las que se encontraron escritas.)

Y yo he pensado entonces, para conversar con ustedes, partir de esa cuestión que plantea Calvino y preguntarme cómo podríamos nosotros considerar ese problema desde Hispanoamérica, desde la Argentina, en mi caso (desde Buenos Aires, diría): desde un suburbio del mundo. Cómo veríamos nosotros este problema del futuro de la literatura y de su función. No como lo ve alguien en un país central con una gran tradición cultural. Cómo vería ese problema un escritor argentino, cómo podríamos imaginar los valores que pueden persistir. ¿Qué tipo de uso podríamos hacer de esta problemática? ¿Cómo nos plantearíamos ese problema nosotros, hoy? El país de Sarmiento, de Cortázar, de Sara Gallardo, de Manuel Puig. ¿Qué tradición persistirá, a pesar de todo? Y arriesgarse a imaginar qué valores podrán perseverar es de hecho ya un ejercicio de imaginación literaria, una ficción especulativa, una suerte de versión utópica de "Pierre Menard, autor del Quijote". No tanto cómo rescribiríamos literalmente una obra maestra del pasado, sino como rescribiríamos imaginariamente la obra maestra futura. O para decirlo a la manera de Macedonio Fernández: cómo describiríamos la posibilidad de una literatura futura, de una literatura potencial.

Y si nos disponemos a imaginar las condiciones de la literatura en el porvenir, de esa manera quizá también podemos imaginar la sociedad del porvenir. Porque tal vez sea posible imaginar primero una literatura y luego inferir la realidad que le corresponde, la realidad que esa literatura postula e imagina.

Nos planteamos entonces ese problema desde el margen, desde el borde de las tradiciones centrales, mirando al sesgo. Y este mirar al sesgo nos da una percepción, quizá, diferente, específica. Hay cierta ventaja, a veces, en no estar en el centro. Mirar las cosas desde un lugar levemente marginal. Qué óptica tendríamos nosotros para plantear este problema, cuáles podrían ser esos valores propios de la literatura que van a persistir en el futuro.

Hay por otro lado en esa idea de propuesta la noción implícita de comienzo, no sólo de final (los finales de la historia, el fin de los grandes relatos, el mundo post, como se dice), sino algo que empieza, que se abre paso y anuncia el porvenir. Propuestas entonces como consignas, puntos de partida de un debate futuro o, si lo prefieren, de un debate sobre el futuro, emprendido desde un lugar remoto.

El primer efecto de estar en el margen es que las Seis propuestas de Calvino se reducen, digamos, a tres. Microscopía de las tradiciones, reducción. (Borges nos ha enseñado mucho sobre eso.) De las seis, nosotros nos quedamos solamente con tres, sufrimos un proceso de reducción entonces cuando hacemos el traslado. He querido imaginar entonces tres propuestas y cinco dificultades. Y las cinco dificultades remiten a otro texto programático, digamos, irónicamente programático y político, que yo quiero recordar aquí. Me refiero al ensayo del escritor alemán Bertolt Brecht que se llama "Cinco dificultades para escribir la verdad". Entonces, lo que yo quería discutir hoy con ustedes es esta idea de las tres propuestas y las cinco dificultades.

Para empezar a plantear la cuestión de cuáles serían esas propuestas y por dónde empezar, me gustaría comenzar con un relato de Rodolfo Walsh, e incluso con su figura, que para muchos de nosotros funciona como una síntesis de lo que sería la tradición de la política hoy en la literatura argentina: por un lado, un gran escritor, y al mismo tiempo alguien que, como muchos otros en nuestra historia, llevó al límite la noción de responsabilidad civil del intelectual.

Comenzó escribiendo cuentos policiales a la Borges, y escribió uno de los grandes textos de literatura documental de Latinoamérica: Operación masacre; y paralelamente escribió una extraordinaria serie de relatos cortos, y por fin, desde la resistencia clandestina a la dictadura militar, escribió y distribuyó el 24 de marzo de 1977 ese texto único que se llama "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar", que es una diatriba concisa y lúcida; y fue asesinado al día siguiente en una emboscada que le tendió un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada. Su casa fue allanada y sus manuscritos fueron secuestrados y destruidos por la dictadura.

Y, entonces, me pareció que sería productivo analizar algunas de las prácticas y de las experiencias de Walsh para ver si podemos inferir algunos de estos puntos de discusión sobre el futuro de la literatura y también sobre las relaciones entre política y literatura.

Quisiera, para empezar, partir de un relato de Walsh, muy conocido, un relato sobre Eva Perón que se llama "Esa mujer", escrito en 1963. Y tomaré ese relato por un dato circunstancial que no es importante en sí mismo, pero es significativo, creo, de un estado del debate sobre nuestra literatura. Este relato, en una encuesta que se ha hecho hace poco en Buenos Aires entre un grupo amplio de escritores y de críticos, ha sido elegido el mejor relato (el mejor cuento) de la historia de la literatura argentina. Por encima de cuentos de Borges, de Cortázar, de Horacio Quiroga, de Silvina Ocampo.

Como se imaginan, no tengo mucha confianza en ese tipo de elección democrática respecto a los valores de la literatura, la literatura tiene una lógica que no siempre es la lógica del consenso, no necesariamente cuando se vota y se elige algo, quiere decir que eso pueda ser considerado mejor. Pero, de todas maneras, me parece importante el sentido simbólico que tiene el hecho de que se haya elegido ese cuento de Walsh. Me parece que es un dato de lo que está pasando hoy en nuestra literatura. No importa si hay cuentos mejores o no, si es arbitrario ese sistema. Me parece que se condensa un elemento importante, cierto registro mínimo de cómo se está leyendo la literatura argentina en este momento. Porque quizá hubiera sido imposible imaginar hace un tiempo que ese cuento de Walsh hubiera sido elegido como el mejor.

Hay entonces un consenso, un cierto sentido común general, sobre los valores literarios de la obra de Walsh. Y quizá podemos partir de ahí. Preguntarnos en qué consistiría ese valor que condensa, digamos, la mejor tradición de nuestra literatura y convierte a ese relato en una sinécdoque, en una condensación extrema, y ver si existe ahí la posibilidad de inferir algún signo del estado de la literatura en el porvenir o al menos inferir una de estas propuestas futuras.

El cuento de Walsh "Esa mujer" narra la historia de alguien que está buscando el cadáver de Eva Perón, que está tratando de averiguar dónde está el cadáver de Eva Perón, y habla con un militar que ha formado parte de los servicios de inteligencia del Estado. Y la investigación de este intelectual, el narrador, un periodista que está ahí negociando, enfrentando a esta figura que encarna el mundo del poder, tratando de ver si puede descifrar el secreto que le permite llegar al cuerpo de Eva Perón, con todo lo que supone encontrar ese cuerpo, encontrar a esa mujer que encarna toda una tradición popular (porque, digamos, encontrar ese cadáver tiene un sentido que excede el acontecimiento mismo), esa busca, entonces, es el motor de la historia de Walsh.

Y el primer signo de la poética de Rodolfo Walsh es que Eva Perón no está nunca nombrada explícitamente en el relato. Está aludida. Por supuesto, todos sabemos que se habla de ella, pero aquí Walsh practica el arte de la elipsis, el arte del iceberg a la Hemingway. Lo más importante de una historia nunca debe ser nombrado. Hay un trabajo entonces muy sutil con la alusión y con el sobrentendido que puede servirnos, quizá, para inferir algunos de estos procedimientos literarios (y no sólo literarios) que podrían persistir en el futuro. Esa elipsis implica, claro, un lector que restituya el contexto cifrado, la historia implícita, lo que se dice en lo no dicho. La eficacia estilística de Walsh avanza en esa dirección: aludir, condensar, decir lo máximo con la menor cantidad de palabras.

Por otro lado, la posición de este letrado, de este intelectual que en el relato de Walsh se enfrenta con un enigma de la historia, la podríamos asimilar con la situación narrativa básica del que para muchos ha sido el relato fundador de la literatura argentina, "El matadero", el texto de Esteban Echeverría (escrito en 1838) que, como ustedes recuerdan, es también la historia de un letrado que se confronta con el Otro puro, encuentra a los bárbaros, a las masas salvajes del rosismo.

Esta confrontación entre el intelectual y ese mundo de la brutalidad y el poder, digamos, esa confrontación que ha sido contada con matices y vaivenes a lo largo de la literatura argentina (Borges, por supuesto, ha contado su versión de ese choque en "La fiesta del monstruo", y Cortázar lo ha narrado en "Las puertas del cielo"), encuentra creo un punto de viraje en "Esa mujer". Hay continuidad entre "El matadero" de Echeverría y "Esa mujer" de Walsh, pero hay también una inversión. Antes que nada, la continuidad de cierta problemática: es el intelectual puesto en relación con el mundo popular. Podríamos decir que "El matadero" de Echeverría postula una posición paranoica respecto a lo que viene de ahí, porque lo que viene de ahí es la violación, la humillación y la muerte. Es la tensión entre la civilización y la barbarie. Este unitario vestido como un europeo que llega al matadero en el sur de la ciudad, por la zona de Barracas, y es atrapado por los mazorqueros de Rosas, narra bien lo que sería la percepción alucinada y sombría que un intelectual como Echeverría tiene del mundo popular. Cómo ve él esa tensión entre el intelectual y las masas. De qué manera está percibiendo esa relación entre el letrado y el otro. Es una amenaza, un peligro, una trampa salvaje. Uno puede encontrar eso también en Sarmiento, naturalmente. Podríamos decir que hay una gran tradición en la literatura argentina que percibe una relación de enfrentamiento y de terror extremo.

Y, sin embargo, yo creo que el gran mérito de Echeverría es que supo captar la voz del otro, el habla popular ligada a la amenaza y al peligro. Estaba por supuesto tratando de denunciar ese universo bajo, de pura barbarie, enfrentado con el refinamiento y con la educación del héroe. Pero el lenguaje que recrea al intelectual unitario es un lenguaje alto, literario, retórico, que ha envejecido muchísimo. Mientras que el lenguaje que se usa para representar al monstruo, al otro, es un lenguaje muy vivo, que persiste y abre una gran tradición de la representación de la voz y de la oralidad. (De hecho, es la primera vez en la literatura argentina que aparece el voseo: es decir, el uso del vos en lugar del tú, que como sabemos es una peculiaridad básica de la lengua en el Río de la Plata. Es la primera vez que aparece registrada la presencia del ché y del vos –esos elementos que, podríamos decir, marcan e identifican lingüísticamente al área, en el texto de Echeverría narrados al mismo tiempo desde la óptica de aquel que vive ese mundo y ese lenguaje como una amenaza).

Habría entonces una verdad implícita en el uso y la representación del lenguaje que iría más allá de las decisiones políticas del escritor y de los contenidos directos de la historia que narra. Un efecto de la representación que le abre paso a la voz popular y fija su tono y su dicción. Entonces, se podría pensar que esa tensión entre el mundo del letrado –el mundo del intelectual– y el mundo popular –el mundo del otro– visto en principio de un modo paranoico pero también con fidelidad a ciertos usos de la lengua, está en el origen de nuestra literatura, y que el relato de Walsh redefine esa relación. Podríamos decir que, para Walsh, Eva Perón, que condensaría ese universo popular, la tradición popular del peronismo lógicamente, aparece entonces primero como un secreto, como un enigma que se trata de develar, pero también como un lugar de llegada. "Si yo encontrara a esa mujer ya no me sentiría sólo", se dice en el relato.

Ir al otro lado, cruzar la frontera ya no es encontrar un mundo de terror, sino que ir al otro lado permite encontrar en ese mundo popular, quizás, un universo de compañeros, de aliados. Y, en un sentido, podríamos decir que este relato de Walsh, escrito en una época muy anterior a las decisiones políticas de Walsh, podría ser leído casi como una alegoría que anticipa la fascinación por el peronismo. El sentido múltiple cifrado en el cuerpo perdido de Eva Perón anticipa, quiero decir, las decisiones políticas de Walsh, su incorporación al peronismo, su conversión al peronismo.

Este relato condensa esa tensión y dice entonces algo más de lo que dice literalmente. El intelectual, el letrado, no solamente siente el mundo bárbaro y popular como adverso y antagónico, sino también como un destino, como un lugar de fuga, como un punto de llegada. Y en el relato todo se condensa en la busca ciega del cadáver ausente de Eva Perón. Pero al mismo tiempo existe lo que yo llamaría un primer desplazamiento. Una mediación. De hecho, podríamos decir que el otro elemento importante del cuento de Walsh es la tensión entre el intelectual y el Estado. Por un lado, estaría la relación entre el intelectual y las masas populares condensadas casi alegóricamente en los restos perdidos de Evita, y por otro lado, esa tensión –un diálogo que es casi una parábola– con el ex oficial de inteligencia que conoce el secreto y sabe dónde está esa mujer.

La posición de desciframiento y de investigación que tiene el que narra la historia, el periodista –en el que se dibujan ciertos rasgos autobiográficos del propio Walsh–, alguien que busca captar los secretos y las manipulaciones del poder. Podríamos decir que aquí se define un lugar para el escritor: establecer dónde está la verdad, actuar como un detective, descubrir el secreto que el Estado manipula, revelar esa verdad que está escamoteada. Una verdad que en este caso está enterrada en un cuerpo escondido, un cuerpo histórico digamos, emblemático, que ha sido mancillado y sustraído.

Y quizá ese movimiento entre el escritor que busca descubrir una verdad borrada y el Estado que esconde y entierra podría ser un primer signo, un destello apenas, de las relaciones futuras entre política y literatura. A diferencia de lo que se suele pensar, la relación entre la literatura –entre la novela, la escritura ficcional– y el Estado, es una relación de tensión entre dos tipos de narraciones. Podríamos decir que también el Estado narra, que también el Estado construye ficciones, que también el Estado manipula ciertas historias. Y, en un sentido, la literatura construye relatos alternativos, en tensión con ese relato que construye el Estado, ese tipo de historias que el Estado cuenta y dice.

Voy a leerles una cita del poeta francés Paul Valéry, referida a estas cuestiones: "Una sociedad asciende desde la brutalidad hasta el orden. Como la barbarie es la era del hecho, es necesario que la era del orden sea el imperio de las ficciones, pues no hay poder capaz de fundar el orden por la sola represión de los cuerpos por los cuerpos. Se necesitan fuerzas ficticias". El Estado no puede funcionar sólo por la pura coerción, necesita lo que Valéry llama fuerzas ficticias. Necesita construir consenso, necesita construir historias, hacer creer cierta versión de los hechos. Me parece que ahí hay un campo de investigación importante en las relaciones entre política y literatura, y que quizá la literatura nos ayude a entender el funcionamiento de esas ficciones.

No se trata solamente del contenido de esas ficciones, no se trata solamente del material que elabora sino de la forma que tienen esos relatos del Estado. Y para percibir la forma que tienen, quizá la literatura nos da los instrumentos y los modos de captar la forma en que se construyen y actúan las narraciones que vienen del poder.

La idea, entonces, de que el Estado también construye ficciones: el Estado narra, y el Estado argentino es también la historia de esas historias. No sólo la historia de la violencia sobre los cuerpos, sino también la historia de las historias que se cuentan para ocultar esa violencia sobre los cuerpos. En este sentido, en un punto a veces imagino que hay una tensión entre la novela argentina (la novela de Roberto Arlt, de Antonio Di Benedetto, de Libertad Demitropulos) que construye historias antagónicas, contradictorias, en tensión, con ese sistema de construcción de historias generadas por el Estado.

En algún momento he tratado de pensar cuáles serían algunas de esas historias. He tratado de definir algunas de esas ficciones. He pensado, por ejemplo, que en la época de la dictadura militar una de las historias que se construían era un relato que podemos llamar quirúrgico, un relato que trabajaba sobre los cuerpos. Los militares manejaban una metáfora médica para definir su función. Ocultaban todo lo que estaba sucediendo, obviamente, pero, al mismo tiempo, lo decían, enmascarado, con un relato sobre la cura y sobre la enfermedad. Hablaban de la Argentina como un cuerpo enfermo, que tenía un tumor, una suerte de cáncer que proliferaba, que era la subversión, y la función de los militares era operar, ellos funcionaban de un modo aséptico, como médicos, más allá del bien y del mal, obedeciendo a las necesidades de la ciencia que exige desgarrar y mutilar para salvar. Definían la represión con una metafórica narrativa, asociada con la ciencia, con el ascetismo de la ciencia, pero a la vez aludían a la sala de operaciones, con cuerpos desnudos, cuerpos ensangrentados, mutilados. Todo lo que estaba en secreto aparecía, en ese relato, desplazado, dicho de otra manera. Había ahí, como en todo relato, dos historias, una intriga doble. Por un lado, el intento de hacer creer que la Argentina era una sociedad enferma y que los militares venían desde afuera, eran los técnicos que estaban allí para curar, y por otro lado, la idea de que era necesaria una operación dolorosa, sin anestesia. Era necesario operar sin anestesia, como decía el general Videla. Es necesario operar hasta el hueso, decía Videla. Y ese discurso era propuesto como una suerte de versión ficcional que el Estado enunciaba, porque decía la verdad de lo que estaban haciendo, pero de un modo a la vez encubierto y alegórico.

Este sería un pequeñísimo ejemplo de esto que yo llamo la ficción del Estado. Es el mecanismo formal de construcción de esta historia lo que me importa marcar aquí. Es un mecanismo que se encarna siempre en una figura personalizada que condensa la trama social. En principio, podríamos decir que hay un procedimiento pronominal, un movimiento que va del ellos –el tumor– a nosotros –el cuerpo social– y a un yo –que enuncia la cura. El relato estatal constituye una interpretación de los hechos, es decir, un sistema de motivación y de causalidad, una forma cerrada de explicar una red social compleja y contradictoria. Son soluciones compensatorias, historias con moraleja, narraciones didácticas y también historias de terror.

Al mismo tiempo, podríamos decir que hay una serie de contrarrelatos estatales, historia de resistencia y de oposición. Hay versiones que resisten estas versiones. Quiero decir que a estos relatos del Estado se les contraponen otros relatos que circulan en la sociedad. Un contrarrumor, diría yo, de pequeñas historias, ficciones anónimas, microrrelatos, testimonios que se intercambian y circulan. A menudo he pensado que esos relatos sociales son el contexto mayor de la literatura. La novela fija esas pequeñas tramas, las reproduce y las transforma. El escritor es el que sabe oír, el que está atento a esa narración social, y también el que las imagina y las escribe.

Podríamos poner como ejemplo una nouvelle de Walsh, Cartas, publicada en su libro Un kilo de oro. Si leen ese texto verán la trama compleja de pequeñas historias que circulan, de voces que se alternan, de versiones, un calidoscopio que reproduce los relatos y los dichos de un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires durante los años 30. O si releen las novelas de Manuel Puig verán que están hechas de esa materia social y oirán esas voces y verán circular esas historias.

Para poner un solo ejemplo de estos relatos anónimos, quisiera recordar una de estas ficciones anti-estatales, digamos, que circuló en la época de la dictadura militar, hacia 1978-79, la época del conflicto con Chile, cuando la guerra iba a ser una de las salidas políticas que los militares estaban buscando, como fue después la guerra de Malvinas, el intento de encontrar una salida, un intento de construir consenso político a través de la guerra, que es el único modo que tienen los militares de imaginar un apoyo civil.

En ese momento, cuando toda la experiencia de la represión estaba presente y al mismo tiempo estaba esta idea de ir a buscar al sur un conflicto para provocar una guerra, en la ciudad empezó a circular una historia, un relato anónimo, popular, que se contaba y del que había versiones múltiples. Se decía que alguien conocía a alguien que en una estación de tren del suburbio, desierta, a la madrugada, había visto pasar un tren con féretros que iba hacia el sur. Un tren de carga que alguien había visto pasar lento, fantasmal, cargado de ataúdes vacíos, que iba hacia el sur, en el silencio de la noche. Una imagen muy fuerte, una historia que condensaba todo una época. Estos féretros vacíos remitían a los desaparecidos, a los cuerpos sin sepultura. Y al mismo tiempo era un relato que anticipaba la guerra de las Malvinas. Porque, sin duda, esos féretros, esos ataúdes en ese tren imaginario iban hacia las Malvinas, iban hacia el sur, hacia donde los soldados iban a morir y donde iban a tener que ser enterrados.

En esa pequeña historia perdida se sintetiza con claridad el modo en que se generan relatos alternativos, versiones anónimas que condensan de un modo extraordinario un sentido múltiple. El relato condensa, sugiere y fija en una imagen un sentido múltiple y abierto. Hay una diferencia muy importante en literatura entre mostrar y decir. Este relato no dice nada directamente, pero hace ver, da a entender, por eso persiste en la memoria como una visión y es inolvidable. Esa imagen, de un tren interminable que pasa a la madrugada por una estación vacía, y el hecho de que alguien esté ahí y vea y pueda contar, dice muy bien lo que fue la experiencia de vivir en la Argentina en la época de la dictadura militar. Porque no sólo está el tren que cruza en esa historia, sino que también está el testigo que le cuenta a alguien lo que ha visto.

Siempre habrá un testigo que ha visto y va a contar, alguien que sobrevive para no dejar que la historia se borre. Eso dice el contrarrelato político. La voz de Kafka. En un punto esa tensión, entonces, entre lo que sería el relato del Estado y el relato popular, las versiones que circulan, que son antagónicas, está también cerca de lo que Walsh ha tratado siempre de narrar. Porque, en un sentido, Walsh ha buscado por un lado, descubrir la verdad que el Estado manipula, y, a la vez, escuchar el relato popular, las versiones alternativas que circulan y se contraponen.

Operación masacre (escrito en 1957) es un texto definitivo en este sentido. Por un lado, otra vez, el intelectual, el letrado, enfrenta al Estado, hace ver que el Estado está construyendo un relato falso de los hechos. Y para construir esa contrarrealidad, registra las versiones antagónicas, sale a buscar la verdad en otras versiones, en otras voces. Se trata de hacer ver cómo ese relato estatal oculta, manipula, falsifica, y hacer aparecer entonces la verdad en la versión del testigo que ha visto y ha sobrevivido. Si ustedes leen Operación masacre verán que va de una voz a otra, de un relato al otro, y que esa historia es paralela a la desarticulación del relato estatal. Esos obreros peronistas de la resistencia que han vivido esa experiencia brutal, y le dan al escritor fragmentos de la realidad, son los testigos que en la noche han visto de frente el horror de la historia. (Operación masacre reconstruye una serie de fusilamientos clandestinos realizados en Buenos Aires por el Estado, que reprimió lo que se imaginó que era una rebelión peronista en contra de lo que había sido en aquel momento la revolución militar de 1955. En 1956 se produce este fusilamiento clandestino, oculto, que Walsh reconstruye en el libro Operación masacre.)

El narrador entonces es el que sabe transmitir esas voces. En ¿Quién mató a Rosendo? hay momentos extraordinarios en esa representación del decir. Esa voz que se oye tiene el tono de la voz popular. Es la oralidad que define un uso del lenguaje, una manera de frasear. Walsh, básicamente, escucha al otro. Sabe oír esa voz popular, ese relato que viene de ahí, y sobre ese relato trata de acercarse a la verdad. Va de un relato al otro, podría decirse. De un testigo al otro. La verdad está en el relato y ese relato es parcial, modifica, transforma, altera, a veces deforma los hechos. Hay que construir una red de historias alternativas para reconstruir la trama perdida. Por un lado, oír y transmitir el relato popular, y al mismo tiempo desmontar y desarmar el relato encubridor, la ficción del Estado. Ese doble movimiento es básico y Walsh es un artífice notable de ese trabajo con las dos historias: la contra-ficción estatal y la voz del testigo, del que ha sobrevivido para narrar. Los vencedores escriben la historia y los vencidos la cuentan. Ese sería el resumen: desmontar la historia escrita y contraponerle el relato de un testigo.

Me parece que ahí se juega para Walsh la tensión entre ficción y realidad, la tensión entre novela y periodismo, entre novela y relato de no-ficción. La verdad se juega ahí, en esa tensión secreta. "La ciencia usa la expresión verdadero-falso pero no la tematiza", escribía Tarski. Podríamos decir, la escritura de ficción tematiza la distinción verdadero-falso, contrapone versiones antagónicas y las enfrenta. El género policial, con el que Walsh mantuvo una relación continua, es un ejemplo de un tipo de relato que tematiza el estatuto y las condiciones de la verdad. Y en ese sentido "Esa mujer" es un relato policial, narra la tensión entre verdades que circulan y se oponen y versiones que se modifican, y tematiza esas relaciones y trabaja con la ambigüedad y con la incertidumbre.

Pero a la vez en Walsh el relato de no-ficción avanza hacia la verdad y la reconstruye desde una posición política bien definida. Esa reconstrucción supone una posición nítida en el plano social, supone una concepción clara de las relaciones entre verdad y lucha social. En este sentido, los libros de no-ficción de Walsh se distancian de la versión más neutra del género tal como se practica en los Estados Unidos a partir de Capote, Mailer y lo que se ha llamado el "nuevo periodismo". En Walsh obviamente el acceso a la verdad está trabado por la lucha política, por la desigualdad social, por las relaciones de poder y por la estrategia del Estado. Una noción de verdad que escapa a la evidencia inmediata, que supone, primero, desmontar las construcciones del poder y sus fuerzas ficticias y, por otro lado, rescatar las verdades fragmentarias, las alegorías y los relatos sociales.

Esta verdad social es algo que se tematiza y se busca, que se ha perdido, por lo cual se lucha, que se construye y se registra. La verdad es un relato que otro cuenta. Un relato parcial, fragmentario, incierto, falso también, que debe ser ajustado con otras versiones y otras historias. Me parece que esta noción de la verdad como horizonte político y objeto de lucha podría ser nuestra primera propuesta para el próximo milenio. Existe una verdad de la historia y esa verdad no es directa, no es algo dado, surge de la lucha y de la confrontación y de las relaciones de poder.

La segunda propuesta está ligada a la noción de límite, es decir, a la imposibilidad de expresar directamente esa verdad que se ha entrevisto en el sonido metálico de un tren que cruza en la noche. ¿Qué puede decir el testigo? ¿Cómo puede decir el que ha visto la verdad de los hechos? ¿No es esa una de las grandes preguntas de nuestro tiempo? El desafío de Ana Ajmátova: el poeta debe decir lo que se puede decir. Hay una escena maravillosa que cuenta Esperanza Mandelstam, la mujer de Osip Mandelstam, el poeta ruso, amigo de Ana Ajmátova, y cuenta la historia de las mujeres que iban a hacer la cola para enviar paquetes de provisiones a los prisioneros de los campos de concentración de Stalin –estas mujeres que están esperando para llevar los paquetes que envían y que nunca llegan, y que no tienen nunca respuesta y, sin embargo, van al día siguiente y al siguiente... Entonces en un momento está en la cola Ana Ajmátova y una mujer le pregunta, porque la reconoce: "¿usted cree que es capaz de decir esto?" Y Ana dice: "yo puedo decirlo". La poesía puede decirlo, la literatura puede decirlo, eso es lo que quiere decir ella.

La pregunta sobre no sólo quién ha visto, sino cómo se hace para decir eso que el testigo que ha sobrevivido ha visto, es la cuestión de Primo Levi, el que ha sobrevivido al campo de Auschwitz y se pregunta si él es el testigo, el que puede contar lo que ha visto. Un gran escritor como Primo Levi que se constituye como gran escritor cuando trata de ver si es posible contar esa historia extrema de la que él se ve a sí mismo como un sobreviviente y como una voz que tiene que decir. Por eso me parecía extraordinario que en la historia popular, anónima, que circulaba sobre el tren había alguien que representaba esta situación de la cual Primo Levi ha constituido una reflexión incesante: ¿qué puede decir el testigo? Porque la pregunta de Primo Levi es incluso: ¿quién es el testigo? La pregunta de Levi es: ¿el que sobrevive es un testigo o el testigo es el que ha muerto? Dice Primo Levi: ¿es aquel que ha vivido el horror hasta el fin o es el que ha sobrevivido? Esta es la complejidad y la tensión extraordinaria que tienen los relatos autobiográficos de Primo Levi, y me parece que esto es lo que en definitiva lo llevó al suicidio, podría uno pensar.

Entonces, ¿cómo puede decir el que ha visto la verdad de los hechos? ¿No es esa una de las grandes preguntas de nuestro tiempo? Tal vez el hecho de escribir desde la Argentina nos ha enfrentado a muchos de nosotros (y a Walsh en primer lugar) con esa pregunta, o mejor, con los límites de la literatura, y nos ha permitido reflexionar sobre esos límites. La experiencia del horror puro de la represión clandestina, una experiencia que a menudo parece estar más allá de las palabras, quizá define nuestro uso del lenguaje y nuestra relación con la memoria y, por lo tanto, nuestra relación con el futuro y el sentido.

Hay un punto extremo, un lugar –digamos– al que parece imposible acercarse. Como si el lenguaje tuviera un borde, como si el lenguaje fuera un territorio con una frontera, después de la cual están el desierto infinito y el silencio. ¿Cómo narrar el horror? ¿Cómo transmitir la experiencia del horror y no sólo informar sobre él? Muchos escritores del siglo XX han enfrentado esta cuestión: Primo Levi, Osip Mandelstam, Paul Celan, sólo para nombrar a los mejores. La experiencia de los campos de concentración, la experiencia del Gulag, la experiencia del genocidio. La literatura muestra que hay acontecimientos que son muy difíciles, casi imposibles, de transmitir, y suponen una relación nueva con los límites del lenguaje.

Quisiera poner otra vez el ejemplo de Walsh, analizar el modo que tiene un gran escritor de contar una experiencia extrema y transmitir un acontecimiento imposible. Quisiera recordar el modo en que Walsh cuenta la muerte de su hija y escribe lo que se conoce como la "Carta a Vicky", es decir, la carta a María Victoria Walsh, escrita en 1976, en plena dictadura militar, luego de que su hija ha sido asesinada. Luego de reconstruir el momento preciso en que por radio se entera de la muerte, y el gesto que acompaña esa revelación (cito: "Escuché tu nombre mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico"), escribe: "Anoche tuve una pesadilla torrencial en la que había una columna de fuego, poderosa, pero contenida en sus límites que brotaba de alguna profundidad". El gesto de santiguarse y una pesadilla que no tiene contenido, condensada en una atroz imagen abstracta. Y después escribe: "Hoy en el tren un hombre decía Sufro mucho, quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año". Y concluye Walsh: "Hablaba por él pero también por mí".

Me parece que ese movimiento, ese desplazamiento, darle la palabra al otro que habla de su dolor, un desconocido en un tren, un desconocido que está ahí, que dice "Sufro, quisiera despertarme dentro de un año", ese desplazamiento, casi una elipsis, una pequeña toma de distancia respecto a lo que está tratando de decir, es una metáfora del modo en que se muestra y se hace ver la experiencia del límite, alguien habla por él y expresa el dolor de un modo sobrio y directo y muy conmovedor.

Walsh realiza entonces un pequeñísimo movimiento para lograr que alguien por él pueda decir lo que él quiere decir. Un desplazamiento, y ahí está todo –el dolor, la compasión–: una lección de estilo. Un movimiento pronominal, casi una forma narrativa de la hipálage, un intercambio que me parece muy importante para entender cómo se puede llegar a contar ese punto ciego de la experiencia, mostrar lo que no se puede decir.

El mismo desplazamiento utiliza Walsh en la carta donde reconstruye las circunstancias en las que muere su hija Vicky, llamada "Carta a mis amigos", escrita unos días después de los hechos. Reconstruye la emboscada que sufre su hija en una casa del centro de la ciudad, el cerco, la resistencia, el combate, los militares que rodean la casa. Y para narrar lo que ha sucedido, otra vez le da la voz a otro. Dice: "Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto" (un soldado). Y transcribe el relato del que estaba ahí sitiando el lugar: "El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba. Nos llamó la atención la muchacha, porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía".

La risa está ahí, narrada por otro, la extrema juventud, el asombro, todo se condensa. La impersonalidad del relato y la admiración de sus propios enemigos, refuerzan el heroísmo de la escena. Los que van a matarla son los primeros que reconocen su valor, según la mejor tradición de la épica. Al mismo tiempo, el testigo certifica la verdad y permite que el que escribe vea la escena y pueda narrarla, como si fuera otro. Igual que en el caso del hombre en el tren, acá también hace un desplazamiento y le da la voz a otro que condensa lo que quiere decir, y entonces es el soldado el que cuenta. Ir hacia otro, hacer que el otro diga la verdad de lo que siente o de lo que ha sucedido, ese desplazamiento, este cambio en la enunciación, funciona como un condensador de la experiencia.

Quizá ese soldado nunca existió, como quizá nunca existió ese hombre en el tren: no es eso lo que importa, sino la visión que se produce. Lo que importa es que están ahí para poder narrar la experiencia. Puede entenderse como una ficción, tiene por supuesto la forma de una ficción destinada a decir la verdad. El relato se desplaza hacia una situación concreta donde hay otro, inolvidable, que permite fijar y hacer visible lo que se quiere decir. Es algo que el propio Walsh había hecho muchos años antes, cuando trataba de contar el modo en que él mismo había sido arrastrado por la historia. Algunos de ustedes recordarán: en el prólogo de 1968 a la tercera edición de Operación masacre Walsh narra una escena inicial, narra digamos la escena original, el origen, una escena que condensa la entrada de la historia y de la política en su vida.

Walsh, que es un joven escritor, está en un bar de La Plata, un bar al que va siempre a hablar de literatura y a jugar al ajedrez, y una noche de enero de 1956 se oye un tiroteo, hay corridas, un grupo de peronistas y de militares rebeldes asalta el comando de la segunda división, es el comienzo de la fracasada revolución de Valle, que va a concluir en la represión clandestina y en los fusilamientos de José León Suárez. Y esa noche Walsh sale del bar, corre por las calles arboladas y por fin se refugia en su casa, que está cerca del lugar de los enfrentamientos. Y entonces narra: "Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: Viva la patria, sino que dijo: No me dejen solo, hijos de puta".

Otra vez una lección de historia. Otra vez un desplazamiento que condensa un sentido múltiple en una sola escena y en una voz. Este otro conscripto, este otro soldado que está ahí aterrado, que está por morir, es el que condensa la verdad de la historia. Un desplazamiento hacia el otro, un movimiento ficcional, diría, hacia una escena que condensa y cristaliza una red múltiple de sentido. Así se transmite la experiencia, es algo que está mucho más allá de la simple información. Esa capacidad natural que tenía Walsh para fijar una escena en la que se oye y se condensa la experiencia pura. Un movimiento que es interno al relato, una elipsis, podríamos decir, que desplaza hacia el otro la narración de la verdad.

Me parece que la segunda de las propuestas que estamos discutiendo podría ser esta idea de desplazamiento y de distancia. El estilo es ese movimiento hacia otra enunciación, es una toma de distancia respecto a la palabra propia. Hay otro que dice eso que, quizá, de otro modo no se puede decir. Un lugar de cruce, una escena única que permite condensar el sentido en una imagen. Walsh hace ver de qué manera podemos mostrar lo que parece casi imposible de decir. Podríamos hablar de extrañamiento, de efecto de distanciamiento. Pero me parece que aquí hay algo más: se trata de poner a otro en el lugar de una enunciación personal. Traer hacia él a esos sujetos anónimos que están ahí como testigos de sí mismo. Ese conscripto que vio morir a su hija y le cuenta cómo fue. Ese desconocido, ese hombre que ya es inolvidable, en el tren, que dice algo que encarna su propio dolor. Y el otro soldado, el que muere solo, insultando.

La verdad tiene la estructura de una ficción donde otro habla. Hay que hacer en el lenguaje un lugar para que el otro pueda hablar. La literatura sería el lugar en el que siempre es otro el que habla. Me parece entonces que podríamos imaginar que hay una segunda propuesta. La propuesta que yo llamaría entonces el desplazamiento, la distancia. Salir del centro, dejar que el lenguaje hable también en el borde, en lo que se oye, en lo que llega del otro.

En definitiva la literatura actúa sobre un estado del lenguaje. Quiero decir, que para un escritor lo social está en el lenguaje. Por eso si en la literatura hay una política, se juega ahí. En definitiva, la crisis actual tiene en el lenguaje uno de sus escenarios centrales. O tal vez habría que decir que la crisis está sostenida por ciertos usos del lenguaje. En nuestra sociedad se ha impuesto una lengua técnica, demagógica, publicitaria, y todo lo que no está en esa jerga queda fuera de la razón y del entendimiento. Se ha establecido una norma lingüística que impide nombrar amplias zonas de la experiencia social y que deja fuera de la inteligibilidad la reconstrucción de la memoria colectiva. En "La retórica de Hitler", escrito en 1941, el crítico Kenneth Burke ya hacía ver que la gramática del habla autoritaria conjuga los verbos en un presente despersonalizado que tiende a borrar el pasado y la historia.

El Estado tiene una política con el lenguaje, busca neutralizarlo, despolitizarlo y borrar los signos de cualquier discurso crítico. El Estado dice que quien no dice lo que todos dicen es incomprensible y está fuera de su época. Hay un orden del día mundial que define los temas y los modos de decir: los medios de masa repiten y modulan las versiones oficiales y las construcciones monopólicas de la verdad. Los que no hablan así están excluidos y esa es la noción actual de consenso.

Quizá el discurso dominante en este sentido sea el de la economía. La economía de mercado define un diccionario y una sintaxis y actúa sobre las palabras; define un nuevo lenguaje sagrado y críptico, que necesita de los sacerdotes y los técnicos para descifrarlo y traducirlo y comentarlo. De este modo se impone una lengua mundial y un repertorio de metáforas que invaden la vida cotidiana. Los economistas buscan controlar tanto la circulación de las palabras como el flujo del dinero. Habría que estudiar la relación entre los trascendidos, las medias palabras, las filtraciones, los desmentidos, las versiones, por un lado, y las fluctuaciones de los valores en el mercado y en la bolsa, por el otro. Hay una relación muy fuerte entre lenguaje y economía. En ese contexto escribimos, y, por lo tanto, la literatura lo que hace, en realidad lo que siempre ha hecho, es descontextualizar, borrar la presencia persistente de ese presente y construir una contrarrealidad.

Cada vez más, los mejores libros actuales (los libros de Juan Bennett, de Clarice Lispector o de Juan Gelman) parecen escritos en una lengua privada. Paradójicamente, la lengua privada de la literatura es el rastro más vivo del lenguaje social. Quiero decir que la literatura está siempre fuera de contexto y siempre es inactual. Dice lo que no es, lo que ha sido borrado; trabaja con lo que está por venir. Funciona como el reverso puro de la lógica de la Realpolitik. La intervención política de un escritor se define antes que nada en la confrontación con esos usos del lenguaje.

Los escritores han llamado siempre la atención sobre las relaciones entre las palabras y el control social. En su explosivo ensayo "La política y el lenguaje inglés", de 1947, George Orwell analizaba la presencia de la política en las formas de la comunicación verbal: se había impuesto la lengua instrumental de los funcionarios policiales y de los tecnócratas, el lenguaje se había convertido en un territorio ocupado. Los que resisten hablan entre sí en una lengua perdida. En el trabajo de Orwell, se ven condensadas muchas de las operaciones que definen hoy el universo del poder. Pasolini ha percibido de un modo extraordinario este problema en sus análisis de los efectos del neocapitalismo en la lengua italiana. Pasolini ha escrito palabras luminosas sobre las tradiciones lingüísticas que se entreveran y persisten en medio de las ciudades perdidas. No me parece nada raro entonces que el mayor crítico de la política actual (uno de los pocos intelectuales realmente críticos en la política actual) sea Chomsky: un lingüista es por supuesto el que mejor percibe el escenario verbal de la tergiversación, la inversión, el cambio de sentido, la manipulación y la construcción de la realidad que definen el mundo moderno.

Tal vez los estudios literarios, la práctica discreta y casi invisible de la enseñanza de la lengua y de la lectura de textos, pueda servir de alternativa y de espacio de confrontación en medio de esta selva oscura: un claro en el bosque. Hay una escisión entre la lengua pública, la lengua de los políticos en primer lugar, y los otros usos del lenguaje que se extravían y destellan, como voces lejanas, en la superficie social. Se tiende a imponer un estilo medio –que funciona como un registro de legitimidad y de comprensión–, que es manejado por todos los que hablan en público. La literatura está enfrentada directamente con esos usos de la palabra, y por supuesto su lugar y su función en la sociedad es cada vez más invisible y restringida. Cualquier palabra crítica sufre las consecuencias de esa tensión, se le exige que reproduzca ese lenguaje cristalizado, con el argumento de que eso la haría accesible. De ahí viene la idea de lo que funciona como accesible. O sea, es comprensible todo lo que repite aquello que todos comprenden, y aquello que todos comprenden es lo que reproduce el lenguaje que define lo real tal cual es.
En momentos en que la lengua se ha vuelto opaca y homogénea, el trabajo detallado, mínimo, microscópico de la literatura es una respuesta vital. La práctica de Walsh, para volver a él, ha sido siempre una lucha contra los estereotipos y las formas cristalizadas de la lengua social. En ese marco definió su estilo, un estilo ágil y conciso, muy eficaz, siempre directo, uno de los estilos más notables de la literatura actual. "Ser absolutamente diáfano", esa es la consigna que Walsh anota en su Diario como horizonte de su escritura.

La claridad sería entonces la tercera propuesta para el futuro que quizás podemos inferir, como las anteriores, de esa experiencia con el lenguaje que es la literatura. La claridad como virtud. No porque las cosas sean simples, esa es la retórica del periodismo: hay que simplificar, la gente tiene que entender, todo tiene que ser sencillo. No se trata de eso, se trata de enfrentar una oscuridad deliberada, una jerga mundial. Una dificultad de comprensión de la verdad que podríamos llamar social, cierta retórica establecida que hace difícil la claridad. "A un hombre riguroso le resulta cada año más difícil decir cualquier cosa sin abrigar la sospecha de que miente o se equivoca", escribía Walsh en su Diario. Consciente de esa dificultad y de sus condiciones sociales, Walsh produjo un estilo único, flexible e inimitable que circula por todos sus textos, y por ese estilo lo recordamos. Un estilo hecho con los matices del habla y la sintaxis oral, con gran capacidad de concentración y de concisión. Walsh fue capaz de "decir instantáneamente lo que quería decir en su forma óptima", para decirlo con las palabras con las que él definía la perfección del estilo.

El trabajo con el lenguaje de Walsh, su conciencia del estilo, nos acerca, y lo acerca, a las reflexiones de Brecht. En "Cinco dificultades para escribir la verdad", Brecht define algunos de los problemas que yo he tratado de discutir con ustedes. Y las resume en cinco tesis referidas a las posibilidades de transmitir la verdad. Hay que tener, decía Brecht, el valor de escribirla, la perspicacia de descubrirla, el arte de hacerla manejable, la inteligencia de saber elegir a los destinatarios. Y sobre todo la astucia de saber difundirla. Esas serían, entonces, las cinco dificultades y las tres propuestas que he postulado hoy como un modo de imaginar con ustedes las posibilidades de una literatura futura o las posibilidades futuras de la literatura.

A 43 años de la muerte de Vandor IV

8 nos acompañaron


Eduardo Jozami describe una desinencia en el movimiento de los curas del Tercer Mundo, dice que su primera opción había sido por los pobres. Identificado el objeto de su lucha su segunda opción fue por el peronismo. Qué significa esto, que el peronismo es una fe religiosa, o que era un camino de realización propio de lo que se explica en el documento citado. Está bueno entenderlo, porque los curan no podían joder con esto, si su opción primera eran los pobres, cualquier gilada que los aparte de esa ruta no les provocaría una contradicción política, lo de ellos tenía que ver con la fe.
A 43 años del asesinato de Vandor y a cuarenta de todos estos documentos de toda esta serie, está bueno volvernos a interrogar sobre esos sujetos políticos de la época desde sus propias palabras, sus propios escritos que también desnudan las contradicciones del peronismo contemporáneo.
Lucas desde una serie de posts como aquí y aquí, con su verba encendida viene poniendo en crisis cada uno se estos lugares ya interrogados por Dardo Cabo, los curas del movimiento tercermundista, Rodolfo Walsh entre otros. Manolo tampoco pierde el tiempo, permanentemente revisa la historia del peronismo desde sus diferentes ópticas, conservando su corazoncito por el sindicalismo y está bueno que esto suceda, es sano.
Lucas es un peronista como los curas tercermundistas "por opción" y al igual que ellos su primera opción son los pobres, los negros, los parias, las minorías marginales a las que pretende ponerles voz desde su blog. Manolo en cambio es un nativo peronista, bautizado el mismo día en que nació y desde entonces cumple con todos los ritos de esa religión. Porque si hay una última figura desde donde uno y otro pueden ver al mismo objeto peronista, esa es la infranqueable barrera de "los del interior" que distorcionará la clara visión que tienen los conourbanos del mismo objeto. Porque estos últimos ejercen la prepotencia de la nobleza que da la autoría, porque como el tango, la mitad de la historia del peronismo se inscribe a no más de cincuenta kilómetors de la capital. A nosotros nos puede llegar a gustar pero lo nuestro es mas la zamba o la chacarera. Por eso Lucas consuetudinariamente le pega al puerto y tiene razón. Claro esto no se entiende desde el discurso ombliguista de la centralidad.
Así las cosas los del interior nos tenemos que conformar con un peronismo por opción y nunca seremos los nativos peronistas, como lo entendieron los curas del MTM. Pero acaso no son válidas las críticas de Lucas, si yo digo lo mismo me tildarían de gorila, a él le dicen borracho, dos verdades que en ningún momento negamos pero que no niegan un acercamiento hacia las huestes del partido de Perón.
Es notoria la similitud política entre aquella época descrita en los documentos de la serie Vandor. No es necesario aclarar las obvias diferencias, me refiero a lo que Dardo Cabo enuncia como:

El asunto está adentro del movimiento.

La unidad sí, pero con bases verdaderas, no recurriendo al subterfugio de las purgas o a las cruzadas contra los troskos.

No hay forma da infiltrarse en el movimiento.

En el peronismo se vive como peronista o se es rechazado

Y chau picho, a otra cosa.

Vandor bancó la mayoría de las células más combativas del movimiento.

Eran leales, eran queridos, habían llegado a los sindicatos por elecciones y representaban a la base del gremio; más allá que le gustaran las carreras o tuvieran un vicio menor, "los muchachos los querían" y en serio.[...]

¿Quién iba a matar a Vandor en 1962?

O a Alberto Fernandez en el 95, o a al Padre Moyano en pleno quilombo del campo. Y sin embargo...
Los Curas le critican al movimiento falta de orgánica e ideología, claro esto desde la posmodernidad y, como se ha analizado en reiteradas veces en este blog desde la teoría de las redes sociales, a la luz de la teoría del caos esta desorganización coordinada es posible, lo de la falta de ideología es mas complicado, lo que nos pone nuevamente frente a los que toman al peronismo como opción. Que pasa con los que tienen sueños húmedos con el peronismo pero que no son nativos. Acaso "En el peronismo se vive como peronista o se es rechazado", en cuyo caso habría que aclarar que es "vivir como peronista", lo que nos volvería nuevamente al problema de ideología como le reclamaban los curas.
Hoy se cuestiona al mismo Perón como peronista, y puede que se tengan razón. Rodolfo Wlash se preguntaba si Perón cuando vuelve, lo hace por "el uninforme", cosa que puede ser interpretada de varias maneras, la mas pueril, ( y creo que la que se interroga Rodolfo), que si a su regreso mantendría su militarismo prusianos, en cuyo caso toda la lucha y el cuerpo puesto en juego por el ala izquierda del movimiento habrían sido en vano, o si por el contrario, despojado del uninforme asumiría como un líder civil junto al pueblo. La historia nos dio la respuesta. Rodolfo siempre miró al movimiento con escepticismo, el también era un peronismo por opción.
También se puede seer Croata por Opción, Millonario sin pertenecer al club Bildemberg, siempre habrá algo de falceado es esa opción, de colonialista, de trucho. Siempre se mirará al recién llegado como sapo de otro pozo, lo que está bien y está mal a la vez, es la historia de los pueblos, el que está mal se va a refujiar con los que están un poco mejor, aunque estos últimos no los quieran.
¿Ahora esto justifica una guerra interna? También la historia se encarga de marcarnos el camino, Ezeiza, "Alonso, Vandor, ahora Rucci." Se alarma Dardo Cabo en su editorial de Descamisados, habremos de agregar más gente a esta lista o Maxi y Darío fueron los últimos. Espero que sí.
"El asunto está dentro del movimiento", no de este, de todos lo movimientos, el problema es el crecimiento, todos los conglomerados sociales tienen el mismo problema, en lo familiar tiene que ver con el complejo de Edipo, en lo social tiene más que ver en el cómo se construyen esas identidades a partir de agonismos o en el peor de los casos de antagonismo donde se marca claro el borde entre los que están adentro y los que están afuera.
El asunto está dentro del movimiento porque el movimiento cree que hay un adentro y un afuera y saben qué, no lo hay, somos todos peronistas, todos en mayor o menor medida tomamos esa opción "Por el Peronismo". Porque el peronismo nos subyasce, nos preexiste, como el tango, aunque no nos guste.
Es crucial que se ponga en discusión todo esto como se discutía a finales de los sesentas, los problemas son los mismos, son históricos, por eso es vital repasar la historia.

A 43 años de la muerte de Vandor III

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Nuestra opción por el peronismo

El presente trabajo forma parte de un informe de la Regional Mendoza del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, redactado por el Pbro. Rolando Concatti. CyR ha estimado útil y necesario contribuir a ampliar su difusión hecha originalmente en forma de pequeño libro. Creemos que no es casual la aparición de este trabajo en estos momentos de definición y de reanudación de la polémica ideológica dentro del campo revolucionario. Luego de un período dominado por la justa consigna de “unidad en la lucha”, que contribuyó a afianzar el conjunto de dicho campo deslindando en los hechos las fuerzas y organizaciones auténticamente revolucionarias de las expresiones de mero verbalismo, diversas manifestaciones, provenientes principalmente de la izquierda revolucionaria, han vuelto a poner en el tapete de la discusión ideológica el papel del peronismo. Aspectos importantes del resurgimiento de esta problemática han sido el reportaje en que las F.A.R. explicaron su adhesión al peronismo (CyR N° 28), y la conferencia de prensa convocada por el E.R.P. en Córdoba en junio de este año, como así también un reportaje efectuado por Prensa Latina a las F.A.L. a principios de año, donde ambas organizaciones ratifican sus críticas al carácter no revolucionario del peronismo como movimiento histórico, aunque excluyendo de esa caracterización a sus formaciones armadas. Sin embargo, el hecho de que estas últimas organizaciones integran su accionar dentro del peronismo como movimiento, replantea a la izquierda el problema en el terreno ideológico.
Paralelamente, la misma problemática se presenta a numerosos militantes “indecisos”, como se menciona en la introducción de este documento, que se han incorporado en los últimos años al campo revolucionario sin adoptar una identificación política precisa, pero que están empezando a sentir la urgencia de la misma.
Pensamos, por lo tanto, que esta necesidad de definiciones no es casual y que responde al afianzamiento creciente de las fuerzas de la revolución, constituidas hasta ahora por distintos grupos surgidos autónomamente al calor de la lucha, pero que ha medida que ésta avanza perciben con claridad la necesidad de proceder paulatinamente, aunque sin impaciencias, a una unidad orgánica que permita la adecuación a las exigencias que ese mismo avance crea.
Entendemos que este renacimiento de la polémica ideológica, en la medida que se la entienda como crítica de la revolución dentro de la revolución, es necesaria y por lo tanto beneficiosa, ya que contribuirá al esclarecimiento político y repercutirá beneficiosamente en la unidad orgánica que reclama el avance de la revolución.
Este trabajo constituye un importante aporte a esta discusión aún no acabada y reviste particular interés por provenir de uno de los sectores independientes más relevantes urgidos por la necesidad de una definición política concreta, como es el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Transcribimos aquí la primera parte y completaremos su publicación en el próximo número. Por razones cíe espacio nos hemos visto obligados a excluir el capitulo II, pero entendemos que ello no afecta la unidad del documento.

  • Introducción
  • A continuación desarrollamos lo que creemos es el pensamiento mayoritario en el Movimiento. Es un resumen y un “muestreo” de las motivaciones más repetidas Pero es evidente que no constituye una doctrina elaborada, con resultados rotundos y definitivos. Son tan sólo las pistas que nos parecen más ciertas en medio de la maraña oscura de lo real; y los caminos para un compromiso eficaz en el proceso revolucionario.
    Destaquemos tres cosas que con frecuencia se olvidan:
    1. – El Peronismo no es para nadie que sea lúcido y honesto, “la maravilla de los siglos”. Importa tanto como discernir sus valores, apuntar sus defectos, que son muchos. Lo único que nos negamos es a repetir las mentiras gorilas o las exigencias “puristas” de los que nunca acaban de comprometerse o exigen que la realidad se adecúe a sus proyectos sin oscuridades. Y afirmamos que las cosas dé verdad serias y exigentes, sólo se entienden de algún modo “desde adentro”. Los “espectadores” se equivocan siempre
    2. – La decisión por valorar y de algún modo asumir el peronismo nace de la voluntad de acabar con tantos “preámbulos” y dilaciones de nuestro compromiso político. Se trata de discernir “hoy y para hoy” el camino por el que pasa —no en términos ideales sino en términos reales— el proceso y el futuro revolucionario, interrogando y valorando al máximo a las masas trabajadoras, sus certidumbres sus fidelidades. Después de tanto hablar del pueblo se trata esta vez de escucharlo. Y lo mismo de las fuerzas nuevas universitarias, profesionales, “paramilitares” incluso— que se comprometen en serio y cuya orientación general hacia el peronismo parece incuestionable.
    3. – Las disyuntivas para quienes quieren participar realmente en un movimiento de cambio radical no son sino dos: o formar un grupo nuevo, sólido sin fisuras —”el partido revolucionario” – a cuyo esclarecimiento y fidelidad las masas se irán plegando. O intentar identificarse con las certidumbres del pueblo allí donde haya llegado a su grado más alto de esclarecimiento y combatividad para desde allí intentar profundizar, radicalizar, proyectar las energías revolucionarias del propio pueblo. Obviamente, nosotros optamos por la segunda; conscientes de sus dificultades y sus enigmas. Pero convencidos que la primera no tiene en su favor sino una “claridad de pizarrón” y algún texto de ideólogo prestigioso. Y en su contra, las mil veces que grupitos de izquierda creyeron cambiar el mundo fundando el partido revolucionario”, para formar sólo “el partido de la frustración”: porque las masas los ignoraron y los olvidaron antes casi que nacieran 4. – Este trabajo sólo quiere ser un esquema para la discusión, no una formulación terminada. Sólo pretendemos ordenar el material para una profundización, evitando las confusiones que otorgan la misma validez a razones diferentes, o prolonga inconscientemente reflejos sentimentales Por otra parte, el “horizonte” al que se refiere el trabajo son los militantes que. como los Curas para el Tercer Mundo, han superado ya las burdas razones del antiperonismo gorila, pero no alcanzan a discernir a fondo el camino de un compromiso serio con el Pueblo a través del Peronismo. Pensamos que este tipo de militante “indeciso” no se da sólo entre el clero progresista sino entre amplios grupos de nuestra juventud y nuestros mejores activistas. Si a ellos sirviera para la discusión y la decisión nos consideraríamos ampliamente compensados.

  • Las razones decisivas
  • Tres nos parecen en resumen las razones en favor del Peronismo:
    1) La opción por el Peronismo no es opción por un partido político, sino opción entre fuerzas sociales.
    2) El Peronismo es un Movimiento.
    3) El Peronismo es el más alto nivel de conciencia y combatividad a que llegó la clase trabajadora argentina.
    1 — La opción por el peronismo no es opción por un partido político, sino opción entre fuerzas sociales.
    — El sistema intenta “reducir” el peronismo a un partido político. Plantea así un falso dilema. Primero porque identifica el peronismo con cualquiera de los otros partidos liberales: lo cual es falso Y segundo porque mantiene así la perspectiva eleccionaria “democrática”, como último muro de contención al proceso revolucionario. El sistema sabe que el gobierno en manos de políticos es difuso, con influencias que se entreveran y se anulan. La lucha partidaria, distrae, aleja de la lucha de clases.
    Reducido a mero partido político, integrado al sistema, se liquida la posibilidad de que el Peronismo lidere la verdadera revolución, y en consecuencia se anulan las espectativas y la fuerza histórica del proletariado.
    Por eso el “neoperonismo” o el “peronismo sin Perón” es nefasto. Porque anula todo un movimiento histórico “domesticándolo” en los carriles del partidismo, la participación, la dimisión.
    — El verdadero adema no se da pues entre partidos políticos, sino entre fuerzas sociales. El atontamiento radical, el único que interesa, es el que se da entre clases sociales, según la forma histórica concreta que asumen en un proceso determinado.
    La pregunta fundamental es pues: ¿Ouién representa, cómo se identifican concreta mente las clases sociales afrontadas en la Argentina? Y nadie podrá negar, si es honesto, que ese afrontamiento se llama
    en nuestro país, desde hace más de 25 años: peronismo y antiperonismo. Digamos al pasar que para los “escolásticos de la revolución”, los que han aprendido sabios artículos sobre las luchas de clases, estas afirmaciones les parecen “ambiguas” y terriblemente discutibles. Pero mientras esperan que la lucha de clases se defina con la nitidez de los recuadritos estudiados, la verdadera lucha, con sus mezclas, sus límites difusos, su polvareda turbia, pasa a su lado sin que la descubran ni la asuman.
    — En todas las etapas de la historia, las clases no han tomado conciencia de sí mismas de un modo teórico, sino identificándose con movimientos, con causas, con grupos concretos en los que han visto representarse sus intereses vitales o sus enemigos mortales Nadie puede negar que en la Argentina de un modo concreto, viviente, entendido por todo el mundo, el afrontamiento de pueblo y antipueblo, minoría privilegiada y mayoría desposeida, clase dominante y clase revolucionaria, se ha manifestado concretamente en el afrontamiento antiperonismo y peronismo.
    — Esto se ratifica cuando comprobamos que el dilema concreto está en asumir uno de los dos polos. Delante del conflicto peronismo-antiperonismo no se puede ser neutral. No podemos ponernos “por arriba” del conflicto —salvo en nuestros análisis de laboratorio—. El pueblo ha rechazado toda instancia intermedia, y los factores de dominación han aceptado cualquier tipo de componenda, salvo que el Peronismo en serio sobreviva y continúe su propio proceso, que irremediablemente será el de la clase trabajadora argentina. Esto no significa que todo lo que se llama peronista represente al proletariado y las fuerzas populares. Ya nos detendremos a considerar los “factores antiperonistas en el peronismo” Pero significa una evidencia —que ningún otro grupo ni movimiento puede pretender.
    El Peronismo es el nombre concreto y el movimiento indiscutido para designar la fuerza social revolucionaria por antonomasia; el proletariado, los sectores populares. Representa desde hace 25 años une de los sectores —el proletario— del afrontamiento social concreto
    — Concluyendo: el rol objetivo del Peronismo en la historia actual del país es representar al proletariado, lo nacional, lo popular de la Argentina. Aceptar este he dio histórico es el primer paso en un análisis objetivo y realista, y una razón fundamental para privilegiarlo en la opción.
    — Si quisiéramos comprobar esta afirmación de un modo indirecto, bastaría interrogarse ¿Quién, sino: representa, identifica, unifica la clase proletaria? ¿Ei Radicalismo del Pueblo o algún otro partido? ¿Los grupitos de ultra-izquierda —ellos lo creen…—? ¿Ese “pueblo-mito-mentira” que todos pretenden representar, desde los gorilas gobernantes hasta los fundadores de nuevos partidos, pero que nunca existe y sobre todo nunca se reconoce y manifiesta como ellos pretenden? Cualquiera de estas preguntas hacen sonreír. Porque la realidad es rotundo —nos guste o no—: el único signo objetivo y verificable para el pueblo mismo de su pertenencia consciente y combativa a la clase trabajadora: es su peronismo
    2— El peronismo es un movimiento
    1- El Peronismo ha insistido siempre en calificarse como “movimiento” y en no dejarse identificar ni reducir a la categoría de mero partido político. Hay aquí algo verídico que es preciso subrayar. Porque es cierto que la historia avanza a través de movimientos profundos, que encarnan las aspiraciones, las posibilidades y los desafíos de una época, y luchan por imponerlos contra las estructuras, los privilegios, el anquilosamiento de las etapas anteriores. Un movimiento no es real sino cuando “sale a la superficie” y se manifiesta en la conciencia explícita de vastos sectores; pero es una suerte de “iceberg”: lo que se ve es mucho menos que lo que permanece subyacente Y su fuerza está casualmente en ese nivel a veces escondido pero poderoso e incontenible. Un movimiento no es “histórico” si no coincide con las condiciones objetivas de su época; pero al mismo tiempo conserva raices tradicionales y anticipos del futuro.
    Nosotros creemos, p. ej. que el movimiento hacia el socialismo es el movimiento histórico de nuestro tiempo: porque se dan las condiciones históricas y culturales objetivas para realizarlo; pero pensamos también que continúa la larga y casi inmemorial historia de la liberación humana y. más concretamente, que prolonga el movimiento “democrático” de los últimos siglos. Pero afirmar que ei socialismo hoy no será verídico si no permanece “abierto” hacia el futuro, hacia nuevas etapas de la liberación y realización del hombre.
    — Un movimiento histórico sólo se reconoce y dinamiza cuando se estructura de algún modo en su dimensión visible: cuando se organiza y afirma en instituciones visibles y responsables. Una de esas estructuras es el partido político. Pero conviene distinguir.
    a) En el Partido Político suele haber un acuerdo claro de “plataformas” y principios —que a veces disimulan intereses de clases divergentes—; en el Movimiento hay un acuerdo profundo pero no siempre claro y explícito, que responde a la clase revolucionaria de la época
    b) Lo propio de un Partido Político es darse estructuras y caracterizarse con personajes “especializados” en lo político (y ambas cosas tienden a perpetuarse…). Un Movimiento es mas dinámico, desborda las estructuraciones, se reconoce en símbolos y personajes que lo lideran.
    c) El Partido Político pretende “representar” los intereses de ciertos sectores. El Movimiento no representa; es el desarrolle y el combate de un sector concreto de la sociedad.
    d) Un Partido Político es “fundado” por ciertas personalidades importantes. Un Movimiento no se funda por acuerdo entre figuras, sino que es la respuesta es espontánea de una clase ante determinados condicionamientos históricos.
    e) Un Movimiento necesita siempre una formulación expresa y una organización combativa; por eso tiende hacia el partido político que lo exprese y concentre sus energías. Pero es siempre mayor que el partido, lo desborda, y lo obliga a transformarse y adecuarse.
    El Partido Político —aún cuando ha sido fruto de un movimiento— tiende a “cristalizarse”, a monopolizar el movimiento, a encasillarlo y domesticarlo bajo los intereses de partido.
    Y cuando no es al fruto de un movimiento, sino un resultado “de laboratorio”, la conclusión “lógica” pero artificial de intelectuales al margen del Movimiento real, entonces naufraga en el irrealismo más platónico: quieren conducir la historia, pero permanecen “en su cueva”, fascinados con las sombras de una realidad que no tocan y que los ignora. Es la historia trágica —y a veces tragicómica— de muchos grupos de izquierda: adjudican a un proletariado ideal ciertos niveles teóricamente determinados y luego los toman como pautas para juzgar al movimiento obrero concreto. Y si este movimiento los contradice o los rechaza, o simplemente no los entiende, escupen sobre el Movimiento todos sus despechos, y lo acusan de “alienante”, de frenador, de “sometido a la burguesía”. Es la triste historia entre nosotros del Partido Comunista y los Partidos Socialistas, que hoy reeditan los P.C.R.. los P.R.T.. los P.B.P…. y toda la jungla de siglas izquierdistas
    2.-¿Es el Peronismo un Movimiento? Nosotros pensamos que si. y que la explicación de su sobrevivencia y de su fuerza actual, viviente a pesar de un asedio de 15 años, sólo puede encontrarse en el hecho de que es el verdadero movimiento de las masas argentinas. — El Peronismo ha retomado y ha formulado en términos contemporáneos la lucha histórica del Movimiento Nacional. Sin caer en la crispación nostálgica e inmóvil de los nacionalismos de derecha.
    ha sabido retomar las banderas nacionales de los grandes caudillos, pero sin folklore y sin romanticismos; afrontando a los términos actuales de la lucha nacional: la dependencia en todas sus formas; la lucha antiimperialista como primer meta.
    En una Argentina dependiente estructuralmente hasta en sus menores detalles, despolitizada por decenios de proscripción, aturdida por la alienación extranjerizante de sus dirigentes y sus intelectuales. Perón y el peronismo despertaron a nivel de las masas la pasión nacional, formulada en términos contemporáneos. “O Braden o Perón”: un simple slogan — “ambiguo” y “demagógico” según los profesores de la izquierda…— Pero mucho más que eso: el despertar nacional de un pueblo; el audaz y lúcido enfrentamiento al “Señor” que acababa de ganar la guerra —15 años antes que las revoluciones del tercer mundo estallaran en cadena—; la denuncia y el combate contra el imperialismo actual. — El estudio objetivo y estadístico de lo realizado por Perón en defensa de lo nacional es concluyente. Si hubo errores, los aciertos los superan de un modo aplastante.
    Pero lo que cuenta es el cambio de conciencia a nivel del pueblo, las certidumbres y las energías que se despertaron. La Soberanía Política y la Independencia Económica no fueron sólo dos frases declamatorias sino dos auténticas “banderas”.
    “que el pueblo sintió como suyas y a las que los cambios estructurales lucharon por imponer.
    — El Peronismo también asumió y actualizó el Movimiento Democrático. Las masas, que habían presentido con Yrigoyen lo que podría ser una democracia popular, recién la vivieron auténticamente con Perón.
    A pesar de las declaraciones formales de la Constitución y ciertas leyes, el movimiento democrático estaba voluntariamente impedido en el país. Recordemos que recién en 1880 se completó la integración del país como unidad nacional, pero ya dentro de los moldes impuestos por la complementación semicolonial con el imperialismo inglés. Así fue como la burguesía comercial y terrateniente nunca aplicó el sistema democrático (y sí el liberalismo económico) y buscó suprimirlo las dos veces que funcionó, por medio de los golpes reaccionarios de 1930 y 1955. Recordemos que históricamente el liberalismo económico ha sido el lado oscuro, la parte negativa de la gran revolución democrática que crea el mundo moderno. Los países semi-coloniales como la Argentina, fueron obligados a aceptar la estructura económica liberal sin su correspondiente revolución democrática, y a permanecer políticamente en una especie de feudalismo de hecho, que iba desde los caudillos pueblerinos hasta el paternalismo aristocrático y despectivo de los grandes “capos” de la política, que se repartían votos y feudos.
    Para entender el Peronismo históricamente es indispensable comprender que debió realizar en la Argentina la revolución democrática-liberal, sin la cual no se avanza históricamente hacia pasos más avanzados de la democracia social. Muchas de las objeciones “librescas” de la actualidad minorizan ese hecho fundamental.
    A partir de 1945 el país realizó por primera vez y bajo el liderazgo de Perón, su proceso democrático. Muchos izquierdistas actuales, que leen y repiten las elucubraciones europeas para europeos, se escandalizan del “pluriclasismo” original del peronismo. Y olvidan que lo que el Peronismo núcleo originariamente fueron los grupos con vocación democrática, largamente frustrados. — El pueblo argentino supo que la democracia, el ejercicio de la voluntad popular era posible, y era respetado: recién con el peronismo.
    Y no se trata sólo de las “elecciones limpias”; se trata de la experiencia triunfal del respeto a la voluntad mayoritaria; el ejercicio vivido de la igualdad y dignidad de todos.
    Yendo más lejos aún, el peronismo introdujo la experiencia —entonces casi insólita— de la igualdad social y política de la mujer con el hombre. No sólo en el voto femenino, sino en las múltiples incidencias de la figura de Eva Perón, el Peronismo introdujo esa “segunda revolución democrática” como se ha llamado al gran tema contemporáneo de la lucha por una igualdad real del hombre y la mujer
    Frustrada sistemáticamente desde la caída de Perón, proscripta con desfachatez en todos los casos que se jugó la parodia eleccionaria, la experiencia democrática del pueblo argentino conoce con el Peronismo la única etapa en que se ejerció auténticamente.
    Fuera del período peronista, la voluntad del pueblo ha sido evitada con terror y amordazada sin escrúpulos. Por eso el Peronismo continúa siendo no sólo la experiencia democrática más auténtica de nuestra historia, sino el Movimiento Democrático comprendido y apoyado por los sectores populares. El Peronismo es para el argentino medio, y sobre todo para el proletariado, la expresión concreta del Movimiento democrático.
    3.-El movimiento democrático contemporáneo, implica sin embargo otras notas que las que pudo darle la “democracia representativa”.
    La historia enseña que la democracia liberal es un paso insustituible de un proceso evolutivo, pero que se contradice a si misma cuando se reduce a ser “la comedia de la representatividad”, y cuando no está al servicio de los pasos audaces y severos que el proceso mismo exige. Más aún: la democracia no puede ser ‘neutral”, no puede estar al margen de la lucha de clases: porque entonces sólo favorece al “status quo”, los privilegios y la inmovilidad social. El gran desafío contemporáneo es instaurar una democracia social, cuyo objetivo no sea ‘la igualdad ante las urnas”, sino “la igualdad ante la vida” en todos sus aspectos: económico, cultural, político. En consecuencia no puede ser sino una democracia militante, definida en el objetivo de un combate severo y permanente contra la clase social dominante, que debe ser derrotada.
    Una democracia adulta no es pues esa apariencia hipócrita de las llamadas democracias occidentales. Es el ejercicio de la democracia —la igualdad, la participación, la libertad— en el interior de un combate y de un proyecto social que no se considera falsamente como ya instaurado, sino a conquistar y consolidar. —Nadie puede negar que el Peronismo fue en ese sentido paso decisivo y premonitorio.
    Para gran escándalo de los dominantes, pero para gran bien del pueblo, no fue una democracia de finuras cortesanas, sino una democracia al servicio del pueblo. Por primera vez el pueblo —entendido concretamente como el proletariado— no fue sólo el sostén eleccionario del poder, sino el destinatario del proyecto social para el cual se ejercía el poder. Es preciso no caer en idealizaciones y pensar que todo estaba prodigiosamente bien. Las contradicciones del Peronismo aparecieron justamente en este terreno. Pero para lo que interesa en este punto, el Peronismo es en la experiencia del pueblo la única manifestación auténtica del Movimiento Democrático que anima nuestro tiempo: y no sólo en su primera etapa liberal, que hizo transitar, sino en sus etapas de democracia social y militante que constituye el desafío y el combate de nuestro tiempo. —Lo que las clases gorilas temen mortalmente, cuando se plantean el peronismo, no es sólo su fuerza masiva, sino esa experiencia de orientación socialmente de unidad, combativa, clasista, que no puede sino barrer con la Argentina liberal que el gorilaje representa. 4 — El Peronismo dio fuerza, identidad y triunfo al movimiento proletario. Es obvio que Perón no creo el proletariado, pero fue quien lo unificó, le trazó objetivos, lo lideró en conquistas fundamentales. Y esto que constituye en cualquier país y en cualquier historia un hecho capital, lo es más en la Argentina. Ciertamente las condiciones objetivas estaban dadas. La naciente y vertiginosa concentración industrial creaba una masa trabajadora nueva y potencialmente fuerte. Pero fue el Peronismo quien le hizo cobrar conciencia de sí misma, de sus derechos, de su enorme fuerza. Y esto está grabado en el alma de los trabajadores argentinos.
    Hasta entonces, los movimientos obreros se habían frustrado en los sobresaltos anarquistas, en el gremialismo mendicante, o en los izquierdismos sin arraigo. El peronismo organiza la clase trabajadora.
    Tampoco acá, probablemente, las cosas se hicieron con la perfección de los manuales; como todo lo que se hace realmente en la historia. Pero el Peronismo instituyó definitivamente en la mecánica social argentina la clase obrera organizada.
    La C.G.T. nacional y todas sus múltiples ramificaciones constituyen sin ninguna duda uno de los factores que identificaron a la Argentina con los países socialmente revolucionarios . y que han hecho de nuestro país un “fenómeno” sin comparación en América Latina ni en todo el Tercer Mundo. — Hoy en día es ampliamente conocido
    —y abusivamente utilizado…— el hecho de la venalidad y la traición de lo que se llama “la burocracia sindical”. Pero esa misma corrupción de los dirigentes que algunos enfatizan como si fuera la corrupción de los trabajadores todos, prueba exactamente lo contrario. Sólo una clase trabajadora organizada, consciente de sus derechos, libre de ingenuidades puede subsistir y aún imponerse a los dirigentes que la traicionan Con dirigentes honestos y consagrados, la clase trabajadora fue burlada siempre antes de Perón. Con dirigentes corruptos y traidores la clase trabajadora no ha podido ser totalmente burlada nunca después de Perón. Y esto prueba que cuando un pueblo ha adquirido algo decisivo de una vez para siempre, ni aun los que desde adentro lo traicionan pueden hacerlo dimitir.
    5. – Dos notas nos parece importante subrayar:
    1) El Movimiento Obrero argentino es peronista; su cohesión y su sobrevivencia le viene de su peronismo. Lo saben los que han querido dividirlo, crear sindicalismo no peronista, meter cuñas indefinidas.
    Durante 16 años el régimen no ha intentado otra cosa que “desperonizar” el gremialismo. Los diferentes regímenes han aceptado pactar cualquier cosa con tal que los trabajadores renunciaran a su identificación , peronista.
    Pero la clase trabajadora no ha cedido, con esa tenacidad y esa resolución que hace la fuerza de los pobres, nacida de mucha experiencia dura y de mucho “olfato” elemental pero infalible.
    2) El Movimiento Obrero peronista tiene una clara conciencia de su fuerza política y una decidida voluntad de influir políticamente.
    Esto es escandaloso para los ingenuos o los cínicos que pretenden un” gremialismo “despolitizado”. Pero los que saben algo de la historia contemporánea saben hasta dónde es fundamental que la clase trabajadora de un país sea lo que tenga una voluntad de participación política esclarecida. Y más aún. sin caer en falsas exageraciones, es preciso reconocer que la única política no alienante de los últimos tres lustros la ha ejercido la clase trabajadora peronista. Esta política ha sido casi siempre la de oponerse, negarse a las múltiples salidas tramposas, resistirse. Pero era la única posible y la única realista. Desde la caída de Perón, la verdadera política, la que se interesa en un proceso revolucionario real, ha estado proscripta, condenada a ¡a clandestinidad, a la resistencia.
    La historia juzgará en el futuro nuestro tiempo.
    Y, sin lugar a dudas, dirá la importancia política del movimiento obrero peronista en este período de reacción y de esfuerzos desesperados por reintegrar la Argentina al liberalismo económico, al sometimiento imperialista, a la “normalidad” burguesa.
    Esa conciencia y militancia política del Movimiento Obrero, será, apreciada como un signo de que con el Peronismo la Argentina ha coincidido con el Movimiento Proletario, el Movimiento de la Clase Revolucionaria tal como se plantea en términos contemporáneos. 6.-Concluyendo: Nos parece que el Peronismo es un Movimiento real, porque ha
    asumido y ha planteado en términos contemporáneos las tres vertientes de las que se nutre un verdadero Movimiento histórico: el Movimiento Nacional, el Movimiento Democrático y el Movimiento Proletario.
    3 — El peronismo es el más alto nivel de conciencia y combatividad a que llegó la clase trabajadora argentina.
    1. – Pocas evidencias son tan claras como ésta. Pero es preciso entenderse. Nadie puede afirmar que sea la máxima conciencia que podía alcanzar el proletariado —y en ese sentido hay que reconocer una deficiencia que luego analizaremos—. Es la constatación de un hecho, y en este caso decisivo porque designa el grado de conciencia y lucha de la masa trabajadora.
    La masa proletaria ya existia y se acrecentaba rápidamente, pero tenía una conciencia difusa y una presencia insignificante. Con Perón irrumpe en escena; se descubre enorme, temida, poderosa. Cobra una conciencia experimental de su valor y su poder; de sus derechos y de los modos de conquistarlos. El “aluvión zoológico” —como lo llamó con desprecio un hombre de izquierda: Ghioldi— se descubre “clase trabajadora”, identificada en sus aspiraciones y sus objetivos, capaz de romper los moldes explotadores en que se la somete. — Para comprender esto es preciso distinguir entre la conciencia teórica —que sólo es posible a un nivel y en un lenguaje intelectual— y la conciencia experimental, que nace como fruto de algo vivido y compartido, hecho vivencia antes que concepto.
    Igualmente es preciso distinguir la conciencia individual, hecho privado y solitario, de la conciencia colectiva, hecho masivo y comunitario. La clase trabajadora ha tenido siempre personalidades lúcidas; pero eso no basta para hacer la conciencia de toda una clase, y sobre todo para movilizarla hacia objetivos combativos y colectivos. El grado de adultez política del proletariado de un país, en este sentido, no se manifiesta por las declaraciones o las actitudes de algún dirigente obrero o de un grupo reducido, sino por la solidaridad y la unidad con que se puede contar a toda la masa trabajadora.
    Esa unidad real y poderosa sólo la consiguió el Peronismo —aunque los gorilas la llamen “demagógica” y los izquierdistas “alienante”…
    Lo importante, por último, es saber que esa conciencia colectiva, que moviliza a las masas, es la que decide y construye la historia.
    — Además es preciso subrayar un aspecto que hoy se confunde cuando se habla de conciencia o “concientización”. Para muchos de los activistas contemporáneos, “conciencia” es equivalente a indignación, repudio al sistema, rebeldía total. Y eso, si es parcialmente cierto, es enormemente peligroso. A nivel de la gente explotada, fatalmente
    entrampada, esto tiende a reducirse en una pura conciencia de frustración, en una exasperación amarga y en definitiva en una resignación fatalista. Lo que contribuye al triunfo perfecto del sistema: que quiere postrarnos en la aceptación de que “nada puede cambiar”. En el fondo, esto no es sino proyectar al pueblo la “conciencia angustiada” de la pequeña burguesía.
    — La verdadera “concientización”, la que constituye un paso de certidumbre indestructible, es la que implica una conciencia triunfal, una experiencia vivida de que las condiciones que se padecen son superables y superadas.
    Más que los discursos sabios que no entienden, lo que “desaliena” a las masas es la experiencia victoriosa de destrozar las alienaciones. Lo que convence que los dominantes no son todopoderosos y tienen pies de barro, es verlos temblar y retroceder. Lo que desfataliza la mirada sobre la vida es comprobar que las fatalidades heredades son vencidas. Y es aquí donde el Peronismo fue y continúa siendo el punto más alto de triunfo y por lo tanto de conciencia colectiva del pueblo trabajador, Por eso su fidelidad sin claudicaciones a un período y a un movimiento que les mostró que se puede y se debe vivir de pie. 2, – Dos hechos más, capitales, son a destacar:
    a) Perón dio UNA IDENTIDAD a las masas, qué se reconocieron y se identificaron en el Peronismo.
    Los grandes pasos históricos no se dan por una coincidencia exterior y circunstancial de los individuos concernidos, sino por su identificación profunda, permanente, total.
    Por eso las grandes masas, el pueblo real, necesita de signos, de consignas, de líderes, que galvanizan las certidumbres y las voluntades y construyen un lenguaje vital y comprensible, compartido por todos, inequívoco, fiel. No en vano para el pueblo trabajador el peronismo, lo que ellos llaman “la fidelidad a Perón”, es la piedra de toque que identifica o separa. Porque el Peronismo sigue siendo la identidad vivida de las masas.
    b) Perón dio EL EJERCICIO DEL PODER. ese poder que el pueblo posee virtual-mente pero que siempre le ha sido frustrado
    De un modo confuso pero real, mucho más auténtico y democrático que la mentirosa “democracia representativa”, el pueble participó, decidió, defendió los pasos de un gobierno que supo suyo y para él. Y este hecho no se borra de la conciencia de las masas La invencible “nostalgia peronista” de los más grandes sectores del pueblo, no es el sueño de un paraíso perdido, sino la vocación profunda a proseguir aquella experiencia en la que el pueblo no estuvo marginado sino profundamente presente, ejerciendo toda la fuerza de su poder. 3.-La combatividad del proletariado peronista también es innegable. Sin la organización adecuada, librado casi siempre a la espontaneidad de sus intuiciones, supo generar un 17 de Octubre —que sigue siendo el triunfo mayor del proletariado argentino—, y supo estar presente cuando se lo convocó
    Si esa combatividad se aturdió o fue despistada en los últimos días peronistas, todos sabemos de qué modo hubiera estado en la calle si Perón la convocaba.
    — Después del golpe reaccionario del 55, cuando se prolongó esa larga y feroz represión gorila, el pueblo supo organizar y mantener la resistencia peronista, un capítulo desconocido y ocultado de la historia argentina, pero que en el futuro será respetado como uno de los más heroicos En las tomas de fábricas, en las manifestaciones antigorilas, en los “caños” al precio de la vida, el Peronismo resistió, hostigó, acabó esterilizando y desorientando la ola del liberalismo en retorno. Sólo la combatividad del pueblo peronista frenó y finalmente fracturó la restauración reaccionaria.
    Se creía que con alejar a Perón, el pueblo “embaucado”, confundido por la “demagogia”, acabaría cambiando. Pero no cambió, y obligó a cambiar personajes y tácticas a la reacción cada vez más exasperada.
    Y cuando fue invitado a las trampas eleccionarias, supo también resistir, inundando las urnas con sus votos en blanco, con sus “no” rotundos. O eligiendo, con una disciplina que bien envidiarían los aceitados partidos de otras partes, al candidato que en definitiva creaba más problemas y aceleraba las contradicciones del régimen.
    — Tomando colectivamente, en los grandes momentos en que se lo solicitó, el pueblo peronista ha revelado una combatividad que jamás tuvo antes el proletariado argentino, y que no conoce ningún otro pueblo de América Latina o del Tercer Mundo
    Y cuando esa combatividad ha debido tomar los caminos clandestinos y definida-mente militares de la actualidad, el Peronismo ha puesto los militantes más arraigados en el pueblo, y ha inspirado a la mayoría de los movimientos que operan

  • Los defectos del peronismo
  • Es preciso ser totalmente honestos, y en ese sentido no se puede pretender que el peronismo carezca de-defectos, algunos de ellos profundos.
    No se trata de descalificarlo por ellos, como hacen los “puristas” de derecha o izquierda. Se trata de detectarlos, porque la opción por el peronismo supone la certidumbre de que el Movimiento es capaz de superar sus propias deficiencias; que éstas no son intrínsecas al mismo —como pretenden sus detractores—. y que el futuro necesita un movimiento criticamente renovado y preparado.
    — Más que de defectos, quizás habría que hablar de errores, de esas deficiencias que todo proceso no puede sino arrastrar, casualmente porque no es un paraíso caído del cielo, sino un proyecto humano, circunstanciado históricamente, condicionado por mil factores.
    — Lo misión del Peronismo es histórica y no providencial. Hasta ahora le ha correspondido el rol —y la responsabilidad-de ser el eje del esfuerzo liberador o si no sabe plantearse críticamente sus carencias, las imperfecciones que pueden traicionarlo, entonces continuará indefinido, cobijando tendencias ambiguas. Y entonces también, más tarde o más pronto, otras formaciones vendrán a reemplazar su vocación abdicada.
    Nos parece que se puede subrayar, a grandes rasgos:

  • 1 — La ausencia de una ideología
  • El concepto de ideología es en el fondo vago y discutido. Pero aquí lo entendemos como “Teoría y proyecto revolucionario” Y en ese sentido supone una mirada de todo el proceso histórico, sus condicionamientos, sus factores de desarrollo La ideología supone el desciframiento de las luchas de clases, para no intentar perpetuar un aparente entendimiento que no es sino ilusión.
    Supone también un proyecto final”, un objetivo último, que no se puede imponer en un instante, pero que da sentido a todo combate.
    1.-El Peronismo se integró, sin duda, a un proceso histórico, cuyo movimiento profundo asumió. Pero no explícito la conciencia y la teoría de esa realidad, que permitiera al pueblo todo comprender que no se participaba sola de una empresa de justicia y reivindicación, sino de una lucha histórica y profunda, que no es en el fondo sino la lucha inmemorial del hombre por su liberación y por su humanización total.
    — El Peronismo asumió y prácticamente constituyó el movimiento proletario, pero no explícito definitivamente la certidumbre de que la clase obrera es la única revolucionaria, Ja autora, y la destinataria de una revolución que no puede compartir.
    Sólo un análisis ideológico riguroso puede convencer de que la lucha de clases no es un invento de manuales, sino el diagnóstico y el factor que mueve la historia. Y la mala utilización de los falsos revolucionarios de izquierda, no exime de este análisis y de su aplicación sistemática
    — El Peronismo implicó una socialización de hecho, pero también aquí por falta da análisis y rigor ideológico no explícito el proyecto socialista que debe estar expreso en una revolución contemporánea; y su consecuente condena y negación del capitalismo, en todas sus formas y disfraces. El Peronismo vehículo una con- ¦ ciencia anticapitalista de hecho —en el proletariado—, pero por falta de rigor ideológico dejó intocadas las más profundas estructuras capitalistas de la sociedad.
    2. – Perón fue un pragmático, un político genial pero en gran medida empírico. Siempre actuó teniendo en cuenta primor-dialmente la fuerza’ más poderosa de cada momento, la presión más importante la mayor exigencia de los acontecimientos.
    Esto no es una critica: todo conductor político tiene que cumplir esa tarea. Y Perón fue fiel a la fuerza objetivamente más importante: el proletariado. Su enorme mérito es haber interpretado y servido al proletariado —como más arriba hemos expuesto largamente. Pero el líder, el estratega, el político que conduce a los triunfos concretos, no es casi nunca el mejor analista, el ideólogo más profundo.
    Un conductor providencial tiende a confundir sus maniobras geniales y sus aciertos rotundos como una interpretación y un análisis genial y profundo.
    Para no citar sino un ejemplo. Del acierto táctico y fecundo de la “tercera posición” —que es una postura política sagaz— no se puede inducir una tercera posición ideológica, una imposible alternativa intermedia entre el capitalismo’ y el socialismo.
    En este sentido, hay que decirlo, la enorme figura de Perón ha sido a la vez la fuerza y la debilidad del peronismo.
    3. – La doctrina nacional, o doctrina peronista, con sus tres principios de independencia económica, soberanía política y justicia social, no as una teoría revolucionaria del proletariado, sino la plataforma de lucha que correspondía a todas las clases progresistas que pujaban por transformar el país en esa etapa de la historia. El Peronismo no transmitió al proletariado argentino, pues, una teoría revoluciona, sino que lo cohesionó en una doctrina de carácter nacional, en la que coincidían otros sectores bien diferentes.
    — Este permitió que, al menos al principio, coexistieran, dentro del peronismo, sectores que representaban intereses e ideologías implícitas divergentes (el proletariado y la burguesía industrial, por ejemplo).
    Esta unidad en la diversidad necesaria al principio se va a prolongar cuando, como vimos, los intereses son ya claramente contrapuestos, y las implicancias ideológicas dejan de estar silenciadas para hacerse manifiestas y exigir definiciones.
    4. – Y el Peronismo podía y debía esclarecerse ideológicamente. Porque tuvo la chance de interpretar un movimiento realmente revolucionario y proletario.
    Las ¡Geologías desconfiables son las que se elaboran en la soledad abstracta de los gabinetes. Pero el peronismo no tenía sino que interpretar a fondo, radicalmente, el proceso que estaba transitando, para encontrar las pistas ideológicas fundamentales. Con la enorme fuerza y ventaja de elaborarlas desde las certidumbres vividas, y en ese diálogo viviente con las masas participando lúcidamente del proceso.
    El gran desafío para toda revolución auténticamente trascendente, es unir el movimiento de masas con la teoría revolucionaria. Liberar el enorme poder de transformación del proletariado, su fuerza incontenible; pero esclarecerlo al mismo tiempo para que se proyecte a una liberación total.
    — Esta deficiencia era quizá irremediable. Los pensadores que pudieron ilustrar al movimiento estaban ajenos al mismo, espectadores o testigos estupefactos de un proceso que no entendían, o del cual sólo captaban los aspectos exteriores, la cascara discutible. La gran falla no ha sido aquí del peronismo mismo, sino de los hombres que debían poner su inteligencia al servicio del movimiento popular, y prefirieron el descompromiso y la neutralidad académica. También influyó, claro está, el triunfo fácil y amplio, que permitió a muchos seu-dos dirigentes identificar el peronismo a fórmulas simplistas y superficiales y, sobre todo, negar una actitud crítica y una elaboración creativa, que el movimiento necesitaba vitalmente.
    5. – De todos modos, el peronismo en su proceso y Perón en sus discursos han sembrado largamente la semilla de una ideología coherente y revolucionaria.
    No es aquí el lugar, pero una de las cosas que se pueden y se deben hacer es discernir los elementos de profundo contenido ideológico, clasista, combativo, que el peronismo ha inducido en el proletariado.
    Es esa una tarea para las actuales generaciones. Y un servicio a todo el movimiento revolucionario, que descubrirá cómo al pueblo argentino no hay que enseñarle todo, sino apoyarlo en sus certidumbres más arraigadas, y aclarar las ambigüedades que pesan sobre otras. 6. – Concluyendo: La ideología del movimiento no estuvo ni está a la altura del rol subjetivo que el movimiento cumple en el seno de la sociedad argentina, como eje natural del proceso revolucionario.

  • 2 — Una organización equivoca
  • 1 – Todo movimiento, si quiere prolongarse y llevar a cabo sus designios debe contar con una organización adecuada. No se trata de caer en la subordinación precipitada del partido político, más aún si éste es de tipo liberal. Pero en el combate complejo y prolongado de una revolución, el éxito se juega en gran parte en la eficacia de esa organización
    Una verdadera Política Revolucionaria supone la unidad y eficacia de Teoría. Organización y Métodos de lucha.
    Perón enfrentó con lucidez la necesidad de una organización, pero los resultados son bien discutibles.
    2. – En el orden sindical. Perón organizó el movimiento obrero, con una estructura de innegable eficacia para la época. La C.G.T. unida fue el brazo organizado del proletariado, y su solidez ha sido probada incluso por los largos años de represión y persecución posteriores En el período peronista constituyó un factor político determinante, y el órgano más fiel con que contó el proletariado Como todas las estructuras peronistas, estuvo influida por la facilidad del éxito y por la autoridad del líder, que obvió a muchos dirigentes el paso duro y realista de foguearse en lucha y ser juzgados realmente por sus camaradas.
    Muchos “blandos” y muchos arribistas poblaron las jerarquías cegetistas, pero, de todos modos, la validez y la eficacia de la organización obrera no puede ser discutida.
    Este fue el aspecto válido, eficiente, coherente de la organización peronista. 3.-En lo que se llamó el Partido Justicia-lista, las cosas fueron bien distintas. Por razones difíciles de discernir, el peronismo fue lugar de merodeo para personajes bien contrarios al Movimiento Es preciso comprender las circunstancias:
    a) El peronismo nace prácticamente el 17 de octubre y triunfa electoralmente el 24 de febrero de 1946. En un plazo increíblemente breve, instantáneo, se pasa de la formulación al triunfo.
    Y el peronismo —paradójicamente— padecerá siempre, será víctima de su propio éxito instantáneo, que lo hizo saltar etapas e ignorar la purificación, el fogueo y la experiencia que solamente la lucha prolongada otorga.
    b) Fue imprescindible al comienzo improvisar en muchos órdenes, comenzando por la designación de los candidatos. El estudio de los antecedentes y los intereses que representaban muchos de ellos es sorprendente.
    Para cumplir con los requisitos de la democracia liberal, el peronismo tuvo que ir de la mano de hombres que, en muchos casos eran absolutamente inferiores al Movimiento. Pero que desde el momento en que fueron investidos con un cargo se atribuyeron la representatividad del movimiento.
    Y en muchos casos, en vez de aprender modestamente lo que el movimiento les enseñaba, pretendieron atribuir al movimiento lo que no eran sino sus ideas mediocres.
    c) La facilidad del primer triunfo y de los siguientes, acunaron un verticalismo sin matices y una comodidad confortable en la genialidad y la presunta infalibilidad del líder – ¡que algunos presumían su propia genialidad!
    Más que una autocrítica severa, un desarrollo ideológico en profundidad, la implantación de una trama partidaria exigente o la aparición de personalidades creadoras y dignas de respeto, la burocracia partidaria fomentó la alabanza sin crítica, la vaguedad ideológica, el arribismo partidario y la perpetuación en su seno de personajes sin ningún valor. No interesa aquí marcar a los “culpables”. Interesa el hecho, la fragilidad institucional del peronismo, sus riesgos no sólo externos sino interiores a él mismo.
    En reflejos típicos de los mediocres, muchos asumieron la defensa de sus intereses, pretendiendo que defendían la “ortodoxia” peronista y la fidelidad al Jefe. Crearon, así. un sistema e exclusiones que contradecir la tendencia del Movimiento a integrar a los nuevos grupos o personalidades que podían incorporarse y renovar las filas. Por obra y gracia de muchos advenedizos que se pretendieron peronistas de la primer hora, un movimiento que era la juventud de la historia no incorporó sino muy relativamente a la juventud, y atribuyó tareas menores a los dirigentes juveniles.
    El paternalismo y la perpetuación típica de los viejos partidos infectó en parte al Partido Justicialista.
    4. – En el Partido tuvieron cabida los representantes de los sectores sólo transitoriamente interesados en la cruzada nacional y popular del Peronismo.
    Satisfechos sus intereses, frenaron el proceso. No le interesó sino perpetuarse y postergar las opciones difíciles y radicales.
    Todo esto fue en gran parte el aspecto ambiguo, falsificante, incoherente de la organización peronista.
    5. – De su enorme fuerza popular, pero de
    su cortedad ideológica y de su organización equívoca ha surgido aquella calificación dura pero en gran parte verídica: “un gigante invertebrado y miope” (J. W. Cooke).
    Y es cierto; cuando no ha contado con la conducción clarividente de Perón —que aún puede suplir con sus dones personales la vaguedad ideológica y la fragilidad organizativa—; cuando ha estado de algún modo solo, el movimiento ha derivado a tentaciones de lucidez dudosa y de energía pobre.
    Es tarea de los que amen y asuman todo lo que el Peronismo representa, la de darle una total lucidez y una organización acorde con su enorme poderío y con su misión histórica.
    3 — El espontáneísimo como método
    Dijimos más arriba que una política revolucionarla para no frustrarse exige una teoría correcta, una organización eficiente; métodos de lucha adecuados. El peronismo tampoco estuvo en este último aspecto a la altura de su rol objetivo.
    No decimos que haya rehuido el combate: todo lo contrario. Sino que se mantuvo en la fuerza espontánea de sus movilizaciones, postergando una organización combativa del proletariado, más urgente cuanto los conflictos se hacían más severos y los intereses de clases más contrapuestos.
    1.-El peronismo tuvo su espaldarazo definitivo el 17 de Octubre. De algún modo persistió siempre en la postura de aquel día maravilloso, donde la intuición de las masas y su capacidad de movilización habían roto de un golpe las intrigas y las barreras que se oponían al movimiento popular. De allí en más. el pueblo estuvo, masivamente, cuando fue convocado. Pero la ilusión de que cualquier conflicto sería derrotado con la simple movilización de las masas invadió al movimiento.
    Y lo que es más. se creyó que como el 17, el pueblo reaccionaría espontáneamente.
    Se olvidó que las luchas sociales, cuando son severas y profundas, pasan necesariamente por periodos oscuros, inciertos, donde la desorientación y el desaliento puede asaltar aun a los mejores.
    Entonces sólo un método de combate prefijado y ensayado puede suplir las reacciones espontáneas, despertarlas, conducirlas.
    2. -Eva Perón comprendió en gran parte este realidad.
    Muchos de sus esfuerzos estuvieron dirigidos a suscitar los comités de lucha, la organización combativa y las vanguardias de lucha dentro del movimiento. Pero encontró mil resistencias, nacidas quizás de sus propias vacilaciones y de la oposición tenaz de otros sectores: la burocracia partidaria, temerosa de una vanguardia organizada y .combativa; los militares, celosos de todo lo que pareciera milicia popular; los mismos grupos pa-ramilitares que existían en forma minúscula pero real dentro del peronismo y cuya mentalidad de ultraderecha y sus intervenciones en el fondo reaccionarias tanto desacreditaron la idea de una vanguardia organizada y combativa.
    3. – Esto tuvo trágica confirmación en los días de la revolución reaccionaria y la caída de Perón.
    En los momentos de prueba de junio a setiembre del 55 la suerte de la revolución nacional peronista quedó librada a la espontaneidad del movimiento de masas y a la promesa de Perón de jugarse solo la partida. Es decir, a dos posibilidades igualmente desastrosas. El ardiente deseo de lucha de las masas, su poderosa combatividad, se malogró por faltar un comando obrero verdaderamente adiestrado y revolucionario. 4. – Y los acontecimientos posteriores a la caída de Perón no han hecho sino confirmar estas evidencias.
    El pueblo peronista ha dado pruebas de una capacidad de resistencia y lucha conmovedoras. Pero casi siempre libradas a los estallidos espontáneos o a las audacias individuales. Ni uno ni otra han estado presididos por una estrategia global y una organización de lucha a la altura de la fuerza virtual del movimiento. Las luchas de los últimos años prueban la formidable rebeldía del pueblo trabajador. Pero la rebeldía no es la Revolución. Y entre una y otra media la organización combativa, los comandos adiestrados, las vanguardias incluso armadas que vayan conformando el verdadero ejército del pueblo, sin el cual el triunfo revolucionario es imposible.

  • Los fracasos del sistema para integrar el Peronismo: conclusiones
  • Hasta ahora hemos hecho un análisis y un diagnóstico del Peronismo. Se trata ahora de verlo en función de las circunstancias actuales, y sobre todo del proceso futuro. Cómo se sitúa delante del régimen, delante de los otros grupos revolucionarios y finalmente delante de sí mismo: es decir delante de los factores tradicionales y de los nuevos que constituyen el “hoy del peronismo y sus posibilidades para conducir o participar del futuro revolucionario”. Empezamos por la primar realidad, que domina los últimos 15 años y la actualidad más inmediata: los fracasos del sistema para integrar el peronismo.
    1 — Los fracasos del antiperonismo
    Los últimos 15 años de la Argentina no son sino una sucesión de fracasos que prueban la crisis definitiva del sistema. Período comenzado en una euforia “democrática” que atribuía todos los males a Perón y a la alienación de las masas, no ha sido sino una sucesión de intentos frustrados, de crudos fracasos. Hasta hoy lo único que se ha podido probar es la impotencia de los diferentes proyectos para solucionar los problemas argentinos.
    a) El fracaso gorila: que pretendió expulsar por la violencia y la represión el peronismo de las masas, y construir una nueva “época de oro” volviendo al liberalismo pre-peronista.
    b) El fracaso desarrollista de Frondizi: También aquí un doble fracaso político: porque ni las maniobras con votos trampeados, ni las elecciones diagramadas para “quebrar” las fidelidad del pueblo a Perón consiguieron su objetivo. La masa continuó fiel al Peronismo y a su líder. Fracaso económico-social, en el único proyecto teóricamente defendible.
    c) El fracaso del Radicalismo. Allí se hace patente hasta dónde debe descender el sistema para presentar una cobertura de aparente legalidad, que encubra la crisis y el descalabro: hasta una minoría incapaz, sin proyectos, sin fuerzas, sin arraigo popular.
    d) El fracaso de la “revolución” militar: Que nace de la impotencia de los partidos y políticos y muere en la absoluta impotencia de los militares para conducir un proceso en el que presumían de salvadores y todopoderosos.
    2 — El deterioro del régimen burgués
    Todos estos fracasos no son casuales: demuestran el total deterioro del sistema burgués.
    Más aún, comprueban que han desaparecido las formas tradicionales de unificación de la burguesía, la existencia, Incluso, de un partido minoritario que las represente y pueda gobernar de modo “aceptable”. Al extremo que son las propias FF.AA. las que deben quitarse la careta y constituirse en el factor de unificación y detentor del poder y la política burguesa.
    Pero el deterioro del sistema no es sólo una cuestión de descomposición interna de las fuerzas liberales. Todo lo contrario: es el fruto del jaqueo permanente a que lo son, entre las fuerzas populares. Un asedio de hecho —ya que la voz pública les está prohibida—. La oposición de una experiencia vivida y de una expectativa que no se pueden engañar. Por eso los sucesivos gobiernos “se tienen que “disfrazar”, pretendiendo ser los ejecutores de una política revolucionaria, democrática, nacional, popular. Que luego, evidentemente, no pueden realizar sino contradecir cada vez más. Pero lo que importa es descubrir que la experiencia peronista es la que obra como una presión objetiva, que a la larga desenmascara y desbarata al régimen. Aunque lo que de verdad piensen sea en retornar al liberalismo y al entreguismo más descarado, las fuerzas liberales deben revestir apariencias nacionalistas y populistas.
    Siempre prometen que “irán más allá que el peronismo”: serán más nacionalistas, más revolucionarios, más populares que el peronismo (para caer luego en la contradicción total).
    —Por eso es que los partidos son antiimperialistas desde la oposición y cipayos desde el gobierno. —Por eso es que los partidos son an-cuestión de horas. Por eso la milonga radical del pueblo, con sus declamaciones nacionalistas y populistas, fue luego irrisión y ridículo. Por eso el golpismo militar se tuvo que disfrazar de “revolucionario” para caer luego en el tirabuzón reaccionario que todos constatamos. Lo importante es darse cuenta que esa política dual y en el fondo imposible de los gobiernos de turno, no ha sido desenmascarada por los intelectuales o los grupitos ultra-conscientes. Sino por la presencia y la fuerza de hecho de las masas populares, a las que les ha bastado su experiencia y su fidelidad peronista para obligar al régimen a vivir en permanente contradicción entre sus declamaciones y sus realidades.
    3 — La imposible integración
    — En el fondo, todo lo que este proceso comprueba es la imposibilidad del sistema para integrar el peronismo.
    Se han transitado todas las etapas. Primero la persecución salvaje, la voluntad de aniquilarlo. Luego lo que se llamó “pacificación” y que no pretendía sino el silencio y la humillación del Peronismo, como precio para que cesara la persecución. Y después los mil coqueteos, las componendas, los esfuerzos por la integración y el dialoguismo.
    — El Peronismo es la terrible obsesión del sistema imperante en la Argentina. Su “enfermedad” incurable. Lo que debe ser combatido para que no progrese y destruya la dictadura burguesa.
    Por eso el régimen no puede practicar delante del peronismo sino la proscripción. Por más que se usen sonrisas hipócritas y proyectos conciliadores, a la hora de la verdad no se puede sino excluirlo. O soñar con una desorientación tal de las fuerzas populares, que permita acepten como peronista una caricatura y una traición al movimiento.
    A pesar de los “reacondicionamientos” del régimen tradicional para adaptarse y para disimular, la contradicción régimen-peronismo es de tal hondura que no admite bases de conciliación. La experiencia de 15 años prueba que el Peronismo es incompatible con el régimen.
    — Y en este sentido, el “instinto de conservación” de la oligarquía argentina es más lúcido que las hipótesis de los politicólogos.
    Su odio frontal, absoluto, sin matices al Peronismo es más significativo que ninguna otra cosa.
    Saben que para sobrevivir no tienen otra alternativa que la de aniquilar, y por eso no les preocupa las plataformas partidarias o los grupitos de ultra izquierda, sino el movimiento de verdad popular, cuyo determinismo incontenible contiene la destrucción irremediable de la oligarquía.
    — Lo mismo prueba la permanente intervención de las Fuerzas Armadas en el proceso.
    Cada vez que se ha querido amagar una consulta democrática —al estilo liberal incluso —el Peronismo se ha mostrado tan viviente y poderoso que ha obligado a salir a escena al que en definitiva constituye el verdadero partido del sistema las FF.AA.
    Porque desde 1955 el Ejército es un partido más, el partido continuo del régimen, el partido con la máxima capacidad de violencia en una fase histórica en que la Institucionalidad democrático-representativa ya no funciona y todo es en el fondo ‘ acción directa.
    Si la democracia funcionase, el peronismo sería gobierno; cosa que no sucede — para beneficio de todos los partidos— porque el partido fuerte, las Fuerzas Armadas, se lo impiden mediante la acción directa.
    Las Fuerzas Armadas ya no son un órgano del Estado: son el Estado, supliendo con su potencial armado lo que las estructuras y los partidos liberales no pueden sostener.
    El pueblo, por consiguiente, está reducido a ser víctima resignada o a ser “subversivo” cuando se rebela contra la explotación, la servidumbre, la entrega al imperialismo.
    — Hasta hace poco el Poder Armado ha mostrado en qué medida la exclusión del pueblo era sustancial para el sistema. Derrotado, sin embargo, por la rebeldía popular, debe hoy dar un paso atrás. Pero sería fatal engañarse. Aunque la evidencia catastrófica de sus fracasos los obligue a retornar entre bambalinas, nada prueba que los militares hayan cambiado sustancialmente. No es sino un respiro y un disimulo para volver a sentirse con derechos a intervenir, enjuiciar los gobiernos eventuales, y manipularlos. Para que el Ejército cambiase, tendría que volver a ponerse al servicio del pueblo y del movimiento popular, como lo estuvo en 1945. Y no como ahora, que aun retrocediendo y humillados obran como Señores del destino, miembros de una casta cuyos cuadros superiores se comportan como sí fuesen príncipes de la sangre. Ellos son los mandatarios, por derecho sagrado, de la Argentina; los demás, el pueblo: son los parias.
    — Pero más allá de la indignación debemos ver con justeza. El rol del Ejército no es resultante de un equívoco Vmoral”, sino fruto de una relación de fuerzas y de intereses.
    Es que el Ejército, última institución jerarquizada en una sociedad cuyas jerarquías están en crisis, es la garantía final del statu-quo, tanto bajo su forma liberal como bajo formas paternalistas o fascistas.
    — De nada vale que las peripecias circunstanciales den “una vuelta de tuerca” más a la situación, y las FF.AA. jueguen al escapismo, retornen al círculo vicioso que ellas mismas desplazaron: la entrega del poder a grupos políticos o partidos que ya probaron su fracaso.
    Eso sólo confirma que la desorientación y la desesperación son cada día mayores. Y que aún sin triunfar cabalmente, las fuerzas populares continúan derrotando las maniobras reaccionarias.
    4 — Conclusiones
    a) La crisis del sistema es total y permanente. Lo prueban sus fracasos sucesivos. Lo prueba un análisis de los sectores que lo componen. Lo que simplíficadamente llamamos “oligarquía” o “burguesía” no es una clase unida sino una serie de clases y sectores con sus propias contradicciones secundarías.
    Desde hace mucho carecen del sector burgués hegemónico capaz de unificarlas y conducirlas.
    Las FF.AA. —la única fuerza en condiciones de asumir ese rol hegemónico vacante— están derrotadas y “en retirada” — al menos de momento.
    b) El enfrentamiento “objetivo”, el jaqueo permanente al régimen lo han realizado las fuerzas populares, representadas por el Peronismo.
    Por eso el Peronismo ha sido la “obsesión” del régimen que no ha podido ni aniquilarlo, ni encasillarlo, ni domesticarlo.
    c) A la inestabilidad del régimen responde la potencialidad del movimiento popular.
    Esta fuerza se ha ejercido victoriosamente en cuanto negativa, oposición al sistema.
    Las fuerzas populares, lideradas por el peronismo, han dicho su ‘ no” permanente, y se muestran radicalmente incompatibles con el sistema
    Pero esta potencialidad es sólo virtual en cuanto signifique construcción positiva, instauración de otro sistema, no sólo defensa sino “paso al ataque” del proletariado peronista.
    d) Por eso no bastan las condiciones objetivas”, la crisis del sistema y la fuerza virtual del movimiento proletario. El sistema puede perpetuarse en crisis largos años. Es preciso pasar a la organización revolucionaria del pueblo en torno a su representante histórico —el peronismo—. y la formulación de una política revolucionaría agresiva

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