A 43 años de la muerte de Vandor III

Nuestra opción por el peronismo

El presente trabajo forma parte de un informe de la Regional Mendoza del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, redactado por el Pbro. Rolando Concatti. CyR ha estimado útil y necesario contribuir a ampliar su difusión hecha originalmente en forma de pequeño libro. Creemos que no es casual la aparición de este trabajo en estos momentos de definición y de reanudación de la polémica ideológica dentro del campo revolucionario. Luego de un período dominado por la justa consigna de “unidad en la lucha”, que contribuyó a afianzar el conjunto de dicho campo deslindando en los hechos las fuerzas y organizaciones auténticamente revolucionarias de las expresiones de mero verbalismo, diversas manifestaciones, provenientes principalmente de la izquierda revolucionaria, han vuelto a poner en el tapete de la discusión ideológica el papel del peronismo. Aspectos importantes del resurgimiento de esta problemática han sido el reportaje en que las F.A.R. explicaron su adhesión al peronismo (CyR N° 28), y la conferencia de prensa convocada por el E.R.P. en Córdoba en junio de este año, como así también un reportaje efectuado por Prensa Latina a las F.A.L. a principios de año, donde ambas organizaciones ratifican sus críticas al carácter no revolucionario del peronismo como movimiento histórico, aunque excluyendo de esa caracterización a sus formaciones armadas. Sin embargo, el hecho de que estas últimas organizaciones integran su accionar dentro del peronismo como movimiento, replantea a la izquierda el problema en el terreno ideológico.
Paralelamente, la misma problemática se presenta a numerosos militantes “indecisos”, como se menciona en la introducción de este documento, que se han incorporado en los últimos años al campo revolucionario sin adoptar una identificación política precisa, pero que están empezando a sentir la urgencia de la misma.
Pensamos, por lo tanto, que esta necesidad de definiciones no es casual y que responde al afianzamiento creciente de las fuerzas de la revolución, constituidas hasta ahora por distintos grupos surgidos autónomamente al calor de la lucha, pero que ha medida que ésta avanza perciben con claridad la necesidad de proceder paulatinamente, aunque sin impaciencias, a una unidad orgánica que permita la adecuación a las exigencias que ese mismo avance crea.
Entendemos que este renacimiento de la polémica ideológica, en la medida que se la entienda como crítica de la revolución dentro de la revolución, es necesaria y por lo tanto beneficiosa, ya que contribuirá al esclarecimiento político y repercutirá beneficiosamente en la unidad orgánica que reclama el avance de la revolución.
Este trabajo constituye un importante aporte a esta discusión aún no acabada y reviste particular interés por provenir de uno de los sectores independientes más relevantes urgidos por la necesidad de una definición política concreta, como es el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Transcribimos aquí la primera parte y completaremos su publicación en el próximo número. Por razones cíe espacio nos hemos visto obligados a excluir el capitulo II, pero entendemos que ello no afecta la unidad del documento.

  • Introducción
  • A continuación desarrollamos lo que creemos es el pensamiento mayoritario en el Movimiento. Es un resumen y un “muestreo” de las motivaciones más repetidas Pero es evidente que no constituye una doctrina elaborada, con resultados rotundos y definitivos. Son tan sólo las pistas que nos parecen más ciertas en medio de la maraña oscura de lo real; y los caminos para un compromiso eficaz en el proceso revolucionario.
    Destaquemos tres cosas que con frecuencia se olvidan:
    1. – El Peronismo no es para nadie que sea lúcido y honesto, “la maravilla de los siglos”. Importa tanto como discernir sus valores, apuntar sus defectos, que son muchos. Lo único que nos negamos es a repetir las mentiras gorilas o las exigencias “puristas” de los que nunca acaban de comprometerse o exigen que la realidad se adecúe a sus proyectos sin oscuridades. Y afirmamos que las cosas dé verdad serias y exigentes, sólo se entienden de algún modo “desde adentro”. Los “espectadores” se equivocan siempre
    2. – La decisión por valorar y de algún modo asumir el peronismo nace de la voluntad de acabar con tantos “preámbulos” y dilaciones de nuestro compromiso político. Se trata de discernir “hoy y para hoy” el camino por el que pasa —no en términos ideales sino en términos reales— el proceso y el futuro revolucionario, interrogando y valorando al máximo a las masas trabajadoras, sus certidumbres sus fidelidades. Después de tanto hablar del pueblo se trata esta vez de escucharlo. Y lo mismo de las fuerzas nuevas universitarias, profesionales, “paramilitares” incluso— que se comprometen en serio y cuya orientación general hacia el peronismo parece incuestionable.
    3. – Las disyuntivas para quienes quieren participar realmente en un movimiento de cambio radical no son sino dos: o formar un grupo nuevo, sólido sin fisuras —”el partido revolucionario” – a cuyo esclarecimiento y fidelidad las masas se irán plegando. O intentar identificarse con las certidumbres del pueblo allí donde haya llegado a su grado más alto de esclarecimiento y combatividad para desde allí intentar profundizar, radicalizar, proyectar las energías revolucionarias del propio pueblo. Obviamente, nosotros optamos por la segunda; conscientes de sus dificultades y sus enigmas. Pero convencidos que la primera no tiene en su favor sino una “claridad de pizarrón” y algún texto de ideólogo prestigioso. Y en su contra, las mil veces que grupitos de izquierda creyeron cambiar el mundo fundando el partido revolucionario”, para formar sólo “el partido de la frustración”: porque las masas los ignoraron y los olvidaron antes casi que nacieran 4. – Este trabajo sólo quiere ser un esquema para la discusión, no una formulación terminada. Sólo pretendemos ordenar el material para una profundización, evitando las confusiones que otorgan la misma validez a razones diferentes, o prolonga inconscientemente reflejos sentimentales Por otra parte, el “horizonte” al que se refiere el trabajo son los militantes que. como los Curas para el Tercer Mundo, han superado ya las burdas razones del antiperonismo gorila, pero no alcanzan a discernir a fondo el camino de un compromiso serio con el Pueblo a través del Peronismo. Pensamos que este tipo de militante “indeciso” no se da sólo entre el clero progresista sino entre amplios grupos de nuestra juventud y nuestros mejores activistas. Si a ellos sirviera para la discusión y la decisión nos consideraríamos ampliamente compensados.

  • Las razones decisivas
  • Tres nos parecen en resumen las razones en favor del Peronismo:
    1) La opción por el Peronismo no es opción por un partido político, sino opción entre fuerzas sociales.
    2) El Peronismo es un Movimiento.
    3) El Peronismo es el más alto nivel de conciencia y combatividad a que llegó la clase trabajadora argentina.
    1 — La opción por el peronismo no es opción por un partido político, sino opción entre fuerzas sociales.
    — El sistema intenta “reducir” el peronismo a un partido político. Plantea así un falso dilema. Primero porque identifica el peronismo con cualquiera de los otros partidos liberales: lo cual es falso Y segundo porque mantiene así la perspectiva eleccionaria “democrática”, como último muro de contención al proceso revolucionario. El sistema sabe que el gobierno en manos de políticos es difuso, con influencias que se entreveran y se anulan. La lucha partidaria, distrae, aleja de la lucha de clases.
    Reducido a mero partido político, integrado al sistema, se liquida la posibilidad de que el Peronismo lidere la verdadera revolución, y en consecuencia se anulan las espectativas y la fuerza histórica del proletariado.
    Por eso el “neoperonismo” o el “peronismo sin Perón” es nefasto. Porque anula todo un movimiento histórico “domesticándolo” en los carriles del partidismo, la participación, la dimisión.
    — El verdadero adema no se da pues entre partidos políticos, sino entre fuerzas sociales. El atontamiento radical, el único que interesa, es el que se da entre clases sociales, según la forma histórica concreta que asumen en un proceso determinado.
    La pregunta fundamental es pues: ¿Ouién representa, cómo se identifican concreta mente las clases sociales afrontadas en la Argentina? Y nadie podrá negar, si es honesto, que ese afrontamiento se llama
    en nuestro país, desde hace más de 25 años: peronismo y antiperonismo. Digamos al pasar que para los “escolásticos de la revolución”, los que han aprendido sabios artículos sobre las luchas de clases, estas afirmaciones les parecen “ambiguas” y terriblemente discutibles. Pero mientras esperan que la lucha de clases se defina con la nitidez de los recuadritos estudiados, la verdadera lucha, con sus mezclas, sus límites difusos, su polvareda turbia, pasa a su lado sin que la descubran ni la asuman.
    — En todas las etapas de la historia, las clases no han tomado conciencia de sí mismas de un modo teórico, sino identificándose con movimientos, con causas, con grupos concretos en los que han visto representarse sus intereses vitales o sus enemigos mortales Nadie puede negar que en la Argentina de un modo concreto, viviente, entendido por todo el mundo, el afrontamiento de pueblo y antipueblo, minoría privilegiada y mayoría desposeida, clase dominante y clase revolucionaria, se ha manifestado concretamente en el afrontamiento antiperonismo y peronismo.
    — Esto se ratifica cuando comprobamos que el dilema concreto está en asumir uno de los dos polos. Delante del conflicto peronismo-antiperonismo no se puede ser neutral. No podemos ponernos “por arriba” del conflicto —salvo en nuestros análisis de laboratorio—. El pueblo ha rechazado toda instancia intermedia, y los factores de dominación han aceptado cualquier tipo de componenda, salvo que el Peronismo en serio sobreviva y continúe su propio proceso, que irremediablemente será el de la clase trabajadora argentina. Esto no significa que todo lo que se llama peronista represente al proletariado y las fuerzas populares. Ya nos detendremos a considerar los “factores antiperonistas en el peronismo” Pero significa una evidencia —que ningún otro grupo ni movimiento puede pretender.
    El Peronismo es el nombre concreto y el movimiento indiscutido para designar la fuerza social revolucionaria por antonomasia; el proletariado, los sectores populares. Representa desde hace 25 años une de los sectores —el proletario— del afrontamiento social concreto
    — Concluyendo: el rol objetivo del Peronismo en la historia actual del país es representar al proletariado, lo nacional, lo popular de la Argentina. Aceptar este he dio histórico es el primer paso en un análisis objetivo y realista, y una razón fundamental para privilegiarlo en la opción.
    — Si quisiéramos comprobar esta afirmación de un modo indirecto, bastaría interrogarse ¿Quién, sino: representa, identifica, unifica la clase proletaria? ¿Ei Radicalismo del Pueblo o algún otro partido? ¿Los grupitos de ultra-izquierda —ellos lo creen…—? ¿Ese “pueblo-mito-mentira” que todos pretenden representar, desde los gorilas gobernantes hasta los fundadores de nuevos partidos, pero que nunca existe y sobre todo nunca se reconoce y manifiesta como ellos pretenden? Cualquiera de estas preguntas hacen sonreír. Porque la realidad es rotundo —nos guste o no—: el único signo objetivo y verificable para el pueblo mismo de su pertenencia consciente y combativa a la clase trabajadora: es su peronismo
    2— El peronismo es un movimiento
    1- El Peronismo ha insistido siempre en calificarse como “movimiento” y en no dejarse identificar ni reducir a la categoría de mero partido político. Hay aquí algo verídico que es preciso subrayar. Porque es cierto que la historia avanza a través de movimientos profundos, que encarnan las aspiraciones, las posibilidades y los desafíos de una época, y luchan por imponerlos contra las estructuras, los privilegios, el anquilosamiento de las etapas anteriores. Un movimiento no es real sino cuando “sale a la superficie” y se manifiesta en la conciencia explícita de vastos sectores; pero es una suerte de “iceberg”: lo que se ve es mucho menos que lo que permanece subyacente Y su fuerza está casualmente en ese nivel a veces escondido pero poderoso e incontenible. Un movimiento no es “histórico” si no coincide con las condiciones objetivas de su época; pero al mismo tiempo conserva raices tradicionales y anticipos del futuro.
    Nosotros creemos, p. ej. que el movimiento hacia el socialismo es el movimiento histórico de nuestro tiempo: porque se dan las condiciones históricas y culturales objetivas para realizarlo; pero pensamos también que continúa la larga y casi inmemorial historia de la liberación humana y. más concretamente, que prolonga el movimiento “democrático” de los últimos siglos. Pero afirmar que ei socialismo hoy no será verídico si no permanece “abierto” hacia el futuro, hacia nuevas etapas de la liberación y realización del hombre.
    — Un movimiento histórico sólo se reconoce y dinamiza cuando se estructura de algún modo en su dimensión visible: cuando se organiza y afirma en instituciones visibles y responsables. Una de esas estructuras es el partido político. Pero conviene distinguir.
    a) En el Partido Político suele haber un acuerdo claro de “plataformas” y principios —que a veces disimulan intereses de clases divergentes—; en el Movimiento hay un acuerdo profundo pero no siempre claro y explícito, que responde a la clase revolucionaria de la época
    b) Lo propio de un Partido Político es darse estructuras y caracterizarse con personajes “especializados” en lo político (y ambas cosas tienden a perpetuarse…). Un Movimiento es mas dinámico, desborda las estructuraciones, se reconoce en símbolos y personajes que lo lideran.
    c) El Partido Político pretende “representar” los intereses de ciertos sectores. El Movimiento no representa; es el desarrolle y el combate de un sector concreto de la sociedad.
    d) Un Partido Político es “fundado” por ciertas personalidades importantes. Un Movimiento no se funda por acuerdo entre figuras, sino que es la respuesta es espontánea de una clase ante determinados condicionamientos históricos.
    e) Un Movimiento necesita siempre una formulación expresa y una organización combativa; por eso tiende hacia el partido político que lo exprese y concentre sus energías. Pero es siempre mayor que el partido, lo desborda, y lo obliga a transformarse y adecuarse.
    El Partido Político —aún cuando ha sido fruto de un movimiento— tiende a “cristalizarse”, a monopolizar el movimiento, a encasillarlo y domesticarlo bajo los intereses de partido.
    Y cuando no es al fruto de un movimiento, sino un resultado “de laboratorio”, la conclusión “lógica” pero artificial de intelectuales al margen del Movimiento real, entonces naufraga en el irrealismo más platónico: quieren conducir la historia, pero permanecen “en su cueva”, fascinados con las sombras de una realidad que no tocan y que los ignora. Es la historia trágica —y a veces tragicómica— de muchos grupos de izquierda: adjudican a un proletariado ideal ciertos niveles teóricamente determinados y luego los toman como pautas para juzgar al movimiento obrero concreto. Y si este movimiento los contradice o los rechaza, o simplemente no los entiende, escupen sobre el Movimiento todos sus despechos, y lo acusan de “alienante”, de frenador, de “sometido a la burguesía”. Es la triste historia entre nosotros del Partido Comunista y los Partidos Socialistas, que hoy reeditan los P.C.R.. los P.R.T.. los P.B.P…. y toda la jungla de siglas izquierdistas
    2.-¿Es el Peronismo un Movimiento? Nosotros pensamos que si. y que la explicación de su sobrevivencia y de su fuerza actual, viviente a pesar de un asedio de 15 años, sólo puede encontrarse en el hecho de que es el verdadero movimiento de las masas argentinas. — El Peronismo ha retomado y ha formulado en términos contemporáneos la lucha histórica del Movimiento Nacional. Sin caer en la crispación nostálgica e inmóvil de los nacionalismos de derecha.
    ha sabido retomar las banderas nacionales de los grandes caudillos, pero sin folklore y sin romanticismos; afrontando a los términos actuales de la lucha nacional: la dependencia en todas sus formas; la lucha antiimperialista como primer meta.
    En una Argentina dependiente estructuralmente hasta en sus menores detalles, despolitizada por decenios de proscripción, aturdida por la alienación extranjerizante de sus dirigentes y sus intelectuales. Perón y el peronismo despertaron a nivel de las masas la pasión nacional, formulada en términos contemporáneos. “O Braden o Perón”: un simple slogan — “ambiguo” y “demagógico” según los profesores de la izquierda…— Pero mucho más que eso: el despertar nacional de un pueblo; el audaz y lúcido enfrentamiento al “Señor” que acababa de ganar la guerra —15 años antes que las revoluciones del tercer mundo estallaran en cadena—; la denuncia y el combate contra el imperialismo actual. — El estudio objetivo y estadístico de lo realizado por Perón en defensa de lo nacional es concluyente. Si hubo errores, los aciertos los superan de un modo aplastante.
    Pero lo que cuenta es el cambio de conciencia a nivel del pueblo, las certidumbres y las energías que se despertaron. La Soberanía Política y la Independencia Económica no fueron sólo dos frases declamatorias sino dos auténticas “banderas”.
    “que el pueblo sintió como suyas y a las que los cambios estructurales lucharon por imponer.
    — El Peronismo también asumió y actualizó el Movimiento Democrático. Las masas, que habían presentido con Yrigoyen lo que podría ser una democracia popular, recién la vivieron auténticamente con Perón.
    A pesar de las declaraciones formales de la Constitución y ciertas leyes, el movimiento democrático estaba voluntariamente impedido en el país. Recordemos que recién en 1880 se completó la integración del país como unidad nacional, pero ya dentro de los moldes impuestos por la complementación semicolonial con el imperialismo inglés. Así fue como la burguesía comercial y terrateniente nunca aplicó el sistema democrático (y sí el liberalismo económico) y buscó suprimirlo las dos veces que funcionó, por medio de los golpes reaccionarios de 1930 y 1955. Recordemos que históricamente el liberalismo económico ha sido el lado oscuro, la parte negativa de la gran revolución democrática que crea el mundo moderno. Los países semi-coloniales como la Argentina, fueron obligados a aceptar la estructura económica liberal sin su correspondiente revolución democrática, y a permanecer políticamente en una especie de feudalismo de hecho, que iba desde los caudillos pueblerinos hasta el paternalismo aristocrático y despectivo de los grandes “capos” de la política, que se repartían votos y feudos.
    Para entender el Peronismo históricamente es indispensable comprender que debió realizar en la Argentina la revolución democrática-liberal, sin la cual no se avanza históricamente hacia pasos más avanzados de la democracia social. Muchas de las objeciones “librescas” de la actualidad minorizan ese hecho fundamental.
    A partir de 1945 el país realizó por primera vez y bajo el liderazgo de Perón, su proceso democrático. Muchos izquierdistas actuales, que leen y repiten las elucubraciones europeas para europeos, se escandalizan del “pluriclasismo” original del peronismo. Y olvidan que lo que el Peronismo núcleo originariamente fueron los grupos con vocación democrática, largamente frustrados. — El pueblo argentino supo que la democracia, el ejercicio de la voluntad popular era posible, y era respetado: recién con el peronismo.
    Y no se trata sólo de las “elecciones limpias”; se trata de la experiencia triunfal del respeto a la voluntad mayoritaria; el ejercicio vivido de la igualdad y dignidad de todos.
    Yendo más lejos aún, el peronismo introdujo la experiencia —entonces casi insólita— de la igualdad social y política de la mujer con el hombre. No sólo en el voto femenino, sino en las múltiples incidencias de la figura de Eva Perón, el Peronismo introdujo esa “segunda revolución democrática” como se ha llamado al gran tema contemporáneo de la lucha por una igualdad real del hombre y la mujer
    Frustrada sistemáticamente desde la caída de Perón, proscripta con desfachatez en todos los casos que se jugó la parodia eleccionaria, la experiencia democrática del pueblo argentino conoce con el Peronismo la única etapa en que se ejerció auténticamente.
    Fuera del período peronista, la voluntad del pueblo ha sido evitada con terror y amordazada sin escrúpulos. Por eso el Peronismo continúa siendo no sólo la experiencia democrática más auténtica de nuestra historia, sino el Movimiento Democrático comprendido y apoyado por los sectores populares. El Peronismo es para el argentino medio, y sobre todo para el proletariado, la expresión concreta del Movimiento democrático.
    3.-El movimiento democrático contemporáneo, implica sin embargo otras notas que las que pudo darle la “democracia representativa”.
    La historia enseña que la democracia liberal es un paso insustituible de un proceso evolutivo, pero que se contradice a si misma cuando se reduce a ser “la comedia de la representatividad”, y cuando no está al servicio de los pasos audaces y severos que el proceso mismo exige. Más aún: la democracia no puede ser ‘neutral”, no puede estar al margen de la lucha de clases: porque entonces sólo favorece al “status quo”, los privilegios y la inmovilidad social. El gran desafío contemporáneo es instaurar una democracia social, cuyo objetivo no sea ‘la igualdad ante las urnas”, sino “la igualdad ante la vida” en todos sus aspectos: económico, cultural, político. En consecuencia no puede ser sino una democracia militante, definida en el objetivo de un combate severo y permanente contra la clase social dominante, que debe ser derrotada.
    Una democracia adulta no es pues esa apariencia hipócrita de las llamadas democracias occidentales. Es el ejercicio de la democracia —la igualdad, la participación, la libertad— en el interior de un combate y de un proyecto social que no se considera falsamente como ya instaurado, sino a conquistar y consolidar. —Nadie puede negar que el Peronismo fue en ese sentido paso decisivo y premonitorio.
    Para gran escándalo de los dominantes, pero para gran bien del pueblo, no fue una democracia de finuras cortesanas, sino una democracia al servicio del pueblo. Por primera vez el pueblo —entendido concretamente como el proletariado— no fue sólo el sostén eleccionario del poder, sino el destinatario del proyecto social para el cual se ejercía el poder. Es preciso no caer en idealizaciones y pensar que todo estaba prodigiosamente bien. Las contradicciones del Peronismo aparecieron justamente en este terreno. Pero para lo que interesa en este punto, el Peronismo es en la experiencia del pueblo la única manifestación auténtica del Movimiento Democrático que anima nuestro tiempo: y no sólo en su primera etapa liberal, que hizo transitar, sino en sus etapas de democracia social y militante que constituye el desafío y el combate de nuestro tiempo. —Lo que las clases gorilas temen mortalmente, cuando se plantean el peronismo, no es sólo su fuerza masiva, sino esa experiencia de orientación socialmente de unidad, combativa, clasista, que no puede sino barrer con la Argentina liberal que el gorilaje representa. 4 — El Peronismo dio fuerza, identidad y triunfo al movimiento proletario. Es obvio que Perón no creo el proletariado, pero fue quien lo unificó, le trazó objetivos, lo lideró en conquistas fundamentales. Y esto que constituye en cualquier país y en cualquier historia un hecho capital, lo es más en la Argentina. Ciertamente las condiciones objetivas estaban dadas. La naciente y vertiginosa concentración industrial creaba una masa trabajadora nueva y potencialmente fuerte. Pero fue el Peronismo quien le hizo cobrar conciencia de sí misma, de sus derechos, de su enorme fuerza. Y esto está grabado en el alma de los trabajadores argentinos.
    Hasta entonces, los movimientos obreros se habían frustrado en los sobresaltos anarquistas, en el gremialismo mendicante, o en los izquierdismos sin arraigo. El peronismo organiza la clase trabajadora.
    Tampoco acá, probablemente, las cosas se hicieron con la perfección de los manuales; como todo lo que se hace realmente en la historia. Pero el Peronismo instituyó definitivamente en la mecánica social argentina la clase obrera organizada.
    La C.G.T. nacional y todas sus múltiples ramificaciones constituyen sin ninguna duda uno de los factores que identificaron a la Argentina con los países socialmente revolucionarios . y que han hecho de nuestro país un “fenómeno” sin comparación en América Latina ni en todo el Tercer Mundo. — Hoy en día es ampliamente conocido
    —y abusivamente utilizado…— el hecho de la venalidad y la traición de lo que se llama “la burocracia sindical”. Pero esa misma corrupción de los dirigentes que algunos enfatizan como si fuera la corrupción de los trabajadores todos, prueba exactamente lo contrario. Sólo una clase trabajadora organizada, consciente de sus derechos, libre de ingenuidades puede subsistir y aún imponerse a los dirigentes que la traicionan Con dirigentes honestos y consagrados, la clase trabajadora fue burlada siempre antes de Perón. Con dirigentes corruptos y traidores la clase trabajadora no ha podido ser totalmente burlada nunca después de Perón. Y esto prueba que cuando un pueblo ha adquirido algo decisivo de una vez para siempre, ni aun los que desde adentro lo traicionan pueden hacerlo dimitir.
    5. – Dos notas nos parece importante subrayar:
    1) El Movimiento Obrero argentino es peronista; su cohesión y su sobrevivencia le viene de su peronismo. Lo saben los que han querido dividirlo, crear sindicalismo no peronista, meter cuñas indefinidas.
    Durante 16 años el régimen no ha intentado otra cosa que “desperonizar” el gremialismo. Los diferentes regímenes han aceptado pactar cualquier cosa con tal que los trabajadores renunciaran a su identificación , peronista.
    Pero la clase trabajadora no ha cedido, con esa tenacidad y esa resolución que hace la fuerza de los pobres, nacida de mucha experiencia dura y de mucho “olfato” elemental pero infalible.
    2) El Movimiento Obrero peronista tiene una clara conciencia de su fuerza política y una decidida voluntad de influir políticamente.
    Esto es escandaloso para los ingenuos o los cínicos que pretenden un” gremialismo “despolitizado”. Pero los que saben algo de la historia contemporánea saben hasta dónde es fundamental que la clase trabajadora de un país sea lo que tenga una voluntad de participación política esclarecida. Y más aún. sin caer en falsas exageraciones, es preciso reconocer que la única política no alienante de los últimos tres lustros la ha ejercido la clase trabajadora peronista. Esta política ha sido casi siempre la de oponerse, negarse a las múltiples salidas tramposas, resistirse. Pero era la única posible y la única realista. Desde la caída de Perón, la verdadera política, la que se interesa en un proceso revolucionario real, ha estado proscripta, condenada a ¡a clandestinidad, a la resistencia.
    La historia juzgará en el futuro nuestro tiempo.
    Y, sin lugar a dudas, dirá la importancia política del movimiento obrero peronista en este período de reacción y de esfuerzos desesperados por reintegrar la Argentina al liberalismo económico, al sometimiento imperialista, a la “normalidad” burguesa.
    Esa conciencia y militancia política del Movimiento Obrero, será, apreciada como un signo de que con el Peronismo la Argentina ha coincidido con el Movimiento Proletario, el Movimiento de la Clase Revolucionaria tal como se plantea en términos contemporáneos. 6.-Concluyendo: Nos parece que el Peronismo es un Movimiento real, porque ha
    asumido y ha planteado en términos contemporáneos las tres vertientes de las que se nutre un verdadero Movimiento histórico: el Movimiento Nacional, el Movimiento Democrático y el Movimiento Proletario.
    3 — El peronismo es el más alto nivel de conciencia y combatividad a que llegó la clase trabajadora argentina.
    1. – Pocas evidencias son tan claras como ésta. Pero es preciso entenderse. Nadie puede afirmar que sea la máxima conciencia que podía alcanzar el proletariado —y en ese sentido hay que reconocer una deficiencia que luego analizaremos—. Es la constatación de un hecho, y en este caso decisivo porque designa el grado de conciencia y lucha de la masa trabajadora.
    La masa proletaria ya existia y se acrecentaba rápidamente, pero tenía una conciencia difusa y una presencia insignificante. Con Perón irrumpe en escena; se descubre enorme, temida, poderosa. Cobra una conciencia experimental de su valor y su poder; de sus derechos y de los modos de conquistarlos. El “aluvión zoológico” —como lo llamó con desprecio un hombre de izquierda: Ghioldi— se descubre “clase trabajadora”, identificada en sus aspiraciones y sus objetivos, capaz de romper los moldes explotadores en que se la somete. — Para comprender esto es preciso distinguir entre la conciencia teórica —que sólo es posible a un nivel y en un lenguaje intelectual— y la conciencia experimental, que nace como fruto de algo vivido y compartido, hecho vivencia antes que concepto.
    Igualmente es preciso distinguir la conciencia individual, hecho privado y solitario, de la conciencia colectiva, hecho masivo y comunitario. La clase trabajadora ha tenido siempre personalidades lúcidas; pero eso no basta para hacer la conciencia de toda una clase, y sobre todo para movilizarla hacia objetivos combativos y colectivos. El grado de adultez política del proletariado de un país, en este sentido, no se manifiesta por las declaraciones o las actitudes de algún dirigente obrero o de un grupo reducido, sino por la solidaridad y la unidad con que se puede contar a toda la masa trabajadora.
    Esa unidad real y poderosa sólo la consiguió el Peronismo —aunque los gorilas la llamen “demagógica” y los izquierdistas “alienante”…
    Lo importante, por último, es saber que esa conciencia colectiva, que moviliza a las masas, es la que decide y construye la historia.
    — Además es preciso subrayar un aspecto que hoy se confunde cuando se habla de conciencia o “concientización”. Para muchos de los activistas contemporáneos, “conciencia” es equivalente a indignación, repudio al sistema, rebeldía total. Y eso, si es parcialmente cierto, es enormemente peligroso. A nivel de la gente explotada, fatalmente
    entrampada, esto tiende a reducirse en una pura conciencia de frustración, en una exasperación amarga y en definitiva en una resignación fatalista. Lo que contribuye al triunfo perfecto del sistema: que quiere postrarnos en la aceptación de que “nada puede cambiar”. En el fondo, esto no es sino proyectar al pueblo la “conciencia angustiada” de la pequeña burguesía.
    — La verdadera “concientización”, la que constituye un paso de certidumbre indestructible, es la que implica una conciencia triunfal, una experiencia vivida de que las condiciones que se padecen son superables y superadas.
    Más que los discursos sabios que no entienden, lo que “desaliena” a las masas es la experiencia victoriosa de destrozar las alienaciones. Lo que convence que los dominantes no son todopoderosos y tienen pies de barro, es verlos temblar y retroceder. Lo que desfataliza la mirada sobre la vida es comprobar que las fatalidades heredades son vencidas. Y es aquí donde el Peronismo fue y continúa siendo el punto más alto de triunfo y por lo tanto de conciencia colectiva del pueblo trabajador, Por eso su fidelidad sin claudicaciones a un período y a un movimiento que les mostró que se puede y se debe vivir de pie. 2, – Dos hechos más, capitales, son a destacar:
    a) Perón dio UNA IDENTIDAD a las masas, qué se reconocieron y se identificaron en el Peronismo.
    Los grandes pasos históricos no se dan por una coincidencia exterior y circunstancial de los individuos concernidos, sino por su identificación profunda, permanente, total.
    Por eso las grandes masas, el pueblo real, necesita de signos, de consignas, de líderes, que galvanizan las certidumbres y las voluntades y construyen un lenguaje vital y comprensible, compartido por todos, inequívoco, fiel. No en vano para el pueblo trabajador el peronismo, lo que ellos llaman “la fidelidad a Perón”, es la piedra de toque que identifica o separa. Porque el Peronismo sigue siendo la identidad vivida de las masas.
    b) Perón dio EL EJERCICIO DEL PODER. ese poder que el pueblo posee virtual-mente pero que siempre le ha sido frustrado
    De un modo confuso pero real, mucho más auténtico y democrático que la mentirosa “democracia representativa”, el pueble participó, decidió, defendió los pasos de un gobierno que supo suyo y para él. Y este hecho no se borra de la conciencia de las masas La invencible “nostalgia peronista” de los más grandes sectores del pueblo, no es el sueño de un paraíso perdido, sino la vocación profunda a proseguir aquella experiencia en la que el pueblo no estuvo marginado sino profundamente presente, ejerciendo toda la fuerza de su poder. 3.-La combatividad del proletariado peronista también es innegable. Sin la organización adecuada, librado casi siempre a la espontaneidad de sus intuiciones, supo generar un 17 de Octubre —que sigue siendo el triunfo mayor del proletariado argentino—, y supo estar presente cuando se lo convocó
    Si esa combatividad se aturdió o fue despistada en los últimos días peronistas, todos sabemos de qué modo hubiera estado en la calle si Perón la convocaba.
    — Después del golpe reaccionario del 55, cuando se prolongó esa larga y feroz represión gorila, el pueblo supo organizar y mantener la resistencia peronista, un capítulo desconocido y ocultado de la historia argentina, pero que en el futuro será respetado como uno de los más heroicos En las tomas de fábricas, en las manifestaciones antigorilas, en los “caños” al precio de la vida, el Peronismo resistió, hostigó, acabó esterilizando y desorientando la ola del liberalismo en retorno. Sólo la combatividad del pueblo peronista frenó y finalmente fracturó la restauración reaccionaria.
    Se creía que con alejar a Perón, el pueblo “embaucado”, confundido por la “demagogia”, acabaría cambiando. Pero no cambió, y obligó a cambiar personajes y tácticas a la reacción cada vez más exasperada.
    Y cuando fue invitado a las trampas eleccionarias, supo también resistir, inundando las urnas con sus votos en blanco, con sus “no” rotundos. O eligiendo, con una disciplina que bien envidiarían los aceitados partidos de otras partes, al candidato que en definitiva creaba más problemas y aceleraba las contradicciones del régimen.
    — Tomando colectivamente, en los grandes momentos en que se lo solicitó, el pueblo peronista ha revelado una combatividad que jamás tuvo antes el proletariado argentino, y que no conoce ningún otro pueblo de América Latina o del Tercer Mundo
    Y cuando esa combatividad ha debido tomar los caminos clandestinos y definida-mente militares de la actualidad, el Peronismo ha puesto los militantes más arraigados en el pueblo, y ha inspirado a la mayoría de los movimientos que operan

  • Los defectos del peronismo
  • Es preciso ser totalmente honestos, y en ese sentido no se puede pretender que el peronismo carezca de-defectos, algunos de ellos profundos.
    No se trata de descalificarlo por ellos, como hacen los “puristas” de derecha o izquierda. Se trata de detectarlos, porque la opción por el peronismo supone la certidumbre de que el Movimiento es capaz de superar sus propias deficiencias; que éstas no son intrínsecas al mismo —como pretenden sus detractores—. y que el futuro necesita un movimiento criticamente renovado y preparado.
    — Más que de defectos, quizás habría que hablar de errores, de esas deficiencias que todo proceso no puede sino arrastrar, casualmente porque no es un paraíso caído del cielo, sino un proyecto humano, circunstanciado históricamente, condicionado por mil factores.
    — Lo misión del Peronismo es histórica y no providencial. Hasta ahora le ha correspondido el rol —y la responsabilidad-de ser el eje del esfuerzo liberador o si no sabe plantearse críticamente sus carencias, las imperfecciones que pueden traicionarlo, entonces continuará indefinido, cobijando tendencias ambiguas. Y entonces también, más tarde o más pronto, otras formaciones vendrán a reemplazar su vocación abdicada.
    Nos parece que se puede subrayar, a grandes rasgos:

  • 1 — La ausencia de una ideología
  • El concepto de ideología es en el fondo vago y discutido. Pero aquí lo entendemos como “Teoría y proyecto revolucionario” Y en ese sentido supone una mirada de todo el proceso histórico, sus condicionamientos, sus factores de desarrollo La ideología supone el desciframiento de las luchas de clases, para no intentar perpetuar un aparente entendimiento que no es sino ilusión.
    Supone también un proyecto final”, un objetivo último, que no se puede imponer en un instante, pero que da sentido a todo combate.
    1.-El Peronismo se integró, sin duda, a un proceso histórico, cuyo movimiento profundo asumió. Pero no explícito la conciencia y la teoría de esa realidad, que permitiera al pueblo todo comprender que no se participaba sola de una empresa de justicia y reivindicación, sino de una lucha histórica y profunda, que no es en el fondo sino la lucha inmemorial del hombre por su liberación y por su humanización total.
    — El Peronismo asumió y prácticamente constituyó el movimiento proletario, pero no explícito definitivamente la certidumbre de que la clase obrera es la única revolucionaria, Ja autora, y la destinataria de una revolución que no puede compartir.
    Sólo un análisis ideológico riguroso puede convencer de que la lucha de clases no es un invento de manuales, sino el diagnóstico y el factor que mueve la historia. Y la mala utilización de los falsos revolucionarios de izquierda, no exime de este análisis y de su aplicación sistemática
    — El Peronismo implicó una socialización de hecho, pero también aquí por falta da análisis y rigor ideológico no explícito el proyecto socialista que debe estar expreso en una revolución contemporánea; y su consecuente condena y negación del capitalismo, en todas sus formas y disfraces. El Peronismo vehículo una con- ¦ ciencia anticapitalista de hecho —en el proletariado—, pero por falta de rigor ideológico dejó intocadas las más profundas estructuras capitalistas de la sociedad.
    2. – Perón fue un pragmático, un político genial pero en gran medida empírico. Siempre actuó teniendo en cuenta primor-dialmente la fuerza’ más poderosa de cada momento, la presión más importante la mayor exigencia de los acontecimientos.
    Esto no es una critica: todo conductor político tiene que cumplir esa tarea. Y Perón fue fiel a la fuerza objetivamente más importante: el proletariado. Su enorme mérito es haber interpretado y servido al proletariado —como más arriba hemos expuesto largamente. Pero el líder, el estratega, el político que conduce a los triunfos concretos, no es casi nunca el mejor analista, el ideólogo más profundo.
    Un conductor providencial tiende a confundir sus maniobras geniales y sus aciertos rotundos como una interpretación y un análisis genial y profundo.
    Para no citar sino un ejemplo. Del acierto táctico y fecundo de la “tercera posición” —que es una postura política sagaz— no se puede inducir una tercera posición ideológica, una imposible alternativa intermedia entre el capitalismo’ y el socialismo.
    En este sentido, hay que decirlo, la enorme figura de Perón ha sido a la vez la fuerza y la debilidad del peronismo.
    3. – La doctrina nacional, o doctrina peronista, con sus tres principios de independencia económica, soberanía política y justicia social, no as una teoría revolucionaria del proletariado, sino la plataforma de lucha que correspondía a todas las clases progresistas que pujaban por transformar el país en esa etapa de la historia. El Peronismo no transmitió al proletariado argentino, pues, una teoría revoluciona, sino que lo cohesionó en una doctrina de carácter nacional, en la que coincidían otros sectores bien diferentes.
    — Este permitió que, al menos al principio, coexistieran, dentro del peronismo, sectores que representaban intereses e ideologías implícitas divergentes (el proletariado y la burguesía industrial, por ejemplo).
    Esta unidad en la diversidad necesaria al principio se va a prolongar cuando, como vimos, los intereses son ya claramente contrapuestos, y las implicancias ideológicas dejan de estar silenciadas para hacerse manifiestas y exigir definiciones.
    4. – Y el Peronismo podía y debía esclarecerse ideológicamente. Porque tuvo la chance de interpretar un movimiento realmente revolucionario y proletario.
    Las ¡Geologías desconfiables son las que se elaboran en la soledad abstracta de los gabinetes. Pero el peronismo no tenía sino que interpretar a fondo, radicalmente, el proceso que estaba transitando, para encontrar las pistas ideológicas fundamentales. Con la enorme fuerza y ventaja de elaborarlas desde las certidumbres vividas, y en ese diálogo viviente con las masas participando lúcidamente del proceso.
    El gran desafío para toda revolución auténticamente trascendente, es unir el movimiento de masas con la teoría revolucionaria. Liberar el enorme poder de transformación del proletariado, su fuerza incontenible; pero esclarecerlo al mismo tiempo para que se proyecte a una liberación total.
    — Esta deficiencia era quizá irremediable. Los pensadores que pudieron ilustrar al movimiento estaban ajenos al mismo, espectadores o testigos estupefactos de un proceso que no entendían, o del cual sólo captaban los aspectos exteriores, la cascara discutible. La gran falla no ha sido aquí del peronismo mismo, sino de los hombres que debían poner su inteligencia al servicio del movimiento popular, y prefirieron el descompromiso y la neutralidad académica. También influyó, claro está, el triunfo fácil y amplio, que permitió a muchos seu-dos dirigentes identificar el peronismo a fórmulas simplistas y superficiales y, sobre todo, negar una actitud crítica y una elaboración creativa, que el movimiento necesitaba vitalmente.
    5. – De todos modos, el peronismo en su proceso y Perón en sus discursos han sembrado largamente la semilla de una ideología coherente y revolucionaria.
    No es aquí el lugar, pero una de las cosas que se pueden y se deben hacer es discernir los elementos de profundo contenido ideológico, clasista, combativo, que el peronismo ha inducido en el proletariado.
    Es esa una tarea para las actuales generaciones. Y un servicio a todo el movimiento revolucionario, que descubrirá cómo al pueblo argentino no hay que enseñarle todo, sino apoyarlo en sus certidumbres más arraigadas, y aclarar las ambigüedades que pesan sobre otras. 6. – Concluyendo: La ideología del movimiento no estuvo ni está a la altura del rol subjetivo que el movimiento cumple en el seno de la sociedad argentina, como eje natural del proceso revolucionario.

  • 2 — Una organización equivoca
  • 1 – Todo movimiento, si quiere prolongarse y llevar a cabo sus designios debe contar con una organización adecuada. No se trata de caer en la subordinación precipitada del partido político, más aún si éste es de tipo liberal. Pero en el combate complejo y prolongado de una revolución, el éxito se juega en gran parte en la eficacia de esa organización
    Una verdadera Política Revolucionaria supone la unidad y eficacia de Teoría. Organización y Métodos de lucha.
    Perón enfrentó con lucidez la necesidad de una organización, pero los resultados son bien discutibles.
    2. – En el orden sindical. Perón organizó el movimiento obrero, con una estructura de innegable eficacia para la época. La C.G.T. unida fue el brazo organizado del proletariado, y su solidez ha sido probada incluso por los largos años de represión y persecución posteriores En el período peronista constituyó un factor político determinante, y el órgano más fiel con que contó el proletariado Como todas las estructuras peronistas, estuvo influida por la facilidad del éxito y por la autoridad del líder, que obvió a muchos dirigentes el paso duro y realista de foguearse en lucha y ser juzgados realmente por sus camaradas.
    Muchos “blandos” y muchos arribistas poblaron las jerarquías cegetistas, pero, de todos modos, la validez y la eficacia de la organización obrera no puede ser discutida.
    Este fue el aspecto válido, eficiente, coherente de la organización peronista. 3.-En lo que se llamó el Partido Justicia-lista, las cosas fueron bien distintas. Por razones difíciles de discernir, el peronismo fue lugar de merodeo para personajes bien contrarios al Movimiento Es preciso comprender las circunstancias:
    a) El peronismo nace prácticamente el 17 de octubre y triunfa electoralmente el 24 de febrero de 1946. En un plazo increíblemente breve, instantáneo, se pasa de la formulación al triunfo.
    Y el peronismo —paradójicamente— padecerá siempre, será víctima de su propio éxito instantáneo, que lo hizo saltar etapas e ignorar la purificación, el fogueo y la experiencia que solamente la lucha prolongada otorga.
    b) Fue imprescindible al comienzo improvisar en muchos órdenes, comenzando por la designación de los candidatos. El estudio de los antecedentes y los intereses que representaban muchos de ellos es sorprendente.
    Para cumplir con los requisitos de la democracia liberal, el peronismo tuvo que ir de la mano de hombres que, en muchos casos eran absolutamente inferiores al Movimiento. Pero que desde el momento en que fueron investidos con un cargo se atribuyeron la representatividad del movimiento.
    Y en muchos casos, en vez de aprender modestamente lo que el movimiento les enseñaba, pretendieron atribuir al movimiento lo que no eran sino sus ideas mediocres.
    c) La facilidad del primer triunfo y de los siguientes, acunaron un verticalismo sin matices y una comodidad confortable en la genialidad y la presunta infalibilidad del líder – ¡que algunos presumían su propia genialidad!
    Más que una autocrítica severa, un desarrollo ideológico en profundidad, la implantación de una trama partidaria exigente o la aparición de personalidades creadoras y dignas de respeto, la burocracia partidaria fomentó la alabanza sin crítica, la vaguedad ideológica, el arribismo partidario y la perpetuación en su seno de personajes sin ningún valor. No interesa aquí marcar a los “culpables”. Interesa el hecho, la fragilidad institucional del peronismo, sus riesgos no sólo externos sino interiores a él mismo.
    En reflejos típicos de los mediocres, muchos asumieron la defensa de sus intereses, pretendiendo que defendían la “ortodoxia” peronista y la fidelidad al Jefe. Crearon, así. un sistema e exclusiones que contradecir la tendencia del Movimiento a integrar a los nuevos grupos o personalidades que podían incorporarse y renovar las filas. Por obra y gracia de muchos advenedizos que se pretendieron peronistas de la primer hora, un movimiento que era la juventud de la historia no incorporó sino muy relativamente a la juventud, y atribuyó tareas menores a los dirigentes juveniles.
    El paternalismo y la perpetuación típica de los viejos partidos infectó en parte al Partido Justicialista.
    4. – En el Partido tuvieron cabida los representantes de los sectores sólo transitoriamente interesados en la cruzada nacional y popular del Peronismo.
    Satisfechos sus intereses, frenaron el proceso. No le interesó sino perpetuarse y postergar las opciones difíciles y radicales.
    Todo esto fue en gran parte el aspecto ambiguo, falsificante, incoherente de la organización peronista.
    5. – De su enorme fuerza popular, pero de
    su cortedad ideológica y de su organización equívoca ha surgido aquella calificación dura pero en gran parte verídica: “un gigante invertebrado y miope” (J. W. Cooke).
    Y es cierto; cuando no ha contado con la conducción clarividente de Perón —que aún puede suplir con sus dones personales la vaguedad ideológica y la fragilidad organizativa—; cuando ha estado de algún modo solo, el movimiento ha derivado a tentaciones de lucidez dudosa y de energía pobre.
    Es tarea de los que amen y asuman todo lo que el Peronismo representa, la de darle una total lucidez y una organización acorde con su enorme poderío y con su misión histórica.
    3 — El espontáneísimo como método
    Dijimos más arriba que una política revolucionarla para no frustrarse exige una teoría correcta, una organización eficiente; métodos de lucha adecuados. El peronismo tampoco estuvo en este último aspecto a la altura de su rol objetivo.
    No decimos que haya rehuido el combate: todo lo contrario. Sino que se mantuvo en la fuerza espontánea de sus movilizaciones, postergando una organización combativa del proletariado, más urgente cuanto los conflictos se hacían más severos y los intereses de clases más contrapuestos.
    1.-El peronismo tuvo su espaldarazo definitivo el 17 de Octubre. De algún modo persistió siempre en la postura de aquel día maravilloso, donde la intuición de las masas y su capacidad de movilización habían roto de un golpe las intrigas y las barreras que se oponían al movimiento popular. De allí en más. el pueblo estuvo, masivamente, cuando fue convocado. Pero la ilusión de que cualquier conflicto sería derrotado con la simple movilización de las masas invadió al movimiento.
    Y lo que es más. se creyó que como el 17, el pueblo reaccionaría espontáneamente.
    Se olvidó que las luchas sociales, cuando son severas y profundas, pasan necesariamente por periodos oscuros, inciertos, donde la desorientación y el desaliento puede asaltar aun a los mejores.
    Entonces sólo un método de combate prefijado y ensayado puede suplir las reacciones espontáneas, despertarlas, conducirlas.
    2. -Eva Perón comprendió en gran parte este realidad.
    Muchos de sus esfuerzos estuvieron dirigidos a suscitar los comités de lucha, la organización combativa y las vanguardias de lucha dentro del movimiento. Pero encontró mil resistencias, nacidas quizás de sus propias vacilaciones y de la oposición tenaz de otros sectores: la burocracia partidaria, temerosa de una vanguardia organizada y .combativa; los militares, celosos de todo lo que pareciera milicia popular; los mismos grupos pa-ramilitares que existían en forma minúscula pero real dentro del peronismo y cuya mentalidad de ultraderecha y sus intervenciones en el fondo reaccionarias tanto desacreditaron la idea de una vanguardia organizada y combativa.
    3. – Esto tuvo trágica confirmación en los días de la revolución reaccionaria y la caída de Perón.
    En los momentos de prueba de junio a setiembre del 55 la suerte de la revolución nacional peronista quedó librada a la espontaneidad del movimiento de masas y a la promesa de Perón de jugarse solo la partida. Es decir, a dos posibilidades igualmente desastrosas. El ardiente deseo de lucha de las masas, su poderosa combatividad, se malogró por faltar un comando obrero verdaderamente adiestrado y revolucionario. 4. – Y los acontecimientos posteriores a la caída de Perón no han hecho sino confirmar estas evidencias.
    El pueblo peronista ha dado pruebas de una capacidad de resistencia y lucha conmovedoras. Pero casi siempre libradas a los estallidos espontáneos o a las audacias individuales. Ni uno ni otra han estado presididos por una estrategia global y una organización de lucha a la altura de la fuerza virtual del movimiento. Las luchas de los últimos años prueban la formidable rebeldía del pueblo trabajador. Pero la rebeldía no es la Revolución. Y entre una y otra media la organización combativa, los comandos adiestrados, las vanguardias incluso armadas que vayan conformando el verdadero ejército del pueblo, sin el cual el triunfo revolucionario es imposible.

  • Los fracasos del sistema para integrar el Peronismo: conclusiones
  • Hasta ahora hemos hecho un análisis y un diagnóstico del Peronismo. Se trata ahora de verlo en función de las circunstancias actuales, y sobre todo del proceso futuro. Cómo se sitúa delante del régimen, delante de los otros grupos revolucionarios y finalmente delante de sí mismo: es decir delante de los factores tradicionales y de los nuevos que constituyen el “hoy del peronismo y sus posibilidades para conducir o participar del futuro revolucionario”. Empezamos por la primar realidad, que domina los últimos 15 años y la actualidad más inmediata: los fracasos del sistema para integrar el peronismo.
    1 — Los fracasos del antiperonismo
    Los últimos 15 años de la Argentina no son sino una sucesión de fracasos que prueban la crisis definitiva del sistema. Período comenzado en una euforia “democrática” que atribuía todos los males a Perón y a la alienación de las masas, no ha sido sino una sucesión de intentos frustrados, de crudos fracasos. Hasta hoy lo único que se ha podido probar es la impotencia de los diferentes proyectos para solucionar los problemas argentinos.
    a) El fracaso gorila: que pretendió expulsar por la violencia y la represión el peronismo de las masas, y construir una nueva “época de oro” volviendo al liberalismo pre-peronista.
    b) El fracaso desarrollista de Frondizi: También aquí un doble fracaso político: porque ni las maniobras con votos trampeados, ni las elecciones diagramadas para “quebrar” las fidelidad del pueblo a Perón consiguieron su objetivo. La masa continuó fiel al Peronismo y a su líder. Fracaso económico-social, en el único proyecto teóricamente defendible.
    c) El fracaso del Radicalismo. Allí se hace patente hasta dónde debe descender el sistema para presentar una cobertura de aparente legalidad, que encubra la crisis y el descalabro: hasta una minoría incapaz, sin proyectos, sin fuerzas, sin arraigo popular.
    d) El fracaso de la “revolución” militar: Que nace de la impotencia de los partidos y políticos y muere en la absoluta impotencia de los militares para conducir un proceso en el que presumían de salvadores y todopoderosos.
    2 — El deterioro del régimen burgués
    Todos estos fracasos no son casuales: demuestran el total deterioro del sistema burgués.
    Más aún, comprueban que han desaparecido las formas tradicionales de unificación de la burguesía, la existencia, Incluso, de un partido minoritario que las represente y pueda gobernar de modo “aceptable”. Al extremo que son las propias FF.AA. las que deben quitarse la careta y constituirse en el factor de unificación y detentor del poder y la política burguesa.
    Pero el deterioro del sistema no es sólo una cuestión de descomposición interna de las fuerzas liberales. Todo lo contrario: es el fruto del jaqueo permanente a que lo son, entre las fuerzas populares. Un asedio de hecho —ya que la voz pública les está prohibida—. La oposición de una experiencia vivida y de una expectativa que no se pueden engañar. Por eso los sucesivos gobiernos “se tienen que “disfrazar”, pretendiendo ser los ejecutores de una política revolucionaria, democrática, nacional, popular. Que luego, evidentemente, no pueden realizar sino contradecir cada vez más. Pero lo que importa es descubrir que la experiencia peronista es la que obra como una presión objetiva, que a la larga desenmascara y desbarata al régimen. Aunque lo que de verdad piensen sea en retornar al liberalismo y al entreguismo más descarado, las fuerzas liberales deben revestir apariencias nacionalistas y populistas.
    Siempre prometen que “irán más allá que el peronismo”: serán más nacionalistas, más revolucionarios, más populares que el peronismo (para caer luego en la contradicción total).
    —Por eso es que los partidos son antiimperialistas desde la oposición y cipayos desde el gobierno. —Por eso es que los partidos son an-cuestión de horas. Por eso la milonga radical del pueblo, con sus declamaciones nacionalistas y populistas, fue luego irrisión y ridículo. Por eso el golpismo militar se tuvo que disfrazar de “revolucionario” para caer luego en el tirabuzón reaccionario que todos constatamos. Lo importante es darse cuenta que esa política dual y en el fondo imposible de los gobiernos de turno, no ha sido desenmascarada por los intelectuales o los grupitos ultra-conscientes. Sino por la presencia y la fuerza de hecho de las masas populares, a las que les ha bastado su experiencia y su fidelidad peronista para obligar al régimen a vivir en permanente contradicción entre sus declamaciones y sus realidades.
    3 — La imposible integración
    — En el fondo, todo lo que este proceso comprueba es la imposibilidad del sistema para integrar el peronismo.
    Se han transitado todas las etapas. Primero la persecución salvaje, la voluntad de aniquilarlo. Luego lo que se llamó “pacificación” y que no pretendía sino el silencio y la humillación del Peronismo, como precio para que cesara la persecución. Y después los mil coqueteos, las componendas, los esfuerzos por la integración y el dialoguismo.
    — El Peronismo es la terrible obsesión del sistema imperante en la Argentina. Su “enfermedad” incurable. Lo que debe ser combatido para que no progrese y destruya la dictadura burguesa.
    Por eso el régimen no puede practicar delante del peronismo sino la proscripción. Por más que se usen sonrisas hipócritas y proyectos conciliadores, a la hora de la verdad no se puede sino excluirlo. O soñar con una desorientación tal de las fuerzas populares, que permita acepten como peronista una caricatura y una traición al movimiento.
    A pesar de los “reacondicionamientos” del régimen tradicional para adaptarse y para disimular, la contradicción régimen-peronismo es de tal hondura que no admite bases de conciliación. La experiencia de 15 años prueba que el Peronismo es incompatible con el régimen.
    — Y en este sentido, el “instinto de conservación” de la oligarquía argentina es más lúcido que las hipótesis de los politicólogos.
    Su odio frontal, absoluto, sin matices al Peronismo es más significativo que ninguna otra cosa.
    Saben que para sobrevivir no tienen otra alternativa que la de aniquilar, y por eso no les preocupa las plataformas partidarias o los grupitos de ultra izquierda, sino el movimiento de verdad popular, cuyo determinismo incontenible contiene la destrucción irremediable de la oligarquía.
    — Lo mismo prueba la permanente intervención de las Fuerzas Armadas en el proceso.
    Cada vez que se ha querido amagar una consulta democrática —al estilo liberal incluso —el Peronismo se ha mostrado tan viviente y poderoso que ha obligado a salir a escena al que en definitiva constituye el verdadero partido del sistema las FF.AA.
    Porque desde 1955 el Ejército es un partido más, el partido continuo del régimen, el partido con la máxima capacidad de violencia en una fase histórica en que la Institucionalidad democrático-representativa ya no funciona y todo es en el fondo ‘ acción directa.
    Si la democracia funcionase, el peronismo sería gobierno; cosa que no sucede — para beneficio de todos los partidos— porque el partido fuerte, las Fuerzas Armadas, se lo impiden mediante la acción directa.
    Las Fuerzas Armadas ya no son un órgano del Estado: son el Estado, supliendo con su potencial armado lo que las estructuras y los partidos liberales no pueden sostener.
    El pueblo, por consiguiente, está reducido a ser víctima resignada o a ser “subversivo” cuando se rebela contra la explotación, la servidumbre, la entrega al imperialismo.
    — Hasta hace poco el Poder Armado ha mostrado en qué medida la exclusión del pueblo era sustancial para el sistema. Derrotado, sin embargo, por la rebeldía popular, debe hoy dar un paso atrás. Pero sería fatal engañarse. Aunque la evidencia catastrófica de sus fracasos los obligue a retornar entre bambalinas, nada prueba que los militares hayan cambiado sustancialmente. No es sino un respiro y un disimulo para volver a sentirse con derechos a intervenir, enjuiciar los gobiernos eventuales, y manipularlos. Para que el Ejército cambiase, tendría que volver a ponerse al servicio del pueblo y del movimiento popular, como lo estuvo en 1945. Y no como ahora, que aun retrocediendo y humillados obran como Señores del destino, miembros de una casta cuyos cuadros superiores se comportan como sí fuesen príncipes de la sangre. Ellos son los mandatarios, por derecho sagrado, de la Argentina; los demás, el pueblo: son los parias.
    — Pero más allá de la indignación debemos ver con justeza. El rol del Ejército no es resultante de un equívoco Vmoral”, sino fruto de una relación de fuerzas y de intereses.
    Es que el Ejército, última institución jerarquizada en una sociedad cuyas jerarquías están en crisis, es la garantía final del statu-quo, tanto bajo su forma liberal como bajo formas paternalistas o fascistas.
    — De nada vale que las peripecias circunstanciales den “una vuelta de tuerca” más a la situación, y las FF.AA. jueguen al escapismo, retornen al círculo vicioso que ellas mismas desplazaron: la entrega del poder a grupos políticos o partidos que ya probaron su fracaso.
    Eso sólo confirma que la desorientación y la desesperación son cada día mayores. Y que aún sin triunfar cabalmente, las fuerzas populares continúan derrotando las maniobras reaccionarias.
    4 — Conclusiones
    a) La crisis del sistema es total y permanente. Lo prueban sus fracasos sucesivos. Lo prueba un análisis de los sectores que lo componen. Lo que simplíficadamente llamamos “oligarquía” o “burguesía” no es una clase unida sino una serie de clases y sectores con sus propias contradicciones secundarías.
    Desde hace mucho carecen del sector burgués hegemónico capaz de unificarlas y conducirlas.
    Las FF.AA. —la única fuerza en condiciones de asumir ese rol hegemónico vacante— están derrotadas y “en retirada” — al menos de momento.
    b) El enfrentamiento “objetivo”, el jaqueo permanente al régimen lo han realizado las fuerzas populares, representadas por el Peronismo.
    Por eso el Peronismo ha sido la “obsesión” del régimen que no ha podido ni aniquilarlo, ni encasillarlo, ni domesticarlo.
    c) A la inestabilidad del régimen responde la potencialidad del movimiento popular.
    Esta fuerza se ha ejercido victoriosamente en cuanto negativa, oposición al sistema.
    Las fuerzas populares, lideradas por el peronismo, han dicho su ‘ no” permanente, y se muestran radicalmente incompatibles con el sistema
    Pero esta potencialidad es sólo virtual en cuanto signifique construcción positiva, instauración de otro sistema, no sólo defensa sino “paso al ataque” del proletariado peronista.
    d) Por eso no bastan las condiciones objetivas”, la crisis del sistema y la fuerza virtual del movimiento proletario. El sistema puede perpetuarse en crisis largos años. Es preciso pasar a la organización revolucionaria del pueblo en torno a su representante histórico —el peronismo—. y la formulación de una política revolucionaría agresiva

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