Devaluación de contenidos y emergencia de comisarios digitales. Juan Freire

En éste post Juan Freire arranca con una cita de esta entrevista:

"Antes eramos directores y ahora somos conectores. Porque hoy la gente elige su medio de comunicación, en su propio contexto y elige leer el periódico en papel u online. Pienso que Marshall MacLuhan se equivocó al decir que "el medio es el mensaje". Creo que hoy "el mensaje es el medio"."
Agrega Freire:
"La web 2.0 parecía abrir una era de los contenidos. Caen las barreras financieras, tecnológicas y culturales que limitan la creación de conocimiento, pero la “nueva” economía sigue obedeciendo a las viejas reglas y lo que se hace abundante se devalúa. ¿Dónde está ahora el valor? Posiblemente en el filtrado, la agregación y la remezcla y en la conexión intelectual y emocional con los usuarios. Llega la era de los comisarios digitales (algunos de ellos actuando como brokers de conocimiento). Pero, los usuarios creativos de la web 2.0 (casi todos amateurs), ¿son un nuevo proletariado simbólico?, o por el contrario ¿son parte de esos nuevos comisarios y conectores que destierran a los controladores tradicionales?"

Para responder a estas preguntas envía estos dos posts Los contenidos de la web 2.0 cotizan cada día a la baja y Se buscan comisarios digitales. Que los resume así:

. La devaluación de los contenidos en la web 2.0
El desarrollo de Internet y, especialmente, de las herramientas conocidas como web 2.0 ha implicado cambios radicales en los modelos de producción y distribución de conocimiento. Por una parte, la creación, gracias a la reducción de barreras de acceso y colaboración, ha experimentado un crecimiento exponencial. Por otra parte, la crítica implícita que la era 2.0 trae a los modelos tradicionales de jerarquía y autoridad, unido a la exuberancia de contenidos, generan nuevos problemas y oportunidades para su gestión por los usuarios. Pero, al tiempo, dentro de la web 2.0 han surgido numerosas tecnologías, herramientas y sistemas de gestión de contenidos (como el RSS, los agregadores, los mashups, los sistemas de etiquetado …) que permiten a los usuarios convertirse en “comisarios”. En cierto modo, todos los usuarios de Intenet somos ya “comisarios”, pero algunos de ellos, sean individuos, empresas u otras organizaciones, pueden tener como objetivo obtener mayor poder o beneficios económicos, y los podríamos identificar entonces como “brokers” de conocimiento.
Analizaremos aquí el origen de la importancia creciente de este tipo de actividad “curatorial” que no es otra que la propia devaluación de los contenidos digitales. En el siguiente post trataremos de entender que es, o puede ser, realmente un comisario digital.
Un efecto obvio, pero también y paradójicamente inesperado, de la irrupción de la web 2.0 y la producción amateur y masiva de contenidos es la devaluación de este nuevo conocimiento. En un mundo donde más gente aporta datos y produce información y conocimiento una gran parte de estos contenidos presentan escaso interés y/o calidad, pero crece también una larga cola del talento, de modo que el conocimiento de calidad empieza a ser muy abundante, casi ubícuo, aunque siga siendo minoritario. Esta transición plantea serios problemas de adaptación, en especial en lo que respecta a la motivación de los creadores y a la rentabilización económica de esta actividad cada vez más popular (como ya discutíamos referido al caso del periodismo de investigación).
En ReadWriteWeb, siguiendo esta línea, argumentan que Content is becoming a commodity (“in today's society, devaluation of content is becoming the norm”). Dicho de otro modo, el conocimiento explícito (que se encuentra y ya casi de modo universal en formato digital) se convierte en lo que los economistas denominan una “commodity”, un producto o mercancía genérico, sin ninguna característica distintiva cualitativa que le otorge un valor añadido y por tanto reemplazable. Esta visión rompería de forma radical con el concepto convencional de conocimiento como el resultado de la actividad más sofisticada y cualitativamente relevante de los seres humanos.
ReadWriteWeb se centra solo en una de las múltiples consecuencias derivadas de esta devaluación: los problemas de rentabilización económica que supone para los bloggers que su “trabajo” se convierta en un genérico de bajo valor susceptible de además de ser “capturado” por servicios externos (como agregadores que utilizan los feeds RSS) para reconvertirlos en otros contenidos (mediante la agregación, la remezcla o el enriquecimiento por comentarios) que si son rentabilizados (pero estos beneficios no llegan al autor original). Este es el mismo argumento qur utiliza Steven Hodson, What are my words worth?, cuando explica como el valor de los blogs se devalúa al trasladarse buena parte del debate que pueden provocar a otros espacios digitales.
El abogado Jonathan Handel propone varias razones para esta devaluación en Is content worthless?. Aunque su opinión es claramente crítica hacia aspectos como la evolución de la propiedad intelectual, la parte objetiva de su análisis es relevante. Los factores que explican esta devaluación serían el crecimiento exponencial de la oferta por los contenidos generados por los usuarios; la digitalización que permite su reproducción con un coste próximo a cero; la simplicidad y bajo coste de las herramientas tecnológicas implicadas; el desarrollo de un modelo de negocio basado en la publicidad (y que necesita de contenidos abundantes y baratos); y una nueva cultura menos restrictiva respecto a la protección de la propiedad intelectual.
Puede que, a modo de sarcasmo, tras acuñarse como eslogan de la era 2.0 la frase “la revancha de los amateurs” frente a las industrias culturales tradicionales, sean ahora algunos de esos amateurs los que están sufriendo en primera persona ese mismo proceso. Así se plantea en ReadWriteWeb: “quizás ahora los bloggers pueden empezar a apreciar a lo que otras industrias, como la discográfica y el cine, se tienen que enfrentar en esta nueva era digital”.
Un aspecto menos tratado de este proceso, son las razones íntimas y profundas que nos lleva a una masa de usuarios a convertirnos en creadores, al tiempo que se rechaza cada vez más el propio concepto de consumo y consmidor. Chris Heathcote, Everything i.e. anything, se muestra perplejo ante lo fácilmente que hemos asumido esta ética protestante del trabajo por la que producimos contenidos de modo irrefrenable, a una velocidad desconocida en la historia de la humanidad, aunque no exista una remuneración. Se pregunta con un toque de ironía por las razones por las que la gente se dedica a crear la Wikipedia en lugar de echarse a dormir. Este blogger y diseñador defiende el papel clave que sigue jugando el consumo. No tiene sentido crear algo que no va a ser consumido, a no ser que quisiéramos entrar en una hipotética dinámica absurda en que nadie leyese la Wikipedia por que todos estuviésemos escribiéndola. La realidad es mucho más pragmática y siempre existirá un número muy elevado de usuarios pasivos, de consumidores, y los usuarios activos siempre dedicarán una buena parte de su tiempo al consumo. Lejos de ser un problema, el consumo es una necesidad del propio sistema de creación y es precisamente la satisfacción de esta necesidad la que nos lleva a la aparición de los comisarios digitales.
2. La emergencia de los comisarios digitales
Si los contenidos en la era digital se hacen extraordinariamente abundantes y se devalúan, ¿donde está el nuevo valor? Todo indica que se trslada a los nuevos “curators” digitales susceptibles de convertirse en brokers de conocimiento si con su actividad concentran poder o beneficios económicos. El término “curator” procedente del mundo del arte, donde podríamos traducirlo por comisarios, y del de los museos, donde se aplican conservador o curador.
Un “curator”, de acuerdo con la definición proporcionada por la Wikipedia, es "un especialista en contenidos responsable de las colecciones de una institución y de sus catálogos asociados”. Esta definición se refiere a los comisarios o conservadores de objetos tangibles, sean estos obras de arte, sellos, objetos históricos o colecciones científicas, pero podría ser extendida a los objetos intangibles con los que se relacionan los comisarios digitales. El comisario analógico debe realizar elecciones (y el digital buscar y filtrar contenidos), preparar las obras para su exhibición (formatear, etiquetar, …) y combinar y organizar la exposición de las obras para generar la experiencia que vive el visitante (agrergar y/o remezclar los contenidos originales).
Grant McCracken ha realizado un excelente análisis crítico de estos nuevos “comisarios” (Curator: meme in motion). Para ello traza la breve evolución histórica de su uso en la cultura digital, que se inicia con un artículo que se publica en 1999 Fast Company donde presentaban "job titles of the future" y denominaban a Meg Asaro como Notionologist (and cultural curator). Para Steve Rubel los comisarios digitales son "el futuro del contenido online" (The Digital Curator in Your Future). Su argumento es ya de sobra conocido: el contenido está “en todas partes”, pero el tiempo del que disponemos para su “consumo” es cada vez más limitado (en especial en términos relativos si lo comparamos con la oferta existente). Esto es así tanto para el que quiere divertirse un rato viendo una película o leyendo una novela como para el científico que desea explorar los últimos avances en su área de trabajo o un ingeniero que busca la solución a un problema.
Por supuesto los comisarios digitales no siempre son personas, en ocasiones son comunidades apoyadas en herramientas (pensemos en digg o meneame) o incluso herramientas dotadas de protocolos que automatizan en gran medida el trabajo de comisariado. Para Rubel, las marcas, la empresas de medios y muchos individuos se acabarán convirtiendo en comisarios digitales, cuya actividad principal no será ya la creación de contenido. De hecho, mientras que el crecimiento continuado de los contenidos los devalúa, este mismo proceso hace que surjan contínuamente nuevos nichos que pueden ser explotados por estos comisarios.
Steven Addis (autor del blog The Curator Effect desde 2005 hasta octubre de 2007, momento desde el que permanece inactivo) publicó en Julio de 2007 en Advertising Age el artículo Raise Your Brand to the Level of a Peer, subtitulado “Be a Curator: consumers will seek out products, services that engender trust”, donde invita a las las marcas a convertirse en comisarios, gestionando las conversaciones que suceden alrededor de su marca y de sus usuarios y explotando los nichos que ofrece la diversidad de sus posibles clientes, y dejar de ser vendedores, preocupados solo por la comunicación unidireccional de productos de masas.
El principal problema de los planteamientos de Rubel o Addis es que aplican el término comisario indiscriminadamente a todo aquel que tiene que enfrentarse a la exuberancia de la información digital. Grant McCracken propone un uso más restringido a los casos en que se realiza “some "keeping," "collecting," "conserving" ”, aunque no es claro como entender algunos de estos conceptos en el mundo digital. En todo caso, quizás la mejor definición sea que los “comisarios reales piensan con sus colecciones. Las colecciones son la manifestación de la inteligencia, memoria, y arquitectura conceptual.“ Por el momento, para este antropólogo pocos realizan esta función con los contenidos digitales.
Mi opinión es ligeramente diferente dado que puede que en realidad buena parte de este trabajo de comisariado esté ya implícito en la propia creación de contenidos, que en realidad es siempre (y más en la web 2.0) un proceso que se construye a partir de otros contenidos. Claramente la figura de comisario digital, o de broker de conocimiento, se está definiendo aún estos momentos y en mi opinión existen tres futuros alternativos para la gestión del conocimiento en la era 2.0:
Un futuro caótico y pesimista donde los comisarios acaban por fracasar dando lugar a una crisis derivada de la sobreabundancia de contenidos y la falta de autoridades tradicionales.
Un futuro basado en nuevas formas de control, en el que algunos de los actores relevantes en estos procesos (desde los proveedores de acceso a las redes de telecomunicaciones a los grandes proveedores de contenidos y de servicios digitales) consigan limitar, por medios tecnológicos, económicos o legales, la capacidad de acceso y remezcla de contenidos digitales por parte de los usuarios. Estos nuevos actores podrían convertirse en comisarios impuestos.
Alternativamente, un futuro de abundancia y libertad en que los usuarios, pero también las empresas, las marcas y todo tipo de organizaciones, con la formación tecnológica e intelectual adecuada, puedan construir sus propios filtros y autoridades para manejar los flujos continuos de información que caracterizan la web 2.0 y extraer conocimiento útil para cada momento.

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