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Sobre los que ascendieron a la “A” y los que se fueron a la “B” – Revisando a Rubén Lo Vuolo

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"ningún orden natural promueve el desarrollo individual autónomo, ni el bien común, ni libera a los sujetos de contingencias que provocan daños ajenos a su voluntad y responsabilidad." Rubén Lo Vuolo



A propósito de los descensos a la “B” y de la exploración de esos nuevos espacios. ¿Nuevos? No, reasignados, reaggiornados. Los sistemas suelen hacer estas jugarretas, construyen bolsillos, pliegues, recodos donde se pueda esconder, reformular para luego dar más de lo mismo, actualizarse. Toda organización social necesita de una autoridad pública que arbitre las desigualdades y busque integrar la complejidad social en torno al interés público. Se puede discutir las características del ejercicio de esa autoridad pública, pero no su existencia. (las instituciones)


Nos llamó la atención este pasaje de Mangabeira Unger el otro día con Binner:



“El fenómeno reciente más importante es que al lado de la clase media tradicional ha surgido una segunda clase media”, afirmó el especialista brasileño. “Hoy la revolución pasa porque el Estado use sus recursos para abrir el camino a esas nuevas vanguardias emergentes. Vivimos en una camisa de fuerza de institucional y de ideas que impide el crecimiento de esa clase media. Hay que romperla y ese momento es ahora”, aseguró. “Desde los años 50 que no ocurría algo parecido, con Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina”



Tecni nos comentaba:


¿vanguardias emergentes? ¿en la clase media? ¿vanguardias? ¿? ah!, el estado, la maquina de impedir!!. Neusdat revival. Todo esto dicho en las mismas narices del bueno de Hermes, pero hace falta una nueva lectura de todo esto.


Hay quienes se van a la “B” por obligación (River, Gimnasia, Shocklender) otros por opción, porque se sienten mejor como cabeza de algo que como cola de león (Macri, Pino, Blanca Dasneves, Reutemann), pero para que alguien ascienda es necesario que otros se vayan al descenso, permitiendo así que una nueva ¿clase media?, otrora de las inferiores, ascienda.


Así: por un lado tenemos a los que quieren subir (sentencia 14 de Udi: 14) El primero y el segundo ascienden, no hay campeón, repito: no hay Campeón), estos demandan su lugar en el mundo, ya que se han preparado para eso; sin embargo, por el otro, las tradicionales burocracias de la “A” se se resisten a permitírselo y otorgarles ese espacio, los de la “B” están acostumbrados a soportar aprietes de todo tipo pero de todas formas se las rebuscan para encontrar ese lugar


Fernando Rosso nos recuerda:



No es justo que a cambio de este gran servicio prestado a la estabilidad capitalista Argentina, la burocracia sindical deba soportar que le pisen la cabeza los arribistas de "La Cámpora" y tengan menos diputados que bajo el menemismo



Antes se preguntaba:



La disyuntiva es, parafraseando a Gramsci, si lo que se pretende que nazca es mejor de lo que "no se termina de matar". Es decir, una camarilla de funcionarios estatales, con figuras mediáticas, simpáticas a la clase media, venidas desde la derecha o la centroizquierda, intentando "domesticar" al peronismo "mazorquero" del PBA, a los federales de las provincias y como si fuera poco, también a la burocracia sindical, ¿significa mayor estabilidad burguesa y una profundización del "proyecto"?


Creo que esta es la pregunta del millón en esta vorágine de ascensos y descensos, entre nuevas y viejas clases medias.


Pues la respuesta es un NO rotundo. Una nueva clase media emergida así en block de la noche a la mañana no mejora la cuestión de la inclusión social y mucho menos resuelve la de la pobreza, tampoco la Primera “A” de esta manera lo logra, sin embargo se actualiza. Ni con un “que se vayan todos” se logró esto, salvo, como dice Tecni, que el sistema haya dado una voltereta tal que pretenda generar nuevos espacios dentro de la inclusión “económica” pero de ninguna manera desde la social o civil.


Repartir plata no es incluir socialmente, solo “te la presto por un ratito para sacártela dentro de un rato”, sabemos que a Mangabeira se le ve la tanga. Eliminando la pobreza no se elimina la desigualdad social, dice Rubén Lo Vuolo, más allá que la disminución de la pobreza es una condición necesaria para acabar con la desigualdad social.



Más o nuevos agentes económicos jugando el campeonato del mercado (ampliado) tampoco socializan, al contrario someten al pueblo que pretende jugar ese juego. El viejo procedimiento neoliberal de: crear necesidades (superfluas), otorgar crédito a cambio de garantías (endeudamiento a cambio de dinero), producir condiciones en donde no se puede cumplir con las obligaciones contraídas (teoría del shock), apropiarse de las garantías o restringir las libertades (especialmente económicas) del endeudado, construir mas poder a partir de esta dependencia. En consecuencia no se han abolido esta lógica grondonera de los campeonatos, cualquiera sea su categoría, se aggiorna a nuevas formas de necesidades-endeudamiento-shock-sometimiento. (El culbsito de barrio que se funde por ascender a la “A”). La realidad es que todo esto ocurre porque al stablishment le queda lugar para maniobrar con un River que no gana, necesita incorporar a la cancha nuevos jugadores hasta ahora desconocidos. Por eso a sus viejos socios los hace descender para tener la posibilidad de vanpirizar a los que necesitan del ascenso para que, luego de chuparles la sangre, dejarlos morir de inanición.


La realización de la inclusión social no se define con una posición en la tabla, sino con el efectivo estado de realización de las personas, la verdadera posición que cada uno de ellos ocupa, como lo señala Denis Merklen en Vivir en los márgenes. Esto implica tener en cuenta cómo esas carencias, universalmente reconocidas como básicas, pueden o no transformarse en potencial capacidad para que las personas puedan lograr determinados objetivos como agentes sociales (Sen: 1985), como refuerza Lo Vuolo. Por ello, el bienestar y la pobreza no se pueden evaluar considerando sólo lo que se tiene (o se recibe) en relación con un Standard (una posición en la tabla), sino la capacidad efectiva de decidir distintas formas de hacer a partir de lo que se tiene. No estar protegido socialmente tiene que ver con la falta de posibilidades de elegir libremente entre los distintos modos de vida disponibles en la sociedad.



Para nosotros lo importante es aprovechar las brechas que se abren entre "los de arriba", para hacer avanzar la lucha y las organización de "los de abajo", concluye Rosso. Creemos compartir esta última reflexión, no nos comamos ninguna curva.





INGRESO CIUDADANO PARA LA NIÑEZ - Reelaborando ideas para construir una sociedad más igualitaria

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RESUMEN

El concepto de ingreso ciudadano (IC) [renta básica, basic income, citizen’s income] se refiere a un sistema integrado de políticas públicas cuyo objetivo es garantizar un ingreso incondicional a todas las personas. En este trabajo se argumenta a favor de iniciar el camino hacia la implementación de un IC en Argentina garantizando un ingreso básico e incondicional las personas menores de edad. Dadas las diferentes posiciones que hoy existen con respecto a esta propuesta, los autores reelaboran los argumentos expuestos en trabajos previos para sugerir ciertas reglas operativas que debería tener la política para generar impactos positivos sobre la pobreza, la distribución progresiva del ingreso, el mercado de empleo, el sistema fiscal y la autonomía de las personas. Asimismo, comparan la propuesta de IC para la niñez con las reglas operativas de las políticas de transferencias de ingresos actualmente vigentes en el país.

Descargar el PDF directamente del CIEPP

También se puede descargar la propuesta inicial. Libro desde aca

Contra la exclusión.
La propuesta del Ingreso Ciudadano.
Lo Vuolo, R. (comp.); Barbeito, A.; Gargarella, R.; Offe, C.; Ovejero Lucas, F.; Pautassi, L.; Van Parijs, P. (1995)  REEDITADO 2004

Página del Ciepp http://www.ciepp.org.ar/

INGRESO CIUDADANO PARA LA NIÑEZ

Reelaborando ideas para construir
una sociedad más igualitaria

Alberto C. Barbeito
Rubén M. Lo Vuolo

1. ¿Qué se entiende por Ingreso Ciudadano?


Con el concepto de ingreso ciudadano (IC) [renta básica, basic income, citizen’s income] se alude a un sistema integrado de políticas públicas cuyo objetivo es garantizar un ingreso incondicional a todas las personas1. De este modo se busca hacer efectivo el derecho a percibir un ingreso básico que es imprescindible para ser miembro pleno de la sociedad en la que el Estado ejerce su poder fiscal. Las características distintivas de la propuesta son la incondicionalidad y la universalidad del derecho a la percepción del ingreso básico2.
De este modo, el derecho a percibir un IC se diferencia de otras políticas que distribuyen ingresos entre las personas. Por ejemplo, no se requiere participar de un empleo remunerado (como es el caso del salario), ser declarado incapaz (pensión por invalidez), haber contribuido con una prima de seguro (jubilación ordinaria, asignaciones familiares), demostrar que se está desocupado (seguro de desempleo), ser calificado como pobre o indigente (transferencias monetarias condicionadas), etc.
Por ser un derecho de cada persona, el IC no discrimina ni interfiere en las decisiones acerca del tipo de vida y de relaciones que se elige. El derecho a acceder a un IC reconoce que en sociedades mercantilizadas y monetizadas como las nuestras, se accede a los elementos esenciales para existir socialmente mediante el ejercicio autónomo de poder de demanda. El acceso a un IC ayudaría a construir un sistema de políticas públicas que sea eficaz no sólo para disminuir notablemente la pobreza sino también para ampliar la libertad y la autonomía de las personas.
Dada la importancia del acceso a un ingreso básico para existir socialmente, el derecho a ese acceso no puede depender de la situación laboral de las personas ni de otra condición vinculada a la situación de los miembros de la familia o la comunidad a la que pertenece. Como parte de los derechos humanos, el derecho a un ingreso básico que permita la existencia social es propio de cada persona. Su eventual participación en un modo de organización familiar, en una unidad productiva, en una comunidad, muchas veces limita la posibilidad de ejercer su derecho humano a la existencia. Esto es claro observando las condiciones de precariedad y subordinación a la que se ven sometidas las personas en el mercado laboral, su dependencia de un programa asistencial decidido por el poder político de turno. Los modos que la sociedad ofrece a muchas personas para integrarlas económicamente atentan contra el pleno ejercicio de sus derechos humanos a una existencia digna.
El carácter personal de este derecho no le quita potencialidad colectiva para construir una sociedad justa que lleve a la práctica los ideales de igualdad y emancipación. La fortaleza de la autonomía personal es un elemento clave y hasta un prerrequisito para la construcción de sociedades más igualitarias donde los grupos más subordinados puedan avanzar en un proyecto de emancipación efectiva de la opresión que conlleva el depender de otros para la satisfacción de sus necesidades primarias3.
En términos operativos, una política de IC serviría para reorganizar de modo más eficiente las variadas, descoordinadas e ineficaces políticas de transferencias monetarias que hoy reciben algunas personas por parte del Estado. Esto involucra tanto a los subsidios directos típicos de las políticas sociales (asignaciones familiares, desempleo, jubilación básica, programas asistenciales, etc.) como también a las transferencias indirectas implícitas en las políticas tributarias (como las deducciones por cargas de familia contempladas en el impuesto a los ingresos personales). El reconocimiento de la necesidad de acceso a niveles básicos de ingresos es el común denominador de todas estas políticas que, sin embargo, operan de modo descoordinado y no logran el objetivo que justifica su existencia.
El objetivo final de la propuesta de IC es que todas las personas reciban de modo incondicional un ingreso suficiente para cubrir niveles básicos de consumo. Operativamente, ese ingreso se incorpora como un crédito fiscal efectivo en la declaración de impuestos a los ingresos personales (digamos, ganancias). De este modo, integrando el subsidio con el tributo, se lograría en la práctica que aquellas personas con niveles de ingresos superiores a ciertos mínimos “retornen” al fisco el monto del IC que “no necesitan”. Para ello, se establece una escala graduada de tasas efectivas de impuesto según su nivel de ingresos, lo cual garantiza el impacto progresivo de la acción conjunta entre la política tributaria y la política de gasto público.
Este objetivo no puede alcanzarse de modo abrupto, sino que requiere una cuidadosa programación de pasos sucesivos. De allí se derivan diversas propuestas “parciales” que vayan avanzando de modo gradual hacia la cobertura universal del derecho a un IC, tal y como ha sucedido con la historia de los diferentes derechos propios de los sistemas de protección social de los estados modernos. La experiencia indica que los derechos reconocidos en las distintas políticas sociales comenzaron otorgándose primero a ciertos grupos para luego ir ampliando la cobertura. Lo importante es que, en la gradualidad, no se contradigan los principios básicos de la propuesta: incondicionalidad y universalidad de acceso a un ingreso básico.
Así, la propuesta de IC pasa a integrar el espacio de la solidaridad institucionalizada junto con otros derechos sociales propios de los Estados de Bienestar modernos4. Este tipo de fundamentación deja claro que una política de subsidio universal e incondicional (incluso en alguna forma inicial de cobertura a un determinado grupo) involucra a toda la sociedad y no responde a la visión caritativa, corporativa y hasta represiva de la política social hoy vigente.
Al igual que en otros países, en Argentina la discusión acerca del IC ha venido ganando amplio espacio en el ámbito académico y político. El debate sobre el tema se ha ido desarrollando a partir de la siguiente propuesta: la mejor opción para comenzar la implementación gradual del IC en el país sería reconocer el derecho a un ingreso incondicional a todas las personas menores de determinada edad (en general 18 años)5. Tomando como referencia esta propuesta de IC a la Niñez, desde al año 1997 se han venido presentando en el Parlamento nacional distintos proyectos que buscan garantizar un ingreso básico a las personas menores de edad; también existen propuestas similares en jurisdicciones provinciales y locales6.
Sin embargo, las variadas iniciativas que buscan garantizar un ingreso a los menores de edad no siempre responden a los principios que inspiran la propuesta del IC. En muchos casos se toma el título y el discurso propio del IC para sostener propuestas que, operativamente, violentan sus fundamentos. No toda transferencia de ingresos es un IC y no toda transferencia de ingresos dirigida a las personas menores de cierta edad es compatible con los postulados del IC. No se trata de una cuestión semántica o de detalle, sino de diferentes reglas operativas cuyo resultado práctico puede incluso atentar contra el objetivo señalado en la propuesta original.
Por estas razones, nos parece oportuno retomar aquí algunos argumentos expuestos hace más de una década para justificar que, en países como Argentina (y en general en toda América Latina), es razonable y oportuno iniciar el camino hacia la efectiva instauración del derecho a un IC garantizando este beneficio a las personas menores de 18 años (o la edad que se determine). La garantía de un IC para la niñez iniciaría el camino hacia una reforma integral del sistema de protección social del país que ya ha dado suficientes pruebas de su ineficacia para alcanzar niveles básicos de cobertura de ingresos para la población, en especial de los grupos más vulnerables y subordinados.

2. La situación social de los menores y su importancia para recomponer un acuerdo de solidaridad intergeneracional en las políticas públicas


Es un hecho comprobado, tanto en Argentina como en el resto de América Latina, que la mayoría de los pobres son niños y la mayoría de los niños son pobres7. Esta afirmación se refiere no sólo a la elevada cantidad de personas que perciben ingresos inferiores a la llamada “línea de pobreza”8, sino también a que las familias en esas condiciones tienen a su cargo un mayor número de niños9. En otras palabras, el mayor número de personas por hogar explica gran parte de la llamada pobreza “per capita”. La pobreza no sólo es mayor en los hogares con mayor número de hijos sino también en los hogares monoparentales con jefatura femenina.
La presencia de una mayor proporción de personas económicamente dependientes en los hogares de bajos ingresos genera mayor presión sobre los ingresos de los miembros económicamente activos. Esta situación hace que las personas activas de esos hogares tengan que trabajar más horas, aceptar empleos más penosos o incorporar más miembros del grupo familiar a la búsqueda de ingresos en un mercado laboral precario. Las personas menores de edad de familias pobres se ven así forzadas a trabajar tempranamente en actividades remuneradas o realizando trabajo doméstico no remunerado para permitir que otros miembros de la familia ingresen al mercado de empleo. El trabajo de los menores de edad explica en gran medida la deserción y el bajo rendimiento escolar. Además se realiza en condiciones de extrema precariedad, todo lo cual atenta contra sus condiciones de vida presentes y futuras10.
Esto explica en parte el aumento de la oferta de trabajo femenina en los grupos más vulnerables de la población y su comportamiento atado al ciclo económico11. El aumento de la tasa de actividad femenina en el país se corresponde con la “precarización” laboral de las mujeres de los sectores populares que se ubican en puestos de menor remuneración y calificación, particularmente en servicios personales o en procesos rutinarios de ciertas ramas industriales.
El modo en que se interrelacionan estos y otros procesos explica la conformación de un “círculo vicioso” de reproducción de la pobreza y de la vulnerabilidad social. Esto es, la pobreza, carencia, dependencia, subordinación y vulnerabilidad social de ciertas personas se origina en gran medida en el hecho de nacer y convivir en hogares en esa situación. La comprobación de esta dinámica descalifica cualquier argumentación acerca de la responsabilidad individual de las personas por su situación de carencia. La pobreza se explica mayormente por el solo hecho de nacer en hogares de bajo acceso a recursos y capacidades básicas que son imprescindibles para integrarse plenamente en la sociedad. Al mismo tiempo que las hijas e hijos nacen pobres, las madres y los padres profundizan su pobreza por la carga de su cuidado.
Suele argumentarse que una medida eficaz para cortar este círculo de pobreza sería lograr que la gente de menores recursos controle el número de hijos e hijas a su cargo. No es este el lugar para discutir el punto, pero algunas cuestiones vinculadas al tema son relevantes para nuestra argumentación a favor de un IC para la niñez.
Primero, la modificación de este tipo de comportamiento requiere de políticas públicas que son plenamente compatibles con un IC para la niñez (como es el caso de las políticas de salud reproductiva). Segundo, no hay fundamentos para sostener que un IC para la niñez puede estimular a las familias a aumentar el número de hijos, entre otras cosas porque: i) las evidencias disponibles muestran una correlación negativa entre el nivel del ingreso familiar y el número de hijos; ii) los asalariados formales que cobran beneficios del programa de asignaciones familiares tienen menos hijos que los informales que no los cobran. Tercero, hoy existen múltiples programas asistenciales en los cuales se exige tener hijos a cargo para ser beneficiario y no se conocen evidencias que den cuenta de estímulos a la natalidad.
Más importante aún, estos programas asistenciales tienen otros problemas que un IC universal e incondicional, incluso si en principio se acota a la niñez, podría resolver. Por ejemplo, evitaría los problemas de “trampa de la pobreza” y de “test de recursos” típicos de los programas que exigen ser pobre, desempleado o conformar un determinado grupo familiar para obtener el beneficio12. La exigencia de estas y otras condicionalidades alienta el desarrollo de mecanismos para “probar” la calificación en los términos exigidos por la burocracia responsable de la administración. Esto es más evidente cuando se implementan en un contexto laboral tan precario como el de Argentina, en donde la opción alternativa a los programas asistenciales es un empleo de baja calidad y remuneración, inestable y sin protección social.
Lo anterior sugiere que las personas de menor edad representan un grupo de población que reúne características adecuadas para iniciar la reforma de las políticas de transferencia de ingresos en el sentido propuesto por el IC. De la misma forma, podría argumentarse a favor de un IC para las personas en edad laboralmente pasiva, tal y como lo hemos hecho en otros trabajos13. Comenzar con un IC que otorgue el derecho a personas económicamente dependientes es un modo razonable de quebrar el círculo vicioso de la pobreza y apoyar a los miembros activos del hogar en su difícil búsqueda de ingresos en un mercado laboral precario y heterogéneo.
Para hacer efectiva la aplicación de una política de IC a la niñez, el camino se ve allanado por la existencia de varias instituciones que ya transfieren ingresos fiscalmente bajo la justificación de la atención de los menores. La reforma de las mismas facilita la aplicación inmediata de la propuesta del IC para la niñez y es un argumento clave a favor de la misma.

3. La irracionalidad de los actuales sistemas de transferencias fiscales de ingresos fundados en la atención de los menores


Actualmente existen en Argentina numerosas políticas públicas de transferencias de ingresos justificadas por la carga económica que representan las personas menores de edad para los activos adultos. Sin embargo, estas políticas no están coordinadas, se superponen, discriminan beneficios y beneficiarios y habilitan prácticas de clientelismo político. Como resultado, en conjunto resultan ineficaces para garantizar niveles básicos de ingreso a los hogares con menores a cargo y para fortalecer la capacidad autónoma de las personas para resolver la situación por sus propios medios.
Una estrategia posible para resolver esos inconvenientes, sería cambiar el modo de observación del problema. Para ello hay que entender que el sistema tributario y las políticas que distribuyen beneficios sociales hoy operan mayormente como sistemas desintegrados de transferencias fiscales de ingresos. De este modo, impiden la evaluación de los impactos redistributivos “netos” de las mismas14. A esto se le suman otros problemas generales de la política tributaria en Argentina, que tiene características similares a las de otros países de América Latina15: 1) fuerte presencia de impuestos indirectos, con amplia base imponible y elevadas tasas; 2) desatención de los impuestos directos, lo que limita la progresividad en los impuestos sobre los ingresos y patrimonios personales; 3) exenciones a rentas financieras, ganancias de capital, cesiones no onerosas y herencias; 4) muy baja recaudación del impuesto a los ingresos (ganancias) personales con tratamiento discriminatorio de contribuyentes según el origen o fuente de sus ingresos.
En lo que respecta al gasto público social, el problema central a abordar es el desmantelamiento de las políticas de carácter “universal” y la pretensión de resolver los problemas de allí derivados con la proliferación de programas asistenciales. Esta tendencia iniciada en la década del noventa y aún vigente, disminuyó la calidad de las prestaciones sociales, redujo la cobertura y estructuró un sistema institucional que consolida la diferenciación, estigmatización y discriminación en el acceso de la población a las instituciones públicas. Lo que se debe modificar es la irracional combinación que hoy existe en el país entre un cuerpo corporativo de políticas sociales que opera con seguros sociales que cubre ciertos grupos del empleo formal (con beneficios diferentes), junto con políticas universales desjerarquizadas y políticas asistenciales insuficientes e ineficaces dirigidas como “residuo” al resto de la población.
No se trata de cuestionar ningún programa de modo aislado, sino los rendimientos del modo en que se estructura y articula el conjunto del sistema nacional de protección social en el país. Su incapacidad para ofrecer cobertura al universo de las personas necesitadas, sus rendimientos estigmatizantes, las prácticas clientelares que habilita, su debilidad para reducir la pobreza y la distribución regresiva del ingreso, son evidencias suficientemente probadas16.
En particular, la prioridad es revertir la pobreza de las “políticas contra la pobreza”, cuya característica central es la discriminación de beneficiarios mediante criterios de condicionalidad de acceso17. Es irracional pretender que con programas asistenciales condicionados se puede alcanzar los mismos objetivos que con programas universales incondicionales. Es al revés: sólo la presencia de este último tipo de programas puede garantizar eficacia en el logro de objetivos distributivos que amplíen la libertad y la autonomía personal. Este es un argumento central en defensa de políticas como el IC.
Al ser universal, el IC no deja a nadie necesitado sin cobertura, y al ser incondicional elimina los problemas de discriminación y estigmatización. Además, es mucho más simple administrativamente y tiene un impacto positivo en la eliminación de los canales de intermediación que son fuente permanente de clientelismo político en las distintas jurisdicciones de la administración pública. Su vinculación positiva con otras políticas universales, como salud y educación, permite abordar los problemas sociales de un modo integrado. Su impacto en el mercado laboral también sería positivo porque no sólo serviría como estabilizador de la demanda de los sectores más vulnerables al ciclo económico sino que además potenciaría el poder de negociación de los trabajadores (tanto los que tienen representación sindical como los que no la tienen. El juego combinado de estos elementos permitiría reducir la pobreza, mejorar la posición de la fuerza laboral en el mercado de empleo y por consiguiente tendría impactos positivos en la distribución del ingreso.
Para hacer factibles estos impactos positivos en el bienestar de la población y en el propio funcionamiento del sistema económico, se debería reformar varios elementos de las actuales políticas públicas. En primer lugar, la irracionalidad de los actuales programas destinados a la niñez que reconocen diferentes niveles de beneficios sin ninguna justificación. Peor aún, en ningún caso esos niveles responden a una evaluación del costo requerido para cubrir (o complementar) los gastos que demandan esas personas a cargo18, sino que se establecen con criterios arbitrarios sin fundamento.
El programa de esas características que moviliza más recursos es el Programa de Asignaciones Familiares. Este programa se fue desmantelando a lo largo de las últimas dos décadas, quitándole recursos y focalizando cada vez más sus beneficios. Recauda un impuesto sobre los ingresos de los asalariados registrados y paga asignaciones por diversas “cargas de familia” (hijos, nacimiento, escolaridad, etc.) de manera segmentada según el nivel del salario y el tipo de inserción laboral del padre o la madre. Los trabajadores por cuenta propia y los asalariados no registrados (informales) no tienen derecho a recibir este beneficio. En cuanto a los trabajadores formales, el monto del beneficio varía en sentido inverso al salario. De esta forma, la asignación familiar por hijo varía entre un máximo de $ 135 para salarios registrados de hasta $ 2.400, disminuye a $ 102 para los salarios hasta $ 3600; baja a $ 68 para el tramo de salarios entre $ 3.601 y $ 4.800; y es nulo cuando el salario supera este último importe. En el caso del principal programa asistencial focalizado en familias catalogadas en situación de vulnerabilidad social y con hijos a cargo, el subsidio oscila entre $ 200 y $ 45 mensuales por hijo (según la posición en la grilla de nacimientos y hasta un máximo de 6 hijos o hijas a cargo).

Menos visible pero no menos importante que los programas que pagan beneficios, es el esquema que opera por el lado del impuesto a las ganancias de las personas. Se trata de las deducciones por cargas de familia (incluyendo la deducción por hijos) que reducen el monto de los ingresos gravados y así se utilizan para determinar un menor impuesto a pagar. Estas deducciones no operan como un “crédito fiscal reembolsable”; esto es, no generan un crédito efectivo a favor de aquellos contribuyentes cuyos ingresos son inferiores al monto total que se permite deducir. Por lo tanto, en la práctica, sólo se benefician de esta transferencia fiscal quienes tienen ingresos por encima del monto total de las deducciones permitidas, esto es quienes llegan a ser contribuyentes “efectivos” del impuesto a las ganancias. En contraste con los programas que pagan beneficios por hijos a cargo, los contribuyentes del impuesto a las ganancias pueden deducir en concepto de cargas de familia la suma de $ 5.000 anuales por cada hijo a cargo.
Como resultado, para el Estado argentino, los hijos e hijas tienen un “valor” diferente según la posición laboral y social de sus progenitores, según el orden de su nacimiento, etc. Incluso, pueden valer cero. Además, el sistema tributario opera discriminando contra las familias de bajos ingresos y con mayor número de hijos porque las deducciones de cargas de familia reconocidas en el impuesto a las ganancias impactan de manera regresiva según el nivel de ingresos. Sólo por dar un ejemplo ilustrativo de lo anterior, con ejercicios numéricos sencillos puede demostrarse que una familia de altos ingresos puede cubrir el gasto de la remuneración de su servicio doméstico con el ahorro fiscal que le permiten las deducciones en el impuesto a las ganancias. Mientras tanto, esas empleadas domésticas no pueden hacer efectivo el crédito fiscal por dichas deducciones debido al bajo nivel de sus ingresos y el carácter informal que tiene esa relación laboral en la mayoría de los casos. Aún cuando estuviera regularizada su situación en el plan especial de monotributista, tampoco recibe asignaciones familiares ni aplica las deducciones por hijo en el tributo.
El IC para la niñez resolvería estos inconvenientes. Por un lado pagaría un monto uniforme al que accederían todas las personas menores de edad sin ningún tipo de condicionamiento personal o familiar19. Por otro lado, funcionaría como un crédito fiscal efectivo independientemente de la situación del hogar al que pertenece el beneficiario.
Este es el único modo de lograr que los hogares de menores recursos accedan al mismo nivel de crédito fiscal que los hogares ricos y que, al mismo tiempo, la política fiscal sea progresivamente distributiva. Para ello, el monto del IC debería incluirse como un ingreso a los efectos de la liquidación del impuesto a las ganancias, estableciéndose una progresividad en las alícuotas tributarias de forma tal que sólo sea alcanzado en la medida en que los ingresos totales del titular superen los mínimos no imponibles. En suma, los ricos terminarían tributando sobre el IC en tanto que para los ingresos inferiores al mínimo, el IC operaría como un crédito fiscal efectivamente percibido.
En síntesis, cuando se habla de IC para la niñez, de carácter universal e incondicional, no se está haciendo referencia a una simple transferencia o subsidio que debe considerarse de modo aislado, como es el caso de los beneficios de programas asistenciales. Se está hablando de un sistema integrado de políticas públicas que modifica el irracional, regresivo e ineficaz esquema actual.

4. Los fundamentos del Ingreso Ciudadano a la niñez


Con estos elementos puede precisarse la argumentación en favor de una política de IC a la niñez. No se trata de justificarla porque los menores de edad son personas “inocentes” y, por lo tanto, “no culpables” de su situación personal y social. Por este camino se confunde la propuesta con las típicas políticas protectoras basadas en la idea del “riesgo” (moral o material) al que supuestamente están sometidos los menores. De la idea del riesgo individual del menor, se pasa rápidamente a señalar el “riesgo social”, esto es el temor de que los menores en esa situación se conviertan en “futuros delincuentes”. Tampoco se trata de utilizar al menor de edad como intermediario en la fiscalización de la situación laboral de sus progenitores. En estos y otros casos similares, la justificación de un ingreso pagado a las personas de menor edad no se sostiene en su derecho a desarrollarse autónomamente sino que es una excusa para ejercer el control social y limitar su desarrollo personal autónomo.
El IC para los menores debe fundamentarse en su potencialidad para hacer efectivos los derechos humanos, la ciudadanía plena y la construcción de un contrato social intergeneracional que es un elemento clave para consolidar procesos de integración social. El “derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social”, se reconoce crecientemente como un derecho humano fundamental en las sociedades contemporáneas y constituyen normas jurídicas internacionales a partir de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Argentina ha incorporado los derechos de la niñez, de la protección integral de la familia y la compensación económica familiar como normas constitucionales.
El debate acerca de la garantía de un IC para la niñez diluye uno de los temas más conflictivos y menos comprendidos de la propuesta del IC: el hecho de otorgar un beneficio sin contraprestación laboral. Esto no obsta que pueda admitirse que el beneficio se vincule con el cumplimiento de ciertas obligaciones que ya tienen las personas de esa edad y sus representantes legales. Por ejemplo, se puede reclamar como contraprestación que la madre atienda a controles periódicos del embarazo durante el tiempo de gestación, la realización de exámenes regulares acerca del estado de salud y de nutrición del niño en las primeras etapas de vida, la asistencia escolar durante el período legalmente establecido, etc. Existen normas en el país que establecen estas obligaciones y el IC para la niñez, como cualquier otra política pública, puede ser un vehículo para impulsar un cumplimiento más efectivo. Pero si circunstancialmente no se cumplen estas obligaciones, esto no habilita a sancionar al menor beneficiario del IC. En todo caso, se debería penalizar a los padres o responsables de su administración por desatender y perjudicar al menor en su desarrollo.
El punto es garantizar que ese ingreso sea efectivamente apropiado por el menor que es quien tiene el derecho al beneficio. Para ello deben aplicarse las mejores prácticas administrativas. Todo indica que, al menos hasta una determinada edad en que se considere que el niño o niña puede hacerlo por si mismo, la administración del beneficio debería ser responsabilidad de la madre quien en términos generales es quien está a cargo de las tareas de cuidado de los miembros del hogar20.

5. Para avanzar en la construcción de consensos sobre la propuesta


Los argumentos previos deberían ser útiles para construir consensos entre todas las propuestas que hoy circulan en los ámbitos académicos, políticos y de los movimientos sociales en Argentina. El IC para la niñez no debe pensarse como un adicional al salario, sino como una remuneración complementaria, independiente de la situación en el mercado laboral de cualquier miembro del hogar, incondicional y basada en el derecho humano de todas las personas a percibir un ingreso básico.

Por eso, no parece adecuado que este beneficio se plantee como un complemento diferenciado del Programa de Asignaciones Familiares. Esta alternativa consolidaría el carácter segmentado de las políticas sociales, continuando la fragmentación actual y la injustificada diferencia de valor de los beneficios según el lugar que los progenitores ocupan en el mercado laboral. Por otra parte, complicaría la fiscalización y las reglas operativas, dado el carácter volátil de la situación laboral; esta complicación sería tanto para el pago como en materia tributaria.
Lo que debe debatirse son cuestiones como: 1) la definición del valor del beneficio, siendo necesario ponderar en cada caso el costo del “nivel de vida adecuado” para los distintos grupos de edad; 2) el modo en que la administración centralizada puede combinarse con otras políticas administradas por distintas jurisdicciones (no sólo de transferencias de ingresos, sino también de educación, atención de la salud, etc.); 3) cómo se planifica en el tiempo la incorporación de nuevos grupos.
La aplicación práctica de esta propuesta en la actual coyuntura debería contemplar diferentes aspectos. Primero, cuánto se gasta hoy en pagos de subsidios que tienen como fuente la niñez (ya sea del tipo de asignaciones familiares o programas focalizados). Segundo, cuánto aumentaría la recaudación del impuesto a las ganancias que surgiría de una reforma que contemple la eliminación de deducciones como las “cargas de familia” como también de la multiplicidad de exenciones otorgadas a distintas fuentes de ingresos. Lo anterior lleva a señalar el principio general de la tributación a las personas físicas que debería guiar la reforma del sistema tributario: a igual ingreso, igual carga tributaria. Este principio de equidad horizontal es, al mismo tiempo, el modo más eficaz para avanzar simultáneamente en un mayor nivel de equidad contributiva vertical. Tercero, ponderar los recursos adicionales que podrían asignarse a esta prestación dado el evidente carácter de “prioridad social” que debería otorgarse a la misma. Cuarto, ponderar el acceso a otros servicios imprescindibles para el menor y para los cuales la sociedad tiene funcionando otras instituciones (salud, educación).
A modo de ejemplo, puede aproximarse el problema de las transferencias fiscales necesarias para financiar un programa de IC a la niñez con algunos datos. La población menor de 18 años en el país puede estimarse en alrededor de 12,6 millones de personas y, a junio de 2009, el programa de Asignaciones Familiares reconoce por hijo $ 135 para salarios de hasta $ 2.400. Teniendo estas referencias, supongamos que se reconociera un IC para la niñez que, en promedio ponderado para distintos tramos de edad, oscilara entre un mínimo de $ 150 y un máximo de $ 250, el gasto bruto oscilaría entre 2% y 3,4% del PBI.
¿Cómo podría financiarse este costo? En primer lugar, se podría utilizar los recursos del Programa de Asignaciones Familiares que equivalen a 0,8 % del PBI aproximadamente. En segundo lugar, se podría utilizar recursos equivalentes a 0,36% del PBI de programas asistenciales que pagan beneficios que se superponen con el IC a la niñez (Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, Familias por la Inclusión Social y otros programas asistenciales). En tercer lugar, se podría reducir parte de las transferencias y subsidios al capital, que hoy equivalen en total a 2,5% del PBI aproximadamente (o sea casi el gasto total estimado para el IC). En cuarto lugar, puede estimarse que más de 0,5% del PBI podría obtenerse mediante una reforma progresiva del impuesto a las ganancias, a lo que puede sumarse la afectación de parte de la recaudación de ese impuesto que hoy se destina a ATN, cuyo destino real es tan arbitrario como intransparente.
Estas alternativas se indican sólo a título ilustrativo. No son excluyentes de otras y se ofrecen sólo para demostrar que es perfectamente financiable un programa de este tipo sin afectar ninguna función esencial del Estado. Más aún, serviría para reorientar políticas que hoy están distribuyendo subsidios de un modo claramente regresivo.
Otro aspecto a discutir es la administración. A nuestro modo de ver, los recursos destinados al pago del IC para la niñez deberían conformar un Fondo de finalidad específica, cuyos movimientos deberían ser publicitados adecuadamente para evitar desvíos. Otro tema a discutir es la coordinación entre la Nación y las Provincias. Si bien por su naturaleza universal es preferible la gestión centralizada a nivel nacional, hay importantes espacios de complementación. Por un lado, las provincias se beneficiarían ahorrando en programas asistencialistas que justifican la transferencia por la presencia de personas menores de edad y en las asignaciones por hijo que abona a los empleados públicos. Por otro lado, se debieran fortalecer acciones en materia educativa y de atención de la salud que son necesarias para el correcto funcionamiento de la propuesta. Asimismo, el financiamiento de la propuesta debería dar lugar a una reconsideración del modo en que se distribuye la responsabilidad tributaria entre Nación, Provincias y Municipios.
También sería razonable discutir el modo de ampliar la cobertura del beneficio y de articular la propuesta con otras políticas sociales y con la política tributaria. Este es el modo eficiente para que la implementación de un IC a la niñez sea el primer paso para un cambio integral del sistema de políticas públicas. No se puede reducir la discusión a contrastes de montos de gasto y/o niveles de beneficio como si se tratara de un subsidio más entre los varios que hoy existen en el país.
El avance de la discusión en torno de la propuesta de IC a la niñez es una oportunidad inmejorable para esclarecer a la población acerca de la estructura corporativa, distributivamente regresiva, segmentada y estigmatizante del actual sistema de políticas públicas en el país. De allí, el IC para la niñez debería ser un elemento clave para un acuerdo trascendente que comience a cambiar ese sistema hacia otro con una estructura universal, distributivamente progresiva, incondicional y capaz de potenciar la autonomía de las personas con respecto a su plan de vida.

REFERENCIAS BILIOGRÁFICAS
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La pobreza… de la política contra la pobreza

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Canción en harapos‘, Silvio Rodríguez

Así se titula un libro de Rubén Lo Vuolo que me intodujo al concepto de ingreso ciudadano, por ese entonces atado a las políticas contra la pobreza del ex ARI. Al mismo le dedicamos un espacio en nuestro libro De Revolutionibus Orbium Argentum. Allí citábamos a Daniel Raventós otra autoridad en el tema:
“El concepto de Ingreso Ciudadano o Renta Básica es asimilable al del voto universal, aquél que impuso el concepto de un ciudadano igual a un voto. Como se señaló anteriormente, este concepto fue desplazado operativamente por el concepto un peso igual a un voto que han impuesto las leyes de los mercados.
El Ingreso Ciudadano como renta ciudadana básica, universal e incondicional va en compensación de las asimetrías que produce el segundo concepto de un peso igual a un voto. Si los ciudadanos pueden llegar a tener ingresos “básicos” al menos podrán, aunque mínimos, ser actores económicos y tener voto en la segunda votación, la de un peso igual a un voto.”


La renta básica universal o Ingreso ciudadano por sí sola es una herramienta magnífica para el combate de la pobreza. Lo que queremos introducir hoy es este concepto unido lo que Michel Bauwens denomina La Economía Política de Producción entre Pares.
Bauwens considera al nuevo modo de producción P2P como un

'tercer modo de producción', diferente de la producción con fines de lucro y de la producción pública que se realiza por medio de compañías propiedad del estado. Su producto no reside en un valor de cambio destinado al mercado sino en el valor de uso dirigido a una comunidad de usuarios.” Que a su vez lleva consigo un “'tercer modo de autoridad o gobierno'” y un "'tercer modo de propiedad'".


Con una honestidad brutal afirma que:

“En la medida que toda la infraestructura de base del capitalismo se hace distribuida, esta genera prácticas P2P, haciéndose adictas de ellas. La escuela franco-italiana del 'capitalismo cognitivo' acentúa que la creación de valor ya no se limita sólo a la empresa, pasando también a resultar de la intelectualidad de masas de los trabajadores del conocimiento que, a través de las vivencias y aprendizajes adquiridos a lo largo de la vida, innovan constantemente dentro y fuera de la empresa. Este es un argumento importante, dado que justificaría aquello que entendemos constituye la única solución para el ensanchamiento de la esfera de la P2P a la sociedad en general: el ingreso básico universal. Sólo la independencia del trabajo y de la infraestructura salarial permite garantizar
que los productores igualitarios puedan continuar desarrollando esta esfera de valor de uso altamente productivo.”

El dilema que plantea es que en la medida que el capitalismo se hace mas distribuido genera prácticas P2P y se “hace adicto a ellas”, practicas que por ser justamente P2P no generan renta, por lo que sus productores no cobran una contraprestación por lo producido. Esta asimetría solventada por el Ingreso Ciudadano podría ir a palear la pobreza.
En este post citábamos Denis Merklen donde decía:

“De modo que viviendo en los márgenes se hace necesario manejar la inestabilidad como un componente del día a día. Esta fragilidad se expresa en la vida cotidiana pero tiene su origen en la forma de las instituciones que organizan la cohesión social.”

Esto demuestra que la pobreza no es una cuestión solamente económica sino un virus que penetra el tejido social corrompiéndolo. Restaurarlo es nuestra responsabilidad.

El espíritu del Ingreso Ciudadano es proveer de una renta básica universal que sirva para palear las asimetrías que provocan los mercados. El mercado necesita de agentes económicamente activos, a quienes se les pueda comprar o vender. La pobreza borra del mercado a quienes no cumplan esas funciones. En este sentido mediante la Renta Básica se trata de activar a los agentes más postergados, operando la inclusión social que el mercado ahora le habilita. Recordemos que en el imperio del mercado opera la máxima un peso igual a un voto y no la máxima republicana de un ciudadano igual a un voto.
El Ingreso Ciudadano lleva en sí una consideración comunitarista que tiene pretensiones de franquear esa diferencia.
La economía de producción P2P en este sentido tiene el mismo espíritu comunitario, al producir bienes de los que nadie es propietario y están disponibles para la comunidad, se embebe en el espíritu comunitario del Ingreso ciudadano.

¿Qué pasaría si nos ponemos a pensar de unir producción P2P con Ingreso Ciudadano?

  • Los productores no rentados de las P2P podrían lograr un retorno por su esfuerzo comunitario a través del Ingreso Ciudadano.
  • Los desempleados tendrían incentivos comunitarios para ponerse a producir, ya que de alguna forma pueden erigirse económicamente como agentes activos y tener una renta.
  • Lo que Merklen señala sobre los efectos de la marginación "no económicos" que produce la pobreza podrían ser paleados por las prácticas comunitarias P2P y a partir de ellas la distancia de un desempleado marginal y un desempleado que perdió solo su empleo serán cada vez mas cortas.
  • La comunidad ganaría en su conjunto, pese a las críticas que hacen algunos como Robert Castel al Ingreso ciudadano, que le cuestiona que mediante su implementación el estado se desentiende los ciudadanos marginados por la pobreza y puede llegar a asimilarlos como "pobres estructurales."

ACLARACIONES NECESARIAS

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Nota completa publicada por Lo Vuolo en el Ciepp acá, en PDF

Foto del Abuelo económico

El Ministro de Economía y sus justificaciones de la política agropecuaria oficial

Rubén M. Lo Vuolo[1]

En recientes entrevistas trasmitidas por medios radiales y televisivos
[2] , Martín Lousteau (actual Ministro de Economía del gobierno nacional), invocó mis ideas en materia de política agropecuaria como parte de su justificación de la política oficial que ha desatado el públicamente conocido conflicto con el sector productor (no con el comercializador ni con el industrializador). Lousteau alude a mis opiniones para criticar la posición de Elisa Carrió (reciente candidata a presidente del país) aduciendo que soy su referente económico. Los argumentos se simplifican en dos afirmaciones: i) yo propondría “retenciones altas y móviles”; y ii) que este tipo de tributos aplicados por el gobierno se condicen con mis propuestas en materia de distribución de ingresos.
La pública referencia a mi persona por parte de Lousteau me obliga a aclarar el punto por cuestiones políticas, intelectuales y también éticas. Considero inapropiado sostener las posturas propias amparándose en lo afirmado por otras personas, sobre todo si las mismas no fueron consultadas al respecto; una persona madura y responsable sostiene sus acciones con sus propios argumentos. Peor aún cuando se publicitan afirmaciones ajenas sin citar la fuente desde donde se extrajeron; eso es propio de un mal estudiante y no de una persona con alta responsabilidad en la formación de la opinión pública. Todo esto es más grave si se confunde al público sobre las relaciones y compromisos políticos de los involucrados.
Hace tiempo no soy el referente de las opiniones económicas de Elisa Carrió y Lousteau lo sabe perfectamente. Lo sabe porque es públicamente conocido y también porque ha trabajado bajo las directivas de quien ha asumido esa función hace mucho
tiempo, Alfonso Prat-Gay. En un reciente reportaje donde Prat -Gay es presentado claramente como “el referente económico de Elisa Carrió ” (Clarín, 16 de marzo de 2008), al ser interrogado del siguiente modo: “¿Usted tuvo una relación muy cercana con Lousteau, ¿habla con él?” responde: “Lo llamé el día que lo nombraron ministro, para felicitarlo, y después no volvimos a tener contacto. Martín es un economista brillante, y muy joven, así que, si no es ahora, en algún futuro la Argentina va a poder beneficiarse con sus propuestas”. El actual ministro sabe que hoy no puede vincular mis opiniones con las de Carrió porque es un calculado error y un destrato con su mentor.
En cuanto a mis ideas en materia agropecuaria, Lousteau es un mal trasmisor de las mismas. Como he dejado constancia en múltiples publicaciones, sintéticamente sostengo que las retenciones aplicadas a los productos agropecuarios:
1) Son un impuesto que circunstancialmente debe utilizarse pero que son ineficientes frente a otras políticas de recaudación directa de impuestos que atiendan la diferente capacidad contributiva de los agentes económicos ;
2) Deben ser móviles pero en ningún lado expresé que deben ser altas ni tampoco que deben tener en cuenta sólo del movimiento de los precios internacionales sino un complejo conjunto de variables que permitan discriminar la situación del productor y la necesidad de tener un plan integral de desarrollo rural.
3) Deben ser previsibles y no aplicarse inesperadamente (como las que son motivo del actual conflicto) para que el productor pueda tomar sus decisiones de inversión con tiempo y estar al servicio de una determinada estrategia de desarrollo rural.
4) Deben tener un destino claro en la promoción sistémica del desarrollo rural por lo que deben exponerse como parte de una estrategia sistémica de desarrollo del sector.

Asimismo, en el único caso que propuse expresamente que las retenciones sean parte de un paquete distributivo fue en referencia a ciertas retenciones que no estaban vigentes para algunos hidrocarburos , a las que les asignábamos especial importancia para el financiamiento del proyecto de Ingreso Ciudadano para la Niñez (puede consultarse el proyecto presentado en el Congreso de la Nación).
Para citar sólo una de las más recientes publicaciones donde un grupo de investigadores hacemos un aporte al debate público en la materia (Documento de Trabajo Ciepp N° 59), al referirnos al tema de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, señalamos textualmente:
“Asegurar mayor previsibilidad en la estructura de precios relativos y en los márgenes de rentabilidad de la producción primaria, evitando la volatilidad de los mercados y las medidas cortoplacistas y arbitrarias . Para ello es preciso tomar en cuenta el conjunto de variables que intervienen, como el tipo de cambio nominal, los precios internacionales, los costos internos de producción, los rendimientos finales, los márgenes de intermediación y comercialización y la propia política tributaria. En consecuencia, la aplicación de retenciones a las exportaciones debe subordinarse al objetivo general señalado, por lo que deberán ser previsibles y móviles ” (en todos los casos, los énfasis son míos).

Como el lector puede advertir las palabras claves en la propuesta son claras: previsibilidad, no cortoplacistas ni arbitrarias, atender a un conjunto de variables de las que los previos internacionales son sólo una . Esto significa, por ejemplo, que si bien es cierto que los precios internacionales han subido en los últimos años, también es cierto que el tipo de cambio real ha bajado desde la maxi-devaluación de 2001-02 y que muchos insumos que utilizan los productores agropecuarios han subido aceleradamente. A lo anterior se suma la falta de políticas para que los costos de la tributación de las retenciones no se trasladen al productor que es el eslabón más débil de una cadena donde los grandes márgenes se los apropia la mucho más concentrada etapa de industrialización y comercialización. Esto determina que la mayor rentabilidad de los crecientes precios internacionales quede en manos de los eslabones más concentrados y con enorme capacidad de control del mercado.
Mi propuesta en defensa de las retenciones móviles es en el contexto expuesto previamente. Por algo en el párrafo citado están colocadas al final de la argumentación y no dice “altas”, calificativo que no dice nada si no se lo refiere a algún indicador preciso. Es un grave problema interpretativo argumentar que “variable” significa “alto”, cuando el significado es que pueden subir o bajar según la situación no sólo del precio internacional de los productos, sino de otros factores allí nombrados. En cualquier caso, es claro que la política oficial no ha tenido en cuenta estas recomendaciones: las retenciones no son previsibles, se aplican de manera imprevista, no son variables sino crecientes teniendo en cuenta uno sólo de los parámetros sugeridos por nosotros. El problema de las retenciones no debe discutir sólo niveles sino procedimientos para que el productor pueda tomar decisiones en tiempo y forma.
Para peor, Lousteau desconoce el razonamiento que fundamenta esta propuesta normativa y que podría serle de ayuda en estos momentos en que le toca presentar propuestas concretas de estrategia para el sector. Para ello, es útil precisar otras cuestiones.
En sus dichos, Lousteau hizo referencia a propuestas realizadas años atrás por el partido ARI para las elecciones presidenciales de 2003, cuando quien firma esta nota tenía la responsabilidad de conducir los trabajos sobre las bases programáticas. Por lo tanto, me veo obligado a referirme a ese material asumiendo que participé en su elaboración y aprobé su contenido final.
Esas propuestas fueron difundidas en un documento especial dedicado al “sector agropecuario y desarrollo rural”, que formaba parte de más de una docena de documentos donde se exponía un detallado programa de gobierno. No voy a transcribir aquí todo el
contenido por lo extenso, pero el lector puede notar que en el propio título se anticipa que para nosotros el problema es el desarrollo rural. Con esta premisa, basta apuntar los títulos que organizaban el diagnóstico de los problemas del sector agropecuario:
1) Deterioro de la situación de los pequeños y medianos productores
2) Concentración de la propiedad y expulsión del medio rural de pequeños y medianos productores
3) Disminución y precarización del empleo
4) Comercialización
5) Cambios en el entorno macroeconómico.
Quien quiera consultar el contenido de estos puntos puede hacerlo y aún hoy creo que siguen siendo un aporte importante para comprender los términos en los que debería transcurrir el debate y las propuestas para destrabar el actual conflicto. En cualquier caso, el orden reproducido coincide bastante con los problemas que los productores agropecuarios están hoy planteando en sus reclamos pese a que estaba pensado para cinco años atrás. El cambio favorable en el entorno macroeconómico se analizaba como contexto para resolver los problemas señalados previamente, no como justificación meramente fiscal para la suba permanente de las retenciones .
En cualquier caso, cabe destacar que las retenciones eran consideradas como medidas de corto plazo en el contexto de un conjunto de propuestas de reformas tributarias que modificara el carácter regresivo del sistema. Transcribo sólo algunos apartados de la amplia propuesta en materia tributaria:
1) Impuesto a las Ganancias: i) se establecerá un tratamiento diferencial entre las ganancias reinvertidas y las ganancias distribuidas por las sociedades de capital; ii) se impulsará la revisión del impuesto a la renta mínima presunta, atendiendo a moderar la carga potencial sobre las unidades de menor escala; iii) para el mediano y largo plazo se estudiará la posibilidad de aplicar un “impuesto a la tierra libre de mejoras”, que operará si las circunstancias lo aconsejan, como tributación parcialmente sustitutiva del impuesto a las ganancias en el sector y del impuesto a la renta mínima presunta.
2) Impuesto a los bienes personales: incorporar a la base imponible la consideración de los pasivos correspondientes a los bienes gravados.
3) Impuesto al Valor Agregado (I.V.A.): i) en correspondencia con las mejoras de la recaudación se tenderá a reducir las tasas máximas vigentes (21 y 27%), procurando integrar esta disminución con el tratamiento de los impuestos provinciales a los ingresos brutos; ii) regularizar los plazos de reintegro de los créditos fiscales acumulados a su favor por los contribuyentes.
4) Retenciones a las exportaciones: si bien se considera que en el mediano y largo plazo no es conveniente mantener este tipo de tributación, es imprescindible en la actual coyuntura y hasta tanto se logren los efectos plenos
de la reforma tributaria integral que se propone llevar a cabo (ver Documento del área de Política Tributaria).
Cualquier lector instruido puede comprender el contexto en el cual se defendía la oportunidad de mantener las retenciones móviles. De paso, es bueno recordar que estas propuestas se elaboraron en el año 2002, no sólo cuando había otros precios internacionales, como gusta resaltar Lousteau, sino cuando el tipo de cambio real era más alto, muchos insumos tenían menor precio y además se justificaba una emergencia económica y social que ya no puede sostenerse salvo para seguir birlando al parlamento su facultad de decidir en cuestiones que le atañen.
Poco tiempo después publiqué un libro donde exponía a título personal mi propuesta de estrategia económica integrada para el país (Estrategia Económica para Argentina. Propuestas. Editorial Siglo XXI). Allí expongo claramente mi visión sistémica sobre los problemas económicos del país. Particularmente, de la prioridad que le otorgo a una estrategia distributiva para moldear la estrategia productiva y macroeconómica. Una secuencia totalmente contraria a la que promueve el gobierno, que está empeñado en sostener ciertos agregados macroeconómicos posponiendo la estrategia distributiva. La propuesta distributiva nada tenía que ver con recaudar retenciones, sino con modificar profundamente la política tributaria y las políticas de distribución directa de ingresos como el ingreso ciudadano (ver nuestro post anterior), reforma previsional integral (nada que ver con la que hizo el gobierno) y políticas de generación de empleo que distan de la apuesta oficial al derrame del crecimiento económico y planes asistenciales de trabajo forzado o madres al hogar.
Sólo para dar un ejemplo, en lo referido al sector agropecuario , en mi libro consta lo siguiente:
“Para potenciar la inversión y la productividad del sistema agroalimentario y agroindustrial, se requieren políticas destinadas a reducir la volatilidad de los precios relativos. Esto implica, en primer lugar, acciones de orientación y regulación de los mercados que impidan el ejercicio de posiciones dominantes en la comercialización interna y en la exportación; así como acciones tendientes a moderar los impactos de las drásticas y recurrentes fluctuaciones de los mercados mundiales y de los precios internos (tanto de los costos de producción como del tipo de cambio) . El desarrollo de los mercados de futuros y opciones puede contribuir a moderar parte de esta variabilidad, pero no es suficiente (al menos en el corto plazo).
Todo indica que el sector requiere un tipo de cambio comercial de referencia , para cuya estabilización es necesario un adecuado manejo de múltiples medidas coordinadas (retenciones diferenciales, reintegros y reembolsos móviles, etc.). Un tipo de cambio efectivo que sea competitivo y estable, que no debería definirse sólo por el que surja de la compraventa de divisas en el mercado, sino teniendo en cuenta la complejidad de las operaciones involucradas en la cadena de valorización del sector .

Paralelamente, se deberían poner en funcionamiento instituciones de regulación de algunos mercados . Las experiencias internacionales, como las Juntas de Canadá o de Australia, muestran el efecto positivo de estas instituciones en la estabilización de precios y en la distribución de beneficios entre los distintos agentes y etapas, así como en el desarrollo de políticas más agresivas de comercio exterior. La casi totalidad de los países que compiten con el nuestro en productos agropecuarios tienen instrumentos de regulación de este tipo, como Estados Unidos (Farm Bill), la Unión Europea (PAC) o Brasil (CONAB).
Estas instituciones deberían organizarse por grupos de productos (digamos, carnes, lácteos, frutas, etc.), con participación de los distintos sectores interesados en las decisiones y en el financiamiento. Las principales acciones deberían destinarse a: 1)compensar las fluctuaciones severas de los precios al productor; 2) regular y equilibrar las relaciones entre los diferentes agentes que intervienen en la cadena deproducción y comercialización; 3) impulsar la apertura de mercados externos y el consumo interno, apoyando investigaciones sobre los mercados; 4) otorgar certificaciones de calidad o identificaciones de origen; 5) promover y regular convenios de pago de insumos con producción, tanto en el orden interno como en el contexto del MERCOSUR”.


Como cualquier lector puede apreciar, nada de esto se ha hecho y por lo tanto no puede justificarse la suba de retenciones ni ninguna otra medida refiriendo a mis propuestas. En lugar de hacer esto, el gobierno ha utilizado las recientes retenciones para cubrir la caja de la Nación en desmedro de la s Provincias birlando la necesidad de un pacto fiscal nacional comprensivo, mientras usa dinero para subsidiar fiscalmente a grupos concentrados del capital de cuyas ganancias exuberantes nada se dice en el actual debate.
También señalaba en referencia a los productores agropecuarios de menor tamaño proponía entre otras cuestiones que se deberían contemplar en la estrategia productiva
“1) líneas de crédito debidamente orientadas y supervisadas, con fijación de topes máximos que garanticen la especialización hacia la cobertura de las pequeñas y medianas unidades; 2) cláusulas de reembolso en valor producto y tasas de interés que reconozcan premios o bonificaciones para el historial de clientes cumplidores o que adelanten la cancelación de los compromisos; 3) privilegio a las formas asociativas como sujetos de crédito, para impulsar economías de escala y disminuir riesgos; 4) publicidad de las operaciones, para ampliar la transparencia y el control social”
“La fuerte atomización de la producción agropecuaria, explica en parte sus desventajas frente a estructuras comerciales e industriales fuertemente concentradas. Frente a esta situación, hay que estimular la multiplicación de distintas formas asociativas, promoviendo la integración horizontal para aumentar la escala, como así también la vertical para mejorar las relaciones asimétricas que hoy existen entre productores y comercializadores de productos e insumos. Éste
Paralelamente, se deberían poner en funcionamiento instituciones de regulación de algunos mercados . Las experiencias internacionales, como las Juntas de Canadá o de Australia, muestran el efecto positivo de estas instituciones en la estabilización de precios y en la distribución de beneficios entre los distintos agentes y etapas, así como en el desarrollo de políticas más agresivas de comercio exterior. La casi totalidad de los países que compiten con el nuestro en productos agropecuarios tienen instrumentos de regulación de este tipo, como Estados Unidos (Farm Bill), la Unión Europea (PAC) o Brasil (CONAB).
Estas instituciones deberían organizarse por grupos de productos (digamos, carnes, lácteos, frutas, etc.), con participación de los distintos sectores interesados en las decisiones y en el financiamiento. Las principales acciones deberían destinarse a: 1) compensar las fluctuaciones severas de los precios al productor; 2) regular y equilibrar las relaciones entre los diferentes agentes que intervienen en la cadena deproducción y comercialización; 3) impulsar la apertura de mercados externos y el consumo interno, apoyando investigaciones sobre los mercados; 4) otorgar certificaciones de calidad o identificaciones de origen; 5) promover y regular convenios de pago de insumos con producción, tanto en el orden interno como en el contexto del MERCOSUR”.

Como cualquier lector puede apreciar, nada de esto se ha hecho y por lo tanto nopuede justificarse la suba de retenciones ni ninguna otra medida refiriendo a mispropuestas. En lugar de hacer esto, el gobierno ha utilizado las crecientes retenciones paracubrir la caja de la Nación en desmedro de la s Provincias birlando la necesidad de un pacto fiscal nacional comprensivo, mientras usa dinero para subsidiar fiscalmente a grupos concentrados del capital de cuyas ganancias exuberantes nada se dice en el actual debate.
También señalaba en referencia a los productores agropecuarios de menor tamaño proponía entre otras cuestiones que se deberían contemplar en la estrategia productiva
“1) líneas de crédito debidamente orientadas y supervisadas, con fijación de topes máximos que garanticen la especialización hacia la cobertura de las pequeñas y medianas unidades; 2) cláusulas de reembolso en valor producto y tasas de interés que reconozcan premios o bonificaciones para el historial de clientes cumplidores o que adelanten la cancelación de los ompromisos; 3) privilegio a las formas asociativas como sujetos de crédito, para impulsar economías de escala y disminuir riesgos; 4) publicidad de las operaciones, para ampliar la transparencia y el control social”
“La fuerte atomización de la producción agropecuaria, explica en arte sus desventajas frente a estructuras comerciales e industriales fuertemente concentradas. Frente a esta situación, hay que estimular la multiplicación de distintas formas asociativas, promoviendo la integración horizontal para aumentar la escala, como así también la vertical para mejorar las relaciones asimétricas que hoy existen entre productores y comercializadores de productos e insumos. Éste
tendría que ser uno de los objetivos de las instituciones de regulación de los mercados a las que se alude previamente.
El cooperativismo, con una amplia tradición e inserción en el medio rural argentino, es una forma organizativa de suma importancia como testigo para el funcionamiento de los mercados en el sector. Es imprescindible revertir el desmantelamiento del cooperativismo y la desnaturalización de sus funciones, procurando adecuar la situación patrimonial, organizativa y operativa de lascooperativas a las exigencias que hoy presenta el complejo agroalimentario. Esto implica: 1) asistencia técnica y financiera especializada para garantizar transparencia, tanto en productos como en insumos; 2) integración de un mayor número de productores en el sistema, particularmente en aquellas regiones de menor desarrollo relativo; 3) desarrollo de nuevos negocios y mercados; 4) fortalecimiento de cooperativas emergentes y su articulación con el resto de las organizaciones cooperativas; 5) mayor vinculación entre cooperativas y productores, evitando que se desnaturalice su carácter por la cooptación de sus instancias de gobierno por grupos de intereses particulares”.

Reclamos de este tipo están hoy en boca de los productores cuando protestan por la política oficial hacia el sector. ¿Qué puede mostrar Lousteau y el gobierno al que pertenece en este sentido? ¿Alguien puede afirmar que la política de retenciones ha servido para avanzar en alguno de los múltiples aspectos de desarrollo rural a los que me he referido en varios escritos? En lugar de favorecer a los productores de menor tamaño alentando una mayor competitividad, se ha facilitado una mayor concentración de la propiedad de la tierra habilitando el avance del control del capital financiero sobre la lógica productiva (tema al que también me refiero en otros trabajos).
Podría seguir abundando en más evidencia pero no me interesa la auto -referencia sino aclarar mi responsabilidad en las apreciaciones de Lousteau y aportar elementos para el debate que permita destrabar el actual conflicto. Lo que debería hacer Lousteau o quien tenga algo de poder para hacerlo, es definir de una vez políticas de desarrollo integral para el país y dejar de dilapidar los fondos públicos que por fortuna dispone hoy el país gracias a circunstancias extremadamente favorables.
Esto obliga a tener una visión diferente y entender lo que significa una estrategia de largo plazo que trascienda los intereses mezquinos de aquellos sectores que tienen privilegios por ser cercanos al poder oficial. En realidad, la discusión sobre el tema agropecuario está mal expuesta porque la mayoría de los productores adolecen del mismo problema que muchos ciudadanos: no tienen representación genuina de sus intereses.
Esto deriva en la ausencia de un debate acerca de quien se lleva la mayor arte de la renta agropecuaria con el auspicio oficial: sectores comercializadores e industrializadores. Tampoco las extraordinarias ganancias de otros sectores industriales y de servicios que con la ayuda de la política oficial siguen elevando los índices de concentración económica del país para beneplácito de los que pretenden digitar los precios
con políticas similares a las que usan grupos de choque para apropiarse de una plaza pública que no les pertenece.
Finalmente, me quiero referir a la pública preocupación que demuestra el gobierno por los sectores denominados de “derecha” y la justificación de su política argumentando que la misma beneficia a los sectores más vulnerables. Lo primero que hay que señalar es la ineficacia del gobierno, su discurso carente de sustento en la práctica cotidiana, sus actos autoritarios, sus amenazas a las libertades públicas y su permanente apoyo a sus amigos del poder económico es lo que está haciendo revivir propuestas ortodoxas extremas. Lo que hace revivir a cualquier sector que construye poder sobre la necesidad de la gente es la impericia, la corrupción y la mentira pública sobre problemas evidentes como la inflación. La destrucción del sistema estadístico nacional y la violación de los derechos de los trabajadores del Indec hacen más por revivir a la derecha que la protesta de los productores agropecuarios.
En cuanto a la distribución, nada se ha hecho para modificar la matriz corporativa, minimalista y asistencialista heredada del pasado, facilitando el avance de reformas con criterios universales y ciudadanos . Las retenciones no se pueden justificar por su impacto distributivo porque ni siquiera se aprovechan sus fondos para avanzar en la reforma del regresivo tributario regresivo. La política distributiva del gobierno se concentra en una apuesta al crecimiento y a la creación de empleo que ya está teniendo serios problemas para seguir. De hecho, los propios indicadores de pobreza están revirtiendo su tendencia declinante pese al crecimiento económico y el gobierno en lugar de reconocerlo manipula los indicadores para ocultarlo.
Las actuales retenciones no pueden justificarse ni en una estrategia productiva de desarrollo del sector agropecuario ni en el sostenimiento de una política distributiva. Siguen siendo necesarias para sostener la recaudación como consecuencia de la ausencia de una reforma tributaria progresiva que capte recursos en la fuente según la capacidad de cada contribuyente. Deben ser variables, pero eso significa que tengan en cuenta múltiples factores que determinan la rentabilidad y también el retorno por medio del gasto de servicios a la población, incluyendo en primer lugar a las regiones y sectores atrasados de la producción rural. También deberían financiar propuestas distributivas profundas de carácter masivo y con criterios universales.
En lugar de exculparse aludiendo a personas con quien no tiene comunicación, Lousteau debería ocuparse de hacer propuestas concretas para resolver el conflicto creado por la impericia de su gobierno. Hay condiciones excepcionales para que el país avance en la consolidación de una sociedad más integrada, moderna y con una alta calidad democrática, pero los miembros del gobierno no ayudan si en lugar de definir una estrategia integral de desarrollo, se la pasan discurseando proclamas que pretenden ocultar las incapacidades propias sin hacerse cargo de forma madura de las responsabilidades asumidas.
[1] Investigador Principal. Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp)
[2] Por ejemplo, la realizada el día 26 de Marzo de 2008 en el programa Visión 7- 2º Edición, emitido por el Canal 7 de televisión. Argumentos similares fueron vertidos en entrevistas radiales difundidas por varios medios.

No estamos solos, bancamos a Ruben Lo Vuolo

3 nos acompañaron

Agregado 19:00 2/4/2008 El Escriba agregó un paper sobre la contestación de Lo vuolo A Losteau "IMPERDIBLE" se peude bajar el archivo zip de acá Cuando lo abran esta en formato Acrobat reader. Si puedo pasarlo a Word , o alguien lo puede hacer avise. También es interesante es esta nota de Musgrave
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Agregado Martes 8 de abril de 2008 el día 4/4 Critica digital publicó una nota que se titulaba "Rubén Lo Vuolo: “Carrió hizo un giro ortodoxo”
Por suerte Cristina optó por la docencia política al discurso confrontativo del martes. Gracias a eso aprendí que la plata que le sacaban al campo era para ser redistribuida, y allí me cayó la ficha, de De Ángelis, desde la real costa del Uruguay, hasta la virtual Patria Chacarera de Mariano T pasando por toda la blogsfera y los diarios de papel, se han ocupado de las Malditas Retenciones, nosotros inaugurando esta sección Transpirando la Camiseta vamos, y creemos que somos los primeros, a ayudarla a Cristina con la DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO. No sea que saque los fondos de la nación fuera del país y se le ocurra distribuirlos dentro de quince o veinte años.
Fue Martín en su post Mas solo/ que Lo Vuolo el que me hizo acordar de Rubén y una sonrisa me volvió a mi rostro. Fue en una charla sobre el Ingreso Ciudadano y sobre varios otros temas económicos que dió acá en Venado Tuerto la que realmente me sustrajo del duelo de la Alianza. Algo nuevo oían mis oídos. Me impactó tanto la conferencia, (vendió todos los libros que había traído), que me obligó a preguntarle sobre la base política de la misma y me señaló al republicanismo español. A partir de entonces comencé a descubrir el mundo de la post- modernidad en la política que los que siguen el blog deben saber de lo que hablo. Allí aparecieron Antoní Doménech, Daniel Raventós con el concepto de Renta Básica.
Jean-Jacques Servan-Schreiber [i] profetizaba ya en 1968 que Estados Unidos sería la primera potencia mundial; la segunda, la Unión Soviética y la tercera las empresas norteamericanas. Hoy en día éstas conforman la primera potencia en tanto la segunda ha desaparecido. Si a esto le sumamos que las empresas ya no son norteamericanas sino globales, ni falta haría que fueran mafiosas y ocultas en su accionar.[ii]. Debido a su poder económico las corporaciones exigen a los gobiernos leyes y políticas de su conveniencia. Es decir, imponen sus intereses a los gobiernos y comienzan a sustituirlos.
En la democracia, el poder se instituye mediante la ecuación “un ciudadano es igual a un voto”, mientras que en las corporaciones el poder se constituye con el concepto “un peso es igual a un voto”. Por lo tanto, a mayor concentración de poder económico más gobierno paralelo y menos democracia. Los mercados globales operan desde Tokio a Estados Unidos y votan todos los días con la venta y compra de acciones de las corporaciones; la democracia dirime sus diferendos en las urnas cada dos o cuatro años. Tal asimetría operativa ha impuesto reglas propias que muchos coinciden en que son definitivas y que no hay vuelta atrás, las libertades individuales de esta manera se ven recortadas y solo se las puede ejercer dentro de los marcos rígidos que impone el sistema corporativo. Lo que tal vez se haya perdido definitivamente es la utopía de poder cambiar el mundo desde las ideas.
En esa conferencia Lo Vuolo señalaba que si consideramos que el empleo abre la puerta a muchos beneficios sociales como obra social, seguro de desempleo, jubilación, aguinaldo, vacaciones pagas, créditos y algunos otros provenientes de la actividad o de su agremiación, la exclusión del empleo no sólo trae aparejada la exclusión de la renta, sino que también excluye al ciudadano de los otros derechos a los que accede por el hecho de estar empleado. Esta tesis es compartida con Robert Castel [iii] (mas allá que éste no no está de acuerdo con el criterio de Renta básica).
También Niklas Luhmann[iv] tiene algo que decir al respecto ya que cree que el concepto del Estado de Bienestar concebido como el estado proveedor de bienes y servicios elementales a los ciudadanos está destinado al fracaso porque nunca alcanzará a satisfacer las necesidades básicas ya que éstas son cada vez más costosas. Propone reformular el concepto de Estado de Bienestar a partir del concepto de inclusión social, en el cual el estado no sólo facilita el acceso a los bienes y servicios necesarios, sino que también lo hace mediante la incorporación de las personas como actores políticos, sociales y económicamente activos. Luego, en la medida que los sectores marginados se vayan incluyendo como sectores activos del sistema social, el estado podrá dejar de asistirlos.
La Renta Básica Universal como concepto nivelador de desigualdades sociales es una aproximación y aporte que hace el republicanismo a este respecto y nosotros se lo acercamos a Cristina para que pueda realizar efectivamente una redistribución del ingreso. No ahondaremos sobre Renta Básica Universal, pero la traemos a este contexto dado su importancia como factor equilibrante dentro del desarrollo de una nación moderna.
El concepto de Renta Básica es ponderado y criticado desde la derecha y la izquierda, pero como dice Raventos “es una propuesta social cada vez más conocida. Y la velocidad de extensión es cada vez mayor”.
¿En que consiste?
Consiste en la entrega de una Renta Básica o Ingreso de Ciudadano por parte del Estado a todos los ciudadanos, por el sólo hecho de serlo. La misma es de carácter Universal e Incondicional. Se paga, más allá de su status social, a todos los ciudadanos pobres o ricos, ocupados o desocupados, tengan ingresos o no y de forma incondicional, por el sólo hecho de ser ciudadano. Este último requisito es indispensable para que no exista clientelismo en su distribución.
El concepto de Ingreso Ciudadano o Renta Básica es asimilable al del voto universal, dice Raventós, aquél que impuso el concepto de un ciudadano igual a un voto. Este concepto fue desplazado operativamente por el concepto un peso es igual a un voto que impusieron las leyes de los mercados.
El Ingreso Ciudadano como renta ciudadana básica, universal e incondicional va en compensación de las asimetrías que produce el segundo concepto de un peso es igual a un voto. Si los ciudadanos pueden llegar a tener ingresos “básicos” al menos podrán, aunque mínimos, ser actores económicos y tener voto en esa segunda votación, la de un peso es igual a un voto.
Hagamos una cuenta sencilla, supongamos que solo del universo argentino se le repartirá, bajo algunos requisitos mínimos (certificados de escolaridad, etc), mediante la Banelco, a 20 millones de niños y ancianos de la argentina, con un monto de $150.- ciento cincuenta pesitos. Lo que da la friolera $3.000 Millones de pesos mensuales, si a eso le descontamos planes como Jefes y Jefas, Planes Trabajar, etc. ese monto se reduce muchísimo. Una bicoca. A mí me tocarían con cuatro hijos $600 pesitos y a Amalita solo $150 por ser jubilada. (se los sacamos por otro lado jeje)
Es notorio que sabedora de esta propuesta Graciela Ocaña (ex ARI) no la haya implementado desde el gobierno todavía. Se imaginan Cristina depositando en los cajeros 3.000 palitos todos los meses y del otro lado los agraciados beneficiarios pudiendo cobrar directamente sin necesitar chupar ninguna media ni besar ningún anillo. Es allí donde la república se hace igualitaria, fraternal, donde nadie debe pedirle permiso a nadie para vivir. En definitiva para propender a la tan añorada inclusión social.

¡Tomá!

[i] El desafío americano, Jean-Jacques Servant-Schreiber, 1968.
[ii] Véase “La empresa de vivir” de Tomas Habram, en donde se hace una canonización de las empresas y sus santos empresarios
[iii] Ver Castel, Robert- La inseguridad social. ¿Qué es estar protegido?, Ediciones manantial, Buenos Aires 2004

[iv] Teoría Política en el Estado de Bienestar- Alianza Universidad, 1993.

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