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La constitución de lo común en un mundo posmoderno

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Una interpretación de la conferencia de Antonio Negri

La constitución de lo común

Instituto Etymology: < L institutus, pp. of instituere, to set up, erect, construct < in-, in, on + statuere, to cause to stand, set up, place

Etimología de instituere, establecer, erigir, construir < in- en => establecer en , erigir en, construir en

Institución es la acción de erigirse en, establecerse en, de cosntruirse en.

Constitución es la co-institución; es la acción de instituirse en en conjunto por lo tanto:

Constitución es la acción de erigirse , establecerse o construirse en algo todos juntos, en conjunto.


El texto de Negri me parece magnífico aunque veo que no es fácil de entenderlo, por eso trataré de explicar algunos de los pasajes que creo que son cruciales y son los que nos sirven a la teoría de redes sociales.
Negri hace una diferencia entre modernismo y posmodernismo al distinguir en la última recursos que la "multitud", que acá bien podría ser llamada "campo popular", va ganando para sí a partir de la apropiación que hace de los mismos.

El recurso en cuestión bien podría ser un bien material, un espacio, alimentos, algo que surja de la demanda de la multitud, y por lo que la multitud este dispuesta a luchar para conseguirlo y defenderlo. Este concepto al que nosotros llamamos "recurso", como se dijo, puede ser del mas variado origen, pero siempre estará basado en una demanda de la multitud. La felicidad, la hermandad, la alegría también pueden ser la demanda y pueden constituirse en el recurso demandado.
De esa demanda, o mejor dicho, generada como hija de esa demanda aparece lo común. La demanda por un mismo recurso que la multitud reclama para sí se erige en demanda común, se instituye en común, se co instituye, se constituye en común.

Agregado: a esa demanda Negri la llama "una condición biopolítica".

Pero lo común no es solo la demanda, lo común se materializa en el recurso ganado, recuperado, apoderado e instituido por la multitud por ella misma y para sí misma.

Lo común aparece en la posmodernidad como la recuperación de una felicidad, una creatividad, unas ganas de trabajar, una “buena onda”, que la multitud gana a partir de jugarle al capitalismo por abajo. En un mundo repartido, compartimentado y jerarquizado del capitalismo el procomún, o la propiedad comunal aparece como una nueva alternativa.
Concurrir a la constitución, a la co-institución de esos espacios comunes, establece una verdadera práctica política que tiene las características que Negri rescata al final del trabajo.

Negri advierte que la cultura occidental no pudo penetrar en su totalidad otras culturas como la latinoamericana, las que en base a persistencia, dolor y luchas sociales siempre perdidas, las ubica en una posición de oportunidad privilegiada.

La excesiva reglamentación intervinculación e interdependencia del mundo capitalista globalizado le quita grados de libertad a la resiliencia necesaria para que el sistema no colapse, como señala Buzz Holling en nuestro post anterior. No dar posibilidades a otros sistemas, no capitalistas significa restringir la capacidad reisilente del sistema globalizado, hipertecnificado, esto lo hace más vulnerable tanto, que hoy vemos como el capitalismo hecha mano de los recursos de los estados para salvarse.

Ante la vista de las multitudes, de la gente común comienza a reaccionar distinto, no desde dentro del sistema, sino desde fuera, desde la marginalidad del hacker, o desde la cultura originaria como lo hacen las denominadas naciones bolivianas que representan los pueblos originarios, que siempre han estado allí, pero que hoy ven brechas, "gapps", que son apropiables y que de hecho se apropian y se constituyen en lo común. La misma nueva Constitución Boliviana es un fiel reflejo de eso.

Sobre la ética hacker Negri comenta:

"Lo que me interesa destacar son algunas características que están relacionadas con la práctica de su trabajo y que forman parte de su ética además de formar parte de su trabajo. Pienso que los hackers valoran antes de todo una relación con el trabajo que no se basa en el deber y sí en la pasión intelectual por una determinada actividad, un entusiasmo que es alimentado por la referencia a una colectividad de iguales y reforzada por la cuestión de la comunicación en red.

Son varios los autores que explican esa ética hacker y que insisten en pensar que el espíritu hacker consiste en el rechazo de las ideas de obediencia, de sacrificio y de deber que siempre fueron asociadas a la ética individualista, a la ética protestante del trabajo. Los hackers sustituyen esa ética no de una manera egoísta, por el contrario, por un nuevo valor que predica que el trabajo es más alto cuánto mayor sea la pasión que ese trabajo despierte. Hablamos de pasión, adherencia, interés y continuidad. Esa manera de pensar el trabajo une, fundamentalmente y de manera indisociable, el placer intelectual, la fuerza pragmática y el compromiso social. El modo de producción open-source, que es una invención de los hackers y que por suerte también es exportable (puede ir más allá de la práctica más estricta de los hackers, ya que es un proyecto que puede ser retomado por otros) se hace inmediatamente comunicativo."

Todo esto me interesa a partir de la concepción de la red productora de significantes, no apropiables, no consumibles, no transables, a partir de la aparición de la brecha, el "gapp" donde se co instituye lo común. El único y verdadero medio de producción comunista, como dice, que elude al capital, sea este Estatal o propiedad de la empresa independiente.
Es de allí que rescata la ética Hacker como una moral, un uso del lugar donde moro o me desarrollo, de donde me puedo llevar todo lo que quiera en la medida que retribuya en la misma cuota de lo que extraigo, en un tome y daca, libre, abierto y gratuito que lo único que debe respetar es la co institución de lo común.
De esta manera el trabajo se vuelve algo placentero, no formateado por el capitalismo, lo que me hace pensar en el trabajo que hace una madre en la casa, por el que no va a recibir ninguna paga, ni tal vez ningún reconocimiento, pero que eso no la imposibilita de sentir placer al planchar una guardapolvo o al hacer un postre. Trabajo no remunerado, de libre disponibilidad, open source, que se le cuela al capitalsmo por sus intersticios, mas allá que el capitalismo se aproveche de esta situación y se base en parte en esa gratitud del trabajo hogareño.

"¿Entonces, qué es la propiedad común? La propiedad común, desde el punto de vista jurídico, es muy fácil de definir: es una propiedad pública que, en lugar de tener patrones públicos o dueños públicos, es propiedad de sujetos activos en aquel sector o en aquella realidad y que es administrada por ellos. La propiedad común es ese acto, es esa actividad a través de la cual los sujetos administran o gestionan, por ejemplo, la red de transportes urbanos porque la red de transporte urbanos que es de ellos, porque lo común se hizo o es reconocido como una condición para la vida, una condición biopolítica. ¿Qué significa, por ejemplo, una metrópoli sin transporte? Nada. El transporte urbano, sobre todo en las grandes metrópolis, es el transporte que da la dignidad, la posibilidad de circular rápidamente en ese espacio. En el espacio de la comunicación son la informática y la telemática las que posibilitan esa propiedad común. La propiedad común no pasa simplemente por el Estado, pasa por el ejercicio que las singularidades hacen de ese espacio común, por la manera de ejercer ese espacio común. No depende de etapas en el sentido de primero hacer esto y después hagamos aquello, como durante tanto tiempo enseñaron muchos dogmas socialistas (primero hacemos eso y después aquello y aquello otro será posible tras hacer aquella otra cosa). No es verdad. Ahora de lo que se trata es de poner en movimiento todo de una sólo vez. Por lo tanto, más allá de la propiedad pública, la definición jurídica de lo común es aquella que posibilita hacer usual dentro del carácter público la construcción de espacios comunes reales, que son estructuras comunes, y hacer armonizar en esos espacios de voluntad la decisión, el deseo y la capacidad de transformación de las singularidades. Es decir una de las cosas que más me condicionó en la vida y que más condicionó mi pensamiento.

Negri parte de la constitución de lo común para presentar una oportunidad al capitalismo o mejor dicho al neoliberalismo. Elinor Ostrom usa el mismo recurso pero para refutar "la tragedia de los comunes" de Garrett Hardin. En este caso Hardin propone que "La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos." Otrom lo refuta diciendo que esto casi siempre ocurre pero que no siempre y da ejemplos. Negri parte de un nuevo espacio, el espacio de la posmodernidad que define como el espacio de lo común, como un nuevo espacio donde serán vencidas definitivamente las catastróficas predicciones de Hardin.

Vamos a seguir ampliando estos conceptos en otros posts, sobre todo el concepto de indetidad, singularidad y multitud

Los mercados financieros como procomunes

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Le pedíamos opinión a Juan Urrutia Elejalde sobre este artículo Financial Markets As Commons

“Government and the nonprofit sector have an important role in ensuring that the financial markets are not turned into a speculative casino. Government oversight is how we protect this commons and it is obvious that the speculators won the upper hand for the last decades. We should reclaim our financial market commons.”

y este otro Los Bienes Públicos y el “segundo mejor”

“Por eso estos bienes son proporcionados por los estados (como supuestos representantes del interés general) o son prestados por empresas privadas bajo regulaciones públicas. Los sistemas financieros son implícitamente considerados como bienes públicos y están sujetos a reglas prudenciales y son acompañaados por sistemas de seguros públicos y privados. para cubrir eventuales costos de crisis.”

Juan nos contesta hoy con su post donde se pregunta: ¿Los mercados financieros como procomunes?

"Empezaré por la idea de considerar a un sistema finaciero como el que conocemos como un bien público. No lo es en sentido técnico porque hay rivalidad en su consumo y puede excluirse a cualquiera de su uso. Si yo obtengo un préstamo, otra persona tendrá más dificultades para que se lo concedan, como es el caso de cualquier bien privado, aunque tenga la msma solvencia que yo. Que se puede excluir de su disfrute a cualquiera es algo que estamos sufriendo hoy en todo el mundo.

Cosa distinta es que la regulación de esa industria financiera y la supervisión y vigilancia de las istituciones que la componen tenga un caracter de bien público. No hay posibilidad de exclusión y mi disfrute no impide el tuyo. Pero, cuidado porque esto no implica automáticamente que esos servicios de regulación y vigilancia (y mucho menos los seguros que se puedan contratar sobre contingencias financieras) tengan que llevarse a cabo por el Estado o por una agancia delegada de ese Estado aunque estemos acostumbrados a que ese sea el caso. Aquí podrí­a extenderme pero este post se convertiría en una especie de rutina de maestrillo que no solo me me aburre sobremanera sino que, además, resultarí­a ridícula. Baste con añadir algo sobre el óptimo subsidario o de segundo orden o el “segundo mejor”. Hay ua especie de teorema que nos dice que la desregulación puede no mejorara todos a no ser que sea completa y que , sin embargo, cuando estamos ya en un sietema regulado siempre podemos encontrar una reregulación que mejore a todos. Como el sistema financiero no es un casino sino que con él bien organzado podemos ganar todos, está regulado y siempre puede mejorarse esa regulación.

Vayamos pues con los procomunes, bienes comunales o commons. La cita parece indicar que la industria financiera podrí­a ser gobernada como un bien comunal, utilizable libremente por todos sin que se establezcan derechos de propiedad (privada) sobre dichos bienes. En general y antes de la revolución digital, se hablaba de la Tragedia de los Commons pues su consecuencia era la extición del bien. Es el caso de la pesca y concretamente de las ballenas que, al pescarse en aguas comunales, están en peligro de extinción por la inevitable sobre eplotación.

Sin embargo, desde que es posible reprodicir ciertos bienes a coste cero (o casi) nos topamos con lo que ha dado en llamarse provocativamene La Comedia de los Commons porque no solo no cabe la sobreexplotación ni hay peligro de extinción, sino que además la proliferación de esos procomunes, pensemos en el software, ayuda a que surja la creatividad y facilita la innovación, incrementando así­ la productividad muy especialmete en el mismí­simo campo del software de forma que, para ser gráficos, podrí­amos decir que es como si la pesca de la ballena aumentara la población de esa especie.

Toca pues preguntarnos si el sistema financiero tal como lo conocemos es una tragedia o una comedia en el sentido introducido en el párrafo anterior. A mi juicio no me cabe la menor duda que el experimento inédito de convertir el ahorro total en un bien comunal acabarí­a en tragedia y redundarí­a en la desaparición de cualquier clase de ahorro.

Claro que pequeñaas comunidades pueden decidir llevar a la práctica el dictum marxista de “de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidaes”y que cabe imaginar que el mundo podría organizarse en una multitud ingente de pequeñaas comunidades de esa naturaleza.

Pensar en esa posibiidad es fascinante y pienso volver sobre ello; pero no es tarea fácil entender como posible un mundo comunal en el que rige el “valor de uso” y en el que no sabemos cómo ese valor de uso se transforma en poder de compra más allá de la muy ineficaz “cadena de favores”.

¡Ah! por cierto, no se me ocurre cómo una ONG podría administrar un sistema financiero comunal."

En este artículo de Elinor Ostrom sobre "El gobierno de los Bienes comunes" se dice los siguiente:

"el problema que enfrentan los apropiadores de los recursos de uso común es de organización: cómo cambiar la situación en la que los apropiadores actúan de manera independiente a otra en que adoptan estrategias coordinadas para obtener mejores beneficios comunes o para reducir sus daños. Ello no significa crear necesariamente una organización"

Creo que la clave del tamaño de esa organización lo aporta el amigo Fernando Vega Redondo quién habla de "volatilidad del entorno": en un entorno más volátil la comunidad tendrá menor tiempo de resolución del conflicto, dado que el entorno puede estar condicionando la resolución. El segundo aspecto a tener en cuenta es lo que Vega Redondo define como capacidad de coordinación entre pares. A menor capacidad de “coordinación” mayor será la dificultad para llegar a un entendimiento.
Esas dos variables me están determinando la capacidad de organización de una comunidad que por sí son muy variables y sujetas a factores externos, por eso el tamaño de la comunidad donde esta organización sea posible estará directamente influido por ellas.

Muchas gracias Juan y lo animamos a seguir desarrollando el tema

La organización en favor de los procomunes

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"La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos." decía Garrett Hardin en su paper “La tragedia de los comunes” en 1968 de quién nos ocupábamos en este post. Esto es que todo bien de acceso público al que no se le restringe el uso, ya sea privatizándolos o que el estado se haga cargo de ellos mediante una regulación muy fuerte, estará indefectiblemente destinado a la ruina. Hablando mal y pronto quienes entran es esta situación entran en una barbarie caníbal, no colaborativa, que los termina autodestruyendo.
Este crudo planteo niega la teoría del derrame del neoliberalismo y presenta un panorama desolador en el escenario de la no-regulación que esta doctrina propone. La realidad parecería que le de la razón a Hardin si consideramos que “la tierra” es un bien finito y que un buen día se acaba, sea privada o no, y es en ese momento que se convierte en escaso y objeto de la economía política. Para regularlo el estado lo interviene para racionalizar su uso pero los usuarios gritan y se quejan por la regulación. Ante esta situación es de preguntarse si existe salidas a este dilema del prisionero multilateral.
Pues bien, existe, esa es la buena noticia. Elinor Ostrom es una investigadora de economía política que escribió un libro El gobierno de los bienes comunes donde muestra que NO todas las sociedades que explotan bienes comunes son depredadoras y describe muchísimos casos donde contradice a Hardin, es más avanza sobre una caracterización de estos sistemas no caníbales. Ella parte de que la tragedia sucede cuando los actores se perciben a si mismos como prisioneros del sistema que crean, en la medida que no puedan salir de la “prisión” que les restringe el acceso a los bienes estarán presos y de ahí que terminarán en la “ruina”.
Ahora bien, describe que si estas mismas personas, buscando la autoorganización y la creatividad creativa, son capaces de crear instituciones que preserven los bienes públicos y que se mantendrán en el tiempo. Por el otro lado si las instituciones son coercitivas y no tienen en cuenta lo “comunitario” del bien y en consecuencia no instituye colaboración, esa institución y el colectivo está destinado al fracaso.
Dice Ostrom: “el problema que enfrentan los apropiadores de los recursos de uso común es de organización: cómo cambiar la situación en la que los apropiadores actúan de manera independiente a otra en que adoptan estrategias coordinadas para obtener mejores beneficios comunes o para reducir sus daños. Ello no significa crear necesariamente una organización”. Pasar de la barbarie a la civilización es su propuesta que consiste en tener en cuenta algunas premisas a la hora de constituir dichas instituciones tales como que deberían ser autoorganizadas, el mismo sistema social se debería dar la organización; analizar toda la cadena utilización del bien a fin de determinar el problema y todas sus implicancias. Qué mejor que los mismos interesados para aportar soluciones para resolver los problemas técnicos. Por último que el grupo de usuarios sea de alguna manera cerrado, se me ocurre como ejemplo los acomodadores de coches en una zona de restaurantes, permite que se controlen unos a otros para que las reglas instituidas por las instituciones se cumplan. Otrom sugiere sanciones fuerte e incrementales para el que no cumpla, en definitiva que el que no cumpla con las reglas sienta el escarmiento de la exclusión de la explotación del bien.
En este post del Escriba se plantea el problema de la división y es interesante el análisis de la división como “nativa” o como inmigrante en el contexto de las actuales situaciones de la política. En casi todos los casos esa pelea de superficie o de fondo por los bienes comunes, la renta, o el acceso a los recursos escaso es por un problema de índole organizativo y en este sentido los que no formamos parte de las corporaciones estamos en franca desventaja. Sin una organización del campo opositor, no una gran barca a la deriva donde se suban todos, es imposible cambiar el statu quo de la actual situación. La mera puja por los recursos está perdida antes de empezar.
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Manolo en este viejo post hace una curiosa y original interpretación del colaboracionismo dentro del Movimiento Peronista digno de leer

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