Saludando A Rodolfo Walsh



Muy buena nota del amigo Lucas Paulinovich 
Desencantémonos de entrada: el periodismo no cambiará nada. A pesar de lo que el “periodismo militante”, capaz de justificar lo injustificable, pretenda promover, el ejercicio periodístico por sí solo no es ni siquiera reformista. Puede ser, seguro, una herramienta dentro de una estrategia global de transformación, pero de ninguna manera podemos caer en reduccionismos ni fanatismo zonzos.
Los periodistas somos seres con un ego de dimensiones considerables (¡Si no para qué le hablaríamos a tantas personas contándoles con tanta satisfacción algo que sabemos y se supone que ellos lo ignoraban por completo!), por eso de tanto en tanto surgen quienes se proclaman como “los fiscales de la Patria” o los “controladores del poder”. Pero nada de ello es verdad. El periodismo ha sido –como todo- parte del complejo entramado de relaciones de poder y, por lo tanto, ha quedado inmerso en la lógica de producción capitalista: produce, ni más ni menos, que información. El carácter “denuncista” ha sido la variante que se encontró en diversos periodos históricos de crisis para intentar quebrar desde adentro esa lógica. Los resultados han sido variados, qué duda cabe, pero eso no acredita una condición especialmente heroica en el oficio.
Hoy por suerte el debate se ha abierto y los “grandes popes” se han revelado como seres demasiado terrenales, tan llenos de las miserias y banalidades humanas como cualquiera de los mortales que deambula por las calles. Denunciar un hecho de corrupción dejo de ser visto como la gran gesta patriótica para pasar a comprenderse dentro de las diputas propias del seno del poder económico: son dardos que se lanzan de un lado al otro, pero que de ninguna manera quedan enmarcados como consecuencias inevitables del sistema mismo en el que se generan.  
A partir de la desacralización de la palabra santa puede comenzar a pensarse en qué cosas se han abierto en el campo periodístico. Pero, de primera mano, es imposible asegurar que el periodismo ha tomado un rumbo revolucionario: creerlo sería abonar la teoría de la bipolaridad y denegar de una vez y para siempre la posibilidad de una alternativa que tercie en la disputa y permita, esta vez sí, plantear una perspectiva revolucionario. Entender, por ejemplo, que tanto el Grupo Clarín como el Grupo Spolszky son componentes del mismo aparato de poder, a pesar de sus adversidades, no permite por sí solo considerar un cambio.
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Referencia inmediata Los intelectuales y el poder

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