El tema de las totalidades

A partir de este post de Lucas Carrasco me da poner a discusión de los ilustres lectores de este blog un punto que trato en la novela sobre Walsh que estoy escribiendo que habla sobre las totalidades. Dice Lucas:
La clave del devenir sudamericamo está en los años 80; por más que Dilma, Cristina y Evo, por ejemplo, se autoconstruyan épica desde un espejo derrotado setentista; la verdad es que los dilemas de época que encarnan remiten a su formación intelectual, anclada en la década desaparecida, los 80.
Con mis 53 años creo que le puedo dar la razón a Lucas. Nacido y criado a la política en esa particular bisagra de la historia el post me dispara varias cuestiones, primero que sí es cierto que Sudamérica se configura en esa década luego de su resistencia hacia las dictaduras continentales. Primer verdad, pero ninguno de los actores mencionados existía en esa década. Nestor y Cristina hacían plata en el sur de la mano de la 1050, Evo, ni siquiera había sido adiestrado por el sindicato de mineros bolivianos a prender un cartucho de dinamita, y Dilma, ella sí tal vez la que más pueda mostrar pergaminos en su lucha alrededor del PT que en Brasil eso es tan escurridizo como el mundo feliz que quiere inventar el kirchnerismo. Segunda verdad.
Es una cuestión de oportunidad de poder coagular una determinada identidad en un determinado momento y con un determinado fin. Por eso es tan seductor el antagonismo clásico para poder configurarla. El problema son las totalidades, la necesidad de totalizar antagonismos para poder ser alguien en su tiempo. Dicho en términos populistas, cómo sumar, adicionar, llegar a masa crítica para crear hegemonías. Lucas remite a los setentas y está bueno que se discuta qué ocurría por esos tiempos con el tema de las totalidades.
En mi novela uno de los personajes comenta que Rodolfo Walsh nunca llega a escribir su novela porque “las novelas muchas veces tienen pretensiones de totalidad y si existía algo que desde siempre había tratado de combatir durante su vida, esas habían sido las totalidades”.
A lo que Greta contesta con este discurso que se expone a la opinión pública:
-El problema para Walsh y para todos nosotros no es combatir las totalidades .- Discrepó conmigo Greta cuando se lo comenté- Es evaluar en qué momento estamos, qué es lo que nos está sucediendo, el aquí y ahora es lo que le importa, su tiempo histórico que siempre es un fenómeno local, algo demasiado intangible como para abordarlo de repente. Walsh abandona paulatinamente la autoría cuando advierte que la teoría pretende explicarle la práctica y no al revés como debería ser; después la recuperará por necesidad. Abandona el proyecto de la novela y abandona la pretensión de autor dando cuenta de lo que “totalidad” significaba en ese particular momento de la historia, porque eran tiempos en que cualquier totalidad sería como una falsa conciencia, una especie de fe religiosa. – De lo que pintaba Greta a un totalitarismo había un tranco de pollo, se mire la situación desde donde se la mirase todos los universales de esa época se convertían en absolutos.
-Los sesentas y los setentas no son una época para epopeyas, una forma también de totalidad apoyada en la posibilidad de totalizar en un absoluto. La novela tiene pretensión de totalidad en épocas en que no hay colectividad, cuando hay sociedad, es decir, la totalidad está dividida en clases con intereses diferenciados. La forma del cuento se adecua más a ese momento histórico, o la forma del testimonio, que son formas que utiliza y prioriza Walsh. El hombre y la mujer “que se animan” (porque este es el distintivo que muestran los personajes protagónicos de Walsh) no son héroes de epopeya cuya fuerza emana por encarnar al colectivo, porque en ese momento ve que no hay colectivo. Tampoco son héroes novelescos, cuya fuerza, su capacidad de decisión está fetichizada. El hombre y la mujer “que se animan” es gente común que crece en ese gesto de libertad, de desalienación. Lo de “animarse” es solo un intento que no llega a ser gesta histórica. Son el germen de la capacidad humana para hacer la historia en una época en la que el margen de la acción heroica está demasiado reducido.
- Yyy… Sí. Nadie representaba nada porque estaba todo demasiado fragmentado y el verdadero héroe novelesco estaba lejos, en Puerta de hierro. – le acoto
-Y sí, es un lastre de esa época. Los sujetos son sujetos precarios, engranajes con una vida demasiado alienada por la propia producción y reproducción de un mismo su statu quo. Walsh apunta a una posibilidad real (socialmente posible, históricamente posible) de una acción política emancipadora posible. En ese sentido, los héroes de Walsh tieeeenden hacia la epopeya, tieeeenen sed de epopeya, aunque no les de el cuero. – Cuando pronuncia las palabras tienden y tienen, hace un ademán con su brazo como describiendo un gran círculo.
-Walsh no pretende resolver en su escritura aquello que sus compatriotas reales no consiguen resolver en la vida cotidiana, en la historia o en la acción política. Por eso, esos personajes tienen una heroicidad que queda a mitad de camino, como la del tío Malcolm. Es solo un gesto ejemplificador que muestra que se puede pero que políticamente se quedará forzosamente a mitad de camino, carece de eficacia, como la intervención del Batallón San Patricio en la defensa de Méjico. En ese sentido, los textos de Walsh muestran las posibilidades, pero no las resuelve, instalan la tensión, avisan pero son incapaces de llevarla hasta sus últimas consecuencias. - En su vida real también mostrará ese mismo gesto. Yo le insisto sobre que el “autor” Walsh se niega a escribir su novela. Ella para conciliar de alguna manera me dice:
- Eso no es del todo cierto. Fíjate sin embargo que hacia el final de sus días, retoma la autoría con sus cartas que es una forma de comunicarse de una forma íntima, familiar, en confianza, una relación directa entre un autor y su lector, su destinatario. Sin embargo él las abre al gran público como un autor que necesita decir algo. Sobre la de la Junta trabajó durante varias semanas. Es decir, al transformarse en alguien común y corriente que se anima a escribir cartas desde el dolor, deja de ser el escritor que escribe, se convierte en alguien común que lo hace desde el lugar de padre, como amigo o como un connacional cualquiera que prender el ventilador y se decida a contarle a sus paisanos lo que está pasando.
Tengo muy presente esa conversa que tuvimos con Greta en esa oportunidad. De esta manera, en esta última etapa de su vida, Rodolfo se transforma en el tipo de héroe que había construido desde sus textos. La forma en que escribe hacia el final de sus días es en definitiva la que lo erige en lo que es hoy. Lo transforma del Walsh que era en el Walsh que viene a ser, paradójicamente aquello que había buscado durante su vida: ya no estará más solo como el intelectual instalado de la sociedad burguesa, repentinamente se había vuelto popular, ese era su herencia que todavía debíamos litigar contra el estado.


PD: no se si tiene que ver mucho con el tema, creo que sí, tal vez sea demasiado abstracto, el tema de las totalidades se ha discutido muy poco.

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