Preparando el 7 para afrontar el 8

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Por qué los medios de comunicación necesitan abrir sus despensas


Los medios de comunicación necesitan desarrollar y abrir sus propias APIs, y no me refiero a un agente de la propiedad inmobiliaria para que les ayude a vender sus redacciones para liquidar quiebras. Una API es la llave que abre la puerta de la despensa. Es la alfombra roja que atrae el talento y posibilita generar valor para el producto, de afuera hacia adentro, sin tener que gastar recursos en crearlo directamente.
En plena crisis estructural, talento, valor y recursos no les sobran precisamente a los medios. Pretender atraerlos manteniéndose cerrados a cal y canto, sin abrirse a la colaboración con susstakeholders habituales (usuarios, lectores, anunciantes, proveedores...) es un imposible.
Un estudio de dos investigadores (Airtamurto y Lewis) de Standford y la Universidad de Minnesota ha concluido, tras basarse en las experiencias del New York Times, The Guardian, Usa Today yNPR (la radio pública de EE.UU.), que el uso de APIs abiertas es "un acelerador del I+D", crea una "avenida" para nuevas vías de comercialización y posibilita la aparición de nuevas redes de innovación. Una vez más, tres cosas de las que andan muy necesitados los medios españoles.
El guardián de la innovación
El citado The Guardian es uno de los alumnos más aventajados. No sé si tendrá algo que ver el que sea propiedad de una organización sin ánimo de lucro y que por lo tanto su objetivo no sea repartir supuestos beneficios a costa de todo (a veces también del periodismo), pero este medio británico siempre suele estar en primera línea en cuanto a innovación, transparencia y horizontalidad para con sus usuarios (ved en este vídeo a Alan Rusbridger, su editor, diciendo que "los periodistas no son los únicos expertos en el mundo").
En este caso, The Guardian fue el primero en tirar la piedra del Open Journalism. No escondió la mano, y ahí tenemos los frutos de esa iniciativa donde las APIs son el motor que las alimenta:
  • Content API: permite a cualquiera acceder al contenido de The Guardian para su reutilización. La “llave” puede ser gratis o de pago según lo que quieras hacer con su contenido.
  • Data store: Su lema lo dice todo: “los hechos son sagrados”. Data store actúa como un ‘market’ de datos que atesora el medio respecto cualquier tema que haya tratado antes o a cuyas fuentes haya accedido. Algo que también están haciendo otros medios en el mundo y que en España sería tremendamente útil que hicieran unos medios que pueden acceder con un poco más de facilidad que los ciudadanos a unos datos que tristemente siguen estando secuestrados por las administraciones públicas. No te pierdas el ‘ Data blog’ de Simon Rogers.
  • Politics API: Su primera API temática, permite a cualquiera acceder al basto conocimiento acumulado por el medio sobre la política en el Reino Unido. Políticos, partidos, resultados electorales y decenas de variables transversales.
  • Micro APPs: Permiten a cualquiera integrar su contenido, datos, herramientas y experiencias de usuario directamente en el ecosistema de The Guardian. Un ‘contexto’ de 36 millones de usuarios al mes.
Así funciona el Open Journalism en The Guardian:
Otro producto de The Guardian que está explotando su entorno vía API es N0tice, su sorprendente plataforma de periodismo ciudadano, una interesante mezcla de Craiglist y Twitter que pretende responder a la pregunta "¿Qué está sucediendo cerca de tí?". Como explican en el Nieman Journalism Lab, The Guardian pretende con esta API “invitar a empresas, periodistas y otros a encontrar nuevos usos a la información que los usuarios están creando, buscando y compartiendo cada día” en esta plataforma.
Básicamente: el medio tiene la idea, crea la plataforma, los usuarios la alimentan y los interesados en los usuarios (empresas, anunciantes, otros periodistas) inventan el modelo de negocio para el medio -casi sin darse cuenta- al buscar la mejor manera de aprovecharse de este invento.
Con este sistema, The Guardian se está asegurando:
Primero, que tiene un control sobre lo que se hace con sus contenidos. Es posible que muchos editores piensen que dejar la llave de la nevera al alcance de cualquiera es sinónimo de quedarse sin cena. Pues es al revés.
Segundo, que miles de programadores acudan a la llamada de la API en búsqueda de crear nuevas aplicaciones para web, móvil, tablet, etc. The Guardian se reparte los beneficios publicitarios con ellos por un producto que no les ha consumido ni un céntimo de sus recursos y se beneficia de un talento que sobrepasa por mucho el que cabría en su redacción.
Tercero, que se cree un entorno impresionante para que florezca la innovación. Recordemos: el periodismo sigue sin modelo de negocio claro. En espacios como Open Journalism, al dejar abierta la caja de todos los ingredientes, es mucho más fácil que alguien acabe dando con la receta. Los nuevos modelos de negocio del periodismo encuentran así su mejor primavera para florecer.
¿Os imagináis una API que nos permitiera un acceso fácil y limpio a la inmensa hemeroteca del ABC? Seguro que alguien crearía una aplicación que permitiera a cualquiera contextualizar históricamente su noticia o contenido con las noticias antiguas de este veterano medio. ABC.es aumentaría exponencialmente sus páginas vistas sin haber invertido un céntimo en desarrollo, difusión, etc.
Ese era solo un ejemplo patrio para aterrizar una idea que va más allá de eso: si hay salvación para los medios, desde luego está fuera de ellos. Ojalá abran sus puertas, o repartan llaves, o nos dejen escudriñar en sus despensas.
Si no, en unos años estaremos hablando de las APIs... de los periodistas.
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Vida extra por llegar al final del post: La economía colaborativa en el TEDx Madrid

Reflexiones extremas sobre el castigo

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 Se entiende como Terrorismo de Estado cuando un gobierno usa el aparato del Estado para reprimir a la oposición o a algún sector minoritario, por fuera de los canales de la ley.
Dice Wikipedia que se supone que está filtrada por varios actores interesados:
El terrorismo de Estado consiste en la utilización de métodos ilegítimos por parte de un gobierno orientados a inducir el miedo o terror en la población civil para alcanzar sus objetivos o fomentar comportamientos que no se producirían por sí mismos. Dichas actuaciones se justifican por razón de Estado.
Wikipedia habla de “población civil”, podríamos hablar simplemente de Pueblo llano, en el sentido de ese sector de la población que no tiene las posibilidades de defenderse o tampoco puede accionar sobre los organismos del estado para protegerse dado que es el mismo Estado el que se ha vuelto en su contra.
De todas maneras hay una parcialidad hegemónica que le infunde a  las “otras” alguna forma de terror, anulándolo como otro, o sea erigiéndose ella misma como totalidad. Que hace desaparecer la diferencia en base a la total exclusión o parálisis de la misma. Anula la persona, anula el sujeto y anula al hombre y la mujer  en sus formas corrientes en que las conocemos y como dice Onfray, son los cuerpos los que sobreviven, los individuos que perduran hasta que también la muerte los termina de anular. Dice
Las tres figuras de la sumisión funcionaron en la juridicidad, el humanismo y el personalismo.[…]

Lejos de la red, de la estructura, de las formas exteriores que dibujan los contornos provenientes de lo social, la figura del individuo remite a la indivisibilidad, a la irreductibilidad. Es lo que queda cuando se despoja al ser de todos sus oropeles sociales. Bajo las sucesivas capas que designan al sujeto, al hombre y a la persona, encontramos el núcleo duro, entero, la mónada cuya identidad nada, salvo la muerte -y quizá ni eso-, puede quebrar. Unidad distinta en una serie jerárquica formada por géneros y especies, elemento indivisible, cuerpo organizado que vive su propia existencia, y que no podría dividirse sin desaparecer, ser humano en cuanto identidad biológica, entidad diferente de todas las otras, si no unidad de la que se componen las sociedades: el individuo sigue siendo irreductiblemente la piedra angular con la que se organiza el mundo.

Reducido a la pura individualidad, a la protección de lo que en si constituye el sustrato de toda vida y de toda supervivencia, Robert Antelme saca a luz un principio denominado por él la vena del cuerpo, según el cual, ante el espectáculo del golpeado, del torturado, existe siempre, en el fondo de sí, allí donde se estancan y yacen las partes malditas, una satisfacción de un tipo particular, un modo extraño de gozar que supone el placer de no ser el hombre golpeado. No significa que se disfruta con el sufrimiento del otro, sino que es una forma de autoprotección, para evitar que aquel sufrimiento nos contamine, puesto que el hecho vale como placer de un dolor evitado, principio de un hedonismo negativo. Afectado por la compasión, fragilizado por la misericordia, toda individualidad sometida al ritmo y a las cadencias violentas de los campos de concentración habría estallado, lisa y llanamente. Vena del cuerpo, pues... […]

Se trata de hacer algo del individuo descripto, mostrado y reducido de este modo, de esta figura causada por la indigencia y la deconstrucción máxima. Caído al grado cero de la unidad, frente a lo que permite construir o reconstruir, ahora se trata de ascender hacia una complejidad que determine y defina el pasaje de la metafísica a la política. Toda política, tradicionalmente, propone un arte para someter al individuo y hacer de él un sujeto por medio de las desventajas y ventajas que concede una persona. Se distingue como técnica de integración de la individualidad en una lógica holista en la que el átomo pierde su naturaleza, su fuerza y su potencia. Proclamadas todas las utopías, pero también los proyectos de sociedad que pretendieron reivindicar la ciencia, lo positivo y el utilitarismo más sobrio, plantearon este axioma: el individuo debe ser destruido, luego reciclado, integrado en una comunidad proveedora de sentido. Todas las teorías del contrato social se apoyan sobre esta lógica: fin del ser indivisible, abandono del cuerpo propio y advenimiento del cuerpo social, único habilitado, luego, para reivindicar la indivisibilidad y la unidad habitualmente asociadas al individuo.
 Entonces el Terrorismo de Estado que había partido de una parcialidad que trató de imponer una totalidad anulando las tres figuras de la sumisión social terminan generando un individuo que, o bien se deja reprogramar de cero y así le sirve socialmente a esa totalidad o muere porque no se deja reprogramarse . De esta  manera el terror termina haciéndolo actuar al individuo reducido a su cuerpo de una forma hedonista. No porque reciba placer al contrario esa opción hedonista la hace el individuo para no recibir más castigo o simplemente porque se resiste a morir.
Ideológicamente, al margen de la posición y del entorno que le toca vivir al torturado, es una posición liberal, centrada en el placer individual como describe Onfray, una posición absolutamente antisocial que remite al libertarianismo o al anarquismo. Opciones que se describen como de “ultraderecha”.
Muchos de estos procedimientos, producto esencialmente de conductas corporales, han sido virtualizados por la mente humana y son fáciles de reproducir en campos donde no existe la picana, ni se ha visto nunca pero que sin embargo los hedonismos  celebran de la misma manera el estar vivos, el poder respirar. El dicho “desde que me quemé con leche cada vez que veo una vaca lloro” hacer referencia a esa memoria virtual o corporal que nos hace actuar de determinada manera.
Onfray en su forma mas radicalizada parte de los campos de concentración donde es el Terrorismo de estado el que impone estos castigos corporales disciplinares, incluso sabiendo desde antemanos que el destino de esos cuerpos son el descarte, o sea que esos cuerpos no tienen redención o reprogramación. Su lugar llegada son los cuerpos que luchan hedonistamente por no morir, un comportamiento esencialmente individualista-egoista, con todas las consecuencias ideológicas que esto implica. Por lo que siguiendo este razonamiento el castigo y el disciplinamiento serían los responsables de producir conductas individualistas-egoistas sobre quién se los aplica, claro dicho esto en un plano dende no haga falta la picana.
El problema es cuando este procedimiento sale de los campos y se instala en las neurosis de los individuos de una forma no material sino psicológica. Un golpe, un submarino tienen consecuencias medibles sobre los cuerpos, de hecho siempre había médicos en los campos que medían estas variables físicas, límites hasta donde los cuerpos podían aguantar. En el plano psicológico la tortura no es mensurable y cualquier mediada estará cruzada absolutamente con un sinnúmeros de subjetividades que lo podrían condicionar, muy distinta a la medida física.
El dispositivo de vigilar y castigar fue inventado específicamente para acotar los movimientos de los individuos y someterlos a que acepten a la fuerza un cuerpo colectivo. Pero toda acción sobre el cuerpo físico como sobre la mente tiene una reacción en respuesta y esa respuesta es intrínseca al cuerpo (físico o mental) por eso cuando los aparatos represivos accionan  no saben las respuestas  efectivas que van a lograr de allí los entrenamientos, manuales y mediciones que se aplican en los campos. Conductismo puro.
El problema, creo yo, con una manera de pensamiento totalitario es esta última parte del párrafo anterior, que quién acciona disciplinarmente, no sabe la respuesta cierta que va a obtener de la otra parte. Tal vez este sea uno de sus puntos más débiles, no saber la reacción de los otros al querer imponer la totalidad.
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Una reflexión sobre “El Castigo”

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El aparato de medios del estado todos estos días ha estado titulando los zócalos de sus pantalla con textos que incluían la palabra “odio” para referirse a la protesta popular del jueves pasado. Al principio me llamó la atención: “La marcha del odio”, no me cerraba que esos medios interpretaran los acontecimientos desde su propio lugar. La marcha no odiaba, ese sentimiento tan difuso, sus receptores, sus escrachados se sentían odiados. era su propio sentimiento, luego de una vuelta de tuerca, entendí que se victimizaban.

Pero nunca en los casi cuarenta años de reivindicación de luchas por “la aparición con vida”, del “juicio y castigo a los culpables”, NUNCA vi la palabra ODIO dentro de esas consignas. Madres, abuela y amigos pedíamos “justicia” algo demasiado abstracto en este país, pero también pedíamos “CASTIGO A LOS CULPABLES”, en este país donde los mas chorros están todos libre, si hasta Videla había zafado gracias al indulto, por lo que pedir “castigo”, sería lo lógico.

Y era CASTIGO, lo que pedía la marcha del jueves, algunos podrían tener bronca, otros odio, pero no era ni la marcha de la bronca, ni la del odio, era la del Castigo: Castigo a Jaime, a Budu, a los que quieren tocar la constitución, a los que nos tienen cautivos de los pesos, (aquí el lector puede ejercitar su propio castigo al gobierno).

En los últimos posts me he referido a la película “El secreto de sus ojos” para asimilar protestadores y protestados en un mismo pie de igualdad. Eduardo Sacheri, el autor de la novela y del libro de la película, destaca que la narrativa de la novela no es policial, mucho menos un tratado sobre el odio

El escritor señala que “La pregunta de sus ojos” no es un policial. “Hay un crimen, una búsqueda, un hallazgo; pero escapa a los mecanismos esperables de un policial porque no hay una investigación eficiente y los personajes no son esos seres solitarios y sombríos de las novelas de detectives –explica Sacheri–. Esta novela es mucho más una reflexión sobre el castigo.”

En mi post mencionado más arriba, cito a mi amiga Silvia Adoue que reflexiona a partir de este disparador de la película-novela sobre la posibilidad del bien- mal, ley –delito y nos obliga a pensar cómo sería construir esas totalidades binarias en el  contexto de nuestro país:

La lectura de la novela, mucho más que el guión de cine, nos desafió a pensar a Chaparro (Darín) como la contra-cara de Morales (Rago). Ellos son parte de una totalidad, una totalidad escindida,  una totalidad que los junta y los separa.  Ambos visitan y revisitan la misma historia, sin embargo Chaparro es dialéctico, se mueve con la historia, y se mueve por la historia, tal vez bajo efectos de una ilusión que imagina al pasado como una isla en la que enterró un tesoro y quiera volver a rescatarlo. Tal vez contar la historia sea una forma de reencontrar el punto de desvío de otro camino que querría haber recorrido, o reencontrar un impulso vital, o recolocar una pregunta, o arriesgar por fin una respuesta. Al contrario Morales se estanca, permanece fijo en un momento de la historia.  El propio Chaparro  lo ve así y lo dice: es como si la muerte de la mujer lo hubiera dejado así, detenido para siempre, eterno. Como si diera un salto individual para afuera de la historia, y eso lo deshumaniza

Lo interesante de la historia es que

Morales entrega su vida a la causa de castigar al asesino, y lo consigue.  Pero el precio de cobrar la vida del asesino lo paga con su propia vida. Su humanidad se reduce a una mínima expresión, cercenando no sólo lo que él ya era sino también todo aquello en lo que podría convertirse. Reduce sus posibilidades de producir una actividad humana ampliada a la única tarea de punir al verdugo. Produciendo castigo, Morales se reproduce como un castigador, una forma de justicia que no lo engrandece, al contrario, lo degrada porque lo priva de lo mejor que tiene lo humano, de los sueños de futuro, de la risa, de la alegría, del amor.

Los castigadores del gobierno sufren de la misma enfermedad que Morales (Rago), al hacerlo no se liberan de Cretina, del Gobierno, de Moreno, no lejos de hacerlo se igualan a ellos. Dice Borges:

Lo más terrible de una cárcel es que quienes entraron en ella no pueden salir nunca. De éste o del otro lado de los barrotes siguen estando presos. El encarcelado y el carcelero acaban por ser uno. Stevenson creía que la crueldad es el pecado capital; ejercerlo o sufrirlo es alcanzar una suerte de horrible insensibilidad o inocencia. Los réprobos se confunden con sus demonios, el mártir con el que ha encendido la pira. La cárcel es, de hecho, infinita.

Eso es en definitiva lo que diferencia el castigo del odio, el odio, algún día cesa, el castigo parecería que no, se detiene en el tiempo, ancla sus posibilidades de producir en una actividad humana ampliada a la única tarea de punir al verdugo. Por eso es importante insistir con esto, este flujo y reflujo de castigos nos atrapa a todos en un poli- ladron donde alternativamente unos van tomando el rol de policías o de ladrones en las distintas etapas de este macabro juego.

Puedo citar a la Naranja mecánica como otra reflexión sobre el castigo, también a Un burgués, pequeño, pequeño como citaba el otro día Manolo.

Yo no quiero estar ahí, córranme a mi de ese macabro juego, yo no juego. En todo caso pensemos otro. Yo prefiero vivir como Chaparro, demasiados años rondando los oscuros laberintos de Morales me llevan a ponerme en movimiento, tomar partido, comprometer en una edad de mi vida en que parecía que estaba todo dicho, “Yo en la patria de ellos , me cago”

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