Las Canciones de Antônio Botto


Antônio Botto


       1.

No. Besémonos, apenas,

En esta agonía de la tarde.



Guarda -

Para otro momento.

Tu viril cuerpo trigueño.


Mi deseo ya no arde

Y la convivencia contigo

Me modificó - soy otro. . .


La niebla de la noche cae.


Y apenas distingo el color fulva (salmón oscuro) 

De tus cabellos, - Eres lindo!


La muerte

Debía ser

Una vaga fantasía! 


Dame tu brazo: - no pongas

Ese desmayo en la voz.



Sí, besémonos , apenas!,

- ¿Que más necesitamos?

2.

¿Quién es el que abraza mi cuerpo

En la penumbra de mi lecho?

¿Quién es el que besa mi rostro,

Quién es el que muerde mi pecho?

¿Quién es que habla de la muerte

Dulcemente a mi oído?

- Eres tú, señor de mis ojos,

Y dueño de mis sentidos
 
3.

Tengo la certeza

De que entre nosotros todo acabó.

- No hay bien que dure para siempre ,

Y el mío, bien poco duró.



No levantes tus brazos

Para de nuevo ceñir

Mi carne de seda;

- Voy a dejarte, voy a partir!



Y si un día te acordaras

De mis ojos color de bronce

Y de mi cuerpo delgado,

Calma

Tu sensualidad

Bebiendo vino y cantando

Los versos que te mandé

En aquella tarde cenicienta!



Adiós!

Quién se queda sufre, bien lo sé;

Pero sufre más quién se ausenta!


4.


Por los que anduvieron por el amor

Amarrados al deseo

De conquistar la verdad

En los movimientos de un beso;

Por los que ardieron en la llama

De la ilusión de vencer

Y quedaron en las ruinas

De su fallado heroísmo

Intentando aún vivir!,

Por la ambición que perturba

Y arrastra los hombres a la Guerra

De resultados fatales!,

Por las lágrimas serenas

De los que no pueden sonreír

Y resignados, suicidan

Sus humanísimos carenciados!

Por el misterio sutil,

Imponderable, divino,

De un silencio, de una flor!,

Por la belleza que amo

Y  en mi mirar adivina,

Por todo que la vida concluye

Y la muerte sabe esperar,

- Bendito sea el destino

Que Dios tiene para darnos!


5.

Mi amor en la despedida

Ni una palabra me dio; 

Dirigió los ojos al suelo

Se quedó a llorar más que yo.

Nos dimos las manos con la certeza

De que las dábamos amando;

Pero, ay!, aquella tristeza

Que hay siempre en este "¿Hasta cuando?,"

- Una lágrima surgió

Y por la cara corrió. . .

Nada pudimos decir,

Se quedó a llorar más que yo.


6.


Si pasaras por el atrio

El día de mi entierro,

Dile a la tierra que no se coma

Los anillos de mi cabello.

Ya no digo que vinieses

A cubrir de rosas mi rostro,

O que en un llanto dijeses

A cualquiera de tu disgusto;

Ni me acuerdo que besases

Mi cuerpo delgado y bello,

Pero que siempre guardases

Los anillos de mi cabello.

No me pidas más canciones

Porque al cantar voy sufriendo;

Soy como las velas del altar

Que dan luz y van muriendo.

Si mi voz consiguiese

Disuadir esa frialdad

Y tu boca sonriese !

Pero sobria por naturaleza

No la puedo renovar

Y su brillo se va perdiendo...

- Soy como las velas del altar

Que dan luz y van muriendo.


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